En un mundo de depredadores, el hambre es más fuerte que el miedo."
En una sociedad regida por las Jerarquías de Oro, donde el aroma de un Alpha puede doblegar voluntades y los Omegas son meros accesorios de estatus, Fabiana Lagos ha decidido romper las reglas. Criada en la miseria asfixiante de "El Cinturón", Fabiana no busca amor ni redención; busca el poder que solo el dinero puede otorgar. Ella es una Omega recesiva: invisible para el radar de muchos, pero con una voluntad de hierro que compensa su biología "débil".
Su objetivo es Alessandra Volkov, conocida como la "Viuda de Hierro". Una Alpha Pura cuya sola presencia colapsa el sistema nervioso de quienes la rodean y cuyas finanzas mueven los hilos del mundo.
En este duelo de voluntades, la línea entre la ambición y la supervivencia se desdibuja.
¿Podrá Fabiana cobrar su cheque antes de que el sistema nervioso, su corazón se calcine bajo el toque de la Viuda de Hierro?
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capítulos 23
La mañana en el suite nació con una luz dorada que se filtraba a través de las grandes ventanas. Heidi despertó sintiendo un peso cálido y posesivo sobre su cintura. No era un sueño. Akira Tanaka, la mujer que japón entero temía por su frialdad, dormía a su lado con una expresión de paz que solo la Omega alemana había logrado desbloquear.
Heidi se giró lentamente, admirando la piel de porcelana de la Alpha. Al abrir los ojos, Akira no mostró su habitual máscara de hierro; en su lugar, atrajo a Heidi más cerca, enterrando el rostro en su cuello.
—No te vayas —susurró Akira, su voz ronca por el sueño y la pasión de la noche anterior—. El mundo puede esperar. Mi familia puede esperar. Hoy solo existes tú.
Desayunaron en silencio, un silencio cargado de promesas y roces accidentales que terminaban en besos largos. Después, Akira decidió romper toda regla de su linaje: llevó a Heidi de compras por toda la cuidad.La Alpha caminaba con la Omega de la mano, comprándole kimonos de seda pintados a mano y joyas que simbolizaban una pertenencia que iba más allá de lo físico. Por primera vez, la heredera del Sol Naciente no era una máquina, era una mujer enamorada, entregada a la dulzura de su "azúcar" alemana.
Mientras tanto, en la Riviera, Fabiana sabía que el tiempo corría. El plan para escapar a Italia estaba en marcha, pero necesitaba que su hija, Daniela, se acostumbrara a la presencia de Morgana Sterling.
El encuentro ocurrió en un jardín privado, lejos de los ojos de los Volkov. Morgana llegó sin su traje de negocios, buscando una imagen más cercana, pero su aura de Alpha depredadora era imposible de ocultar.
—Daniela, mi amor, mira —dijo Fabiana, con ese tono dulce que solo reservaba para su hija—. Ella es Morgana, mi jefa. Es la señora de la que mami te habló, con la que nos iremos a ver los castillos en Italia.
Daniela, con apenas tres años pero con la intuición afilada por vivir entre lobos, se escondió tras las piernas de su madre. Sus ojos grises examinaron a la desconocida con recelo.
—No me gusta —susurró la niña con sinceridad infantil.
Morgana se puso a su altura, una rodilla en tierra, con una sonrisa que intentaba ser suave.
—Eres una niña muy valiente, Daniela —dijo Morgana, extendiendo una pequeña caja con un brazalete de oro—. Sabes proteger a tu mamá. Eso me gusta. En Italia, tendrás un jardín tan grande que podrías perderte, y nadie te hablará con voz de hielo. Seremos solo nosotras.
Fabiana miró a Morgana y, por un segundo, vio algo real en sus ojos. No era solo el deseo de joder a Alessandra; había un destello de afecto genuino hacia ella y su hija. Pero la rusa no podía permitirse el lujo de la confianza total.
Antes de volver a la "jaula", Fabiana se reunió con su hermana Lucía y la pareja de esta, Victoria, quien además era la mejor amiga de Alessandra. El aire estaba cargado.
—Me voy, Lucía. Me llevo a la niña a Italia —soltó Fabiana sin anestesia—. Voy a trabajar con Morgana. Alessandra está insoportable, el ambiente en esa mansión es veneno puro y yo no quiero que mi hija crezca pensando que el amor es una disciplina de látigo y vodka.
Lucía la miró con una mezcla de horror y admiración.
—Fabiana, tú siempre quisiste ser rica, y lo lograste, pero nunca pensaste en el precio —dijo Lucía suspirando—. Estás jugando con la mujer más peligrosa de Rusia para irte con la más peligrosa de Europa. Pero eres mi hermana... y si ese es el precio de tu libertad, te apoyaré. Aunque Victoria esté en el medio, mi lealtad es contigo.
Antes de enfrentar el juicio final en la mansión, Fabiana pasó por la oficina de Morgana para "ultimar detalles". Pero en cuanto la puerta cerró, los detalles quedaron olvidados.
Morgana la atrapó contra el escritorio de caoba, barriendo los papeles y la laptop de un manotazo. La tensión acumulada por el miedo y la adrenalina estalló.
—Dime que estás lista para dejarla —gruñó Morgana, metiendo las manos bajo la falda de Fabiana, desgarrando las medias de encaje—. Dime que prefieres mis manos que su frialdad.
—¡Ay, Dios mío, Morgana! ¡Tú me vas a volver loca! —exclamó Fabiana, su voz fluyendo como lava—. ¡Dame lo que necesito para aguantar esa casa una noche más!
Fue un encuentro feroz, una despedida que sabía a posesión absoluta. Morgana la tomó allí mismo, entre gemidos que resonaban en las paredes de cristal. No hubo ternura inicial, solo estocadas profundas que hacían que Fabiana gritara el nombre de la Alpha prohibida. Morgana la giró, obligándola a apoyar las manos sobre el escritorio mientras le propinaba nalgadas rítmicas que dejaban la piel encendida.
—Tú eres mía, Fabiana. Alessandra tiene el papel, pero yo tengo tu cuerpo y tu alma —susurraba Morgana, mordiéndole el hombro.
Después del acto, Morgana la limpió con una devoción casi religiosa, besando cada marca que había dejado. Por primera vez, Fabiana sintió que no era solo un trofeo, sino alguien a quien Morgana realmente quería retener.
Fabiana llegó a la mansión Volkov de un humor inusualmente ligero, todavía sintiendo el calor de Morgana en sus entrañas. Pero en cuanto cruzó el umbral del gran salón, el aire se congeló.
Alessandra estaba de pie junto a la chimenea apagada. En su mano derecha sostenía una copa de vodka; en la izquierda, un trozo de papel que parecía una sentencia de muerte. En la mesa, abiertas, estaban las bolsas de la boutique de la Riviera.
—Explícame esto —dijo Alessandra. Su voz no era un grito, era un susurro gélido que cortaba más que un cuchillo.
Lanzó el papel sobre la mesa. Era la factura de las joyas y los vestidos.
"A nombre de: Morgana Sterling. Cliente: Fabiana Volkov".
—Alessandra, mi amor, deja que te explique... —comenzó Fabiana, sintiendo un sudor frío, pero manteniendo la barbilla en alto.
—¿Qué me vas a explicar, Fabiana? —Alessandra caminó hacia ella, cada paso resonando como una ejecución—. ¿Que mi mayor rival comercial, la mujer que intenta destruir mis astilleros, te compra lencería de seda y diamantes? ¿Tan barata te vendes? ¿O es que crees que soy estúpida?
—¡No es lo que tú crees! —gritó Fabiana, recurriendo a la actuación de su vida—. ¡Ese proyecto de marketing que cerramos hace poco! Morgana quería asegurar la lealtad de la empresa. Ella compró eso como un "bono" de éxito para el equipo, pero como yo soy la cara del proyecto, me dio los regalos a mí. ¡Es negocios, Alessandra! ¡Tú haces lo mismo con tus socios!
Alessandra se detuvo a milímetros de su rostro. Sus ojos grises buscaban cualquier rastro de mentira. La furia en ella era un volcán a punto de estallar, pero una parte de su ego no podía aceptar que su "pequeña Omega, su esposa" tuviera la audacia de traicionarla de forma tan flagrante.
—¿Un bono? —Alessandra soltó una carcajada seca y amarga—. Morgana Sterling no da nada gratis. Si ella te compró esto, es porque cree que te posee.
—¡Pues se equivoca! —mintió Fabiana, acercándose y poniendo una mano en el pecho de su esposa—. Tú sabes que yo solo soy tuya. Ella solo quiere provocarle celos a la gran Alessandra Volkov, y tú estás cayendo en su juego como una principiante.
Alessandra la miró por un largo rato. El silencio era asfixiante. Finalmente, la rusa apartó la mano de Fabiana de un golpe.
—Mañana mismo devuelves todo eso. O lo quemas. Si vuelvo a ver un solo hilo pagado por esa mujer en mi casa, te juro por la tumba de mi padre que no habrá rincón en el mundo donde puedas esconderte.
Alessandra se dio la vuelta y se encerró en su despacho, dejando a Fabiana temblando en medio del salón. La mentira había funcionado por ahora, pero el hilo se había tensado al máximo.
Fabiana subió a su habitación, se encerró en el baño y dejó salir un sollozo ahogado. Miró su reflejo: tenía marcas de besos de Morgana bajo el cuello y el anillo de Alessandra en el dedo. Estaba caminando sobre una cuerda floja sobre un foso de leones, y el viaje a Italia ya no era un plan... era una cuestión de supervivencia.
Continuará... 🔥
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