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La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Villana
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal

Tras morir en un accidente, una arquitecta ambiciosa y sin piedad despierta en el cuerpo de Morana Miller: la mujer gorda, despreciada y odiada de una novela que termina abandonada, despojada de sus hijos y de todo. Pero no llega antes de los errores. Llega cuando ya no hay vuelta atrás, cuando la villana que todos desprecian ya es ella.

Con disciplina férrea, inteligencia afilada y un orgullo inquebrantable, se transforma, estudia y regresa años después: hermosa, poderosa, fría y dueña de su destino. No viene a suplicar. Viene a reclamar lo que es suyo, a vengarse de quienes la destruyeron y a proteger a sus hijos —aunque para ello deba convertirse en la villana.



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Capítulo 1: Transmigre Como La Villana

Corel, actualidad

El olor llegó antes que la conciencia: humedad rancia, heno podrido, leche agria y un toque penetrante de estiércol mezclado con el metal oxidado de las tuberías viejas. Abrí los ojos de golpe, y lo primero que vi no fue el techo de cristal templado del salón de premios —donde hace un instante el mundo me aplaudía bajo luces de halógeno y paneles de energía solar— sino unas vigas de madera carcomida, oscurecidas por el humo y el tiempo, atravesadas por cables de cobre pelados que colgaban como venas muertas.

La habitación no era un dormitorio. Era un chiquero. En las afueras de Corel, donde la ciudad de rascacielos de cristal y acero se pudría antes de tocar el suelo.

Me incorporé de un salto, y el movimiento me sacudió un peso que no reconocí. Mi cuerpo —esbelto, entrenado, cincelado por años de disciplina y cuidados médicos de vanguardia— ahora pesaba el doble. Los pechos se me derramaban, la cintura había desaparecido bajo capas de grasa, y el vestido que llevaba era una tela áspera, sintética, descolorida, manchada y demasiado estrecha, que me apretaba hasta dificultar la respiración. Olía a detergente barato y sudor acumulado.

—¿Qué… qué es esto? —susurré, y mi voz no fue la mía. Era más grave, pastosa, ajena.

Extendí la mano derecha. Y el horror me heló la sangre, no por miedo, sino por la indignidad.

Esas no eran mis manos. Eran gruesas, toscas, los nudillos hinchados, la piel áspera y manchada de tierra y callos profundos. Las uñas, rotas y sucias, con restos de pintura seca y grasa de motor. Yo había tenido manos finas, largas, de dedos elegantes que habían dibujado planos de rascacielos de trescientos pisos y cosido vestidos de seda sintética que costaban más que el sueldo anual de esta zona. Ahora… ahora parecían manos de quien nunca había hecho otra cosa que fregar suelos de cemento y arrastrarse por el lodo de los arrabales.

Me pellizqué con fuerza en el antebrazo. Dolió. No era un sueño. Era peor.

—¡No! —grité, y la voz se me quebró no por llanto, sino por rabia—. ¡Esto no puede ser! ¡Yo estaba en la ceremonia! ¡Me iban a entregar el premio! ¡La columna…!

La memoria me golpeó de golpe, vívida y cruel, tan clara como el diseño que había firmado con mi puño y letra.

Corel, hace unos instantes… o hace años

Nací en los barrios bajos de Corel, la Franja Gris, donde el asfalto se agrieta antes de los veinte años y la lluvia cae siempre sucia. Huérfana desde que tengo memoria, crecí en un orfanato donde la ropa era siempre de otros, donde el pan se contaba por rebanadas y donde la pobreza olía a frío metálico y a resignación. Yo odiaba eso más que a nada. Odié que me regalaran vestidos rotos que otras niñas ya no querían. Odié el hambre que te carcome las tripas a medianoche, el frío que se cuela por las rendijas de las ventanas de plástico, la mirada de lástima de los extraños que te daban monedas y luego apartaban la vista como si yo fuera suciedad.

Me prometí a mí misma, con la mano sobre una vela gastada que iluminaba mis dibujos a lápiz, que jamás volvería a ser pobre. Que nadie volvería a mirarme desde arriba. Mi belleza fue mi primer arma. Mi inteligencia, la segunda. Trabajé de sol a sol: estudiaba de noche con libros prestados, cosía ropa ajena y reparaba electrodomésticos rotos para pagar mis cursos de diseño, escalé peldaño a peldaño, sin importarme a quién dejaba atrás. La compasión era un lujo que no podía permitirme.

Cuando mi novio, el chico que una vez creí amar, me dijo que “conformarse con lo que tenemos era suficiente”, lo dejé sin dudarlo ni un segundo. No por crueldad, sino porque él no quería subir, y yo no podía detenerme. No tuve hijos. No formé familia. No me permití amar a nadie más que a mí misma y al éxito que perseguía con frenesí. Y al final… lo logré. Me convertí en arquitecta y diseñadora de moda, la más solicitada de Corel. Diseñé torres que tocaron las nubes, vestí a los poderosos, tenía dinero, poder, reconocimiento. Estaba en la cima.

El día que me entregaron el premio a la Excelencia, bajo una columna de mármol blanco y acero reforzado que yo misma había diseñado para resistir terremotos de grado nueve, se desplomó. No falló el diseño. Alguien la había debilitado.

Volví al presente, en el chiquero.

Las lágrimas me ardían en los ojos, pero no las dejé caer. El llanto no soluciona nada. Me puse de pie con dificultad, tambaleándome bajo un cuerpo que no era el mío —pesado, lento, maltratado— y miré a mi alrededor con absoluto desdén. El lugar era miserable: una cama de paja húmeda, una mesa rota con una lámpara de aceite que parpadeaba, un cubo sucio en un rincón y dos camitas pequeñas, hechas con mantas viejas y telas desiguales, donde dormían dos niños pequeños, un niño y una niña, apenas bebés.

No sentí nada al verlos. Ni calidez, ni ternura, ni siquiera curiosidad. Solo una indiferencia fría y distante. Eran detalles. Elementos extraños en una habitación que ya de por sí era repulsiva. Un lastre, si me detenía a pensarlo.

Y entonces, todo encajó. El nombre, la historia, el destino que yo misma había leído hacía años en una edición barata de papel reciclado.

—Morana —susurré, y el nombre me supo a hiel, a derrota—. Soy Morana Johnson… no, Miller.

Reconocí este mundo. Era la novela que leí cuando aún vivía en la Franja Gris, la historia donde Morana era la villana secundaria, la tonta, la glotona, la chica que siempre quiso a Kim Ian y fue rechazada mil veces. La mujer que drogó a Ian para obligarlo a casarse con ella, que fue usada por la verdadera villana —Bárbara, la prima de Ian— como chivo expiatorio, y terminó abandonada en este pueblo perdido, despreciada por todos.

Ian, el hombre que la antigua Morana amaba obsesivamente, el CEO más poderoso de Corel, dueño de conglomerados hoteleros, constructoras y fábricas de tecnología, le había quitado a esos dos niños —Bella y Diego— apenas nacieron, para criarlos lejos de ella. En la historia original, esos niños crecerían convertidos en seres retorcidos, obsesionados con la protagonista, y terminarían en tragedia. No me importaba. No eran mi prioridad. Eran consecuencias de los errores de otra, no míos. Piezas rotas de un tablero ajeno.

—No es justo —murmuré, apretando los puños hasta que las uñas me clavaron en las palmas y dolió de verdad—. Las otras transmigran antes de cometer los errores. Tienen tiempo de arreglar las cosas. ¡Yo llego cuando todo está perdido! Cuando ya soy la villana que todos odian, cuando ya no tengo nada!

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inuyasha/ Tomoe🦊
necesito un maratón yaa
Aleida Delgado Santana: Si les gusta.
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Mayka Puche Velasquez
saludos más capítulos por favor
Aleida Delgado Santana: Ya subí.
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Sandra Maritza Mesa
es un tonto va a pagar una deuda toda su vida no va a tener vida propia está amarrado a esa víbora hasta que se muera
inuyasha/ Tomoe🦊
morana se merece algo mejor
Minnie Jhonson
porque morana no lo manda a la goma el nos sirve es un tremendo estupidoooooooooo
Aleida Delgado Santana: Todo puede pasar.
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Cristina Sanchez
subeeee otrooo🙏🙏🙏🙏🙏 Ian es un calzonazos...
Magda
vamos? ya lo odio 😡
Dany 😎🇨🇱
Muy bonita
Denia
Me encanta más capítulos por favor 👏👏🥰
Cardona salazar yolanda
me gusta 🥰felicidades y gracias autora por compartir pero por favor más capitulos
Mayka Puche Velasquez
Excelente Felicitaciones
Aleida Delgado Santana: Gracias.
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Pris
Excelente inicio. Muy interesante
Alicia Quintana
esa es una villana bien por ella a cortar cabezas
Alicia Quintana
empezó bien distinto a todas las reencarnadas
Aleida Delgado Santana: Si, Morana es muy diferente. Es muy humana, no es la protagonista perfecta. Ella tiene tintes de villana pero también tiene su corazón. Es una mujer con errores y virtudes.
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