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Obligada A Amarte

Obligada A Amarte

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mujeriego enamorado / Posesivo / Atracción entre enemigos / Arrogante / Amor-odio / Completas
Popularitas:83k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

Siempre pensé que mi destino lo elegiría yo. Desde que era niña había sido un espíritu libre con sueños y anhelos que marcaban mi futuro, hasta el día que conocí a Marcelo Villavicencio y mi vida dio un giro de ciento ochenta grados.
Él era el peligro envuelto en deseo, la tentación que sabía que me destruiría, y el misterio más grande: ¿Por qué me había elegido a ella, la única mujer que no estaba dispuesta a rendirse? Ahora, mí única batalla era impedir que esa obligación impuesta se convirtiera en un amor real.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo XXIV Plan fallido

Punto de vista de Fabiana

Había pasado un mes, y la rabia que sentía por la noticia de los gemelos Villavicencio era un fuego frío en mi estómago. ¡Dos herederos! Diana era una plaga que se multiplicaba.

Estaba a punto de abandonar mi puesto de vigilancia, frustrada, cuando vi salir a la amiga de Diana, la tal Irene, del edificio corporativo de Villavicencio. La vi saltar y sonreír, hablando por teléfono con obvia excitación. La seguí discretamente. Irene se dirigió a un centro comercial, compró una bolsa de regalos y luego tomó un taxi hacia la zona residencial. La dirección era inconfundible: la mansión Villavicencio.

Irene. Su punto débil. Su único contacto real.

Me estacioné a una distancia segura, observando cómo el taxi se detenía. Irene no se estaba colando; estaba siendo esperada. Llamé a mi contacto, la persona que me había estado proporcionando los detalles internos de la seguridad de la mansión.

—Tengo un cambio de planes. Necesito que se active la alerta silenciosa en el sector oeste, cerca de la pared del jardín, exactamente a las 7:30 PM. Solo la suficiente para distraer a un par de guardias de la entrada principal.

—Será hecho, Fabiana. Pero, ¿estás segura? El riesgo es demasiado alto ahora que hay un embarazo.

—El riesgo es para ellos. No me importa. —Colgué antes de que pudiera replicar.

Vi cómo Irene era recibida por la seguridad de la entrada. Yo tenía una hora.

Me puse una chaqueta oscura y una gorra que cubría mi cabello rubio. Mi plan no era un ataque frontal; era sutil, pero letal. Había comprado un frasco de Gotas de Laetrile, un extracto de almendra amarga muy potente. No deja rastro en el cuerpo, pero en dosis altas imita un ataque cardíaco o, en el caso de un embarazo, un aborto espontáneo fulminante. Dado el estado de salud de Diana y su anemia, nadie dudaría que fue algo natural.

Minutos antes de la hora acordada, me acerqué a la pared oeste, oculta entre los árboles. Escuché un silbido distante y el rápido movimiento de dos guardias corriendo hacia el perímetro. Era mi oportunidad.

Me deslicé por la pared lateral con una agilidad que había practicado en mis clases de gimnasia de la universidad, cayendo suavemente en el jardín. El complejo era vasto, pero yo conocía el diseño de la planta baja. Me dirigí a la cocina, el punto más vulnerable.

Punto de vista de Diana

Estaba recostada en el sofá de la sala, sintiéndome feliz y un poco adormilada por el suero. El anuncio de los gemelos se sentía como una burbuja de calor.

El ama de llaves anunció a Irene, y me levanté rápidamente, con una alegría genuina.

—¡Irene! —La abracé con fuerza.

—¡Felicidades, amiga! ¡Dos bebés, no puedo creerlo! —dijo, entregándome una bolsa.

—Ven, siéntate. Tenemos que hablar de negocios, de mi anemia y de lo bien que me trata mi autoritario esposo.

Nos sentamos en la sala. Irene abrió su bolso. —Te traje tu té favorito, el té de jazmín que te calma los nervios, y unos muffins que horneé esta mañana. Tienes que empezar a comer.

—Ay, amiga, eres la mejor. Justo lo que necesito.

Irene se dirigió a la cocina con el ama de llaves para preparar la tetera. Sentí un momento de paz que hacía mucho no experimentaba. Me recosté, cerrando los ojos.

Punto de vista de Fabiana

Me escondí detrás de un gran refrigerador industrial. Escuché la voz chillona de la criada y la risa de Irene. Estaban en la encimera. Mi corazón latía con fuerza.

La criada se fue a buscar unas galletas al comedor, dejando a Irene sola con la taza de Diana y la tetera caliente. Irene sacó el frasco de té de jazmín que trajo y puso las hojas en el infusor. Luego, se giró para buscar una cucharilla, dándome mi oportunidad.

Salí de mi escondite, moviéndome como una sombra. La taza de Diana estaba a un lado de la encimera, humeando levemente. Saqué el gotero que había preparado. Abrí la boca de la taza y, con precisión, vertí el líquido incoloro. No necesité más de cinco gotas para la dosis que buscaba.

Volví a esconderme justo cuando Irene se giraba con la cucharilla en la mano. Lo logré.

Punto de vista de Diana

Irene regresó a la sala con una bandeja: mi taza, la suya y los muffins.

—Aquí tienes, tu elixir de la felicidad —dijo Irene, entregándome la taza.

El aroma a jazmín inundó el aire. Tomé la taza, lista para darle un sorbo, cuando el móvil de Irene vibró.

—¡Oh! Es mi jefe, necesito tomar esto un segundo. —Irene se disculpó y fue al extremo de la sala.

Justo cuando acercaba la taza a mis labios, mi celular sonó con la llamada de Marcelo. Siempre puntual, siempre protector.

—Amor, necesito que te quedes con el té. No pruebes nada más por ahora. La nutricionista quiere que no comas nada hasta mañana, que ella te verá por video. Confía en mí, por favor.

La orden era extraña, pero la voz de Marcelo sonaba urgente. Bajé la taza, sintiendo la frustración por el té, pero también el alivio por su preocupación.

—Claro, amor. No te preocupes. Estoy bien, no he tomado nada.

Punto de vista de Fabiana

Me quedé mirando fijamente la taza, mi plan de meses, mi gran oportunidad, frustrada por una llamada de teléfono y una obsesión paternal. Mi furia se hizo tangible. Se había ido el tiempo. Tenía que salir de aquí, y rápido. La taza humeante de jazmín permanecía intacta sobre la mesa.

Me apresuré a salir por el mismo lugar por el que entre. No entendía que había pasado, todo iba bien hasta que Diana recibió esa llamada. Camine hasta mi auto y salí a toda prisa del lugar temiendo haber sido descubierta.

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Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que hermosa novela, cada vez me sorprendes más, muchas felicidades escritora y gracias por compartirla 👏👏👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bueno, era hora de que empiecen a pagar todas sus fechorías 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado, padre no es el que engendra sino el que cría, pero tu lo hiciste bastante mal, no supiste criar a ninguna, ella era solo una niña
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que buena jugada de ellos, me imagine la cara de Luis, eso es solo el principio de lo que te toca pagar jaja 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado infeliz, ojalá y lo hagan pagar por todo el daño causado 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esta familia esta metida hasta las masas en todo lo sucedido con Diana y su madre, gente mas desgraciada
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que buena, Diana al fin dejo de ser sumisa y se está convirtiendo en una mujer de gran carácter
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuidado que los siguen, espeto esta ves se den cuenta
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay pobre Diana, al fin le contó
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Las dudas de ella son razonables, cuéntale hombre si no la perderás
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuéntale hombre, ella lo entenderá, después no te querrá si le sigues ocultando cosas
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo infeliz como tan miserable, lo que hacen por dinero 😱🤔👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay Marcelo cuéntale si no ella se enojara después
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esos son unos desgraciados infelices, unas verdaderas ratas
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Pero listo guardias son más pajarones
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que les pase nada no mas, por favor escritora 🤔👏👏👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay Diana cuídate de la la zorra de tu hermanastra ella es tan mala como tu supuesta familia
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Así debe ser siempre, poner a las zorras en su lugar
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Bonito capitulo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
De quien sera hija Diana, esa mi inquietud, porque por algo se odian estas familias
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