Han pasado cuatro años y Clara ya es mayor de edad, un momento que había esperado con ansias, pero el destino le depara algo inesperado y diferente al futuro que imaginó. Decide independizarse, pero se verá envuelta en un mundo de espías cuando comienza a toparse con Cristopher, el espía del Rey Evans. Tercer libro de la saga Corazón de Piedra
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DECISIÓN IRREVERSIBLE
...CLARA:...
Cristopher caminó adelante, observando a todas partes y deteniéndose por momentos, aferrándose a la pared y ordenando hacer lo mismo cuando escuchaba algún ruido, pero no me observó más, ni me dirigió una mirada, estaba molesto por mi estupidez, debí quedarme, pero al recordar el beso no me arrepentía, mi parte perversa se alegraba de haber corrido el riesgo.
Aunque el beso había sido parte de nuestro teatro para líbranos del rufián, no podía evitar haberlo disfrutado, aunque no pude responder al movimiento de su boca, no supe como hacerlo. Mi beso tal vez era insípido para él, le había dado un beso tan casto como los pensamientos de una monja, pero todas las sensaciones que se desbordaron eran todo lo contrario y por como se había despertado su masculinidad seguramente había sentido lo mismo.
En un callejón nos encontramos con cuatro figuras en las oscuridad, Cristopher se detuvo en seco, colocándose adelante de mí como un escudo y no pude evitar sentirme protegida por él.
Las figuras se dejaron ver en la luz, había tres hombres, uno pelirrojo y corpulento, otro delgado y un hombre de piel oscura con una parte de su rostro quemado, la cuarta persona era la compañera de Cristopher, la tal Mina.
Todos llevaban ropas de cuero oscuras y capas.
La postura de Cristopher se relajó, no estábamos frente al enemigo.
— ¿Qué rayos ha sucedido? — Preguntó al pelirrojo — ¿Dónde está el grandote?
— Tenemos al escuálido — Señaló el de piel oscura, cerca del suelo, había un hombre inconsciente en posición fetal.
Me quedé detrás de Cristopher cuando reconocí al sujeto, era el mismo al que le arrojé pimienta.
— El fornido debe estar buscándome por ahí, me ha perdido de vista — Dijo Cristopher.
— ¿Cómo ha pasado? Debías hacer que te siguiera — Gruñó la tal Mina.
— Me ha sucedido un percance y tuve que cambiar mi plan — Cristopher mantenía un tono inexpresivo, todos observaron detrás de su cuerpo, las miradas desconfianza se posaron en mí.
— ¿Y la chica quién es? — Exigió él pelirrojo, evaluando todo de mí.
— Accidentalmente se vió envuelta en la persecución y tuve que salvarla.
Todos parecían confundidos, obviamente no terminaban de comprender aquella explicación.
— Oigan, es la misma chica que neutralizó al escuálido — Dijo el quemado, con expresión enigmática.
— Oh, sí, es la hermosa chica que roció pimienta en los ojos de esa cuchara — Apreció el pelirrojo mientras rodaba sus ojos en todo mi cuerpo.
Cristopher me observó de reojo, haciendo una pregunta silenciosa, después le explicaría, pero su expresión era dura.
— Me parece conocida... — La mujer estrechó sus ojos, bajé mi cabeza para que las sospechas se alejaran.
— Solo es una civil que estaba en el lugar equivocado — Cortó Cristopher.
— La desconocida nos facilitó el trabajo — Dijo el escuálido, sonriendo burlón.
— Al mismo tiempo ha puesto las cosas más difíciles, necesitaré que Jhonson y tú peinen la zona, no podemos perder la pista del otro rufián — Demandó con tanta autoridad que me sentí regañada, Cristopher se comportaba completamente diferente frente a sus compañeros, me había dado una indirecta, mi intervención le había costado la captura del rufián y la culpa me envolvió.
Todos se observaron con curiosidad, sus miradas mantuvieron mi cuerpo rígido.
— ¿Qué pasará con ella? Está misión es secreta — Mina me observó como si quisiera silenciarme con una daga y quise darle una de mis miradas.
Ya me estaba cayendo pésima, al pensar en lo bien que besaba mi compañero la rabia aumentó, ella había probado esos labios y más.
— No, les aseguro que ella no dirá nada, es una víctima — Cristopher se alejó de mí, poniendo distancia como si yo fuera una desconocida.
Fingía perfectamente no conocerme.
— No del todo sabe defenderse — Murmuró el pelirrojo, su mirada me revolvió el estómago.
— Marlon, cargarás con el prisionero, los llevaremos hasta donde se encuentra Steven — Ordenó Cristopher.
— Oye... Primero deja que se vaya la chica, no queremos que sepas más, ya es suficiente con lo que ha visto — Intervino Mina.
Cristopher me observó, yo no conocía mi entorno y si me encaminaba sola me terminaría extraviando de nuevo.
— Ustedes deben adelantarse, yo acompañaré a la señorita hasta su destino — Insistió Cristopher.
— Perderás el tiempo tomando esas molestias, Steven debe estar enfadado y si llegamos sin tí su furia aumentará — Gruñó Mina, observándome con irritación.
— No me importa lo que piense ese bastardo, yo soy el líder de los espías — Cristopher colgó su capa sobre el hombro, en un gesto desdeñoso.
— Desgraciadamente — El pelirrojo hizo un gesto de desacuerdo — Siempre soy yo el que debe cargar con los cuerpos.
— Obedezcan — Ordenó Cristopher después de lanzarle una mirada de enojo.
— No es necesario, me iré sola, no quiero causar más molestias — Rompí el silencio — Descuiden no diré nada de lo que he visto.
Me alejé, pero Cristopher me tomó de la muñeca, lo que hizo que las alarmas se encendieran en los ojos de sus compañeros.
— La chica vino conmigo, es mi compañera de viaje — Confesó Cristopher.
Me tomó por sorpresa, no comprendía porque se había dejado al descubierto, revelando ese secreto que podía costarle caro en la misión, si revelaba mi verdadera identidad estaría perdido. La culpa me golpeó nuevamente.
Todos mostraron expresiones incrédulas, como si no hubiesen escuchado bien.
— ¿Te has vuelto loco? — Gruñó Mina.
— ¿Quién es la chica? ¿Por qué has traído alguien ajeno a la misión? — Exigió el pelirrojo.
— Es un riesgo traer a tus amantes — Acusó el escuálido de gafas.
El único que no dijo nada fue el quemado.
— Les explicaré luego, no hay tiempo, pónganse en marcha, los encontraré después de llevar a la chica a la posada — Cortó Cristopher sin soltarme la muñeca, su agarre era firme.
— Ah, ya comprendo, es la chica de la posada, la que no dejabas de observar — Reprochó la tal Mina, lo que me indicaba que le gustaba Cristopher y eso dió otra punzada de enojo.
— Después me reclaman, dense prisa — Cristopher empezó a caminar, tirando de mi brazo y lo seguí, las miradas de sus compañeros me siguieron hasta que los perdimos de vista.
Llegamos rápidamente a la calle principal y también a la posada, él soltó mi mano en la entrada.
Su mandíbula cincelada estaba apretada y sus ojos llenos de irritación.
— Entre y no me cause más problemas — Gruñó con tanta severidad.
— Lo siento... No volverá a suceder... — Dije, con mirada suplicante.
— No puedo confiar en su palabra, me prometió que no saldría y terminó haciendo todo lo contrario — Me señaló con su sombrero.
Bajé mi cabeza.
— Lo sé, hice mal, pero...
— No hay justificación, gracias a su estupidez perdimos la pista de ese rufián, eso me ganará un problema con el jefe de la misión y no solo eso, mis compañeros supieron de su existencia y le aseguro que no cesarán sus disgustos por ésta pésima idea — Estaba sonrojado de la ira, por primera vez no tenía palabras para defenderme y por eso me quedé callada, tenía toda la razón al enojarse.
— ¿Por qué les dijo que venía con usted?
— Son espías, no hubiesen creído otra explicación, tarde o temprano se enterarían, es mejor decirlo ahora antes de que sea demasiado tarde — Soltó un gruñido y se llevó la mano a la cabeza.
— ¿Le dirá quién soy?
— No, no lo haré, aumentaría mi problema.
— Estoy tan apenada por mi estupidez, no volveré a intervenir, me quedaré donde usted me diga — Juré, observando a sus ojos desconfiados.
Negó con la cabeza — Prepare sus pertenencias, mañana la acompañaré a la frontera y alquilaré un carruaje que la llevará hasta Urla.
Mis ojos estaban ardiendo, no quería llorar, apreté mis manos en mi falda y las contuve.
— Teníamos un acuerdo...
— Usted faltó a ese acuerdo, no puedo cargar con su presencia sin tener la angustia de que va desobedecer, eso me distrae, entienda que es un riesgo, no solo para mi misión si no también para su integridad física — Su mirada era firme, sin ceder un apice.
— Aún no tengo suficiente información... — Mi voz sonó tan débil.
— Estoy seguro que puede hacer mucho con lo que tiene, no me obedezca, volverá a Urla mañana — Dijo alejándose y desapareciendo en la oscuridad — Por amor al Creador quédese en su habitación.
Entré a la posada y volví a la habitación.
Me dejé caer en la cama.
Solté dos lágrimas silenciosas.
No me gustaba llorar, me recordaba los incontables momentos en los que me rompía soltando lágrimas sin control y mi mundo se redujo a la habitación, dónde los libros eran mi único escape.
Hasta ahora no me había tomado las cosas en serio, no le dí importancia y actúe irresponsable.
Cristopher tenía razón al enojarse conmigo, jugué con su confianza y no iba creer en mí nuevamente.
Desde el primer momento se había mostrado reacio a mi idea, en realidad nunca estuvo de acuerdo, aceptó simplemente porque lo presioné y siempre se mostró disgustado con mi presencia, yo le estorbaba, era una distracción, un obstáculo y no lo culpaba.
Estropeé su plan y seguramente cargaría con toda la responsabilidad.
Lo menos que podía hacer para remediarlo era obedecer, volver a Urla.
Yo solamente quería conocer el mundo al que me había negado a entrar y del que tuve miedo tanto tiempo.
Debía aceptar que también quise perseguir al espía porque hizo de mi vida algo diferente.
Me atraía mucho, no sentía miedo de acercarme porque mi cuerpo se abría ante su cercanía y eso jamás lo había sentido con Eidan, ni con ningún otro hombre.
Pero tal vez era otra ilusión y se había terminado, seguramente no iba volver a verlo, me llené de un sentimiento amargo ante la idea.
Mi prioridad era mi sueño y volver a Urla me permitiría estar al tanto de mi progreso en la editorial.
Me levanté y empecé a recoger mis materiales.
...CRISTOPHER:...
— ¿Qué rayos estaba pensando Señor Cristopher? — Gruñó Steven sonrojado de la rabia, horas más tarde en la cabaña alejada del pueblo donde estaba hospedado con sus hombres.
Me quedé callado, de pie en la sala con mis compañeros detrás de mí.
— ¡Pasó por encima de mis órdenes para hacerse el héroe y terminó causando que uno de esos matones escapara! — Gritó, aventando un adorno al suelo — ¡Debían apegarse al plan!
— Su plan estaba lleno de incongruencias Señor Steven — Dijo Mina y el hombre apretó sus puños.
— ¡Cierre la boca, no se atreva a contestarme, su plan fracasó y eso es imperdonable! — Señaló a todos.
— No fracasó del todo, tiene a uno de los matones, bastará con él para obtener información — Dije, tratando de controlar la vergüenza, señalé al hombre amarrado en una silla, seguía inconsciente.
— ¡La prioridad es capturarlos, por culpa de usted tenemos a un solo hombre de seis, el tiempo se nos acaba! — Se acercó y me tomó del cuello de la camisa — ¡Veo que los rumores sobre su talento son puras mentiras, usted no le hace justicia a su popularidad! — Me soltó bruscamente, pero no me moví ni un centímetro, sostuve su mirada, estaba conteniendo mis impulsos de golpearlos.
Jamás permitía que me humillaran.
— Echarle la culpa a Cristopher no solucionará nada — Dijo Jonhson con tono sereno, Steven dirigió una mirada de advertencia.
— Los planes nunca son perfectos, cualquiera puede equivocarse, tenemos a un rufián, eso es mejor que nada — Lander también intervino en mi defensa.
Resopló Marlon — Les advertí de que llevarle la contraria a Steven era muy mala idea.
— Maldito traidor lame suela, tú estuviste de acuerdo con nosotros — Gruñí, queriendo darle un golpe también.
Steven se quedó pensativo, caminando de un lado a otro.
— Por está vez lo dejaré pasar, pero les advierto, si vuelven a llevarme la contraria tendrán que irse de la misión, pasaré un reporte al Rey Alfonso que dejará sus reputaciones por el suelo y tendrán que empezar a buscar otro oficio más humilde como limpiar letrinas — Amenazó y todos nos tensamos, la mirada arrogante de Steven se posó en mí — Sobre todo usted Señor Cristopher, no me desafíe, la tierra que pisa pertenece al Rey Alfonso y su rey no puede protegerlo aquí, le conviene obedecer.
Apreté mis dientes para no insultar.
— De acuerdo, me apegaré a sus órdenes — Cedí a regañadientes.
— Me encargaré de Interrogar al rufián, ustedes ya arruinaron suficiente por hoy, largo de mi vista, vuelvan mañana — Gruñó y uno de sus hombres abrió la puerta, mientras que el otro nos amenazaba con su espada.
Salimos de la cabaña.
Quedaba en una colina llena de árboles y la vista completa del pueblo se apreciaba desde allí.
— Maldita sea, ahora tenemos que seguir sus estúpidas órdenes y todo por culpa de Cristopher — Dijo Marlon mientras pateaba una rama.
— Deja de echar toda la culpa en los hombros de Cristopher, además, hace un momento te mostraste encantado con la idea de besar las botas mugrientas de Steven — Mina le advirtió.
— ¿Quién es esa señorita qué decidiste traer? — Exigió Lander mientras se sentaba en el suelo — Todos sabemos que ese es el motivo por el que nuestra misión fracasó, pudimos haberte delatado, pero eres nuestro jefe y a pesar del plan fallido eres muy bueno en lo que haces.
Me quedé callado, observando el cielo lleno de neblina, arropando los tejados de los edificios.
— Esto no es propio de ti, no puedes traer inexpertos a la misión y menos mujeres, sobre todo esa chica, es demasiado hermosa y eso es una inmensa distracción, yo estaría con ella en éste momento — Marlon insinuó, dejando en claro que le había encantado la Señorita Clara, quería romperle la nariz por esa simple razón.
— Cristopher ha estado demasiado distraído — Mina mantenía el ceño fruncido — Me decepciona saber que es por causa de una mujer.
Lander soltó una carcajada.
— Una mujer que no eres tú.
Mina golpeó en la nuca a Lander.
— ¿Quién es la chica hermano? — Insistió Marlon.
No podía revelar su verdadera identidad.
— Es mi esposa — Dije, mintiendo tan fácilmente que todos se sobresaltaron.
— ¡Estás desquiciado, no puedes tener esposa y menos traerla a la misión, conoces el riesgo! ¿Qué te sucede? — Gruñó Lander.
— Descuiden, volverá mañana a Adalania.
— Un espía casado, eso es increíble... Pero entiendo porque, esa señorita es preciosa — Marlon silbó.
— Otro comentario sobre mi esposa y terminarás sin dientes — Advertí con un tono mortal.
— Es una irresponsabilidad de tu parte, jamás imaginé eso de tí — Gruñó Mina, con los ojos tan brillantes.
— Es la vida personal de Cristopher, no deben inmiscuirse en ella... Todos sabemos que ésta vida es muy solitaria y no podemos juzgarlo por querer tener una familia — Intervino Johnson, cuando hablaba lo hacía con sabiduría.
— Es mi asunto y ya está resuelto, sigamos haciendo nuestro trabajo— Corté y empecé a bajar por la colina.
...****************...
Ya era demasiado tarde cuando volví a la posada.
Al entrar en la habitación encontré a la Señorita Clara durmiendo de lado en la cama y me acerqué.
Observé como dormía tranquilamente, con su cuerpo envuelto con la manta hasta la cintura. Llevaba un blusón diferente, sus hombros y brazos estaban desnudo.
Su cabello caía detrás de ella, extendido por el colchón.
Marlon tenía razón, la Señorita Clara era una inmensa distracción.
Había estado sumergido en mis recuerdos, en la sensación de su boca carnosa y dulce, jamás había probado unos labios tan exquisitos y puros.
Ese beso seguía provocando estragos en mi conciencia.
No había respondido a mis caricias, lo que me dejaba en claro que tal vez era su primer beso y lo desperdició en ese estúpido teatro.
No planeaba besarla, solamente iba fingir un acercamiento pasional lo suficientemente creíble para alejarla del peligro.
Pero ella tomó mis instrucciones muy a pecho y nuestras bocas terminaron unidas.
Tuve que controlarme para no tomarla allí mismo.
Incluso ahora mi cuerpo anhelaba acercarse para tocarla.
Abrió sus ojos y me observó detenidamente.
Se colocó boca arriba, con el movimiento sus pechos se marcaron por encima de la tela
— Cristopher — Susurró, mi nombre en sus labios me endureció más.
Me alejé al baño.
Me relajé con un baño largo en la tina, tardando lo más posible para no encontrar a la Señorita Clara despierta.
Odiaba su terquedad, por culpa de su desobediencia mi plan fue todo un fracaso, mis compañeros sabían de sus existencia y tuve que inventar que era mi esposa para salvaguardar su identidad.
La grieta en el muro ya era lo suficientemente grande para ensancharla.
Lo mejor era que se marchara, era por su bien.
¿Por qué no me sentía conforme con esa decisión?
Cerré mis ojos y me sumergí más en la tina.
Salí envuelto en mi toalla, pero me detuve en seco cuando encontré a la señorita de pie junto a la ventana.
Tragué con fuerza al notar que el blusón le llegaba hasta los muslos, dejando al descubierto sus piernas bronceadas y esbeltas, limpias, sin marcas, solo piel delicada.
La ignoré completamente y busqué mi ropa.
Se acercó a mi lado y todo mi cuerpo se erizó.
— Volveré a Urla, ya empaqué mis cosas — Dijo con tono suave, me sorprendió, esperaba que me llevara la contraria como siempre, pero tal vez era una artimaña para que cambiara de opinión.
— Excelente —Gruñí con un tono indiferente.
— Disculpe mi comportamiento, a pesar de todo disfruté el viaje y espero no haberle causado más problemas con sus compañeros.
— Ese asunto está resuelto, no se preocupe... Fue un honor conocerla — Dije de forma sincera y la observé.
Sus ojos seguían brillando como si quisiera llorar.
Se acercó, a pesar de que estaba cubierto solamente por una toalla me abrazó.
— Espero volver a verlo, me encantó conocerlo — Dijo contra mi hombro, presionó su cuerpo más y mis deseos estaban empujando contra mi control.
Su cuerpo delicado y suave me endureció de inmediato.
No había pantalones que me salvaran de que no lo notara.
Intenté apartarme, pero rodeó mi espalda.
— Señorita... — Jadeé, inmóvil y tenso.
No había conocido una mujer tan inocente y atrevida a la vez, obediente y desobediente, agresiva y sumisa.
Elevó su rostro y me besó de nuevo.