He aquí la historia de la cenicienta que no tuvo su final feliz. Elizabeth Castilla era aquella chica inocente que confiaba ciegamente en los demás, esa confianza imprudente que tenía por personas que no lo merecían la llevo a tener una muerte trágica, traicionada por las personas a las que amaba, ella solo quiere venganza, en su lecho de muerte una extraña oferta le fue otorgada.
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Suerte
Después de aquel incidente regresé a mi habitación luego de haberle dado lo acordado a Samuel, mientras subíamos las escaleras que parecían eternas, Alice no pudo evitar regañarme, casi parecía que ella era la jefa y yo su servidora, con solo decir que el oído me dolía debido a todos sus regaños.
Tsk Tsk Tsk
— No chasquee la lengua — dijo enfurruñada —Esto es serio.
— Lo sé, lo sé — dije mientras escuchaba sus reclamos.
Cuando llegamos a la habitación no pude evitar soltar un suspiro de alivio.
— Quítese esa ropa mi señorita, si no fuera porque es mía, la quemaría para que nunca jamás vuelva a volver a usarla — mencionó con el ceño fruncido.
Esta chica era todo un caso, sin embargo, aunque parecía un poco masoquista, me hacía feliz el escucharla regañarme.
Después de cambiarme y escuchar a Alice, parlotear de cosas al azar, en algún momento me quedé dormida, porque cuando desperté el cielo estaba oscuro y Alice se encontraba dormida, así que traté de hacer el menor ruido posible mientras me escabullía de la cama y con pasos algo inestables, debido a que recién me despertaba, me dirigí hacia la ventana de mi habitación.
Afuera el cielo se encontraba estrellado, que si tuviera un telescopio podría contemplar las gloriosas constelaciones, lancé un suspiro mientras pensaba en todo lo que estaba sucediendo desde mi renacimiento.
Las cosas estaban cambiando, el futuro era algo incierto y había situaciones que se escapaban de mis manos.
El collar en mi pecho era una prueba de que nada era igual que el pasado, aunque…
Había algunas situaciones que por más que quise cambiar aún permanecieron tal como en el pasado, pero, cuando decidí seguir con esta vida, sabía que el camino no sería fácil, que estaría lleno de obstáculos difíciles de superar, pero, no me rendiría fácilmente.
Luego de mirar las estrellas por un tiempo mientras pensaba en el futuro, regrese a mi cama con la mente más tranquila.
Cuando desperté Alice se encontraba preparando mis libros y mi uniforme.
— ¡Qué bueno que despertó temprano, señorita! — exclamó con júbilo — Lávese y venga a desayunar.
Alice se encontraba de muy buen humor, pero yo no, no quería alejarme de mi amor.
— No te quiero dejar, es esta villana la que nos quiere separar — le hablé a mi cama haciendo que Alice pusiera los ojos en blanco.
— Señorita, deje de ser dramática, que sé perfectamente que usted es la perezosa — mencionó.
Después de algunos contratiempos en los que luchaba por alejarme de mi cama, le hice caso a mi querida duendecilla.
Luego de lavarme, desayunar y vestirme, camine junto a Alice hacia las tan mencionadas clases, solo esperaba no toparme con ninguna de esas personas que me habían estado rondando.
Alice al ser plebeya solo tenía permitido acompañarme, pero, no podía estar junto a mí, por eso a ella le tocaba esperar afuera, sin embargo, decidí que solo me acompañara en las mañanas y me recoja por la tarde para que ella pueda hacer otras actividades mientras yo estaba en clases.
Cuando llegue al salón, había pocas personas, mire alrededor esperando ver un rostro conocido, hasta que divise a la señorita Mariela, que se encontraba junto a una niña de cabello rubio tan diferente al cabello de Kiara, que era más de un rubio color popo.
La princesa Elena se veía tal como la recordaba, aunque estábamos alejadas la una de la otra en esta vida no había perdido su luz, aún sonreía de una manera radiante. No sabía si acercarme a ellas o no, sin embargo, no tuve que elegir debido a la aparición de aquella chica que hacía mi sangre hervir, pero, no precisamente, de alegría. Debí suponer que ella al ser quien era nunca desaprovecharía una oportunidad para escalar. Kiara se acercó a la princesa con una sonrisa de oreja a oreja, pero, en el poco tiempo, que mire pude observar que la princesa no estaba para nada encantada con su presencia y pronto supe la razón.
— Luce encantadora princesa casi tan igual…
Bueno…
Si Kiara era así de halagadora, podía entender el fastidio de su alteza, dejé de escuchar y mejor busqué un asiento, aún tenía todo el tiempo del mundo para hablar con la princesa.
En mi vida pasada hubo muchas personas que entraron en mi vida, pero, así como entraron, también sé fueron, pocas permanecieron, entre estas se encontraba aquella chica de ojos como el jade.
La amistad que tuvimos en aquel entonces quizás fue fugaz, pero, fue real, al menos para mí, tal vez encontramos en la otra a alguien igual, quizás ese fue el lazo que nos unió, el ser seres que nunca debieron existir, pero que lo hicieron.
Ella, una princesa bastarda.
Yo, una forajida con ropa de seda.
Ambas fuimos heridas y sufrimos una gran tragedia.
Con la entrada de una mujer de aspecto noble, dejé mis pensamientos detrás, ella era la persona que nos hablaría sobre la historia del reino, una clase aburrida pero necesaria para todos.
Las cátedras que estaría recibiendo en este periodo serían cinco, estás solo les correspondían a las damas y unas que otras también los caballeros. Entre estas se encontraba: historia del reino, cálculo, caligrafía, arte y una optativa de la que aún no estaba segura, no podía decidirme entre equitación y primeros auxilios, aunque había muchas más, estas fueron las que llamaron mi atención. Tal vez elegiría las dos. Mientras contemplaba como entraban los demás, pude ver al joven Samuel, al cual le regale una sonrisa, sin embargo, cuando vi a las personas que venían detrás de él, la sonrisa se desdibujó de mi rostro.
¿Cuán grande podía ser mi mala suerte para compartir clases con cuatro personas que no me agradaban para nada?
— ¡Oh cielos! — murmuré cuando miré como su séptima alteza, el príncipe Demián me guiñaba un ojo de una manera que lo hacía parecer un loco, y si eso no era suficiente, el cuarto príncipe, mi prometido no tan querido, también se encontraba en este salón, y si no fuera poco, el hijo del duque Medina también estaba aquí, ya era suficiente con ver a mi hermanastra, pero la vida tenía que también poner a estos tipos en mi camino.
Sí…
El cielo me odiaba.
Se nota que iba a pasar un tiempo muy divertido, nótese el sarcasmo.
Alice te extraño.