Entre secretos prohibidos y un vínculo imposible, ¿será el amor su única salida… o la razón de su caída eterna?
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El Primer Contacto
La puerta metálica terminó de abrirse con un chirrido lento.
La luz del pasillo se derramó sobre la Sala B-17, dibujando sombras largas entre las estanterías del archivo. El aire se volvió más pesado.
Caleb no retrocedió.
Noah, en cambio, dio un paso atrás instintivo.
Desde el umbral, varias siluetas entraron en formación.
Eran cinco.
Todos vestían ropa oscura sin insignias visibles. Sus movimientos eran coordinados, silenciosos… profesionales.
No eran estudiantes.
No eran policías.
Eran algo peor organizado.
El primero en entrar giró levemente la cabeza.
—Objetivo confirmado.
Su voz era fría, sin emoción.
Caleb lo observó con calma.
—No son de la universidad —dijo en voz baja.
Noah tragó saliva.
—No… no lo son.
Uno de los intrusos levantó un dispositivo portátil. La pantalla mostró una imagen de Caleb y un sello rojo parpadeante:
C-01 CONFIRMADO
El aire cambió.
Caleb ladeó ligeramente la cabeza.
—Ese código otra vez…
El hombre dio un paso adelante.
—Sujeto C-01. Orden de contención preventiva. No se permitirá resistencia.
Caleb cerró lentamente el libro que aún sostenía.
—¿Contención?
Su tono seguía siendo suave.
Pero algo en su presencia se volvió más denso.
Noah lo notó.
—Caleb… no—
Demasiado tarde.
Uno de los intrusos intentó avanzar rápidamente hacia él.
No llegó a dar tres pasos.
Caleb se movió.
No fue un ataque visible.
Fue un desplazamiento mínimo.
Un giro de cuerpo.
Un paso lateral.
Y el intruso cayó de rodillas como si algo invisible hubiera cortado su equilibrio.
Los demás se detuvieron.
No por miedo.
Por cálculo.
El líder alzó la mano.
—No subestimen el objetivo.
Caleb exhaló lentamente.
—No soy un objeto.
El silencio se rompió.
Dos intrusos atacaron al mismo tiempo.
Noah abrió los ojos.
—¡Caleb!
Pero Caleb ya no estaba donde lo habían visto.
Apareció detrás del primero.
Un golpe seco en el punto de presión del cuello.
El hombre cayó inconsciente sin emitir sonido.
El segundo intentó girar.
Demasiado tarde.
Caleb lo empujó contra una estantería metálica.
El impacto resonó en toda la sala.
No era violencia descontrolada.
Era precisión.
Control absoluto.
Los otros tres retrocedieron un paso.
El líder levantó nuevamente su dispositivo.
—Confirmación de anomalía… nivel superior al estimado.
Caleb lo miró.
—¿Anomalía?
Una leve sonrisa, sin humor.
—Qué forma tan cómoda de evitar decir “persona”.
El líder apretó un botón.
Un pitido agudo recorrió la sala.
Noah frunció el ceño.
—¿Qué hicieron?
Caleb miró el dispositivo.
—Una señal.
El suelo vibró ligeramente.
Desde los pasillos exteriores, se escucharon más pasos.
Muchos más.
Caleb suspiró.
—No vinieron a capturarme.
Pausa.
—Vinieron a medir cuánto tardaba en aparecer el resto.
Noah lo miró con tensión.
—¿El resto de qué?
Caleb no respondió.
Sus ojos se dirigieron hacia la puerta nuevamente.
La segunda oleada estaba entrando.
Pero antes de que cruzaran completamente el umbral…
Una sombra apareció desde el lado opuesto del pasillo.
Un movimiento rápido.
Un impacto.
Uno de los nuevos intrusos fue derribado antes de entender qué había ocurrido.
Los demás reaccionaron inmediatamente.
—¡Contacto externo!
Caleb observó la escena con calma.
Noah, confundido, susurró:
—Eso no es la policía…
La figura avanzó bajo la luz del pasillo.
Traje oscuro.
Guantes.
Presencia firme.
Ian Vance.
El detective entró al archivo con la mirada fría.
—Se acabó.
Los intrusos dudaron por primera vez.
Caleb lo observó en silencio.
Ian levantó su arma reglamentaria.
—No están en una zona autorizada. Última advertencia.
El líder de los intrusos retrocedió ligeramente.
—Detective Vance… no debería estar aquí.
Ian no bajó el arma.
—Y ustedes no deberían existir en este edificio.
Un segundo de tensión absoluta.
Luego todo ocurrió al mismo tiempo.
Los intrusos avanzaron.
Ian disparó al suelo para detener el avance.
Noah se agachó instintivamente.
Caleb se movió otra vez.
Pero esta vez no atacó.
Simplemente se interpuso.
Entre Ian… y los intrusos.
Ian lo miró.
—Caleb, aléjate.
Caleb lo observó con calma.
—No son el problema real.
Ian frunció el ceño.
—¿Entonces cuál es?
Caleb giró ligeramente la cabeza hacia el fondo del pasillo oscuro.
Donde una tercera presencia… acababa de detenerse.
Y observaba.
Sin intervenir.
Sin hablar.
Solo mirando.
Como si todo aquello fuera una prueba.
El líder de los intrusos habló en voz baja por su comunicador:
—El observador ha llegado.
El aire en la sala cambió otra vez.
Y Caleb entendió algo importante.
Aquella noche no era un rescate.
Era una evaluación.
Caleb bajó apenas la voz.
—Pregunta número tres…
Hizo una pausa breve, mirando hacia la sombra del pasillo.
—¿Cuándo deja de ser una cacería… y comienza realmente el experimento?
Continuará…