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El Caos En Mi Refugio

El Caos En Mi Refugio

Status: En proceso
Genre:Escuela / Romance
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Lola vive bajo una regla de oro: su espacio personal es sagrado. Es inteligente, retraída y encuentra paz en el silencio. Su único error fue dejar entrar en ese refugio a Mateo, su mejor amigo, un torbellino de imprudencia que solo entiende de tácticas de fútbol y de cómo hacerla reír cuando más lo necesita.

Pero el equilibrio se rompe cuando el "Rey del Campo" se convierte en el objetivo de la chica más popular, y un rival inesperado decide que la brillante timidez de Lola es el trofeo que realmente quiere ganar

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Capítulo 23: El Refugio Bajo Llave

​El chasquido metálico del cerrojo resonó en la penumbra como una sentencia definitiva. Lola apoyó la espalda contra la madera de la puerta, dejó caer la mochila al suelo y se deslizó hacia abajo hasta quedar sentada sobre la alfombra.

​El silencio de su habitación la envolvió de golpe, denso y helado.

​Sostuvo el teléfono móvil entre las manos temblorosas. La pantalla aún mostraba varias notificaciones acumuladas: mensajes del grupo del colegio, alertas de redes sociales y dos llamadas perdidas de un número que prefería no volver a ver.

Presionó el botón de encendido con firmeza hasta que el logotipo de la marca parpadeó en la penumbra y la pantalla se apagó por completo. Dejó el dispositivo sobre el escritorio, boca abajo, como si se tratara de un objeto contaminado.

​A través de la ventana, la luz del atardecer se extinguía lentamente, proyectando sombras alargadas sobre las estanterías repleta de libros. Esos mismos volúmenes que durante años habían sido su refugio, ahora le parecían testigos mudos de su ingenuidad.

​La conversación en el aula de medios volvía a su mente en ráfagas sofocantes. «Una apuesta... Un plan para desconcentrar al capitán rival». Las palabras de Andrés rebotaban en las paredes de su memoria con la fuerza de un eco persistente.

La precisión de sus gestos, la falsa empatía en el café, la invitación impecable en el patio... Todo había sido un cálculo frío, una estrategia de vestidor diseñada para romper la mente de Mateo a través de ella.

​Lola se encogió en el suelo, rodeándose las piernas con los brazos y escondiendo el rostro entre las rodillas. Un escalofrío le recorrió la espalda. La humillación no dolía solo por el engaño de Andrés; dolía por la ceguera con la que ella había caminado hacia la trampa.

Había creído que salía de su caparazón, que maduraba y que encontraba un espacio de calma, cuando en realidad solo había servido como la herramienta perfecta para destruir al único chico que jamás la había juzgado.

​Unos golpeteos suaves en la madera la hicieron dar un leve brinco.

​—¿Lola? Cariño, la cena está lista —la voz de su madre llegó amortiguada desde el pasillo—. Tu padre dice que el auto ya está en el garaje. ¿Vas a bajar?

​Lola no se movió. Apretó los dientes y contuvo la respiración, temiendo que el menor sonido traicionara su presencia.

​—Lola —insistió su madre, probando el picaporte, que chocó sin éxito contra el cerrojo echado—. ¿Pasa algo? Llevas encerrada desde que llegaste.

​—No tengo hambre, mamá —respondió Lola, esforzándose por proyectar una voz firme que no delatara el nudo atascado en su garganta—. Tengo mucho que estudiar. Por favor, déjame sola.

​Hubo una pausa al otro lado de la puerta. Se escuchó el murmullo bajo de su padre acercándose, seguido de un diálogo breve e indeciso.

​—Está bien —dijo finalmente su madre, con un tono cargado de preocupación contenida—. Te dejamos algo en el microondas por si te da hambre más tarde. Cualquier cosa, estamos abajo.

​Los pasos de sus padres se alejaron por el pasillo hasta perderse en el piso inferior.

​Lola dejó escapar una exhalación entrecortada y se puso de pie con lentitud. Se acercó a la ventana y jaló la cuerda de la persiana metálica, bajándola por completo hasta que las tablillas encajaron entre sí, bloqueando los últimos destellos de luz de la calle y apagando el ruido de los autos que circulaban a lo lejos.

​El aislamiento era absoluto. Era el punto más bajo de su retiro, una regresión violenta hacia la coraza de la que tanto le había costado salir. Durante años había creído que el mundo exterior era simplemente ruidoso y abrumador, pero ahora descubría que también podía ser cruelmente manipulador.

La falsedad de las interacciones sociales, las intrigas de Patricia en los pasillos y la maquinación pulcra de Andrés le demostraban que la exposición pública solo traía vulnerabilidad.

​Se dejó caer sobre la cama, mirando al techo en la penumbra.

​En la oscuridad de la habitación, el recuerdo de Mateo se volvió insoportable. Veía su rostro descompuesto en el centro de la pista de baile, esquivando a Patricia con desesperación; recordaba sus ojos apagados en el patio central, dándose la vuelta con los hombros caídos mientras creía que ella elegía los lirios de Andrés. Mateo había reaccionado con violencia, sí, pero su violencia era el resultado de un dolor genuino, de una desesperación transparente que ella no supo descifrar a tiempo.

​Él había intentado leer poesía en la biblioteca hasta quedarse dormido por el agotamiento, solo para estar a su altura. Y ella, en lugar de extenderle la mano, le había dado la espalda para cenar con el arquitecto de su ruina.

​El arrepentimiento le quemaba en el pecho como un ácido frío. Se giró sobre el colchón, abrazando la almohada con fuerza. Las lágrimas que había retenido durante todo el trayecto desde el instituto finalmente brotaron, empapando la tela de algodón.

No eran lágrimas de autocompasión; eran lágrimas de impotencia por haber dejado que el ruido del mundo los separara tanto.

​El reloj digital de su mesita de noche marcaba el avance implacable de las horas: las nueve, las diez, las once y media. El silencio de la casa se volvió opresivo. De vez en cuando, el viento de la noche hacía vibrar el marco de la ventana, pero Lola permanecía inmóvil, atrapada en su propio refugio bajo llave.

​Sentía que el mundo exterior era demasiado grande, demasiado hostil y demasiado lleno de máscaras para alguien como ella. Había intentado cambiar, pero el precio de ese intento había sido la pérdida de su ancla.

En su mente, la distancia entre su habitación a oscuras y la vida de Mateo parecía ahora un abismo imposible de cruzar.

​Se acurrucó bajo la cobija, con la vista fija en la luz roja del reloj. La habitación era segura, el cerrojo no cedería y nadie podría volver a usar sus palabras en su contra; pero mientras la noche avanzaba, Lola comprendió que la paz de su prisión era una paz amarga, un refugio donde el ruido no podía entrar, pero donde el frío amenazaba con congelarlo todo.

1
Fernanda
mateo date prisa 💯
Fernanda
muy bien Andrés
Carolina A²V
ese es mi Mateo lento pero seguro 😊🥰
Carolina A²V
estoy de acuerdo con Andrés mueve ese lindo trasero y pídele a Lola que vaya contigo al baile de graduación 😜
Carolina A²V
era no es el centro de su mente 🤔
Carolina A²V
te va a reventar tu linda carita opps 🫣🫢
celimar
me encanta 💯💯
Fernanda
cada capitulo es un aprendizaje para lola tiene que crecer más en ellos me encanta esta historia 💯💯
Betty Saavedra Alvarado
Hay personas en la vida que le gusta hacer daño no dejar a que sean felices meten cizaña para que una relación no prospere
Carolina A²V
nunca hubo hay ni abra lástima entre ustedes así que ya deja esos fantasmas que solo te atormentan y sobre todo no escuches a la venenosa de patricia que sólo tiene envidia de ti
Carolina A²V
tu apoyo de siempre Lola
Carolina A²V
todo lo contrario a lo que Lola esperaba 🤔😉
Carolina A²V
ayyy Lola y tus inseguridades 😟
Betty Saavedra Alvarado
Esa Patricia ves una bruja
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Celina Espinoza
firme lola no le agas caso
Celina Espinoza
que lindo capitulo 👍👍
Fernanda
patricia solo quiere hopacarte no le des el gusto
Fernanda
lola no caigas
Carolina A²V
Lo estás desarmando Lola, lo harás caer en un abismo de incertidumbres ese del cual salió anoche ya hoy vuelve a el
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