Son dos herederos, distintos países, lo tienen todo, pero no lo quieren (o no han encontrado la forma correcta de usarlo), se encontrarán por una casualidad y no revelaran su identidad por distintas razones, lo tienen todo para crear un emporio, pero como en toda historia no faltara quien los envidia y con mucha avaricia creara conflictos que tendrán que sortear, a su favor? ambos tienen su inteligencia, amigos, contactos y dinero. Será suficiente?
Acompañame a leer esta historia ATT Santihelo
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24 La Arquitecta del Caos
Ruth Meyer no era una mujer de medias tintas. En el piso 25 de su agencia, rodeada de pantallas que monitorean las tendencias de opinión pública en tiempo real, Ruth sostenía una copa de vino mientras observaba el contrato firmado por Andreas Keller. Para el mundo, ella era la salvadora de la imagen de Helvetia. Para Markus Huber, ella era el arma que dispararía la bala de plata.
—El secreto de una buena mentira —le decía Ruth a su jefe de estrategia— no es inventarla de la nada. Es tomar una verdad, retorcerla hasta que parezca un pecado y luego lanzarla al público cuando tengan hambre de un villano.
Ruth activó la fase uno de su plan: "Operación Sombra". No atacaría directamente a Andreas por el caso Huber; eso sería obvio. Atacaría lo que Andreas más protegía: su ética. Utilizando filtraciones anónimas y documentos "descubiertos" en servidores fantasma, Ruth comenzó a sembrar la noticia de que Helvetia Defence Corp estaba vendiendo prototipos de armas de pulso electromagnético a guerrillas en zonas de conflicto prohibidas por la ONU.
Mientras tanto:
En Helvetia, Andreas Keller se sentía como si estuviera caminando sobre arenas movedizas. Lo que comenzó como un hilo en un foro oscuro de internet se convirtió, en menos de 48 horas, en el titular principal del Neue Zürcher Zeitung.
"HELVETIA DEFENCE: ¿SEGURIDAD GLOBAL O TRÁFICO DE MUERTE?"
Andreas golpeó su escritorio con el puño. Frente a él, Peter y Thomas guardaban un silencio sepulcral. —¡Es ridículo! —exclamó Andreas—. Nunca hemos fabricado ese tipo de prototipos. Esos planos son de hace diez años, de un proyecto que mi padre canceló porque era éticamente cuestionable.
—El problema, Andreas —dijo Thomas, con el rostro pálido—, es que las fotos de los cargamentos llevan nuestro logo. Son falsificaciones de alta calidad, pero para el ojo público, son reales. Las acciones han caído un 12% esta mañana.
—¿Dónde está Ruth Meyer? —preguntó Peter—. Ella debería estar conteniendo esto.
—Dice que está trabajando en una "estrategia de contraataque" —respondió Thomas con amargura—. Pero cada vez que habla en la televisión, sus defensas de nuestra empresa suenan... débiles. Casi como si estuviera confirmando las sospechas mientras intenta negarlas.
Sin más que hacer y atado de manos, esa noche, Andreas se encerró en su oficina. Se sentía impotente. Sabía de códigos, de servidores, de defensas físicas, pero no sabía cómo luchar contra una mentira que se propagaba como un virus. La soledad de la cima le pesaba más que nunca.
Buscó su teléfono personal. Necesitaba paz. Necesitaba a Iliana.
Cuando ella contestó desde Italia, Andreas sintió que un nudo se le deshacía en la garganta. —Iliana... no sé qué hacer. Me están destruyendo y no puedo ver la cara de quien sostiene el martillo.
Iliana, que ya estaba al tanto de todo gracias a sus alertas de Nox, mantuvo la voz calmada, ocultando el fuego que crecía en su interior. —Andreas, escúchame. Cuando no puedes ver la cara del enemigo, es porque el enemigo está sentado a tu mesa. Ruth Meyer no es lo que parece. No intentes defenderte con la verdad; la verdad es aburrida para la prensa. Necesitas algo más grande.
—¿Algo más grande? ¿Cómo qué? Soy solo un hombre de negocios, Iliana. No soy un estratega de medios.
—Confía en tus instintos —le dijo ella—. Investiga quién está financiando la campaña de desprestigio. El dinero siempre deja un rastro, incluso si lo lavan a través de mil agencias. Y Andreas... no dejes que te vean desesperado. Eso es lo que Huber quiere.
Andreas se quedó en silencio. —¿Cómo sabes que Huber tiene algo que ver? No te he mencionado su nombre hoy.
Iliana se congeló por un segundo. Su mente de hacker había cometido un desliz emocional. —Es una suposición lógica, amor —corrigió rápidamente—. Es el único que tiene motivos. Mantente fuerte. Volveré pronto.
Andreas colgó la llamada, pero las palabras de Iliana se quedaron grabadas en su mente. "El enemigo está sentado a tu mesa". Miró el contrato de Ruth Meyer sobre su escritorio. Una sospecha helada comenzó a recorrerle la espalda.
Llamó a Luca a través de una línea segura. —Luca, necesito que hagas algo que va en contra de todos nuestros protocolos. Quiero que entres en las cuentas personales de Ruth Meyer. No en las de la agencia, en las de ella. Quiero saber de dónde viene su capital para esta nueva expansión que está planeando.
—Andreas, eso es ilegal. Si nos atrapan...
—Ya estamos hundidos, Luca. Si vamos a caer, quiero saber quién nos empujó.
Mientras Andreas empezaba a sospechar, Ruth Meyer estaba en su oficina brindando—El primer golpe ha sido perfecto —dijo Ruth—. Mañana publicaré los supuestos correos electrónicos de Andreas autorizando los envíos. Para el viernes, la Familia Keller será paria en Suiza. (pero Markus no le advirtió que su anterior plan fracasó por alguien que le ayudó desde las sombras así que caería en la misma trampa)
Ruth no sabía que, mientras ella celebraba, al otro lado del continente, una mujer llamada Iliana Makris estaba terminando de empacar su equipo de alta gama. Iliana ya no estaba en modo vacaciones. El idilio en Italia se había transformado en el preludio de una ejecución.
Mientras Luca trae lo que le pidió, Andreas está mirando por el ventanal hacia las luces de Zúrich. Se sentía solo, sin saber que su mayor aliada era la dueña de la tecnología que sustentaba el mundo moderno. No sabía que Iliana tenía el poder de borrar a Ruth Meyer de la existencia digital con un solo comando. Pero Iliana sí sabía que si intervenía como Nox, su secreto estaría en peligro.
Andreas volvió a su escritorio y abrió un archivo que no había tocado en meses: el registro de proveedores de hardware. Vio el nombre Sideris Corp en letras grandes. Por un momento, su mente rozó la verdad, pero el cansancio lo venció.
—Si tan solo estuvieras aquí, Iliana —susurró.
Mañana, el escándalo de las armas ilegales llegaría a la fiscalía de Zúrich. Andreas estaba a un paso de la cárcel, y Ruth ya estaba contando los diez millones de Huber. La trampa estaba cerrada. O eso creían ellos.