Una vez creí en los cuentos de hadas, pero tarde me di cuenta de que solo eran una mentira que nos cuentan de niños para desviarnos de la maldad de este mundo en el cual por desgracia y caí y morí sabiendo que él no me amaba.
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Capítulo 4: Resignación
AYLA
Pasaron solo un par de horas y simplemente me sentía más que libre en todos y cada uno de los sentidos. Había dejado ir a un hombre que no me amaba y que nunca lo haría. Tal vez debía sentir dolor, tal vez debía sentir algo parecido a la tristeza, pero realmente solo sentía paz, simplemente eso.
Suspiré mirando hacia el horizonte con una nueva perspectiva que venía acompañada de algo parecido a la aceptación, que fue algo que nunca quise ver, porque simplemente creí que mis sentimientos algún día serían correspondidos. Mientras tanto, llegué sin rumbo alguno a un motel, a una zona simple y sencilla a las afueras de la ciudad. Al llegar, me recibió el olor a madera vieja y algo parecido al blanqueador.
La recepción era un corredor con alfombra verde, un mostrador de madera astillado y una computadora sobre este. En el mostrador estaba sentada una mujer mayor con lentes gruesos negros colgando de una cadena en su cuello; no llevaba maquillaje; al verla, supe que en alguna época ella fue una mujer bella. Llevaba puesto un blazer negro y una camisa blanca con botones; su cabello gris estaba atado en una coleta alta, simplemente.
Al verme, apenas levantó la vista, me miró con sus pequeños ojos grises que tenían ese brillo de haber visto todo, suspiró y dijo:
—Aquí tienes, habitación ciento dos, da vuelta a la izquierda, segunda puerta a la derecha. —Me señaló indicando la dirección. —Treinta euros.
—No dije nada, ni siquiera... —Levantó la mano callándome.
—No hace falta decir nada —me dijo con voz tranquila, pero plana—. He visto a muchas como tú huyendo de ellas mismas cuando cometen errores. Te diré una cosa: lo que hayas hecho, simplemente déjalo ir y acéptalo como un aprendizaje de que no debes cometer el mismo error otra vez.
Asentí tomando la llave de la habitación del mostrador. Pagué y me fui a mi habitación.
Caminé por el pasillo mirando las paredes blancas y la alfombra verde bajo mis pies mientras sostenía mi maleta con una mano, respiré profundo y simplemente seguí adelante.
Llegué a mi habitación sin darme cuenta, introduje la llave y la giré. Abrí la puerta color caoba y me adentré en la habitación que era pequeña, pero acogedora. La cama con sábanas blancas y una manta gris sobre esta, dos almohadas de cada lado y el aire acondicionado en el lado izquierdo de la cama, la misma alfombra verde. El baño estaba a mi derecha, abrí la puerta y encendí el interruptor. Una regadera simple, un lavabo y un escusado. Solamente eso. El piso era blanco, mientras que el azulejo de la pared del baño era azul claro.
Salí del baño tras apagar el interruptor. Fui directamente a la cama, dejé mi aún lado y me dejé caer en la cama lanzando un largo suspiro cargado de una mezcla de alivio y de algo parecido a la incertidumbre. Hubo un instante, solo uno en el que pensé que mi familia se preocuparía de dónde me encontraba yo.
Al llegar la noche miré mi teléfono y efectivamente tenía varias llamadas perdidas y mensajes de mis padres, no me había dado cuenta de cuánto tiempo transcurrió hasta que miré a través de las cortinas grises de la ventana que daba dirección al estacionamiento y más allá había una zona boscosa que daba la sensación de ser todo menos inofensiva.
Me alejé de la ventana y volví a cama. Tomé mi teléfono y escribí a mis padres y Mary un mensaje corto, pero directo.
«Estoy bien, me fui para comenzar de nuevo. Lo siento.»
Envié el mensaje y dejé mi teléfono de lado. Abracé una almohada y fue entonces que finalmente pude sentirme libre y capaz de tomar una decisión que no solo me había salvado de la muerte, sino que también le dio la oportunidad a un hombre al que le arruiné la vida a ser feliz con la mujer que realmente ama.
Me solté a llorar, ya no pude más. Lágrimas corrían por mi rostro, mientras trataba de contener mis sollozos en un intento inútil de que nadie me escuchara, pero luego un toc, toc, toc, resonó en ese silencio sepulcral que se rompió en ese instante, como una aguja rompiendo una burbuja, sin dramas, sin escándalos simplemente sin quedar nada más que el sonido de alguien tocando la puerta.
Me levanté de la cama con dificultad, fui hacia la puerta y la abrí con cuidado solo un poco, al hacerlo la mujer de la recepción me miró con esa mirada de preocupación y de algo parecido a la incertidumbre de entender por qué lloraba, pero solamente me tendió un papel, lo tomé y dijo:
—Me llamó alguien que se preocupa por usted y me pidió que le diera este mensaje.—fruncí el ceño sin entender nada—, antes de que preguntes esa persona es Mary Adler, su nana.
—¿Cómo la conoce?—Pregunté aun desconcertada mirando el papel doblado en mi mano. Ella soltó una risa corta, pero sonora. Sonrió emitiendo ese brillo en sus ojos de alguien que ha tenido que ver y vivido esto más veces de lo que uno imagina.
—Ella y yo fuimos amigas en el pasado—dijo con voz firme, pero con una mezcla de culpa y de algo parecido al reconocimiento de haber hecho algo que no debió haber pensado menos ejecutado.—, ambas cometimos errores por alguien que no valía la pena llorar y en el camino la lastimé a mucha gente. Incluyéndola.—confesó con la voz apenas firme, pero hablaba sosteniendo cada palabra sin derrumbarse ahí mismo.
—Gracias...—dije finalmente y ella sonrió con cierta tristeza y se fue dejándome sola. Cerré la puerta y entonces me di cuenta de que era momento de hacer algo bien por una vez en mi vida. Desdoblé el papel en mis manos, lo miré y leí el contenido.
**"Ayla, no te felicito, pero no te juzgo. Hiciste lo correcto y tus padres lo saben, aunque no lo dicen en voz alta. Sin embargo, no puedo decirte que todo será perfecto tras tu partida, no por supuesto que no, pero eso no significa que no tengas que afrontar cada decisión que tomaste, porque la vida te cobrará cada decisión, palabra, acción que ejecutaste sin pensar en nadie más que en tu amor por Vida Schneider. **
Solo te pido que si alguna vez nos volvemos a ver, vea un cambio sincero y honesto en ti. De lo contrario no te atrevas a mirarme. De cualquier forma siempre velaré por tu seguridad, tu bienestar y porque encuentres a alguien que realmente te ame, te respete y que sobre todo vea en ti la mujer con la que desee estar por el resto de su vida.
**Tu Nana... **
Mary"
Al leer el papel me derrumbé en el suelo, lloré, pero esta vez las lágrimas eran de culpa, de remordimiento y sobretodo algo parecido al karma. Estaba pagando por lo que hice en el pasado y aún así Mary se preocupó por mí, no me dejó sola jamás. Y tras leer sus palabras también me di cuenta de que ella sabía más de lo que me pude haber imaginado. Ella sabía que en algún momento tomaría la decisión de irme, dejar que Vidar fuera feliz con Alicia y sobre todo dejar atrás mi deseo obsesivo de que algún Vidar me amaría.
Respiré profundo, guardé el papel dentro de la maleta como un recordatorio de que no debo perder el rumbo otra vez en esta segunda vida.