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Seis Meses Demasiado Tarde

Seis Meses Demasiado Tarde

Status: Terminada
Genre:Romance / Aventura de una noche / Embarazo no planeado / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:71
Nilai: 5
nombre de autor: Juuh melo

Helena Duarte siempre creyó que el amor verdadero era ese que acelera el corazón y hace que la vida se vea un poco más hermosa.
Hasta que conoció a Gabriel Ferraz.
Intenso, arrogante, increíblemente guapo de una forma casi molesta… y completamente fuera de su alcance.

Lo que empezó como una noche impulsiva se convirtió en meses de pasión descontrolada. Se hicieron promesas, construyeron sueños… y luego todo se desmoronó.
Cuando Helena descubre que está embarazada, Gabriel desaparece de la peor manera posible: creyendo en una mentira que destruye todo entre ellos.

Abandonada, con el corazón roto y una vida creciendo en su interior, Helena decide empezar de nuevo lejos de él.
Pero el destino tiene un sentido del humor cruel.

Años después, Gabriel conoce la verdad.
Y también descubre que tiene un hijo.
Ahora está dispuesto a hacer lo que sea para recuperar a Helena… aunque ella esté decidida a no dejarlo acercarse nunca más.
Porque algunas heridas no sanan fácilmente.
Y algunas promesas… llegan demasiado tarde.

NovelToon tiene autorización de Juuh melo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

La recepción de la posada estaba silenciosa.

No era el tipo de silencio confortable.

Era pesado.

Tenso.

Miguel dormía en el cochecito detrás del mostrador, completamente ajeno a la tormenta emocional que se cernía sobre los adultos en la sala.

Helena observaba a su hijo por unos segundos.

El pequeño pecho subiendo y bajando lentamente.

Las manitas cerradas.

El rostro tranquilo.

Ella ajustó la mantita sobre él con cuidado.

—Él se duerme rápido —murmuró Gabriel, aún parado cerca de la puerta.

Helena no lo miró.

—Cuando está cansado.

Lucas estaba sentado en el sofá de la recepción, con los codos apoyados en las rodillas.

Parecía incómodo.

Mucho.

El tipo de incomodidad de quien sabe que tuvo la culpa en algo.

Gabriel pasó la mano por su rostro.

El peso de todo finalmente parecía haber caído sobre él.

—Soy un idiota.

Lucas suspiró.

—Tío…

—No, en serio.

Gabriel soltó una pequeña risa amarga.

—Realmente fui un idiota.

Helena cruzó los brazos.

—Eso no lo voy a discutir.

Lucas levantó los ojos hacia ella.

—Helena…

—No —dijo ella, firme—. No intentes suavizar esto.

El ambiente se volvió aún más pesado.

Gabriel la miró directamente.

—Tienes razón.

Ella alzó una ceja.

—¿Tengo?

—Sí.

Él respiró hondo.

—Debí haber creído en ti.

Helena soltó una pequeña risa sin humor.

—Debiste, de verdad.

Gabriel asintió.

—Debí haber estado allí.

—También.

—Debí haber sido lo suficientemente hombre para asumir mis elecciones.

Helena finalmente lo miró.

—Pero no lo fuiste.

Él bajó la cabeza por un segundo.

—No.

El silencio volvió.

Miguel se movió en el cochecito, soltando un pequeño suspiro mientras dormía.

Helena automáticamente extendió la mano y comenzó a balancear el cochecito suavemente.

Era un gesto automático.

Instintivo.

Gabriel observó aquello.

Cada movimiento.

Cada detalle.

Y aquello hizo que su pecho se apretara de una manera extraña.

Porque él se dio cuenta de una cosa en aquel momento.

Helena no solo había sobrevivido a aquel abandono.

Ella había construido una vida.

Una rutina.

Un mundo entero alrededor de aquel bebé.

Y él… no formaba parte de eso.

Lucas pasó la mano por su cabello.

—Necesito decir una cosa.

Gabriel levantó los ojos.

—No es necesario.

—Sí lo es.

Lucas suspiró.

—Helena… yo fui el primero en poner aquella idea en su cabeza.

Ella lo miró.

Sin sorpresa.

—Lo sé.

Lucas frunció el ceño.

—¿Lo sabes?

—Lo dejaste bien claro aquella noche.

Él desvió la mirada.

—Creí que estaba ayudando.

Helena se encogió de hombros.

—Felicitaciones.

—Solo pensé que…

—Que yo quería dinero.

Ella terminó la frase por él.

Lucas se quedó en silencio.

Gabriel habló bajo:

—La culpa no es solo de él.

Helena respondió inmediatamente.

—Para nada.

Ella volvió los ojos hacia Gabriel.

—La elección fue tuya.

Él asintió.

—Lo fue.

Helena respiró hondo.

Intentando mantener la calma.

Porque la verdad era que aquella conversación estaba removiendo cosas que ella había pasado meses intentando enterrar.

—¿Tienes idea de cómo fue descubrir que estaba embarazada?

Gabriel no respondió.

—Sola.

La voz de ella se hizo más baja.

—Sin saber si iba a poder.

—Sin saber si iba a ser capaz.

Ella miró a su hijo.

—Y aun así lo hice.

Gabriel sintió un nudo en la garganta.

Lucas también parecía incómodo.

—Helena…

Ella continuó.

—¿Sabes lo que es entrar en trabajo de parto sin el padre del bebé?

Gabriel cerró los ojos por un segundo.

—No.

—Pues sí.

El silencio volvió.

Pesado.

Algunos segundos pasaron.

Entonces Gabriel dijo:

—Quiero hacer la prueba de ADN.

Helena cruzó los brazos.

—Claro que quieres.

—No es porque no crea en ti.

—Fue exactamente eso lo que dijiste la otra vez.

Él respiró hondo.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué repetir la misma mierda?

Gabriel tardó un poco en responder.

—Porque quiero hacer todo bien esta vez.

Helena soltó una pequeña risa.

—Un poco tarde para eso.

Lucas murmuró:

—Seis meses tarde.

Gabriel ignoró el comentario.

Él miró al cochecito nuevamente.

Miguel aún dormía.

Tranquilo.

Sin imaginar que aquella conversación estaba decidiendo su futuro.

—Quiero formar parte de su vida.

Helena se quedó en silencio.

—Quiero aprender.

—Quiero ayudar.

—Quiero estar presente.

Ella lo observaba con atención.

Intentando entender si aquello era culpa…

O si era algo más profundo.

—Ser padre no es aparecer cuando conviene.

—Lo sé.

—No es visitar de vez en cuando.

—Lo sé.

—No es mandar dinero.

—Lo sé.

Ella arqueó una ceja.

—¿Entonces qué quieres?

Gabriel respondió sin dudar.

—Quedarme.

Lucas soltó una pequeña risa.

—Tío… acabas de ofrecerte para trabajar aquí.

Gabriel no desvió la mirada de Helena.

—Si es necesario.

Helena se quedó en silencio por algunos segundos.

Después dijo:

—La posada necesita mantenimiento.

Lucas rió.

—Eso fue una prueba.

Gabriel respondió inmediatamente:

—Yo lo hago.

—Hay cuarto que necesita pintura.

—Yo lo hago.

—La cerca del jardín se rompió la semana pasada.

—Yo la arreglo.

Lucas negó con la cabeza.

—Esto va a ser interesante.

Helena observaba a Gabriel.

Aún desconfiada.

—No vas a aguantar una semana.

—Puedo intentarlo.

—Aquí no es oficina con aire acondicionado.

—Lo sé.

—Aquí hay huésped reclamando.

—Lo sé.

—Bebé llorando de madrugada.

Gabriel miró al cochecito.

—Quiero aprender.

El silencio volvió.

Helena parecía pensar.

Evaluar.

Miguel se movió nuevamente en el cochecito.

Soltando un pequeño quejido.

Helena fue hasta él inmediatamente.

Tomó al bebé en brazos.

—Shhh… calma, mi amor.

Miguel abrió los ojitos somnolientos.

Y entonces vio a Gabriel.

El bebé extendió la manita.

Como si lo reconociera.

Gabriel dio un paso adelante sin percibirlo.

Miguel balbuceó:

—Pa…

Lucas murmuró:

—Creo que le gustaste.

Helena miró a Gabriel.

Después al bebé.

Y suspiró.

—Vamos a ver.

Gabriel frunció el ceño.

—¿Ver qué?

—Si realmente quieres quedarte.

—Quiero.

Ella respondió calmadamente:

—Entonces pruébalo.

Gabriel asintió.

—Lo haré.

Helena ajustó a Miguel en sus brazos.

—Porque ser padre…

Ella lo miró directamente a los ojos.

—No es decir.

—Es hacer.

Y por primera vez desde que entró en aquella posada…

Gabriel entendió que tal vez aquella fuera la cosa más difícil que él ya tendría que probar en la vida.

Pero cuando Miguel sujetó su dedo con la manita pequeña…

Él también percibió algo importante.

Tal vez aún no fuera demasiado tarde.

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