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La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Villana
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal

Tras morir en un accidente, una arquitecta ambiciosa y sin piedad despierta en el cuerpo de Morana Miller: la mujer gorda, despreciada y odiada de una novela que termina abandonada, despojada de sus hijos y de todo. Pero no llega antes de los errores. Llega cuando ya no hay vuelta atrás, cuando la villana que todos desprecian ya es ella.

Con disciplina férrea, inteligencia afilada y un orgullo inquebrantable, se transforma, estudia y regresa años después: hermosa, poderosa, fría y dueña de su destino. No viene a suplicar. Viene a reclamar lo que es suyo, a vengarse de quienes la destruyeron y a proteger a sus hijos —aunque para ello deba convertirse en la villana.



NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: Secretos de sangre

palabras de la autora:

Queridos lectores:

Imagino que ustedes están impactados con estos cambios. Quería jugar con ustedes: al principio presenté a Dalila como una villana sencilla, de esas que uno piensa: es mala, pero no es para tanto. Y sí, es mala, pero también es patética. Me gusta jugar con la mente de los lectores: a medida que avanza la trama, irán encontrando sorpresas.

Les dejo un pequeño spoiler: el odio de Dalila hacia Morana no es solo por lo que ha pasado recientemente. Es mucho más antiguo que eso. Pronto lo descubrirán todo.

Y por cierto, ya saben que no me gusta crear villanas sin un trasfondo. La verdad es que van a quedar impactados cuando conozcan el pasado de Dalila. Se quedarán en shock… porque es una historia fuerte, muy fuerte. recuerden que Dalila supuestamente era la hija biológica de los padres adoptivos de Morana, y que Morana era una impostora por eso la familia La abandonó cuando Ian la envió al campo. Ian no conoció Ismael; porque Ismael vivió en el extranjero muchos años.

 

 

El mensaje en mi teléfono era breve pero me dejó helada:

—Hola Morana. Soy Ismael Johnson. Acabo de regresar del extranjero. Necesito verte. Hay algo que debemos hablar sobre el pasado.

Ismael. El hermano mayor que siempre había sido amable conmigo cuando vivía con los Johnson. Que siempre me protegía y me trataba como a una verdadera hermana, mientras Dalila… ella misma había elegido mantener el apellido Soto, el de sus padres adoptivos. Ahora entendía por qué: era parte de su teatro de niña agradecida y humilde ante sus padres biológicos, los Johnson. Pero la verdad que nadie había podido demostrar era aterradora: sus padres adoptivos habían muerto en un incendio que no fue casualidad. Las llamas se lo llevaron todo, incluida cualquier pista sobre quién lo provocó.

Nos citamos en un restaurante tranquilo, lejos de miradas curiosas. Al verlo entrar, sentí una punzada de nostalgia. Seguía con esa presencia serena y esa calma que siempre lo caracterizaba. Se sentó frente a mí, y por un instante dudó, como si le costara encontrar las palabras adecuadas.

—Morana, siempre serás importante para mí —dijo con suavidad, pero con cautela—. Te pido que escuches con calma. No tengo todas las pruebas todavía, y podría equivocarme… pero algo me ha estado molestando durante años. Dalila no tiene nuestros rasgos. No se parece a ninguno de nosotros. Encontré una fotografía antigua de nuestra bisabuela… y te pareces a ella increíblemente. Tengo razones para creer que ella no es mi hermana biológica. Que falsificó las pruebas de ADN.

Me quedé sin palabras, sintiendo cómo la sangre se me enfriaba.

—¿Por qué debería creerte a ti y no a todos los demás que lo dieron por hecho? —pregunté, desconfiada, como era mi naturaleza.

—No te pido que me creas —dijo él, sincero—. Solo te pido que lo comprobemos. Dame una hebra de tu cabello. Si estamos equivocados, nada pierdes. Pero si tengo razón… necesitamos detenerla antes de que alguien más salga lastimado.

—Seré honesta contigo también —dije, jugando con mis dedos sobre la mesa—. Si resulta que soy tu verdadera hermana biológica… no esperes que corra a abrazar a esa familia que me abandonó. Me dieron la espalda cuando más los necesitaba. No merecen ser mi familia. Lo siento.

Comimos un rato más, hablando con precaución. Al salir del restaurante, el aire fresco de la noche me ayudó a ordenar mis pensamientos. Pero justo en ese momento, el auto de Ian pasó lentamente. Nos vio juntos, vio que Ismael me abría la puerta, que intercambiábamos palabras amables. Y entonces lo vi frenar en seco.

Ian bajó del auto con el rostro desencajado. Se acercó rápido, con la voz ronca de rabia y dolor:

—¿Quién es él? ¿Qué significa esto? Explícame, Morana.

—No tengo que explicarte nada —respondí, firme—. Aléjate, Ian. No hagas una escena.

Pero el dolor lo cegó. Antes de que pudiera decir una palabra más, avanzó e impactó su puño contra la mandíbula de Ismael.

—¡Ian, detente! —grité, interponiéndome entre ellos—. ¡Estás loco!

Algunos transeúntes se acercaron para separarlos. Ismael se frotó la mandíbula, confundido pero manteniendo la calma, y me miró preocupado.

—¿Estás bien, Morana? No vale la pena… habla con él. Te llamo más tarde. Se marchó con la cabeza alta, y yo subí al auto temblando de furia.

Más tarde, en la privacidad de mi sala, el teléfono sonó. Era Ismael.

—Morana, escúchame —dijo suavemente—. No te culpo por nada. Sé que no es mi lugar, pero te mereces a alguien que confíe en ti. No te preocupes por mí, estoy bien. Solo ten cuidado.

Cuando Ian entró a casa, lo esperé en el pasillo. No dije nada. Solo me acerqué y le di dos bofetadas, una tras otra. No con furia descontrolada, sino con la firmeza de quien ha perdido toda paciencia. El sonido fue claro y seco en el silencio de la casa.

—¡Eres un idiota! —grité, con la voz temblorosa pero contenida—. ¿Por qué golpeaste a ese hombre sin preguntar siquiera quién era? ¡No tienes ni idea de lo que acabas de hacer!

Se llevó la mano a la mejilla, con los ojos muy abiertos, dolorido.

—Parecían cercanos… no sabía… —murmuró, con la mirada baja—. He estado tan tenso últimamente… vi algo y perdí el control. Lo siento.

—¿Y tú andas siempre cerca de Dalila y tengo que soportarlo en silencio? —dije, con voz cortante—. ¿Eso es justo? Ian, ese hombre es Ismael Johnson. Es como un hermano para mí. Vivió gran parte de su vida en el extranjero. No tienes derecho a juzgarme sin saber nada.

Abrió la boca para decir algo, se detuvo… y se quedó callado. Como si una barrera invisible le impidiera hablar. Vi que luchaba consigo mismo, que las palabras se le atascaban en la garganta, pero al final… no dijo nada. Solo bajó la cabeza.

Ese silencio me dolió más que cualquier palabra.

—No tienes nada que decir, ¿Verdad? —dije, sintiendo cómo se me rompía algo por dentro—. Pues yo sí. Me divorcio de ti. Ya no quiero seguir así. No confías en mí, no me respetas, y siempre hay secretos entre nosotros. No es vida.

—Morana, por favor… déjame explicarte… —dio un paso hacia mí, con las manos temblorosas—. Hay cosas que no puedo decirte ahora mismo, pero si pudieras esperarme…

—¿Otro secreto? —lo interrumpí, con frialdad definitiva—. Ya basta, Ian. Lárgate de mi vista. No quiero verte esta noche. Mañana hablamos de los trámites.

Subí las escaleras sin mirar atrás. Ian se quedó abajo, solo, con la culpa pesándole como una losa. Sacó su teléfono y llamó a su mejor amigo, con la voz rota:

—Cometí un error enorme… pero Morana no sabe que llevo una doble vida. Que estoy cerca de Dalila no es por elección, es por una misión que nadie puede conocer. No puedo alejarla todavía… pero amo a mi esposa más que a nada en este mundo. No sé cómo arreglar esto.

Encerrada en mi habitación, me senté al borde de la cama. Una lágrima se deslizó por mi mejilla antes de que pudiera detenerla. La sequé de inmediato, con rabia hacia mí misma.

¿Qué me está pasando? ¿Por qué duele?, pensé, abrazándome a mí misma. Yo que nunca experimenté estos sentimientos en mi vida pasada… no puedo debilitarme. No, Morana. Los sentimientos estorban. Hay que reprimirlos. Los que se enamoran se debilitan. Y yo no soy débil.

 

Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Dalila estaba frente al espejo de su habitación. Se quitaba el maquillaje despacio, observando cada rastro de falsedad desaparecer de su rostro. Al verse al natural, esbozó una sonrisa lenta y aterradora que no llegó a sus ojos.

—Morana… te quitaré todo —susurró a su propio reflejo—. Desaparezco todo lo que me estorba. Por eso provoqué ese incendio. Jajajaja. Escuchar cómo esos idiotas gritaban entre las llamas… era delicioso. Nadie lo supo. Nadie me descubrió. Y nadie te salvará de mí tampoco.

Se quedó mirándose un instante más, con esa oscuridad creciendo dentro de ella.

—Primero tengo que hacer que Ian se acerque más a mí. Que confíe en mí. Que te vea como la enemiga. Será fácil. Él ya está herido. Solo necesito empujarlo en la dirección correcta.

Salió de su habitación, caminando suavemente por el pasillo. Se detuvo en la sombra del rellano de la escalera, escuchando. Esperó unos segundos… y vio a Violeta bajando, aún somnolienta, buscando un vaso de agua. Miró a ambos lados del pasillo. Estaban solas. Nadie más despierta. Sin dudarlo un segundo, Dalila la empujó con fuerza. La pequeña cayó rodando por los escalones, soltando un grito ahogado antes de golpearse contra el suelo.

Dalila se quedó un instante escuchando si alguien venía, el corazón golpeándole violentamente contra las costillas. Nadie apareció. Entonces llamó a Ian con voz desesperada, fingiendo terror y angustia:

—¡Ian, ven rápido! ¡Violeta se cayó por las escaleras! ¡No sé qué hacer!

Ian corrió hacia su auto, olvidando nuestra pelea, olvidando todo. Solo escuchaba la voz de pánico al otro lado de la línea. Corrió para llevar a la pequeña al médico, sin saber que quien la había empujado era la misma mujer que lloraba por ella al otro lado del teléfono.

 

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inuyasha/ Tomoe🦊
necesito un maratón yaa
Aleida Delgado Santana: Si les gusta.
total 1 replies
Mayka Puche Velasquez
saludos más capítulos por favor
Aleida Delgado Santana: Ya subí.
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Sandra Maritza Mesa
es un tonto va a pagar una deuda toda su vida no va a tener vida propia está amarrado a esa víbora hasta que se muera
inuyasha/ Tomoe🦊
morana se merece algo mejor
Minnie Jhonson
porque morana no lo manda a la goma el nos sirve es un tremendo estupidoooooooooo
Aleida Delgado Santana: Todo puede pasar.
total 1 replies
Cristina Sanchez
subeeee otrooo🙏🙏🙏🙏🙏 Ian es un calzonazos...
Magda
vamos? ya lo odio 😡
Dany 😎🇨🇱
Muy bonita
Denia
Me encanta más capítulos por favor 👏👏🥰
Cardona salazar yolanda
me gusta 🥰felicidades y gracias autora por compartir pero por favor más capitulos
Mayka Puche Velasquez
Excelente Felicitaciones
Aleida Delgado Santana: Gracias.
total 1 replies
Pris
Excelente inicio. Muy interesante
Alicia Quintana
esa es una villana bien por ella a cortar cabezas
Alicia Quintana
empezó bien distinto a todas las reencarnadas
Aleida Delgado Santana: Si, Morana es muy diferente. Es muy humana, no es la protagonista perfecta. Ella tiene tintes de villana pero también tiene su corazón. Es una mujer con errores y virtudes.
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