Me dieron el papel más importante de mi vida, debo infiltrarme en la organización de mafia más grande de Inglaterra, es mi primer caso y debo resolverlo, lo que nunca pensé es que me viera envuelta en una pasión y lujuria desbordante con George, el líder de los Gota, ¿Cómo diferenciar entre el deber o el amor?
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Propuesta
Me sorprendo con el comentario de George, no podía creer que Río se atreviera a hacer esto, asesinar personas inocentes para hacer creíble su versión
- ¿Estás seguro?- pregunto incrédula.
- Ya no tienes de que preocuparte, te prometí que encontraría los culpables- dice George.
Me abraza y besa mi cabeza.
- Mañana volveremos a Londres, tengo muchos pendientes- me suelta George.
- Esta bien- le contesto sin protestar.
Nos dirigimos de nuevo a casa, las empleadas limpiaban el desastre de la noche anterior, en el camino nos encontramos a Río con una nueva conquista, pobre de Dallas, estoy segura que esto no es actuación, espero que ella no corra con la misma suerte de Roxanna.
- ¿Te enteraste de que murieron los que intentaron atacarte, querida cuñada?- dice sarcásticamente Río.
- ¿Cómo están seguros de que eran las personas correctas?- pregunto.
- Río los encontró y reconoció, nadie volverá a molestarte, todo está mejor ahora- dice George tranquilamente.
- ¿Tenían que matarlos?- grito.
George se sorprende al escucharme alterada, no quito la mirada de Río quien disfruta verme así.
- ¿Qué pasa contigo?- pregunta serio George.
Me voy de aquí, doy media vuelta y sigo el camino para la habitación, George sale tras de mí y me ensordece con sus gritos.
- ¿QUIERES EXPLICARME PORQUE ESTA OSADIA?- grita.
- No quiero hablar contigo- le digo y sigo caminando.
George me agarra fuerte y me gira para verme de frente.
— QUÉ PASA CONTIGO?- grita furioso.
-¿POR QUÉ LOS ASESINARON?- le digo seria.
Puedo ver confusión en la cara de George, no sabía que responder.
– Crees que soy tonta y no me doy cuenta de todo lo que me rodea, tú y Río son asesinos, mira todo esto, esos hombres como los cuidan, tu misterio y aquí escondidos de quien sabe quién, déjame fuera de esto, no pertenezco aquí- me desahogo.
George me ofrece la sonrisa más terrorífica que le haya visto, se acerca a mí y me pone contra la pared, me sostiene de tal manera que no puedo moverme.
– ¿Tiene algún problema con eso?, tu lugar es a mi lado, pensé que estaba más que claro y lo que yo haga no es problema de nadie- me susurra al oído.
- Suéltame- le ordeno
Me libera y le ofrezco mi peor mirada, salgo para la habitación.
Me acuesto y suelto el llanto, yo estaba para proteger a las personas y velar por su integridad, no para ponerlas en riesgo, Río es una amenaza mortal, ahora que George me ha aceptado que no es un santo, debo ver el lado bueno, poco a poco se suelta ante mí.
Decido permanecer el resto del día en la habitación, no quería ver a George y mucho menos a Río, me sentía culpable y sabía que George estaba molesto conmigo, había sacado toda la frustración que sentía frente a él.
La puerta se abre y George entra, me mira fijamente mientras se empieza a retirar la ropa.
–¿ Aún estas molesta?- pregunta de manera despreocupada
No sabía como manejar la situación, por muy enojada que estuviese no era conveniente tener una discusión con George en este momento.
– ¿Quieres nadar un rato?- pregunta
–¿Ahora quieres nadar?, actúas como si no hubiese pasado nada- le reprochó
- ¿Acaso que ha pasado?, me deshice de la basura, sufres por un par de escorias que intentaron atacarte- dice molesto.
– No quiero nadar- evado el tema.
Una discusión con George era realmente agotadora, siempre tenía las palabras correctas.
George sale de la habitación y yo no tardó mucho en quedarme dormida.
Me despierta un ruido ensordecedor, esto me desestabiliza, me sentía perdida, trato de levantarme de la cama, pero aún siento un pitido en mis oídos, veo a lo lejos a George correr hacia mí y yo solo me desvanezco en sus brazos.
Cuando recupero la conciencia estaba en una cama gigante, la cabeza me daba vueltas, observó a mi alrededor y estaba en una habitación que no conocía, totalmente sola y un silencio glacial se apoderaba del lugar, trato de ponerme en pie y me dolió el contacto con el suelo, observó mis pies vendados y con rastros de sangre, supongo que estaban heridos, así que no puedo caminar bien, me quedo sentada en la cama procesando lo que posiblemente había pasado y lo último que recuerdo fue el sonido de una explosión y a George correr hacia mí, en ese momento se abre la puerta suavemente y entra George con una bandeja en la mano.
- ¿Estás bien?- pregunta preocupado.
- ¿Qué pasó?- le digo
- Un atentado, estamos a salvo- responde.
Se sienta a un lado y me acaricia con cuidado la mano, también le veo varias heridas en el rostro y una venda en la mano.
- ¿Río está bien?- pregunto
- Sí, él se adelantó a Londres y organizar todo a nuestra llegada- responde.
- ¿Dónde estamos?- le digo
- Aún en Sicilia, solo que en una cabaña, estamos seguros aquí, no te preocupes- dice
Se acomoda de manera que pueda cambiar las vendas de mis pies, estos actos son los que me confunden, se ve realmente preocupado por mí, me acaricia con cuidado y besa mis pies, me sonríe y esto me derrite.
- ¿Quiénes hicieron esto?- le digo curiosa.
- Estoy investigando, pronto tendré una respuesta para eso- dice mientras me cambia de nuevo las vendas
Se sienta de nuevo a mi lado y me abraza, mientras me besa la cabeza.
Nos recostamos juntos en la cama, mientras me enrollo en sus brazos, tenía mi cabeza en su pecho mientras George me acariciaba el cabello.
- Tuve tanto miedo- dice
- ¿Miedo?- le pregunto
- Nunca he tenido miedo a nada, pero debo reconocer que me sentí vulnerable, cuando te desvaneciste en mis brazos, pensé que habías muerto, casi me vuelvo loco- me confiesa.
Mi corazón quería salirse del pecho, estas palabras eran irreales, George se estaba enamorando de mí, sus palabras eran un susurro y podía apreciar que realmente estaba triste.
Me quedo en silencio incapaz de mirarlo fijamente, hasta este momento comprendo que las cosas se me habían salido de las manos.
- ¿Me amas?- le pregunto
- Tal vez- responde
Me acerco a él y le beso suavemente los labios.
– Tal vez yo te amo- le digo mirándolo a los ojos.
George sonríe y me abraza fuerte.
– Cásate conmigo- me propone
Debo reconocer que sentí un sentimiento desconocido, debía verme totalmente incrédula, porque George me repite la propuesta.
- Cásate conmigo - repite.
- Estás loco- le digo
- ¿Por qué?, nos necesitamos, podemos conocer el mundo juntos, puedo brindarte todo a mi lado, estoy seguro de que quiero vivir esto solo contigo- me confiesa
- Imposible, apenas nos conocemos y nuestra relación es extraña- me burlo.
– El tiempo no asegura la durabilidad de un matrimomio, supongo de que eso se trata las relaciones- dice tranquilamente.
- Estás bromeando, el matrimonio no solo es eso- le digo
- En el sexo nos entendemos perfectamente, nos peleamos cada rato, ¿No es suficiente?- lo dice divertido.
- Nos besamos con complicidad, mientras nos reímos con nuestra conversación.
Al día siguiente vamos rumbo al hangar privado de George, estábamos fuertemente custodiados, este agarraba mi mano fuertemente, mientras me ayudaba a caminar, me sentía un poco mejor, por lo menos podía sentar los pies, lo hacía despacio, subimos al Jet y nos marchamos de Sicilia.
Casi cuatro horas de vuelo, estaba en Londres de nuevo, el invierno azotaba la ciudad, recuerdo la primera vez que llegué aquí, había pasado un mes, entre idas y venidas, pero aquí seguía al lado de este hombre.