Una integrante de inteligencia nacional muere por causas ajenas a ella. Piensa que hasta ahí acabo su vida, pero cuando cierra los ojos por última vez en su vida actual... los vuelve a abrir en un mundo diferente siendo está una chica que tendrá que enfrentarse a todos aquellos que quieren usarla para subir de estatus. ¿Encontrará el amor? ¿Qué es lo que hará?.
Acompáñame a descubrirlo.
Una ex agente reencarnada, un general frío como el hielo y muchas piedras en el camino para llegar a un mismo objetivo.
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Sentimiento de dolor.
En el condado Irriarte se encontraban el príncipe junto al duque y compañía, ya habían recorrido casi todas las tierras de aquel lugar durante la semana y solo faltaba llegar a lugar donde residía el conde.
—¿Qué crees que este pasando en realidad?— pregunto el príncipe al duque Sandro.
—Su alteza, en realidad no sé que decirle aunque tengo mis conjeturas. El conde Tomás es un hombre de honor, jamás se atrevería a robar dinero ni suministros por cuenta propia, así que me imagino que él ha estado teniendo problemas de algún tipo, problemas que no ha podido resolver y quizás necesite ayuda.— Respondió el duque.
—Así que lo conoces muy bien. ¿Tanto como para defenderlo después de todo lo que la gente a dicho de él?— mencionó Blair.
—No es que confíe o lo conozca tanto, es simplemente que tantas cosas buenas que ha hecho no pueden ser opacadas por estos malos momentos que está pasando el condado. Además si su gente se pusiera a pensar más en lo que estará pasando su gobernante y dejarán de preocuparse solo por si mismos, sería más fácil encontrar la raíz del problema que aqueja a este lugar.— Dijo el duque algo decepcionado y nostálgico.
—Te entiendo, yo era así ¿cierto?. Siempre me preocupaba solo por mí sin importarme lo que los demás sintieran o pensaran, ahora que he convivido más contigo, me doy cuenta lo tonto que es sido. Sigamos nuestro camino y averigüemos que es lo que realmente está sucediendo.— Dijo el príncipe.
Y así continuaron cabalgando rumbo al centro del condado, donde residía el conde y su familia.
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En el Oeste del imperio, Lale había mandado a un grupo de soldados al pueblo más cercano por suministros, sin embargo estaban tardado demasiado y fue por eso que decidió ir a buscarlos ella misma. Cuando ya había recorrido un largo tramo del camino se encontró con dos soldados inconscientes, ellos habían sido asesinados. También estaba el mago que había ido por si sucedía algo anormal.
Al ver esa escena, Lale por primera vez sintió un dolor en su corazón, puesto que había convivido con los hombres que allí se encontraban sin vida y ninguno de ellos era un mal chico, tenían familia que los esperaba y lamentablemente ya no se volverían a ver.
Lale decidió seguir el rastro que habían dejado ahí los que se atrevieron atacar a sus hombres, pues necesitaba cerciorarse que los demás soldados aún estaban vivos o también corrieron con el mismo destino que los anteriores. Camino durante unas horas y llegó a un lugar que parecía una casa abandonada, ella decidió ir sola y enviar de vuelta al campamento a los soldados que la acompañaban, para que éstos llevarán los cadáveres de sus compañeros.
Al llegar, Lale reconoció el lugar, cerro cada ruta que podría servir como escape y decidió hablar.
—¡Oigan ustedes los que están adentro!, soy la persona a cargo de los soldados que asesinaron y vengo para que paguen por su estupidez.— Grito Lale muy molesta.
De aquella casa salieron alrededor de treinta hombres y uno de ellos decidió hablar. —¿Te atreves a venir sabiendo que morirás?, por nosotros está bien así tendrás el placer de morir junto a tus otros soldados, esos malditos que redujeron nuestra pandilla a solo los que ves ahora.
—Entonces dieron batalla— se dijo Lale a si misma.
—Esos malditos acabaron con más de la mitad de mis hombres, los haré pagar y de paso me podría divertir contigo— hablo el jefe de aquellos bandidos.
—Antes de empezar esta masacre, ¿dónde están mis soldados?— Lale habló.
Algunos hombres entraron a la casa y de ella sacaron a los soldados restantes del grupo que buscaba Lale, sin embargo estaban muy mal heridos, se notaba que habían desatado contra ellos la irá de esos bastardos.
—¿Qué les parece hacer un trato?, les perdonaré la vida si me dejan ir con mis hombres sin ningún tipo de agresión, si no aceptan dense por muertos.— Dijo Lale más que furiosa al ver el estado en el que se encontraban aquellos soldados.
El jefe del grupo río y dijo. —Mejor implora de rodillas que no los matemos a todos, y si me convences quizás sea piadoso y los mate sin dolor.
—Me entregaré a cambio de ellos, ¿qué te parece esa oferta?— dijo Lale dirigiéndose al jefe. — Si aceptas tendrás que dejarlos ir y tomarme a mí en su lugar.— Continúo.
—General no lo haga, no somos tan importantes como para que usted esté haciendo esto por nosotros.— Dijo uno de los soldados.
—Es cierto señora, usted es por quién nosotros moriríamos con gusto, así que mejor váyase y déjenos aquí. ¡Usted es quien debería salvarse, por favor váyase!.— Replicó otro soldado que apenas podía hablar.
—Vaya, vaya, así que general a esta edad... Parece que esto será divertido, si le quitó a su general al imperio será más fácil contraatacar más adelante.— Dijo el jefe de aquel grupo. — Esta bien, déjenlos ir y en su lugar nos quedaremos con este pez más grande.
Los soldados fueron a lado de Lale, aún amarrados de pies y manos con algunas cadenas. Y ésta les hablo. —Quiero que caminen todo derecho solo unos cien metros y se detengan, confíen en mí, todo saldrá bien. Al final de cuentas soy su general— dijo Lale animando a sus soldados con una sonrisa, que mostraba su felicidad al encontrarlos a todos vivos.
Después de que los soldados se habían alejado lo suficiente, Lale se dirigió al grupo de bandidos con unas palabras. — A ustedes que sé atrevieron dañar a mis camaradas, pagarán de la peor manera su falta— dicho esto, Lale desprendió un luz blanca de su cuerpo, pero en este caso era una luz leve y por lo tanto sus efectos también eran lentos y mucho más dolorosos de lo normal, aquellos hombres que osaron asesinar y secuestrar a sus soldados estaban sufriendo una muerte dolorosa, era tanto el dolor que sentían que no paraban de gritar hasta que uno por uno se fue ahogando con su propia sangre. Terminando aquel acto, Lale quitó la barrera que había puesto anteriormente y se llevó a sus soldados al campamento con ayuda de un objeto que le fue dado por un mago, el cuál servía como teletransportador.
mi admiración total escritora, me he leído todo el libro en una tarde