El amor más profundo a menudo nace de la ceniza de la traición más amarga.
Para evitar su ejecución como la villana de la historia, Anya deberá abandonar al príncipe que la odia y forjar un pacto con el verdadero antagonista, reescribiendo su trágico final con magia y pasión.
¿Podrá cambiar su destino?
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Capítulo 22
La capital del reino de Cromwell, la Ciudad de la Luz Eterna, se alzaba ante ellos como un monumento a la arrogancia. Sus murallas de mármol blanco, pulidas hasta brillar bajo el sol de mediodía, contrastaban violentamente con la estética de hierro y piedra oscura del Norte. Para cualquier viajero, era el paraíso en la tierra; para Anya O'Higgins, era una jaula de oro donde los depredadores vestían seda y sonreían mientras afilaban sus cuchillos.
A pesar de la citación al Juicio de Pureza, Liam Gallagher no permitió que Anya entrara como una prisionera. Entraron con una escolta de cincuenta Marcados, cuyas armaduras negras y capas de piel de lobo silenciaron el bullicio de los mercados mientras avanzaban hacia la residencia ducal de los Gallagher en la capital, una mansión que llevaba décadas cerrada.
—Míralos —susurró Liam mientras cabalgaba al lado del carruaje de Anya—. Nos miran con miedo, pero también con una fascinación morbosa. Creen que traemos la oscuridad a sus calles limpias.
Anya asomó la cabeza por la ventana del carruaje. Su mirada se cruzó con la de una joven noble que, al ver sus ojos rojos, se persignó con el símbolo de la Iglesia de la Luz.
—No traemos la oscuridad, Liam. Solo traemos un espejo. Y la gente siempre teme lo que el espejo les devuelve cuando se quitan la máscara.
Esa misma noche, aprovechando que la atención de la guardia real estaba centrada en las festividades previas al juicio, Liam y Anya se infiltraron en la sección restringida de la Gran Biblioteca Real. No buscaban hechizos, sino el "Códice de las Sombras", un registro que, según los recuerdos de Anya de su vida pasada, había sido borrado de la historia oficial por el primer Rey Cromwell.
La biblioteca estaba sumida en un silencio sepulcral. El olor a pergamino viejo y polvo mágico llenaba el aire. Gustav, el jefe de inteligencia de Liam, los esperaba en una de las cámaras subterráneas, habiendo neutralizado a los centinelas con magia de sueño.
—Mi señor, Lady Anya —saludó Gustav, señalando un pedestal oculto tras una pared falsa—. Lo que pidieron está aquí. Pero debo advertirles: este libro tiene un sello de sangre. Solo alguien del linaje original puede abrirlo sin despertar las alarmas de la Catedral.
Anya se adelantó. Sabía que su sangre, la sangre de los O'Higgins, era la clave. En la novela original, este libro era el que Mía Roster "descubría" para justificar la ejecución de Anya, alegando que contenía pactos demoníacos. Pero Anya sabía la verdad: el libro no era un grimorio de maldad, sino un diario de guerra.
Extendió su dedo y lo pinchó con una pequeña daga de plata. Una gota de sangre carmesí cayó sobre la cerradura de obsidiana del tomo. El libro gimió, sus cadenas se desvanecieron en humo negro y las páginas comenzaron a pasar solas, deteniéndose en una ilustración que hizo que Liam soltara un gruñido de sorpresa.
Era un árbol genealógico, pero no el que se enseñaba en las escuelas. En la cima, no estaban los Cromwell. Estaban dos casas unidas por un pacto de sangre: la Casa O'Higgins y la Casa Gallagher.
—¿Qué significa esto? —preguntó Liam, sus ojos recorriendo las inscripciones en antiguo lenguaje arcano—. Según los historiadores, los Gallagher éramos bárbaros que los Cromwell civilizaron.
Anya leyó en voz alta, su voz temblando ligeramente por la magnitud del descubrimiento.
—"Hace trescientos años, el Reino no fue fundado por la Luz, sino por el equilibrio. Los O'Higgins aportaron la magia del alma, los Gallagher la fuerza de la tierra. Los Cromwell... los Cromwell eran solo los administradores, los burócratas encargados de la logística".
Pasó la página y encontró una serie de cartas interceptadas. Sus ojos se abrieron de par en par al leer el nombre del destinatario: *Lord Alaric Roster*, el ancestro de Mía.
—Escucha esto, Liam: "El plan está en marcha. Hemos convencido al pueblo de que la magia de los O'Higgins es 'Ceniza' maldita y que la fuerza de los Gallagher es 'Monstruosidad'. Si logramos que se destruyan entre ellos, la Casa Cromwell ascenderá como la única salvadora bajo la bendición de la Luz. Firmado: Alaric Roster, Gran Inquisidor".
—Una traición antigua —dijo Liam, su voz gélida como el viento del Norte—. Los Roster no son "hijos de la luz". Son los arquitectos de una mentira que ha durado tres siglos. Usaron a tu familia y a la mía como chivos expiatorios para robar el poder y el prestigio.
—Y no se detuvieron allí —añadió Anya, señalando un diagrama de un cristal que le resultaba familiar—. Este es el Relicario de la Luz que Mía usa ahora. No es un regalo divino. Es un parásito mágico que drena la esencia vital de las tierras del Norte para mantener la belleza eterna de la capital y la "pureza" de la familia real. Por eso el Norte siempre está en invierno eterno y nosotros somos vistos como parias. Estamos siendo alimentados a la fuerza a este reino para que ellos vivan en un verano perpetuo.
—Es un espejo —susurró Liam, recordando las palabras de Anya al entrar en la ciudad—. La traición de Erick hacia ti no es un capricho amoroso. Es la repetición de la historia. Necesita destruirte para que el secreto de su linaje siga oculto. Si te casas con él, el linaje O'Higgins se extingue legalmente y el secreto muere contigo. Si te mata como una villana, el resultado es el mismo.
De pronto, un sonido de pasos metálicos resonó en el pasillo superior. La luz de las antorchas comenzó a filtrarse por las rendijas de la puerta de la cámara secreta.
—¡Busquen en cada rincón! ¡El Príncipe ha ordenado que nadie entre en los Archivos Prohibidos! —La voz de Sir Rodrigo, el caballero que habían capturado y que ahora parecía haber sido liberado por algún tipo de magia, resonó con fuerza.
Liam desenvainó su espada, el acero oscuro brillando con una promesa de muerte.
—Gustav, saca a Anya por el túnel de servicio. Yo los detendré.
—No —dijo Anya, cerrando el libro con fuerza y guardándolo en su túnica—. Ya no vamos a huir, Liam. Si nos encuentran aquí, que nos encuentren. Ya tenemos lo que necesitamos. El espejo está listo para ser mostrado.
La puerta de la cámara fue derribada de un golpe. Erick Cromwell entró, su armadura dorada brillando con una luz artificial que ahora a Anya le resultaba repulsiva. A su lado, Mía Roster mantenía su máscara de inocencia, aunque sus ojos se abrieron de par en par al ver el libro en manos de Anya.
—Anya... —dijo Erick, su voz llena de una decepción fingida—. Robar en la biblioteca real... ¿Es que no tienes límites en tu caída hacia la oscuridad? Y tú, Duque Gallagher, ¿atacar a los guardias de tu soberano? Esto es traición.
Mía se adelantó un paso, sus manos juntas en señal de oración.
—Anya, por favor, entrega ese libro prohibido. Es peligroso para tu alma. Solo queremos ayudarte a purificarte antes del juicio.
Anya soltó una risa clara y melodiosa que heló la sangre de los presentes. Caminó hacia Erick, sin mostrar un ápice de miedo, hasta que la punta de su espada casi rozaba su pecho.
—¿Ayudarme, Mía? ¿O ayudar a tu familia a esconder que son unos simples ladrones de linaje? —Anya levantó el libro—. Sé lo que hicieron tus antepasados. Sé que la "Luz" de los Cromwell no es más que la vida robada de mi gente.
El rostro de Erick se transformó. La máscara de príncipe perfecto se resquebrajó, dejando ver una furia asesina.
—No saldrás de aquí con eso, Anya. Mañana serás ejecutada, no por villana, sino por saber demasiado.
—Entonces inténtalo, Erick —intervino Liam, posicionándose al lado de Anya, su aura de poder haciendo que las antorchas de la sala parpadearan—. Pero recuerda: ya no estás luchando contra una mujer despechada. Estás luchando contra la verdad del Norte. Y el Norte tiene muy buena memoria.
Mía retrocedió, su expresión de ángel transformándose en una mueca de odio puro.
—Erick, no podemos dejar que vivan. El ritual de mañana... si ella habla...
—No hablará —gruñó Erick, señalando a sus guardias—. ¡Mátenlos! ¡Digamos que el Duque intentó secuestrar a la Lady y ella murió en el fuego cruzado!
Pero antes de que el primer guardia pudiera moverse, Anya golpeó el suelo con su pie, activando un círculo mágico que había trazado en secreto mientras hablaban. Una ráfaga de ceniza y viento frío llenó la habitación, cegando a los atacantes.
—Nos vemos en el Juicio de Pureza, Príncipe —dijo la voz de Anya, resonando desde todas partes y desde ninguna—. Prepárate, porque mañana, todo tu reino verá lo que hay detrás de tu luz.
Cuando el humo se disipó, la cámara estaba vacía. Erick rugió de furia, golpeando la pared de mármol. Mía, por su parte, miró el pedestal vacío donde solía estar el Códice, sintiendo por primera vez en su vida que el papel de protagonista de la historia se le escapaba de las manos.
La guerra antigua ya no era un secreto. Y el duelo que estaba por venir no sería solo por honor, sino por la existencia misma de la verdad.
qué paso con el papá, el rey y quienes son ceniza y rosa?
🫥 (joder soy gata)