Reencarné como un omega destinado a morir de hambre en una torre.
Para sobrevivir, huí de la historia que me condenaba.
Pero el niño que una vez me salvó… ahora es el emperador tirano destinado a morir por mi culpa.
¿Puedo cambiar nuestro destino?
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Capítulo 14: Entre lo que se dice y lo que se calla
El camino hacia el siguiente poblado se extendía tranquilo, casi engañosamente.
Aelion caminaba unos pasos detrás de Kael, observando su espalda recta, la forma en que parecía siempre alerta incluso en silencio.
Era extraño. En la historia que había leído en su vida anterior, Kael era descrito como un emperador distante, implacable, casi inhumano.
Y sin embargo…
No era así, pensó Aelion.
No del todo.
—¿Vas a seguir mirándome como si intentaras resolver un enigma? —dijo Kael sin volverse.
Aelion se detuvo en seco.
—¿Eh?
Kael giró apenas el rostro, una ceja ligeramente alzada.
—Desde que salimos del campamento.
Aelion sintió calor en las mejillas.
—Yo… solo estaba pensando.
—Eso suele notarse —respondió Kael—. Te quedas atrás cuando lo haces.
Aelion frunció el ceño.
—No sabía que además de emperador eras observador profesional.
Kael soltó una risa breve, casi imperceptible.
—Es un requisito del cargo.
Eso hizo que Aelion sonriera sin querer.
¿Desde cuándo hablar con él se siente tan… normal?
Al llegar al poblado, el ambiente cambió. Era un lugar pequeño, con casas bajas y gente sencilla. Miradas curiosas se posaron sobre ellos, especialmente sobre Kael… y luego, con más insistencia, sobre Aelion.
Aelion lo notó de inmediato.
Claro, pensó.
Un omega siempre llama la atención.
Se tensó instintivamente.
Kael también lo notó.
Sin decir nada, se colocó a su lado, apenas más cerca de lo necesario. No lo tocó, pero su presencia era clara, firme.
Un mensaje silencioso.
No se acerquen.
Aelion tragó saliva.
¿Siempre protege así… o solo conmigo?
La pregunta lo incomodó más de lo que esperaba.
Entraron a una pequeña posada. El dueño los observó con una mezcla de nerviosismo y respeto.
—¿Dos habitaciones? —preguntó rápidamente.
Kael respondió sin pensar:
—Una.
Aelion tosió.
—¡¿Una?!
Kael lo miró, confundido… y luego pareció darse cuenta.
—Es más seguro —añadió—. Y discreto.
Aelion abrió la boca para protestar, pero el posadero ya asentía con entusiasmo.
—Por supuesto, por supuesto.
Genial, pensó Aelion.
Muy discreto.
La habitación era sencilla, con dos camas separadas por una pequeña mesa. Aelion dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo.
—Pensé que…
—No —dijo Kael, serio—. No cruzaré límites que no desees cruzar.
Aelion lo miró, sorprendido.
—Yo no…
Se detuvo.
No sabía cómo terminar la frase.
Kael se quitó los guantes con calma.
—Aelion —dijo—. En este mundo, muchos creen que un omega no tiene derecho a decidir. Yo no soy uno de ellos.
Algo en el pecho de Aelion se apretó.
—Gracias —murmuró.
Kael asintió y se alejó, dándole espacio.
¿Por qué cada vez que hace eso… siento que me desarma?, pensó Aelion.
Más tarde, mientras comían, Aelion notó que la gente murmuraba. No palabras claras, pero sí rumores. Miradas que se desviaban demasiado rápido.
—Kael —susurró—. Algo no está bien.
Kael ya lo sabía.
—No es el duque —respondió—. Aún no. Pero su sombra llega lejos.
Aelion apretó los dedos alrededor del colgante oculto bajo su ropa. El metal estaba tibio.
No quiero volver a una torre, pensó.
No quiero volver a ser una sombra.
Kael lo observó en silencio.
No permitiré que eso ocurra, se prometió.
Esa noche, Aelion no logró dormir. Se sentó en la cama, inquieto.
—¿Kael…?
—Estoy despierto.
—¿Te molesta… si te hago una pregunta extraña?
Kael giró el rostro hacia él.
—Ya me has hecho varias.
Aelion sonrió débilmente.
—En la historia que conocí… tú eras frío. Distante. Nadie podía acercarse.
Kael guardó silencio unos segundos.
—Las historias suelen ser escritas por quienes miran desde lejos —respondió—. No por quienes cargan el peso.
Aelion lo miró con atención.
—Entonces… ¿quién eres tú de verdad?
Kael sostuvo su mirada. En sus ojos había cansancio… y algo más profundo.
—Alguien que aprendió a sobrevivir —dijo—. Y que no sabe qué hacer cuando deja de hacerlo solo.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Fue honesto.
Aelion se recostó nuevamente, con el corazón más tranquilo.
Tal vez… no estoy solo esta vez.
Desde una azotea cercana, una figura observaba la posada antes de desaparecer entre las sombras.
—El emperador y su omega —susurró—. El duque pagará bien por esta información.
Aelion cerró los ojos.
Sin saberlo, el hilo del destino comenzaba a tensarse.