¿Hasta dónde puedes llegar por venganza?
Tania lo perdió todo la noche del accidente: a sus padres, su hogar y su inocencia. Comienza una vida marcada por el dolor.
A medida que Tania descubre verdades enterradas, se ve arrastrada a un juego de poder, traiciones y mentiras donde los D’ Luca, una familia peligrosa y poderosa, parece tenerla en la mira.
Mientras la sed de venganza la consume, Tania deberá enfrentarse a una pregunta que puede cambiarlo todo:
¿Vale la pena tanta sangre derramada cuando lo que realmente se busca es paz?
Porque en su mundo… nada es lo que parece.
NovelToon tiene autorización de Osaku para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Más de una máscara
En tu infierno
Capítulo veinticuatro
—El vestido te queda precioso, pero ¿dónde está el resto de los regalos que te mandé? —me preguntó David acariciando mi cuello.
Se había vuelto muy atrevido en poco tiempo. Saludé a Brenda y le pedí a David que nos alejáramos de la multitud. Cuando estábamos relativamente solos le dije que no me parecía bien recibir esa clase de regalos.
—Si bien el collar que me regalaste con anterioridad lo voy a conservar por no faltarte el respeto. Estos no puedo aceptarlos —le expliqué tratando de que me comprendiera—. Le di la bolsa donde los llevaba.
—Me sorprende cuanto puede entrar en el bolso de mano de una mujer —bromeó sonriendo, ausente de atención. Era como si no me hubiera escuchado.
Agarró la pulsera y me tomó de la mano.
—¿Sabes que es lo que más me gusta de ti? Tu rebeldía —dijo con censura y me puso la pulsera en la mano—. Pero debes entender que un regalo es un regalo. ¿Qué puedo hacer yo con unas joyas que están a tu nombre? —preguntó tratando de mostrarse condescendiente, y me puso los aros.
Yo estaba frustrada, casi furiosa, sentía que me estaba adornando como a un perro. Había sido un error llamarlo a él para asistir a la fiesta.
—No voy a aceptarlos —espeté con cierto desencanto.
Aun así, David acarició mi labio inferior con su pulgar, otra vez como si no le importara lo que le decía.
—Si tan infeliz te hacen cuando termine la fiesta puedes tirarlos —repuso armoniosamente mientras se acercaba para besarme, pero sin hacerlo —. Aun así, no los voy a aceptar de regreso.
Finalmente, me puso el collar al mismo tiempo que yo, en cólera, veía a la gente pasar, divisé a Amadeo y él a nosotros. David corío todo mi cabello hacia un lado y me besó en el cuello mientras Amadeo aún nos veía. Yo agaché la cabeza y le pedí que fuéramos a sentarnos. Si bien lo que había hecho me ayudaba con mi plan, no me daba consuelo ni me contentaba.
La subasta comenzó y me sorprendí al ver a Brenda al lado del presentador. Ellos iban mostrando que era lo que habían donado para ser subastado. Amadeo donó uno de sus juguetes favoritos. Me pareció raro, ya que cuando éramos chicos me decía lo orgulloso que se sentía por tenerlo en su caja original. Había sido el último regalo que le dio su abuela antes de morir.
—Lo que sea que quieras dime y yo pujaré por ti —me indicó David tratando de complacerme al ver que yo seguía sin hablarle.
—Quiero ese juguete —dije y él se entusiasmó. Solo se lo pedí porque no me había anotado como compradora. Ganó el juguete en la puja con un valor de treinta mil pesos argentinos. Yo estaba muy entusiasmada por lo que lo abracé. Se merecía un poco de compasión de mi parte.
—Si te quedas conmigo, todos tus días van a ser de felicidad —me susurró al oído.
En verdad se había puesto intenso. Le di un beso en la mejilla y volví a mirar a la subasta concentrada. Después de un rato vi subir a Brenda, y me hizo señas para que la acompañara.
Me puse de pie y me acerqué al escenario sin entender lo que estaba pasando. Ella empezó a hablar con el micrófono en una mano y conmigo en la otra.
—Damas y caballeros. Esta noche voy a subastar a una gran amiga mía —enfatizó, y yo la miré sorprendida, casi aterrada. Ella no me prestó atención y prosiguió—. La señorita Romano es una reconocida periodista y escritora. Somos amigas hace tiempo y sé que sus pasatiempos son tocar el piano y leer cuentos para los niños en la biblioteca una vez al mes. Esta noche vamos a subastar su compañía… —dijo y la interrumpieron para empezar a pujar.
—Diez mil dólares —dijo alguien desde el público.
Ella sonrió y prosiguió.
—…en una cena—. Pero volvieron a interrumpirla y otro dijo doce, catorce, quince, diecisiete…
Yo estaba atónita, no podía creerlo. Mi rostro empezó a ponerse de todos colores. Le tomé la mano a Brenda y le pedí al oído que detuviera la puja.
—Aquí mi amiga dice que aceptara una entrevista durante la cena. La cual será publicada en la primera página del periódico —indicó Brenda abusando de mi amistad. Y aunque tuve el impulso de bajar del escenario, cuando se escuchó la voz de una mujer me detuve.
—Veinticinco mil dólares —casi gritó la esposa de Amadeo. Todos la miraron y yo me quedé helada.
Brenda bajó el martillo y todos aplaudieron. Ella se acercó a mí y me abrazó, yo seguía sin entender lo que estaba pasando cuando bajé del escenario. Miré a Amadeo que tampoco parecía comprender.
—Estoy tan entusiasmada. Siempre quise una entrevista con usted señorita Romano. Me encanta tu columna en el periódico y sobre todo las que haces por internet. Te dejo mi teléfono, así arreglamos un día —indicó ella como si estuviera encantada conmigo. No sabía que las serpientes nacían sin cola.
Amadeo se acercó a nosotras después de eso.
—Linda —susurró él, y me miró mientras su esposa lo miraba a él—. ¿No te parece mucho dinero por una entrevista? —preguntó él con arrojo y ella lo quedó mirando.
—Es una forma de compensarte lo del juguetito ese. Así, si vienes con nosotras le vas a poder preguntar tú mismo porque no quiere aceptarte como entrevistado para su columna —le explicó ella con malicia. Era un lobo en piel de cordero esa mujer, eran tal para cual.
Me disculpé con ellos de manera educada y me alejé. Fui al baño siguiendo a Brenda. Quería matarla, pero ella estaba muy contenta, al parecer no había reconocido a Amadeo, por lo que no pude decirle nada.
Ella se quedó hablando con otras chicas cuando salí del baño. David me esperaba en la puerta.
—Me sorprendió saber que participarías de la subasta y pensé en pujar, pero sabía que no era necesario —susurró e intentó besarme.
Le corrí la cara con asco sin darme cuenta. Ya estaba cansada y saber que la esposa de Amadeo iba detrás de mí me desconcertó. Vi cómo se transformaba el rostro de David y supe que se avecinaba algo peor.
—¿A qué se supone que estás jugando conmigo? —preguntó, y me agarró del rostro con fuerza—. Dejé mucho para estar esta noche aquí parado y me tratas como basura.
Me empujó contra la pared. Trataba de amedrentarme. Me molestaba su cercanía, lo miré con desdén.
Autora: Osaku