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Lo Nuestro No Estaba Permitido

Lo Nuestro No Estaba Permitido

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Forzada a un matrimonio por conveniencia, Keyla encuentra en un amor prohibido y con el, la fuerza para romper las cadenas de una vida de mentira.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Veredicto lleno de dolor.

Llegó el día, que tan inquietos tenía a todos. El tribunal estaba lleno, pero para Keyla el mundo se había reducido a un solo punto:

la cuna vacía que había dejado esa mañana.

Cada paso que dio al entrar le pesó como si caminara sobre vidrio. Mateo había quedado con la enfermera, y separarse de él, aunque fuera por unas horas, le arrancó algo del pecho. Ulises caminaba a su lado, serio, firme, pero con los ojos llenos de una rabia contenida que ardía silenciosa.

Andrés ya estaba ahí, esperando a que lleguen todos.

El se veía impecable, estaba vestido con traje oscuro, postura segura, expresión serena. A su lado, Katia, vestida de manera sobria pero elegante, con una sonrisa apenas disimulada que parecía decir ya ganamos. Un poco más atrás, casi oculto, estaba un joven que nadie conocía: nervioso, con ropa sencilla, muy simpático, un cuerpo musculoso. Sus ojos no se separaban de Andrés.

—Ese es… —susurró Joel—. El nuevo juguetito de Andrés.

Ulises apretó la mandíbula.

—No le bastó con destruirnos.

Darío, apoyado en un bastón, respiró hondo.

—Hoy va a actuar como la víctima perfecta. Sin duda ese papel le sale muy bien.

El juez entró. El murmullo cesó, todos callaron y se pusieron de pie.

El juicio comenzó.

Los abogados hablaron, uno tras otro. Contratos. Matrimonio. Custodia. Legalidad. Cada palabra era un golpe.

Cuando llegó el turno de Ulises, el aire se volvió denso.

—Señoría —dijo su abogado—, presentamos esta prueba de ADN que demuestra que el menor, Mateo, es hijo biológico de mi cliente.

Keyla contuvo el aliento.

Ulises la miró y asintió, como diciendo todo va a cambiar ahora.

Pero Andrés sonrió.

Una sonrisa lenta. Calculada.

Su abogado se levantó con calma.

—Señoría, lejos de favorecer a la parte demandante, esta prueba confirma algo muy distinto.

El juez alzó la vista.

—Explíquese.

—Confirma una infidelidad —dijo el abogado—. La señora Keyla mantuvo una relación extramarital mientras estaba legalmente casada con mi cliente. Y no solo eso… ocultó el embarazo, permitió que mi defendido creyera durante meses que ese niño era suyo, y ahora pretende arrebatárselo.

Keyla sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¡No! —exclamó—. ¡Eso no es verdad!

—Orden en la sala —dijo el juez.

Andrés se levantó lentamente.

—¿Puedo hablar, señoría?

—Concedido.

Andrés respiró hondo. Su voz tembló… lo justo.

—Yo amé a Keyla —dijo—. La defendí. La cuidé. Soporté su distancia, sus silencios… incluso sus mentiras. Cuando nació Mateo, lo tomé en mis brazos creyendo que era mi hijo. Lo alimenté. Lo protegí. Lo cuide. Lo cargué cada noche en mis brazos. Le cante canciones hasta quedarnos dormidos...

Hizo una pausa. Sus ojos se humedecieron.

—Y ahora descubro que me lo quieren quitar, lo quieren separar de mí, me quieren quitar a mi hijo, porque eso es para mí Mateo. Es mi hijo. Yo fui engañado. Pero aun así… lo amo. Y no voy a permitir que me lo quiten como si fuera un objeto.

Katia bajó la cabeza, se sentía impotente ante todo el horror que estaba escuchando, sabía que cada palabra de Andrés era una mentira bien calculada.

El juez observaba con atención.

Ulises se puso de pie.

—¡Eso es una farsa! —dijo—. Ese hombre secuestró a Keyla. La obligó a firmar un contrato. La amenazó. ¡Intentó matarnos!

—¿Tiene Pruebas de lonque está diciendo? —preguntó el juez.

Ulises se quedó en silencio.

Darío se levantó con dificultad.

—Yo testifico —dijo—. Andrés estuvo involucrado en el atentado contra mí. Una mujer se hizo pasar por Keyla…

—Objeción —interrumpió el abogado de Andrés—. No hay pruebas materiales. Solo suposiciones.

El juez asintió con pesar.

—Lamentablemente, sin pruebas, este testimonio no puede ser tomado como determinante.

Keyla sintió que el pecho le dolía de verdad.

No metafóricamente.

Dolía.

Horas después, llegó el veredicto.

—Se concede el divorcio por causal de infidelidad —leyó el juez—. La custodia legal del menor Mateo queda a cargo del señor Andrés… quien figura como padre legal.

Keyla dejó escapar un sollozo ahogado.

—No… —susurró—. Por favor…

—Sin embargo —continuó el juez—, considerando la edad del menor, la madre podrá permanecer con él hasta que deje de depender físicamente de ella. Todas las decisiones legales, médicas y administrativas quedarán a cargo del padre.

Andrés cerró los ojos, como si estuviera emocionado.

Pero al abrirlos… sonrió.

Una sonrisa amplia. Triunfante. Cruel.

Katia apretó sus manos con entusiasmo.

Ulises sintió que había perdido algo más que el juicio.

Había perdido el aire.

Keyla no pudo levantarse. Joel y Darío la sostuvieron.

—Estoy aquí —le susurró Darío—. No estás sola.

Ulises se acercó, con los ojos rojos.

—Lo siento… —dijo—. Te fallé.

Keyla negó lentamente.

—No… —murmuró—. Tú luchaste. Él… él ganó porque siempre tuvo el poder.

Andrés pasó junto a ellos, deteniéndose apenas.

—Cuida bien a mi hijo —dijo con voz baja—. Mientras puedas.

Y siguió caminando.

Katia lo alcanzó, riendo suavemente.

—Te lo dije —susurró—. Nadie nos gana.

Días después, Andrés fue visto en un restaurante exclusivo.

A su lado, un joven de buen cuerpo y muy simpático, atraía la mirada de todos. El chico lo miraba como si Andrés fuera el centro del universo.

—¿Estás seguro de que quieres estar conmigo? —preguntó Andrés con una sonrisa peligrosa.

—Haría lo que sea —respondió él—. Lo que me pidas, por ti estoy dispuesto a todo.

Andrés levantó su copa.

—Perfecto.

Keyla sostenía a Mateo esa noche, llorando en silencio para no despertarlo.

Ulises estaba frente a ella, derrotado… pero no vencido.

—Esto no ha terminado —dijo con voz grave—. Te lo prometo.

Keyla lo miró, rota.

—¿Y si nunca termina?

Ulises se arrodilló.

—Entonces lucharemos toda la vida.

Afuera, la justicia había hablado.

Pero el verdadero final…

aún no estaba escrito.

1
Alicia Lagos
genial
Alicia Lagos
linda novela no tardes tanto en subir más capítulos porfa
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