Después de una noche entera terminando el arreglo de un traje de exhibición, Julia se fue a la cama por la madrugada. Su cabeza apenas había tocado la almohada cuando su alarma sonó, y se dió cuenta de que no estaba en su habitación, ¡y alguien se había llevado el traje que tanto se había esforzado en reparar!
Un momento... ¿Quién, en nombre de su santo internet, era esa persona en el espejo?
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23.
Julia detalló los documentos en silencio, demasiado sorprendida para hablar.
Las palabras de su padre quedaron flotando por el aire, recorriendo sus brazos como estática y erizando sus finos vellos. Cuando el hombre hizo aquella declaración, de la nada, ella se sintió como una impostora.
Había estado ocupando el lugar de la original por casi medio año. Se había integrado en la familia como si fuese suya, tenía una relación decente con su hermano y una excelente relación con su padre. Había reclamado y dado por sentado el afecto. Pero no podía hacer lo mismo con todos estos bienes que se le presentaban enfrente.
¿No era acaso porque el afecto se daba de a gratis, y estas cosas en sus manos tenían un costo tangible?
De repente, sentía que haber fingido seguir siendo la original fue una idea equivocada.
Tomó decisiones basadas en lo que sabía de la original, en lo que había investigado y el sistema había recopilado. Estudió a los demás y se aseguró usar una fachada reactiva para evitar que alguien se diera cuenta, pero en algún momento se había dejado llevar demasiado.
Dejó los papeles en el escritorio, tomando el bolígrafo de la mano de su padre.
Firmó. Con la misma firma que había estado practicando desde que llegó cuando la vio incluida en su tarjeta de identificación. Podría marcar los trazos con los ojos cerrados, sabiendo que era una copia perfecta. ¿Y cómo no? Si había perfeccionado el arte de la falsificación y lo llevaba en la piel como si fuera su lienzo.
Sentía la bilis subir discretamente por su garganta. El hombre mayor tomó los papeles y le preguntó qué ideas tenía después de eso, si quería mudarse en ese departamento que había recibido o si pensaba quedarse. Le recomendó atentamente los currículums que había visto, le había preparado algunas personas para encargarse de la limpieza o de la comida.
Ella le dijo que lo pensaría, que le daría una respuesta en su cumpleaños y bajó corriendo por las escaleras hasta llegar al piso donde ella se alojaba.
Apenas pudo subir la tapa del inodoro y soltó todo lo que estaba conteniendo. Las arcadas llegaron muy pronto y las lágrimas fisiológicas se acumulaban en sus pestañas. Los espasmos musculares de la zona abdominal comenzaban a dolerle mientras se abrazaba a la taza del baño para sostenerse.
Su respiración agitada se calmó en algún momento, suspirando ligeramente entre hipos del llanto.
Solo podía pensar en lo mucho que quería una mano confortante en su espalda y alguien que le sujetara el pelo. La comodidad de esta vida no le hacía olvidar la calidez de la primera, y eso le dolía.
Se sentó allí, en el suelo, sollozando y usando papel para limpiarse. Tiró de la cadena y se levantó con movimientos lentos.
Mirándose a sí misma en el espejo, volvió a examinar el rostro que había visto miles de veces antes. La primera vez que se vio, sintió que solo le habían teñido el cabello y puesto lentillas de colores, después de todo, parecía tener su mismo rostro. Pero cuanto más lo veía, más se le hacía ajeno.
Pecas ligeras donde antes había piel blanca, pestañas más largas pero no más gruesas. La forma de su boca parecía la misma, pero cuando sonreía, tenía hoyuelos que nunca se habían marcado antes. Faltaban lunares que llevaban décadas con ella y sus ojos terminaban hacia abajo en lugar de una línea recta como antes.
Todo confirmaba que no era ella. Que estaba en un cuerpo prestado, ocupando una vida que no era suya.
Inconscientemente, estuvo cubriendo su rostro con maquillaje espeso. Borrando manchas, dibujando lunares, evitando sonreír. Corrigiendo sus ojos con delineado. No sabía cuánto tiempo había estado haciendo esto, intentando forzar un rostro conocido en este mundo desconocido.
Lloró por primera vez desde que llegó, reconociendo lo asustada que estaba, lo mal y sola que se sentía.
Entonces se recompuso. Recogió su cabello suelto, se lavó la cara e hizo gárgaras. Calmó su respiración y después de romperse un poco, siguió con la vida que estaba personificando.
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Al día siguiente, la cocinera le pasó una bolsita de hielo para sus ojos hinchados. Ella le dijo que encontró una serie muy triste que la hizo llorar y pronto le recomendó una que había visto antes y que también tenía una trama devastadora.
El ama de llaves le entregó su vaso térmico, con la aberrante preparación de café, chocolate, crema y azúcar a la que su padre la había acostumbrado. Miró la mezcla con nostalgia y pronto fue a la universidad, sin pensar demasiado en todo lo que tenía en la cabeza desde anoche.
Los días pasaron y Julia se encargó con eficiencia de los bienes.
La llevaron ante un notario, un abogado la ayudó a firmar algunos contratos y el contador se encargó de administrar el capital líquido para hacerlo crecer; el fideicomiso lo usaba para gastos personales directamente y solo necesitaba tener su tarjeta o la app móvil para usarlo como mejor le pareciera.
Cuando terminó esos asuntos, se dio cuenta de que su madre había enviado las invitaciones para la fiesta de cumpleaños y ella no se había enterado.
Una tarde, la mujer la llamó a su habitación en los pisos superiores. Julia estaba extrañada, pero supuso que al ser su fiesta de cumpleaños, tenía que ver con algo de la preparación de dicha fiesta. Después de todo, se había dado cuenta del enorme capital social que movía, y difícilmente iba a tolerar errores, menos cuando venían de personas que estaban bajo su supervisión.
No tenía un ánimo particular al ser llamada, pero supuso que mientras no hiciera nada extraño, la dejarían pasar con algunas advertencias y un guión de lo que tenía que hacer en esa ocasión pública.
Entró con cuidado y cerró la puerta detrás de ella en cuanto le dieron permiso. La mujer estaba eligiendo un collar, sentada en su tocador y con su caja de joyas frente a ella. No se desalineaba de sus expectativas, pero todo salió de su eje en el momento que su madre abrió la boca.