En está historia, inspirada en la película «La laguna azul» veremos como Perla y Dayhan, por incidente inesperado, ambos quedan varados en un sitio remoto, mientras que todos los buscan con desesperación, pero ese incidente parece que los ayudará a entenderse mejor de lo que ellos creen. ¿Que pasará con esos adolescentes?
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Capitulo 24
Perla regresó a su casa y al entrar, encontró a Andhy hablando con su mamá.
— Mi amor, qué bueno que llegaste. Te he llamado muchas veces. —dijo el chico.
— ¡Hola! —dijo ella sin más. Andhy, con mucha alegría, le dio un abrazo, el cual ella aceptó por no hacer un desaire.
— Hija, Andhy se preocupó mucho por ti.— dijo Rocío.
— ¿Qué pasa, Perla? ¿Por qué no quieres hablar conmigo?
— Quería descansar, eso es todo. —explicó.
— Mi amor, no sabes cuánta falta me hiciste. —expresó emocionado. Le agarró el rostro diciendo esas palabras.
— Mamá, permiso, ¿podemos ir a la terraza. por favor.
Él asintió y salieron afuera, se sentaron en unas mecedoras.
— ¿Qué pasa, amor? —preguntó sosteniendo su mano.
— Se acabó, ya no voy a seguir siendo tu novia, lo siento.
— ¿Me estás cortando? ¿Me estás terminando a mí? —preguntó indignado.
— No te quiero hacerte daño, creo que es mejor que busques a alguien más.
— Perla, nos amamos, íbamos a estar juntos, ¿por qué has cambiado tan rápido de opinión?
— No estoy preparada para una relación.
— Yo te amo, somos populares, somos respetados, somos hijos de padres influyentes.
— ¡Caray!, no me había fijado en todas esas cualidades que tenemos en común. Encontrarás a alguien que llene todos esos requisitos. —dijo con sarcasmo.
— Nadie me deja, tú vas a hacer mi esposa tarde o temprano, ya lo verás. —se fue molesto, pero confiado en que ella volviera con él.
Lunes
Perla se despertó emocionada, no porque iba a volver a la preparatoria, sino porque Dayhan iba a salir de la prisión. Tenía deseos de verlo y de besar sus labios.
Llegó a la preparatoria y antes de entrar, una abogada se acercó a ella.
— Buen día, señorita Thompson. ¿Podemos hablar? —pidió la abogada.
— Buen día, ¿quién es usted?
— Soy la abogada Kenia Santos, necesito hacerle unas preguntas acerca del joven Dayhan Maldonado.
— ¿Qué pasa con él? Si la mando mi papá pierde su tiempo. Dayhan no me secuestró. —aclaró la adolescente.
— Precisamente por eso estoy aquí, quiero una declaración sobre lo que pasó, si no le molesta, claro.
Horas después, Dayhan fue dejado en libertad, algo que él no logró asimilar. El señor Alberto juró que iba a permanecer preso por muchos años. Al salir de la delegación, vio a su papá y a Gael esperándolo. Se dieron un abrazo. El señor Raúl lloró de felicidad, temía que su hijo pasara toda su vida detrás de unas rejas.
— No pensé que ese señor iba a retirar la denuncia. —expuso Dayhan.
— Si fuera por él, no estarías aquí afuera, eso te lo aseguro. —dijo Raúl.
— Estás de suerte, hermano. —habló Gael.
— Y entonces, ¿por qué me dejaron libre?
— Hay alguien que te va a responder esa pregunta. —dijo Gael.
— ¿De quién es este auto? —preguntó al ver un Lamborghini negro.
— ¿En serio no recuerdas este auto? —preguntó Gael.
— ¿Por qué debería? —preguntó Dayhan.
— Olvídalo. Vámonos. —sugirió Gael.
El señor Alberto estaba en su oficina leyendo unos documentos. La secretaria le informó que su abogado deseaba hablar con él. Dio la orden para que pasara. Al escuchar lo que dijo el abogado, maldijo mil veces.
— Ese maldito no puede estar libre. —dijo Alberto molesto.
— Señor, la persona que contrató a la abogada Kenia Santos tiene mucho dinero. Además, no había pruebas contundentes para mantenerlo detenido. —explicó el abogado.
Alberto, con temor a que Dayhan se acerque a su hija, ideó un plan y fue directamente a la preparatoria, para hablar con ella. Al llegar, le pidió a la directora hablar con su hija. Minutos después, estaban en la cafetería.
— Papá, estoy en clases, ¿qué quieres?
— Vine a hablar contigo. Tengo un trato que proponerte. —dijo el señor.
— ¡Trato! ¿De qué hablas? —preguntó confundida.
— Cambiaron los planes. Dayhan puede salir hoy mismo en libertad, o pasar años encerrado como una rata, si así tú lo deseas.
— No te entiendo. Dijiste que salía hoy.
— No puedo dejar pasar por alto el hecho de que tocó a mi única hija.
— Maldición, papá, yo quería estar con él. —dijo en voz alta.
— Tengo que defender tu dignidad. Están a punto de trasladarlo a una cárcel de máxima seguridad, donde hay muchos adolescentes peligrosos, asesinos, violadores. ¿Te imaginas a ese chico en un lugar como ese? —preguntó el padre.
— ¿Por qué me haces esto? —preguntó Perla llorando.
— Si me prometes que nunca más te vas a acercar a él, que no vas a hablar con él, que si él intenta acercarse a ti lo vas a rechazar, ahora mismo detengo todo, y él vuelve a ser libre. —dijo el padre.
— No, papá, no voy a renunciar a él, lo amo. —expresó Perla entre llantos.
— Perla, no vine a ver tu cara de sufrimiento, quiero enmendar tu error. —dijo el padre.
— No, lo siento por ti, pero no. —respondió Perla.
— ¡Perfecto! Todo lo que le pase a ese muchachito quedará en tu conciencia. Me voy a encargar de que viva un verdadero infierno. —amenazó el padre con firmeza. Se levantó y empezó a caminar esperando el grito de Perla.
— ¡Espera!, por Dios, espera.—gritó desesperada Perla. Se dejó caer al suelo, miró hacia arriba pidiendo clemencia. Ahogada en llantos, le dijo.— Está bien, pero no permitas que se lo lleven.
El señor sonrió precavidamente. —¡Bien! Levántate, pero si no cumple con tu palabra, Dayhan Maldonado va a desaparecer para siempre.
— ¿Qué cruel eres, papá? ¿No te importan mis sentimientos? —preguntó Perla.
— Eres una niña, te vas a enamorar de alguien que valga la pena, no de un don nadie. Además, Andhy es un buen muchacho, de buena familia y es tu novio.—dijo el padre.
Perla, triste y desolada, prefirió no volver al aula. Fue por su auto y se marchó.
Dayhan, Raúl y Gael llegaron a la zona residencial más exclusiva de la ciudad, precisamente a una enorme y lujosa mansión. Dayhan estaba sorprendido.
— Ya Gael, deja el suspenso, ¿de qué se trata todo esto? —preguntó curioso.
— Ya lo verás.—respondió Gael sonriente. Se abrió el portón.
Bajaron del auto y se disponían a tocar cuando una señora les abrió la puerta.
— Hola, pasen, por favor. —dijo haciendo reverencia.
Una hermosa mujer los esperaba. —"¡Bienvenidos!"—dijo ella.
— ¡Samantha! No puedo creerlo.— expresó Dayhan mientras se daban un abrazo.
ella es más terca que una mula,a el le faltan pilas para poner esa mujer en su sitio, y la maddy está queda.
voy a seguir leyendo a ver si estoy se compone jejejeje