Elías era un estudiante de arquitectura solitario, tímido y sensible. Vivía para dibujar, cantar en silencio y refugiarse en novelas románticas donde el amor era intenso y absoluto. Tras la muerte de su abuela —la única persona que lo comprendía—, su mundo quedó vacío… hasta que una historia BL cambió su destino.
En aquella novela, el villano llamó su atención más que nadie:
un alfa poderoso, frío y temido, el gran duque del norte.
Un hombre incomprendido, marcado por una infancia cruel y condenado a morir solo entre el hielo.
Elías lo entendió.
Y lo amó… aun sin existir.
Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Tras perder la vida en un accidente, Elías despierta reencarnado en un mundo de fantasía, convertido en un omega masculino, de belleza delicada y mirada tierna. El mundo de la novela es ahora real… y el duque del norte también.
Esta vez, Elías no piensa ser un espectador.
Esta vez, no permitirá que el villano muera solo.
Entre jerarquías alfa–omega, heridas del pasado y
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Capítulo 20 – El desafío del reino y la bendición real
El amanecer bañaba el Ducado de Arandel en tonos dorados y rosados. Las torres del castillo brillaban, y los jardines reflejaban la luz de un día que prometía grandes cambios. Lioren Aster observaba desde la torre norte, con los planos de Arandel extendidos sobre la mesa, las manos temblorosas por la mezcla de emoción y anticipación. A su lado, Kael Frostgrave permanecía firme, erguido, los ojos café fijos en el horizonte, la mano del omega entrelazada con la suya, un recordatorio silencioso de que no estaba solo.
Los días posteriores al rescate y la ceremonia de reconocimiento habían sido tranquilos, pero esa calma se rompió abruptamente: un conflicto en varios ducados vecinos amenazaba la estabilidad del reino, con rutas comerciales bloqueadas, aldeas en peligro y rumores de revueltas. El rey solicitaba la intervención de Arandel, y esta vez no era solo un desafío local; era un problema que pondría a prueba todo su ingenio, valentía y vínculo.
En el salón de guerra del castillo, Lioren desplegó los mapas y planos con precisión casi obsesiva. Sus dedos recorrían las rutas, los puntos críticos y los edificios estratégicos, evaluando cada detalle: puentes que podrían colapsar, caminos estrechos que requerían protección, almacenes de provisiones y zonas seguras para los civiles.
—Si redirigimos las caravanas por estos caminos secundarios, reducimos el riesgo de emboscadas —explicó, señalando con cuidado sobre el mapa—. Además, podemos usar los refugios temporales que diseñé para almacenar víveres y medicinas sin sobrecargar ninguna estructura.
Kael asintió, admirado: la mente de Lioren era un arma silenciosa. Mientras el omega resolvía la logística y la seguridad de las aldeas, Kael preparaba a las tropas, asignando líderes, patrullas y estrategias de defensa. Cada orden suya era firme, precisa y medida, reflejando no solo su capacidad como alfa y duque, sino su profundo amor por Lioren: cada decisión protegía a su omega y a los civiles bajo su cuidado.
—Tu planificación es brillante —susurró Kael al pasar junto a Lioren—. Con esto, salvaremos más vidas y reduciremos el caos al mínimo.
—Solo hago lo que debo —respondió Lioren, aunque un leve rubor cruzó sus mejillas—. Pero… me alegra que confíes en mí.
Ese pequeño intercambio silencioso reforzó la sincronía entre ambos: mientras uno pensaba y calculaba, el otro ejecutaba y protegía, complementándose de manera perfecta.
Cuando llegaron noticias de que un puente clave estaba a punto de colapsar, Lioren reaccionó con rapidez. Su experiencia como arquitecto le permitió evaluar la estructura, calcular el peso máximo y diseñar un refuerzo temporal con los materiales disponibles.
—Necesito que las tropas se mantengan firmes y sostengan estas vigas —indicó, con los ojos brillando de determinación—. Si ajustamos estas cuerdas aquí y aquí, podremos estabilizar el puente lo suficiente para que pasen comerciantes y aldeanos.
Kael tomó el comando, colocando a sus caballeros estratégicamente y usando su fuerza y presencia para asegurar que nadie corriera peligro. Sus órdenes eran precisas y frías, pero su mirada nunca se apartaba de Lioren, como si cada respiración del omega fuera su prioridad.
—Lioren, hazme caso —ordenó, con suavidad, mientras ayudaba a sostener una viga pesada—. No quiero perderte por un descuido.
El contacto de sus manos fue breve, pero suficiente para que ambos sintieran un fuego intenso recorrerlos: deseo, protección y amor entrelazados. Lioren respiró hondo, concentrándose, mientras su corazón latía con fuerza, no solo por la tensión de la operación, sino por la cercanía de Kael.
—Lo haré —susurró—. Contigo a mi lado, puedo con esto.
El puente fue asegurado y los aldeanos cruzaron a salvo. La sincronía entre ambos duques —ingenio y fuerza— quedó clara para todos. Los presentes murmuraban, admirados:
—¡Los duques se entienden sin palabras! —Nunca había visto tanta coordinación unida a tanto corazón…
Lioren y Kael se sonrojaron ante los murmullos, entrelazando las manos, conscientes de que cada gesto demostraba su vínculo.
El desafío no se limitó a puentes o caminos. Varias aldeas estaban al borde del derrumbe debido a lluvias recientes y estructuras debilitadas. Lioren ideó un sistema rápido de refuerzo temporal: soportes de madera, cuerdas y piedra, calculados para resistir el peso de los habitantes y las provisiones.
—Si seguimos este patrón, los refugios resistirán hasta que podamos reconstruirlos de forma permanente —explicó a consejeros y aldeanos—. Confío en que podrán aplicar estos refuerzos en cada pueblo.
El ingenio del omega no pasó desapercibido. Kael, mientras supervisaba a las tropas y aseguraba las rutas, esbozó una sonrisa orgullosa.
—Cada vez que lo observo, me impresiona más. Es brillante, valiente… y siempre está a mi lado.
Lioren sonrió tímidamente, con las mejillas encendidas. Había orgullo en su labor y una calidez profunda al saberse admirado y protegido.
Mientras Lioren resolvía problemas arquitectónicos y logísticos, Kael manejaba la estrategia militar y la seguridad del ducado. Coordinaba patrullas, defendía carreteras y protegía a los civiles. Cada decisión era calculada, pero siempre con un cuidado evidente hacia Lioren.
En un momento crítico, un grupo de rebeldes intentó bloquear una ruta de evacuación. Kael actuó con rapidez, moviendo a sus tropas con precisión.
—¡No los dejaremos pasar! —ordenó, antes de cruzar la mirada con Lioren—. Recuerda: estoy aquí. Siempre.
Lioren asintió. Su vínculo era su fuerza.
Tras semanas de trabajo intenso, el reino recuperó la estabilidad. El rey organizó una ceremonia solemne para reconocer públicamente el valor, la estrategia y la unión de los duques.
—Duque Kael Frostgrave y Duque Lioren Aster —declaró—, no solo han demostrado liderazgo y valentía, sino que han probado que su vínculo fortalece al reino entero. Que su futuro matrimonio sea bendecido y que su unión sea ejemplo para todos.
Los aplausos resonaron en la explanada. Los padres de Lioren entregaron la pieza final del símbolo de promesa eterna, sellando oficialmente la unión de la pareja.
—Siempre juntos —susurró Kael, besando la frente del omega.
—Siempre —respondió Lioren, apoyando la cabeza en el pecho del duque, sabiendo que su amor y confianza habían alcanzado un nuevo nivel.