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Dulce Venganza

Dulce Venganza

Status: En proceso
Genre:Venganza de la protagonista / Traiciones y engaños / Dejar escapar al amor / Completas
Popularitas:9.3k
Nilai: 5
nombre de autor: ISA Miranda

Miranda y Laura han sido inseparables desde la infancia. Sin embargo, su amistad se ve puesta a prueba cuando Laura se enamora del novio de Miranda, David, y queda embarazada. La traición de Laura hiere profundamente a Miranda, quien decide llevar a cabo una venganza bien planificada, que culminará en una inesperada revelación

NovelToon tiene autorización de ISA Miranda para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo Especial: Cinco Años Atrás – El Fin de la Inocencia

Miranda

El sol de Caracas a las dos de la tarde no tenía piedad, igual que el destino que me esperaba. Caminábamos por las aceras agrietadas cerca del liceo, riendo por alguna tontería que decía Victoria. A mi lado, Charlotte forzaba una sonrisa que no le llegaba a los ojos, y yo, como siempre, le apreté la mano en un gesto mudo de apoyo.

Para Victoria y Eucaris, éramos simplemente las primas Rinaldi: inteligentes, de notas impecables, pero "humildes". Vivíamos en un barrio donde las balas suelen arrullar los sueños, o eso era lo que mi abuela Amelia nos obligaba a proyectar.

Mi teléfono vibró. El nombre en pantalla hizo que mi postura se tensara de inmediato: Nonna.

—¿Aló? —contesté, alejándome un poco del grupo.

—Las espero en la Villa. El transporte está a dos cuadras. No lleguen tarde, Miranda. El tiempo es el único recurso que un Rinaldi no puede recuperar.

Colgué. El peso de mi verdadera identidad cayó sobre mis hombros como una capa de plomo.

—Chicas, nos tenemos que ir —le dije a Victoria y Eucaris, fingiendo una mueca de fastidio—. Mi mamá dice que hay que ayudar con la limpieza de la casa este fin de semana.

—¡Qué aburrido! —exclamó Eucaris—. Quería que fuéramos a comer helado en el Sambil.

—Será el lunes —prometió Charlotte, aunque su voz sonaba quebrada.

Nos despedimos y caminamos tres cuadras hasta que el entorno cambió y las fachadas descuidadas dieron paso a una zona más discreta. Allí, estacionada como una bestia negra al acecho, estaba la camioneta blindada. Al vernos, el vidrio bajó apenas unos milímetros. Ethan, mi entrenador y sombra constante, asintió.

Subimos en silencio. En cuanto las puertas se sellaron con un golpe seco, el aire acondicionado y el olor a cuero caro borraron la fachada de niñas de barrio.

El ascenso hacia las montañas de Caracas fue rápido. La Villa es una fortaleza de arquitectura mediterránea oculta tras muros de tres metros y alambre electrificado. Al cruzar el portón, los hombres de la Organización de los Soles, aliados tácticos de mi abuela y expertos en tácticas militares, saludaron con una rigidez que intimidaba a cualquiera.

Al bajar, mi abuela Amelia estaba en la terraza, vestida de negro impecable, sosteniendo un rosario de plata que parecía una extensión de sus dedos. Su mirada era un juicio final.

—Charlotte, vete con Elian al campo de tiro —ordenó sin preámbulos—. Necesita evaluar tu tiempo de reacción. Miranda, quédate conmigo.

Miré a mi prima. Sus ojos estaban rojos, hundidos en un dolor que yo intentaba mitigar ocultando sus debilidades de la mirada de acero de la Nonna.

—Ve, Char. Estaré ahí en un momento —le susurré.

Cuando nos quedamos solas, el silencio de la montaña se volvió opresivo.

—¿Crees que no lo sé? —soltó Amelia, dándome la espalda—. Crees que tus mentiras pueden tapar el sol. Te advertí sobre las debilidades, Miranda. Te advertí que no podías mezclar la sangre con el fango.

—No sé de qué hablas, Nonna —mentí, aunque el corazón me martilleaba las costillas.

—¡Hablo de David! ¡Y de esa serpiente de Laura! —Se giró con una rapidez aterradora—. Los defendiste. Dijiste que eran "buenos". Hiciste que tu familia fingiera quererlos para "no intimidarlos". Y mientras tú y Charlotte representaban al liceo en ese estúpido concurso nacional, ellos se revolcaban en tu propia cama.

El aire se escapó de mis pulmones. La traición de David —mi primer amor, el chico que juraba protegerme— y de Laura —la amiga que me pedía prestados los apuntes y envidiaba hasta mi forma de caminar— era un secreto a voces que yo me negaba a escuchar.

—Laura está embarazada, Miranda —continuó mi abuela con una crueldad necesaria—. Mostró su verdadera cara en cuanto te fuiste. Se burló de tu esfuerzo, de tus clases de modelaje, de tu disciplina. Dijo que "la reina de los Rinaldi" no era más que una pobretona con suerte. Son una plaga, Miranda. Destruyen lo bueno porque no pueden poseerlo.

—Yo... yo confié en ellos —susurré, sintiendo cómo las lágrimas quemaban, pero me negaba a dejarlas caer.

—Esa es tu falta. Un Rinaldi no confía, un Rinaldi domina. Eres la futura Capo, y has permitido que dos donnadies se burlen de ti. No volveré a pasar por alto una debilidad así. O aprendes a ser el martillo, o serás el clavo. Ahora lárgate con Ethan. Necesito que tus disparos sean tan fríos como debería ser tu corazón.

Caminé hacia la parte trasera de la propiedad, donde el sonido de las detonaciones resonaba contra los cerros. Ethan me esperaba con una Glock 17 sobre la mesa. Su mirada de ex-militar no juzgaba, solo analizaba.

—Tienes la mente en otro lado, pequeña —dijo Ethan con voz grave—. Si no te enfocas, la bala te morderá a ti.

—Solo pon los blancos, Ethan —respondí, cargando el arma con una furia ciega.

Vacié tres cargadores. Cada disparo era para David. Cada casquillo que caía al suelo era un pedazo de mi corazón rompiéndose. Estaba en medio de una ráfaga cuando un grito desgarrador detuvo todo.

—¡No! ¡Por favor, no!

Era Charlotte.

Corrimos hacia el sector de entrenamiento de Elian. Charlotte estaba de rodillas en el césped, convulsionando en un sollozo que le impedía respirar. Elian intentaba sujetarla, pero ella estaba fuera de sí. Su teléfono estaba en el suelo, con la pantalla destrozada pero aún encendida.

—¿Qué pasó? —exigí, apartando a los hombres de seguridad que empezaban a rodearla.

—Yhonatan... —gimió Charlotte, aferrándose a mi camisa—. Lo sabe todo, Miranda. Sabe quiénes somos. Alguien le envió fotos nuestras en Sicilia... entrenando con los Rinaldi.

Sentí un frío glacial. Yhonatan era un Guardia de Honor, un hombre de principios que había llegado a la vida de Charlotte después de la muerte de Gianni, su primer amor. Gianni había muerto en mis brazos en Italia, protegiendo a Charlotte de un atentado de un clan rival. Ella nunca pudo decirle a Yhonatan la verdad: que el amigo que él tanto extrañaba había muerto por ser parte de nuestra guerra.

—Él dice que soy un monstruo —gritó ella, colapsando en mis brazos—. Que todo fue una mentira, que el amor que le di está manchado de sangre. ¡Me dejó, Miranda! ¡Dijo que no quiere volver a ver a una asesina!

Acaricié el cabello de mi prima mientras ella temblaba. Ella no tenía mi fuerza. Ella era el alma de nuestra familia, y el mundo la estaba destrozando.

—Cállate, Char. Escúchame —le dije al oído, usando esa voz gélida que mi abuela me acababa de imponer—. No llores. Aquí no. Si la Nonna te ve así, te enviará de regreso a Italia o algo peor.

Miré a Ethan y a Elian.

—Nadie dice una palabra de esto —ordené, y por primera vez, mi voz no sonó como la de una niña, sino como la de una jefa—. Si mi abuela se entera de este colapso, los haré responsables a ustedes.

Ethan asintió con respeto. Elian bajó la mirada. En ese momento, en medio del dolor de Charlotte y mi propia rabia por la traición de David y Laura, comprendí lo que la Nonna quería decir.

El amor, la amistad, la confianza... eran lujos que los Rinaldi no podíamos permitirnos.

—Levántate, Charlotte —le dije, ayudándola a ponerse de pie con firmeza—. Límpiate la cara. A partir de hoy, somos nosotras contra el mundo. No hay David, no hay Yhonatan. Solo queda el legado.

Ese viernes, mientras el sol se ocultaba tras las montañas de Caracas, la Miranda que creía en los finales felices murió. Y en su lugar, bajo la tutela de ex-militares y el mando de una mujer despiadada, empezó a nacer la mujer que algún día haría que toda Italia se arrodillara ante el apellido Rinaldi.

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Delyiris Rogeris Perez Mecia
gracias por la historia, fue un viaje interesante
Delyiris Rogeris Perez Mecia
es una novela increíble, llena de giros inesperados que enganchan desde el primer momento
Martha Ordoñez
bien. bien por lo que leí interesante gracias bendiciones
Martha Ordoñez
muchas gracias bonita novela bendiciones
Martha Ordoñez
gracias mi querida autora por escribir una bonita historia bendiciones
ISA Miranda: para mí fue un placer escribir está historia
total 1 replies
Martha Ordoñez
bonitos capítulo gracias
Martha Ordoñez
bonitos capitulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
bendiciones escritora y gracias por estos intensos capitulos
Martha Ordoñez
gracias gracias escritora por subir más capitulos bendiciones
Carlos Robledo
muy buena historia solo que me dejas en suspenso saludos desde León,GTO México
ISA Miranda: el suspenso es bueno 🙃🙃 pero tranui que hoy actualizo
total 1 replies
Martha Ordoñez
muy interesantes los capítulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
gracias gracias por subir más capitulos bendiciones escritora
Martha Ordoñez
bien bien por los capítulos bendiciones escritora gracias
Martha Ordoñez
que bonito capitulo gracias
Martha Ordoñez
más capitulos porfi bendiciones escritora
ISA Miranda: tranquis que hoy nos toca caps
total 1 replies
Carlos Robledo
que romántico
ISA Miranda: sí, se puede decir que es la calma antes de la tormenta 🤫🤫
total 2 replies
Carlos Robledo
muy buenos capitulos ya los extrañaba
ISA Miranda: yo también los extrañaba 🥺
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Martha Ordoñez
muy bonitos los capítulos bendiciones escritora gracias más capitulos porfi
ISA Miranda: veré si mañana actualizo, debido a que la historia está llegando a su fin y quiero que el capitulo siguiente sea muy productivo
total 1 replies
Carlos Robledo
muy buena la historia me tiene atrapada y súper emocionada
Carlos Robledo
muy buena l historia me tiene atrapada hace que mi imaginación vaya recreando cada palabra, ya que me encanta leer
ISA Miranda: gracias, está historia se a vuelto muy importante para mí
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