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Amor Que Trasciende La Pantalla

Amor Que Trasciende La Pantalla

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:269
Nilai: 5
nombre de autor: Rei Galvez

Me enamoré de una Youtuber que quiere seguir en el anonimato.

NovelToon tiene autorización de Rei Galvez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

ALEXANDRÍA

Carolina conoció primero a Alexandría en la preparatoria, mucho antes de que existiera Jules.

Alexandría era todo lo contrario a ella: alta para su edad (ya medía 1.65, cuando ella tenía una estatura de 1.40), delgada pero atlética, con energía que parecía desbordar por los poros. Tenía el cabello negro corto y desordenado, pecas en toda la cara y una actitud masculina que desafiaba a cualquiera.

Jugaba básquet, fútbol y se metía en teatro y danza exigiendo los mismos roles y respeto que los chicos.

No se dejaba tratar como “una de las niñas”.

Carolina, por otro lado, era la chica bajita, callada y regordeta que intentaba pasar desapercibida. Se sentaba al fondo del salón, apenas hablaba y siempre llevaba el cabello larguísimo suelto como una cortina para esconderse.

Una tarde, Alexandría tuvo uno de los peores días de su vida.

Le negaron entrar al equipo de básquet varonil “porque no era lugar para chicas” aunque jugaba a un nivel a la par de sus compañeros.

Los mismos chicos que minutos antes la habían retado a un uno contra uno y que habían perdido contra ella, se burlaron de ella en el patio. “Vete a jugar con las niñas”, le dijeron entre risas.

Alexandría entró al baño de mujeres hecha una furia.

Cerró la puerta de un golpe y se miró en el gran espejo que cubría toda la pared.

Las lágrimas de rabia le corrían por las mejillas.

—Odio esto… —gruñó entre dientes—

¡Odio quien soy!

¡Odio mi cuerpo!

¡Odio que me traten diferente!

Golpeó el espejo con el puño cerrado. Una, dos, tres veces.

El dolor en los nudillos solo alimentaba más su rabia.

Desde uno de los cubículos, Carolina escuchaba todo sin atreverse a salir. Las palabras de Alexandría le retumbaron en el pecho. “Yo también odio mi cuerpo”, pensó. “Yo también me odio”.

Con mucho cuidado Carolina abrió la puerta del cubículo.

Alexandría se giró bruscamente, con el puño levantado, lista para golpear a quien fuera. Pero al ver a la chica bajita y llorona de su salón, bajó el brazo lentamente.

Carolina tenía lágrimas en los ojos. Se acercó despacio y, con voz temblorosa y tierna, le puso una mano suave en el hombro.

—…Yo también me odio —susurró—. Yo también me odio mucho.

Alexandría se quedó mirándola. Por primera vez en mucho tiempo, alguien no la estaba juzgando. Alguien entendía el dolor. Bajó la guardia por completo y, sin decir nada, dejó que Carolina la abrazara torpemente.

Ambas se derrumbaron y lloraron en silencio temblando en ese baño sucio de preparatoria.

Desde ese día, todo cambió.

Alexandría se volvió increíblemente protectora con Carolina. Si alguien se burlaba de ella en el pasillo, Alexandría aparecía como un rayo y ponía orden.

Poco a poco se volvieron cercanas.

Al poco tiempo, Alexandría le presentó a su hermana melliza: Sofía.

Las dos eran idénticas en apariencia: pecas, cabello color paja, piel blanquísima y rasgos afilados. Pero sus personalidades eran muy distintas. Sofía era más femenina, extrovertida y parlanchina.

Carolina hizo clic con ella al instante. Las tres empezaron a pasar mucho tiempo juntas: Carolina, la callada y sensible; Alexandría, la fuerte y rebelde; y Sofía, el pegamento alegre del trío.

Los años pasaron.

Cuando Alexandría tomó la decisión más importante de su vida (empezar su transición), Carolina estuvo ahí desde el primer día. La acompañó a las consultas, la escuchó cuando tenía miedo, la abrazó cuando lloraba de ansiedad. Fue ella quien la ayudó a elegir su nuevo nombre: Jules.

—Como Julio Verne —le dijo Carolina una tarde, con su voz suave—. Porque vas a hacer un viaje increíble… un viaje a ser quien realmente eres.

Jules sonrió entre lágrimas y la abrazó fuerte.

Desde entonces, las tres siguieron siendo inseparables. Jules se convirtió en el hermano protector, Sofía en la mejor amiga confidente, y Carolina… Carolina encontró en ellos la familia cariñosa que nunca había tenido.

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