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Confiando En Mi Destino

Confiando En Mi Destino

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Embarazo no planeado
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: NELSI BLANCO

Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.

Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr

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capítulo 22

Alejandro se ofreció amablemente: Puedo ayudarte a llevar las bolsas, si lo deseas. Alana, aún aturdida por la situación, respondió: Bueno, si es tu deseo ayudarme, puedes hacerlo. Vamos.

Sin dudar, Alejandro tomó las bolsas en sus manos y dijo: Te sigo. Ambos comenzaron a caminar hacia el ascensor, donde Alana presionó el botón, llamándolo. Mientras esperaban, su mente estaba llena de pensamientos preguntándose qué estaba sucediendo realmente.

Una vez que el ascensor llegó, entraron juntos y Alana marcó el piso 3. Durante el breve trayecto, siguió reflexionando sobre lo extraño de la situación, llenándose de curiosidad.

Al llegar al tercer piso, Alana salió del ascensor y se dirigió hacia la puerta de su departamento. Al abrirla, ambos entraron y Alejandro, al observar el lugar, quedó un momento admirado. Luego, miró a Alana y preguntó: ¿A dónde debo llevar las bolsas?.

Ella, con una sonrisa, respondió: Solo déjalas ahí; yo las acomodo luego.

Alejandro le preguntó a Alana: ¿Me puedes indicar dónde está la cocina?

Alana, levantando la mirada hacia él, lo condujo hasta la cocina. Alejandro dejó las bolsas que estaba cargando y regresó a la sala. Mientras se encontraba allí, observaba atentamente el apartamento. Alana, con un tono de orgullo, dijo: Esta es mi humilde casa, Alejandro.

Alejandro la miró y le respondió: Para ser tan pequeño, realmente es muy bonito.

Gracias, contestó Alana, sonriendo ante el cumplido.

Sin embargo, Alejandro, con un tono más serio, continuó: Ahora me dirás que te gusta Juan.

Alana se acercó a él y respondió con firmeza: Ya te he dicho que solo me ayudó de manera amigable. No hay nada entre él y yo, así como no hay nada entre nosotros.

Alejandro, luciendo aún más serio de lo habitual y sintiendo una punzada en el pecho, habló con tono grave: Algo pasó entre nosotros, Alana.

Alana, con una mirada desafiante, respondió: Sí, pero eso no te da derecho a comportarte así cada vez que me ves hablando con alguien. Si sigues así, siempre pensarás que tengo algo con cualquier persona con la que converse. No, Alejandro, tú no me conoces de esa forma, y no puedo darte una respuesta clara.

Alejandro la miró intensamente y argumentó: No es que me preocupe por cualquier persona, es por él, porque sé que le gustas.

Alana, sintiendo que la conversación se tornaba más intensa de lo que esperaba, respondió: Creo que lo mejor sería que nos conociéramos mejor.

Alejandro intentó acercarse, pero Alana lo interrumpió: No, Alejandro, es lo mejor.

Alejandro: Está bien, creo que es momento de que nos conozcamos mejor. Tenía pensado llevarte a cenar, así que vamos.

Alana, sorprendida por la situación, se quedó pensando en lo repentino de todo esto; no podía entender en qué momento había cambiado todo. Después de un profundo suspiro, respondió:

— Está bien, voy a arreglarme. ¿Me esperarás aquí?

Alejandro asintió con una sonrisa.

Alana entró a su habitación, se peinó con cuidado y se aplicó un poco de colonia para sentirse más fresca. Después de asegurarse de que estaba lista, salió con una sonrisa y dijo:

— ¡Vamos!

Bajó las escaleras junto a Alejandro, quien la esperaba con una expresión amigable. Luego, subieron al auto. Alejandro la llevó a un restaurante para cenar, donde comenzaron a charlar. Hicieron muchas preguntas y compartieron historias. Alejandro le preguntó sobre diversos aspectos de su vida, mostrándose interesado en conocerla mejor. A su vez, Alana también se animó a hablar de su infancia y compartió muchas anécdotas sobre su vida y experiencias pasadas. La conversación fluyó de manera natural y cada vez se sentían más cómodos el uno con el otro.

Después de un largo rato conversando, Alana finalmente miró la hora y se dio cuenta de que ya eran las 10 de la noche. Habían tenido una charla extensa, y en un momento dado, ella le dijo a Alejandro: Creo que es hora de regresar, mañana tenemos que trabajar.

Alejandro asintió y respondió: Está bien, vamos.

Él la llevó a su casa y, tras dejarla, se dirigió a su mansión.

Al día siguiente, Alana salió con Diana hacia la empresa. Durante el camino, Alana compartió con su amiga todo lo que había sucedido la noche anterior. Al escucharla, Diana sonrió y le dijo: Amiga, parece que esos hombres están enamorados de ti.

Alana no pudo evitar sonreír ante el comentario de Diana.

Cuando llegaron a la empresa, saludaron a sus compañeros y luego subieron juntas para comenzar su jornada laboral.

Alejandro llegó a la empresa a las 9 de la mañana y se dirigió directamente a su oficina. Yuly, por su parte, había finalizado todas sus gestiones en España y decidió regresar; se esperaba que llegara mañana. Alana le pidió un favor a Sara: que llevara unos documentos a la oficina del CEO. Como Alana estaba ocupada, Sara aceptó sin dudarlo.

Sara tocó la puerta y Alejandro le hizo pasar con un gesto.

—Buenos días, señor —dijo Sara—. Aquí están los documentos.

Al ver a Sara, Alejandro le preguntó:

—¿Y Alana? ¿No es ella la encargada de traer estos documentos aquí?

—Sí, señor —respondió Sara—, pero ella ahora está ocupada y me pidió el favor de que los entregara yo.

Alejandro le dijo a Sara: Está bien, deja los documentos ahí y regresa a tu trabajo. Sara, cumpliendo con la indicación, colocó los documentos sobre el escritorio y se marchó.

Una vez que quedó solo, Alejandro empezó a revisar los documentos detenidamente. Al terminar, decidió llamar a la oficina del grupo y solicitó: Alana Blanco, por favor, a la oficina del CEO.

Desde su oficina, Alana miró a los chicos que estaban allí y comentó preocupada: Esto puede salir mal. Sin embargo, Cheo, tratando de tranquilizarla, respondió: No creo, los revisamos muy bien antes.

A pesar de las palabras de Cheo, Alana sintió la necesidad de asegurarse de que todo estaba en orden y dijo: Bueno, déjenme ir a ver qué está pasando.

Con determinación, Alana se dirigió hacia la oficina del CEO y tocó la puerta. Alejandro, que estaba al tanto de su llegada, la hizo pasar y luego se colocó detrás de la puerta, preparándose para escuchar lo que sucediera. Al entrar, Alana exclamó: ¡Buenos días!, pero al no ver a Alejandro de inmediato, se sintió extrañada.

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Mariadelosangeles Londoño
buena
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