Después de amar obsesivamente y morir, Elijah Grant despierta con una segunda oportunidad y un juramento: esta vez no permitirá que el amor lo destruya. Decidido a huir del hombre al que amó unilateralmente durante años, planea una nueva vida lejos de él.
Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.
El hombre que lo marcó se niega a dejarlo ir, y una amenaza inesperada vuelve a poner su vida en peligro.
Cuando el amor se confunde con posesión y el destino insiste en repetirse…
¿podrá Elijah escapar de su final o está condenado a revivirlo?
NovelToon tiene autorización de Wang Chao para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22. Oscuridad envolvente.
Regresé a mi departamento con el cuerpo pesado y la mente hecha un caos. Estaba agotado, como si cada paso que había dado durante el día me hubiese arrancado algo por dentro. Cerré la puerta tras de mí y apoyé la frente contra la madera durante unos segundos, intentando recuperar el aliento. No recordaba que, en mi vida pasada, el cansancio se sintiera de esta manera. Entonces podía pasar horas trabajando, soportar la presión, incluso a Robert, sin que mi cuerpo me traicionara así.
Ahora, en cambio, los mareos eran constantes, el agotamiento me calaba hasta los huesos y mi cabeza parecía nublarse con facilidad.
—Necesito encontrar a ese médico… de inmediato —murmuré, dejándome caer en el sofá.
El silencio del departamento me envolvió. Mis manos fueron por instinto hacia mi vientre, presionándolo con suavidad, como si así pudiera proteger lo que crecía dentro de mí. Algo estaba mal. Lo sentía con una certeza que me erizaba la piel. No era solo miedo; era una intuición profunda, casi animal, que me advertía que esto no formaba parte del plan original.
Desde que regresé al pasado, demasiadas cosas habían sido distintas. Pequeños detalles al inicio, casi imperceptibles, pero ahora… ahora los cambios eran imposibles de ignorar.
¿Acaso mi regreso había alterado algo en la línea del tiempo?, ¿Había tomado una decisión distinta?, ¿Dicho una palabra que no debía?
Tal vez no solo estaba cambiando mi destino, sino algo mucho más grande. Tal vez había tocado una pieza que no debía y el equilibrio entero comenzaba a resquebrajarse.
—No… no soy tan relevante —dije en voz alta, intentando convencerme a mí mismo.
Pero incluso mientras lo decía, sabía que era mentira. O, al menos, una verdad a medias. Había cambios, demasiados. Los sentía en el cuerpo, en la memoria, en las personas que ahora aparecían frente a mí como piezas nuevas en un tablero que yo creía conocer.
Arrugué las cejas, forzándome a recordar. Margot, Emilliano, Richard… ninguno de ellos existía en mi pasado. Sus rostros eran completamente nuevos. Y Dominick… Dominick definitivamente no estaba allí antes.
O, de haberlo estado, lo habría recordado. Un hombre como él no se olvida. Su presencia era demasiado marcada, demasiado dominante, como si el aire a su alrededor se tensara apenas entraba en una habitación.
—¿Qué mierda está pasando? —susurré, incorporándome para mirar por la ventana.
Los edificios iluminados se extendían frente a mí, fríos y distantes. Intenté reconstruir aquel proyecto en mi mente. Lo recordaba con claridad: estaba lejos de aquí, en D.C. Era una universidad. Siempre lo había sido. No una farmacéutica.
—Mierda… —exhalé—. Se suponía que debía ser una universidad.
Entonces, ¿por qué había cambiado?
¿Por qué ahora todo era distinto?
—¿Qué fue lo que cambió…? —me pregunté, con la voz quebrándose.
La duda comenzó a carcomerme desde adentro. Abracé mis rodillas con fuerza, encogiéndome sobre el sofá, sintiendo cómo una presión incómoda se instalaba en mi pecho. Algo estaba definitivamente mal. Todo lo estaba.
Dominick no pertenecía a mi pasado. El proyecto había mutado de forma abrupta. Y mis síntomas… mis síntomas eran demasiado intensos, demasiado agresivos para ser simples efectos del embarazo. Nada encajaba.
Había creído que regresar sería más sencillo. Que conocer el futuro me daría ventaja, control. Pero en lugar de eso, nuevos problemas emergían uno tras otro, como si la vida se empeñara en demostrarme que no tenía derecho a ser feliz. Como si mi destino estuviera condenado al sufrimiento… y, quizá, a perder a mi hijo.
Esa sola idea me recorrió el cuerpo como un escalofrío helado.
No.
No podía ser.
Abracé mis rodillas con más fuerza y escondí el rostro entre ellas, incapaz de contenerme más.
—Mamá… tengo miedo —murmuré en la penumbra del departamento—. Me siento solo. Desprotegido.
Las lágrimas comenzaron a acumularse sin que pudiera detenerlas. Pronto mojaron mis mejillas, silenciosas al principio, traicioneras.
—Tengo miedo por el futuro de mi hijo… y por el mío —continué, con la voz rota—. ¿Por qué simplemente no puedo ser feliz? ¿Por qué…?
El sollozo se me escapó sin permiso y el llanto se volvió más fuerte, más real. Sentía demasiado. Tenía demasiado guardado. El nudo en mi pecho se apretaba con tal fuerza que me asfixiaba, como si el dolor quisiera arrancarme el aire de los pulmones.
Y en ese instante, completamente solo, comprendí algo aterrador:
el pasado que conocía ya no existía… y el futuro era más incierto que nunca.
......................
Apenas abrí los ojos, una oleada violenta de náuseas me atacó sin previo aviso. El estómago se me contrajo con tanta fuerza que no tuve tiempo de reaccionar; me levanté de golpe y corrí hacia el baño, tambaleándome en el camino. Apenas llegué al inodoro cuando saqué todo lo que tenía dentro, arcadas profundas, dolorosas, que parecían arrancarme algo más que solo el contenido del estómago.
Me dolía el cuerpo entero.
Cuando por fin terminé, me dejé caer contra la pared, sentado en el frío piso del baño. El azulejo helado se filtró a través de la ropa, pero no me importó. Cerré los ojos con fuerza, respirando como podía, esperando que el mareo y la debilidad cedieran. Mis manos temblaban y sentía la garganta arder, seca, irritada.
No recordaba cuándo me había quedado dormido allí mismo. Solo sabía que, al volver en mí, tenía los ojos pesados, hinchados, como si hubiese llorado durante horas. Y quizá lo había hecho. Solté un suspiro cansado, uno que salió quebrado, derrotado.
—Esto no es normal… —murmuré con la voz ronca.
Me incorporé con dificultad cuando las náuseas disminuyeron un poco. Me sostuve torpemente de la pared y avancé hacia el lavabo. Me lavé los dientes con movimientos mecánicos, intentando borrar el sabor amargo que me subía desde la garganta, y luego me eché agua en el rostro. Al levantar la mirada, apenas me reconocí en el espejo: pálido, ojeroso, con los labios secos.
La debilidad seguía ahí. Persistente. Como si algo dentro de mí estuviera drenando toda mi energía.
El mundo giraba demasiado rápido.
Salí del baño apoyándome en la pared. Cada paso era un esfuerzo consciente; trastabillaba cada pocos metros, como si mis piernas no recordaran cómo sostenerme. Entonces lo escuché. El timbre. Lejano al principio, insistente después. Sonaba una y otra vez, perforándome la cabeza.
Avancé hacia la puerta con torpeza, una mano presionando mi abdomen por puro instinto. El miedo me atravesó de golpe: miedo a caer, a golpearme, a lastimarme… a lastarlo. Me aferré a lo que encontré a mi paso —la pared, un mueble, el marco de una puerta— hasta llegar al recibidor.
Mi vista estaba borrosa. Un pitido agudo retumbaba en mi cerebro.
Abrí la puerta sin cuidado.
—¿Estás bien? —escuché una voz.
No pude identificar quién era. El rostro frente a mí se veía difuso, como si estuviera cubierto por una neblina espesa, o quizá eran mis propios ojos fallándome. Sentí unas manos sujetándome con firmeza justo cuando mis fuerzas me abandonaron, y, aunque no estaba seguro, creo que asentí, agradecido.
—No… no me… sueltes —intenté decir.
No sé si las palabras salieron realmente de mi boca o solo se quedaron atrapadas en mi mente. El sonido se distorsionó. El suelo pareció inclinarse de forma antinatural y, de pronto, todo giró demasiado rápido.
La oscuridad me envolvió.
Y perdí el conocimiento.
...----------------...
...----------------...
Dos hoy porque ayer los subí bien noche 🤣
Gracias por la actualización
yo si quisiera que quedarán juntos claro después que el sufriera bastante y cambiará completamente para poder recuperar a Eli, o por lo menos que fuera un trío para que el papucho de Dominick no quede por fuera
I hate you
Bastard