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Siempre Tendrás 18

Siempre Tendrás 18

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Escuela / Amor eterno / Completas
Popularitas:469
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Abril tiene 17 años, leucemia y una lista: aprovechar cada segundo que le queda.

Sus padres siempre trabajan, así que vive sola y se refugia estudiando en el colegio. Hasta que aparece Kael, 18, el chico que divide su tiempo entre las clases y una escuela de boxeo, con los nudillos siempre rotos y el corazón blindado.

Él cree que pelear es la única forma de no sentir. Ella le va a enseñar que vivir también duele.

Lo que Kael no sabe es que Abril se está apagando, que los dolores son cada vez más fuertes y que un día se va a desmayar frente a él.

Una historia sobre amar sabiendo que tienes fecha de vencimiento.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: El hospital de nuevo

El lunes me tocó control en el hospital temprano, a las ocho de la mañana, y mi mamá me dijo que no fuera al colegio después porque iba a estar cansada y con dolor. Yo le dije que sí quería ir, que tenía prueba de matemática y que no me la quería perder. Me dijo que no, que la prueba la podía dar después y que lo importante era que descansara.

Le mandé un mensaje a Kael en la mañana que decía hoy no voy al colegio, tengo hospital, nos vemos mañana. Me respondió al tiro que me fuera bien y que me cuidara y que me guardaba la azotea.

Llegué al hospital a las ocho y había mucha gente esperando, como siempre, con cara de sueño y con mascarilla. Me llamaron a las nueve y me hicieron los exámenes de siempre, que me pinchan y me sacan sangre y me duele un poco el brazo. Después me vio la doctora y me dijo que estaba bien, que todo seguía estable, pero que tenía que seguir tomando la pastilla a la hora y que no me podía saltar ninguna.

Salí a las once y estaba cansada y con el brazo morado y con ganas de irme a mi casa a acostarme. Mi mamá me dijo que nos fuéramos en micro y que me comprara un jugo. Le dije que sí, pero que quería pasar por el colegio a dejar una tarea que me había pedido la profe. Mi mamá me dijo que estaba loca, que me fuera a la casa. Le dije que era a una cuadra del hospital y que no me demoraba.

Pasamos por el colegio y eran las once y media y todos estaban en clases. Vi a don Luis en la puerta y le dije que iba a dejar una tarea. Me dijo que pasara no más. Subí a mi sala y dejé la tarea en mi banco y cuando iba bajando vi a Kael en el patio, solo, sentado en la banca de siempre, con la mochila al lado y mirando para arriba, para la azotea.

Me acerqué y le dije ¿qué haces aquí solo? Se paró rápido y me dijo Abril, pensé que no venías hoy. Le dije que no venía, que solo vine a dejar una tarea y que me iba. Me dijo que me había visto por la ventana y que pensó que había vuelto. Me miró el brazo morado y me dijo ¿te pincharon? Le dije que sí, que me sacaron sangre y que me dolía un poco.

Se sentó a mi lado y me dijo si quería que subiéramos un ratito a la azotea, aunque no fueran las cuatro. Le dije que no podía, que estaba cansada y que mi mamá me estaba esperando abajo. Me dijo que ya, que me acompañaba a la salida.

Caminamos los dos hasta la puerta y don Luis nos vio y nos dijo que no era la hora de la azotea. Le dijimos que no íbamos a la azotea, que solo íbamos saliendo. Nos dejó salir y mi mamá me estaba esperando en la esquina y me miró raro cuando me vio con Kael. Le dije mamá, es Kael, vino a saludarme. Mi mamá lo saludó y le dijo gracias por acompañar a Abril y Kael le dijo que no era nada.

Nos subimos a la micro y Kael se quedó en la parada y me dijo que me cuidara y que mañana me contaba lo de la prueba de matemática. Le dije que sí y que me mandara las respuestas si podía. Se rió y me dijo que no, que estudiara.

Llegué a mi casa y me acosté y me quedé dormida al tiro, con el brazo morado y con la pastilla tomada. Soñé con la azotea y con Conce con sol y con Kael con su chaqueta grande.

Desperté a las cuatro y vi que Kael me había mandado un mensaje que decía ¿cómo te sientes? Le dije que mejor, que había dormido y que ya no me dolía tanto el brazo. Me dijo que qué bueno y que me había guardado un pan con manjar de la colación para mañana.

Al otro día fui al colegio y todos me preguntaron por el hospital y les dije que estaba bien y que todo seguía igual. Kael me esperó en la entrada y me dijo ¿subimos? Le dije que sí, que hoy sí.

Subimos a las cuatro y nos sentamos en el borde y le conté todo lo del hospital, que me habían pinchado y que la doctora me había dicho que estaba estable y que tenía que seguir tomando la pastilla. Me escuchó sin decir nada y después me dijo que se había preocupado cuando no me vio en la mañana y que había pensado en ir al hospital a buscarme pero que no sabía dónde quedaba.

Le dije que no se preocupara, que yo siempre avisaba y que si no avisaba era porque estaba bien. Me dijo que ya, pero que igual se preocupaba.

Nos quedamos mirando Conce y me tomó la mano y me dijo que le gustaba que le contara lo del hospital, aunque fuera feo, porque así me conocía más. Le dije que a mí me gustaba contarle y que me gustaba que me escuchara sin decir que todo iba a estar bien, porque a veces no está todo bien y no pasa nada.

Bajamos y don Luis nos dijo que nos veía mejor que ayer. Le dijimos que sí, que ayer fue un día raro.

En la salida me dijo mañana a la misma hora. Le dije mañana a la misma hora.

Llegué a mi casa y saqué el cuaderno de cálculo. No taché nada, pero escribí: 29 de julio, hospital y Kael me esperó en el patio. Y abajo escribí: me gusta que me escuche sin decir que todo va a estar bien.

Guardé el cuaderno y me toqué el brazo morado y pensé que mañana iba a estar mejor y que Kael me iba a guardar el pan con manjar.

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