En un mundo dividido por siglos de guerra entre humanos y vampiros, Lin Xue —la Guerrera Estelar de la Secta del Nube Blanca, con el poder del Qi Estelar que canaliza la energía de las estrellas— y Kael —el rey vampiro de la Casa de la Sombra Negra, con la magia de la sangre que absorbe la vida misma— se enfrentan en la Batalla del Cielo Roto. En un último acto de desesperación y amor, se fusionan para detener la destrucción del mundo y mueren juntos.
Pero el universo les da una segunda oportunidad: son reencarnados como niños huérfanos en un bosque oscuro, con recuerdos fragmentados de su vida anterior. Cuando se encuentran, reconocen en el otro la conexión que trasciende la muerte y deciden cambiar el curso de la historia. Juntos, fundan la Secta de la Estrella y la Sangre —un refugio donde humanos y vampiros pueden vivir, entrenar y aprender juntos— y crean el Estilo Estelar Sanguíneo, una forma de artes marciales que fusiona el poder de las estrellas y la magia de la sangre.
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EL DESPERTAR EN UN MUNDO NUEVO
La última cosa que Lin Xue vio fue el rostro de Kael —el rey vampiro de la Casa de la Sombra Negra—, sus ojos rojos como la lava llenos de una furia que había consumido siglos, y a su lado, la luz de las estrellas que fluía de su propio cuerpo como un río de jade azul. Habían luchado durante tres días y tres noches sin descanso, en lo que se llamaría después la Batalla del Cielo Roto: ella, la Guerrera Estelar de la Secta del Nube Blanca, la única humana capaz de dominar el Qi Estelar en su máxima expresión; él, el heredero de la sangre de los primeros vampiros, con el poder de absorber la vida de cualquier ser que tocara.
El mundo a su alrededor estaba ardiendo. Los montañas se desplomaban, los ríos se secaban, y el cielo se había partido en dos, dejando escapar una oscuridad que no conocía la luz. La Secta del Nube Blanca había caído —su maestro, el Gran Maestro Yun, había muerto defendiendo la puerta del templo, su cuerpo carbonizado por el rayo de sangre que Kael le había lanzado. Los demás discípulos, sus amigos de toda la vida, habían caído uno a uno, hasta que solo quedaba ella.
“¿Por qué?” gritó Lin Xue, su voz rasposa por el esfuerzo, mientras canalizaba todo el Qi Estelar que quedaba en su cuerpo hacia su sable de energía. El arma brilló con una luz tan intensa que cegó a los vampiros que se acercaban por todas partes. “¿Por qué seguís con esta guerra? Los humanos y los vampiros podríamos vivir juntos.”
Kael rio, un sonido frío como el hielo del invierno eterno. “Vivir juntos? Eso es una ilusión, Lin Xue. Los humanos le temen a nuestra magia, a nuestra sangre. Nos han matado, han torturado, han expulsado de nuestras tierras. Y nosotros les devolveremos el favor.”
“Entonces te mataré,” dijo ella, y lanzó su sable hacia él. El arma voló con la velocidad de un rayo, pero Kael la desvió con un movimiento de su mano, y la magia de la sangre lo envolvió como una capa negra.
“Tú no puedes matarme,” dijo él, acercándose a ella hasta que sus rostros estaban a centímetros. “Porque a pesar de todo, te quiero. Y tú me quieres a mí.”
Lin Xue sintió un nudo en la garganta. Era cierto. Habían conocido antes de la guerra, cuando él era un joven vampiro huérfano y ella era una discípula principiante. Habían compartido secretos, risas, incluso un beso bajo la luna de primavera. Pero la guerra lo había destrozado todo, lo había convertido en enemigos.
“Entonces acabemos esto juntos,” dijo ella, cerrando los ojos. “Si no podemos vivir juntos, morir juntos. Y tal vez, en otra vida, podamos tener la oportunidad que nos negaron en esta.”
Kael entendió. Levantó su mano, y su magia de la sangre se fusionó con el Qi Estelar de Lin Xue. En ese instante, todo se volvió blanco. Hubo un estruendo que resonó en todo el universo, y entonces, la oscuridad.
El primer golpe de dolor llegó cuando la luz del sol le rozó la cara. No era la luz del cielo roto de su vida anterior, sino una luz suave, cálida, que filtraba entre los árboles de un bosque tan denso que parecía un laberinto de sombras y verdor. Lin Xue se despertó con la cabeza dando vueltas, y al intentar levantarse, sintió que su cuerpo era diferente —más ligero, más frágil, pero a la vez, con una fuerza oculta que latía en sus venas.
“¿Dónde estoy?” preguntó en voz baja, pero su propia voz le pareció extraña. Más clara, más melodiosa, como la voz de una niña.
Se apoyó en un árbol y miró su mano. Era pequeña, con dedos delgados y uñas pulidas. No era la mano de una guerrera experimentada, llena de callos y cicatrices. Miró hacia abajo: llevaba una túnica de lino marrón, rasgada por los arbustos, y sus pies estaban descalzos, con las plantas sucias de tierra.
Un charco de agua, claro como un cristal, estaba a su lado. Lin Xue se arrastró hasta él y miró su reflejo. Se quedó paralizada. El rostro que veía no era el suyo. Era el de una niña de unos doce años, con cabello negro como la noche que caía hasta sus hombros, y ojos de color azul celeste —un color que nunca había tenido. Sus mejillas eran sonrosadas por el sol, y su piel era suave como la seda.
“¿Qué me pasó?” susurró, tocándose la cara como si no creyera lo que veía.
Entonces, los recuerdos llegaron como un tsunami. Primero, los más cercanos: la Batalla del Cielo Roto, el sable de energía, el beso de Kael, la luz blanca final. Luego, los más antiguos: su infancia en la Secta del Nube Blanca, el entrenamiento con el Gran Maestro Yun, la primera vez que había sentido el Qi Estelar fluyendo por su cuerpo, la primera vez que había visto a Kael en el bosque de la Luna Negra.
Y entonces, la verdad: ella había muerto. Pero ahora, estaba aquí. Viva. En un cuerpo nuevo.
Era reencarnada.
Lin Xue se sentó en el suelo, con la cabeza entre las manos, tratando de procesar lo que estaba pasando. ¿Por qué? ¿Por qué el universo le había dado una segunda oportunidad? ¿Y Kael? ¿También estaba reencarnado? O había desaparecido para siempre en la luz blanca?
Mientras pensaba, escuchó un ruido en el bosque. Pasos rápidos, silenciosos, como los de un animal que se mueve con precaución. Lin Xue se preparó para luchar, pero se dio cuenta de que no tenía su sable de energía ni su bastón de jade. Solo tenía su cuerpo nuevo y los recuerdos de sus técnicas de artes marciales.
Se levantó con cuidado, agachándose entre los arbustos, y miró hacia donde venía el ruido. Un niño salió de entre los árboles, con cabello blanco como la nieve que brillaba bajo el sol, y ojos de color rojo sangre. Su piel era pálida como la luna, y llevaba una túnica negra que parecía absorber la luz. Era de su misma edad, tal vez un poco más alto, y su cuerpo estaba tenso, como si estuviera listo para escapar o atacar.
Lin Xue sintió un escalofrío que no era de miedo. Era de reconocimiento. Aquel niño era Kael. Pero era un niño, como ella.
El niño se detuvo cuando vio a Lin Xue, y sus ojos rojos se abrieron de sorpresa. “¿Quién eres?” preguntó, su voz suave pero con un timbre que le era familiar. “¿Qué haces aquí?”
Lin Xue se quedó muda por un instante. No sabía cómo decirle la verdad. ¿Acaso le creería? ¿Le atracaría si le dijera que era la guerrera que le había matado en su vida anterior?
“Me llamo Lin Xue,” dijo finalmente, con voz tranquila. “Estoy perdida. Y tú… ¿quién eres?”
El niño frunció el ceño. “Mi nombre es Kael. Pero nadie lo sabe. Estoy solo aquí.”
“¿Solo?” preguntó Lin Xue, acercándose un poco. “¿No tienes familia?”
Kael negó con la cabeza, y una sombra de dolor cruzó su rostro. “Mis padres murieron hace unos meses. Fueron matados por guerreros humanos de la Secta del Rayo Rojo. Me ocultaron aquí para protegerme. Dijeron que era el único sobreviviente de la Casa de la Sombra Negra.”
Lin Xue sintió un nudo en la garganta. La Casa de la Sombra Negra —la casa de Kael en su vida anterior. Los guerreros de la Secta del Rayo Rojo —siempre enemigos de los vampiros, siempre buscando matarlos a todos.
“Yo también soy una sobreviviente,” dijo ella, acercándose más. “De la Secta del Nube Blanca. Pero… no es la primera vez que nos conocemos, Kael.”
El niño se alejó un poco, con la mano en el cinto de su túnica, como si tuviera un arma oculta. “¿Qué quieres decir? No te he visto nunca en mi vida.”
“Tal vez no en esta vida,” dijo Lin Xue, cerrando los ojos. “Pero en otra. En una vida anterior, fuimos enemigos. Luchamos en la Batalla del Cielo Roto, y ambos morimos. Pero fuimos reencarnados. Aquí. Ahora.”
Kael rio, pero su risa no tenía alegría. “Eres loca. Reencarnación es solo una leyenda. Una historia que leen a los niños.”
“¿Verdad?” dijo Lin Xue, abriendo los ojos. “Entonces, ¿por qué tienes ese poder en tu cuerpo? Ese poder de la sangre que solo los vampiros de la Casa de la Sombra Negra tienen. ¿Por qué recuerdas cosas que no deberías recordar? Cosas de una guerra que terminó hace siglos.”
Kael se quedó muda. Sus ojos rojos se llenaron de confusión y miedo. “¿Cómo sabes eso?” preguntó en voz baja. “He tenido sueños. Sueños de un cielo roto, de un guerrero humano con ojos azules y poder de estrellas. De un beso bajo la luna. Pero creí que eran solo sueños.”
“Son recuerdos,” dijo Lin Xue. “Recuerdos de nuestra vida anterior.”
Para demostrarlo, cerró los ojos y concentró su energía. Los recuerdos de su entrenamiento en la Secta del Nube Blanca fluyeron a su mente: la forma de respirar para canalizar el Qi, la posición de los pies para mantener el equilibrio, la manera de sentir la energía de las estrellas en el cielo.
Un calor se encendió en su pecho, y luego, una luz azulada empezó a fluir de sus manos. La luz era suave, brillante, como la luz de una estrella pequeña. Kael miró con ojos abiertos de sorpresa, y su propia mano se iluminó con una luz roja oscura —la magia de la sangre de los vampiros.
“Ese poder… lo he visto antes,” dijo Kael, sus voz temblando. “En mis sueños. El guerrero humano tenía ese poder de estrellas. Y yo… yo tenía este poder de sangre.”
Lin Xue acercó su mano hacia la de Kael, con precaución. Cuando sus dedos se tocaron, su energía se fusionó —la luz azulada y la roja se unieron, formando una esfera de energía que brilló con la intensidad de mil estrellas. En ese instante, los recuerdos de su vida anterior fluyeron entre ellos: el primer encuentro en el bosque de la Luna Negra, los secretos compartidos, el beso, la guerra, la muerte final.
Ambos se quedaron quietos, con sus manos entrelazadas, mientras los recuerdos terminaban de llegar. Cuando lo hicieron, Kael miró a Lin Xue con ojos llenos de lágrimas.
“Es cierto,” dijo en voz baja. “Fuimos enemigos. Pero también… fuimos más.”
“Si,” dijo Lin Xue, sonriendo con tristeza. “Fuimos más.”
Mientras se miraban, escucharon un rugido en el bosque. Un rugido profundo, feroz, como el de un animal grande y peligroso. Kael se separó de Lin Xue y miró hacia donde venía el sonido, su cuerpo tenso.
“Es un león de sombras,” dijo. “Un bestia demoníaca que come la energía de los seres vivos. Viene por nosotros.”
Lin Xue se preparó para luchar. “Entonces lucharemos juntos.”
El león de sombras salió de entre los árboles. Era grande como un caballo, con pelaje negro como la noche y ojos de color amarillo brillante. Sus garras eran afiladas como cuchillos, y su aliento olía a muerte y oscuridad.
El bestia lanzó un rugido y atacó a Kael. El niño se movió con la agilidad de un vampiro, esquivando el golpe, y usó su magia de la sangre para crear una sombra que atrapó al león por un instante. Pero el bestia era fuerte, y rompió la sombra con un movimiento de su cabeza.
Lin Xue se acercó por la espalda y canalizó su Qi Estelar hacia su mano. La luz azulada se intensificó, y le dio un golpe al león en la espalda. El bestia gritó de dolor y se giró hacia ella, preparándose para atacar.
“¡Cuidado!” gritó Kael, y usó su magia de la sangre para lanzar un rayo rojo hacia el león. El rayo golpeó al bestia en la pata, y lo hizo tambalearse. Lin Xue aprovechó la oportunidad y saltó al aire, canalizando todo su Qi Estelar hacia su pie, y le dio un golpe al león en la cabeza.
El bestia cayó al suelo, debilitado, y su energía empezó a desaparecer. Lin Xue y Kael se acercaron a él, y juntos usaron su energía fusionada para absorber la oscuridad del bestia, transformándola en luz. El león de sombras se convirtió en un pequeño animal blanco, y huyó hacia el bosque.
Ambos se quedaron sin aliento, apoyándose en un árbol. Kael miró a Lin Xue y sonrió.
“Juntos, somos fuertes,” dijo.
“Si,” dijo ella, sonriendo de vuelta. “Juntos, somos invencibles.”
Mientras recuperaban el aliento, escucharon pasos en el bosque. Esta vez, los pasos eran más fuertes, más numerosos. Vinieron de la distancia, y Lin Xue y Kael se prepararon para luchar de nuevo.
Tres hombres grandes salieron de entre los árboles, vestidos de armaduras rojas con el símbolo de la Secta del Rayo Rojo en el pecho. Llevaban sables brillantes en la mano, y sus ojos estaban llenos de rabia cuando vieron a Kael