Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos
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capitulo 23
Las puertas de la mansión Mendoza se abrieron con fuerza.
El eco de los pasos de Alejandro resonó en todo el salón. Su presencia era distinta… más pesada, más peligrosa.
Doña Úrsula estaba sentada como siempre, elegante, impecable.
Camila, a su lado, revisaba su teléfono con una sonrisa tranquila… hasta que levantó la vista.
Y lo vio.
Algo no estaba bien.
—Alejandro… —comenzó Camila, suavizando la voz—. Justo estaba hablando con tu madre sobre la fecha de la boda—
—Se cancela.
El silencio cayó como un golpe seco.
Camila parpadeó, confundida.
—¿Perdón?
—No me casaré ahora —dijo Alejandro, con voz firme—. La boda se retrasa.
Doña Úrsula dejó su copa sobre la mesa con lentitud.
—¿Qué significa esto?
Alejandro la miró directamente.
—Significa que mi hijo está en el hospital… y es mi prioridad.
Camila se levantó de golpe.
—¿Tu hijo? —repitió, con incredulidad—. ¿Estás hablando en serio? ¿Vas a poner a ese niño por encima de tu vida, de tu futuro… de nosotros?
Alejandro ni siquiera dudó.
—Sí.
Una sola palabra.
Pero suficiente para romperlo todo.
—Ese “niño” es mi hijo —continuó, con la mirada oscura—. Y su salud está por encima de cualquier boda, de cualquier compromiso… y de cualquier persona.
Camila apretó los puños.
—¿Y qué hay de mí? —preguntó, con la voz temblando entre rabia y humillación—. ¿Qué soy yo entonces?
Alejandro la miró… pero ya no había calidez en sus ojos.
—Una decisión equivocada.
El golpe fue directo.
Camila retrocedió como si la hubieran abofeteado.
—¡No puedes hacerme esto! —exclamó—. ¡Todo estaba planeado!
—Y ahora ya no —respondió él, sin alzar la voz—. Acéptalo.
Doña Úrsula se puso de pie lentamente.
—Alejandro… estás actuando impulsivamente —dijo con frialdad—. No puedes destruir tu futuro por una mujer que te mintió y un niño que apareció de la nada.
Los ojos de Alejandro se endurecieron.
—No vuelvas a hablar de mi hijo así.
El tono fue bajo.
Pero peligroso.
—¿Y Valeria? —continuó ella, sin retroceder—. ¿También vas a ponerla por encima de todo?
Alejandro dio un paso hacia ella.
—Valeria es la madre de mi hijo —dijo con firmeza—. Y eso es más de lo que tú has sido para mí en todo este tiempo.
El golpe fue silencioso… pero devastador.
Por primera vez, Doña Úrsula no tuvo respuesta inmediata.
Camila respiraba con dificultad, completamente fuera de control.
—Esto no se va a quedar así… —susurró, con odio—. No pienso perder.
Alejandro la miró por última vez.
—Ya perdiste, Por favor no me hagas elegir entre tu y mi hijo porque perderás siempre — Exclamó Alejandro
Se dio la vuelta.
Y se fue.
El silencio que dejó atrás fue peor que cualquier grito.
Camila temblaba de rabia.
Doña Úrsula apretó los labios, con la mirada fría y calculadora.
Porque si algo estaba claro…
Era que la guerra apenas comenzaba.
En la noche Alejandro fue feliz al hospital la mujer que amaba estaba cuidando de su hijo
El sonido de los monitores llenaba la habitación del hospital.
Valeria estaba sentada al lado de Mateo, acariciando su cabello con suavidad mientras él dormía tranquilo.
Pero su mente… no estaba en calma.
Alejandro.
Su voz.
Su mirada.
La forma en que había sostenido a Mateo.
Cerró los ojos con fuerza.
—No… —susurró—. No puedo.
La puerta se abrió suavemente.
Alejandro entró, tal como había prometido. Traía café en una mano y una bolsa con comida en la otra.
—Pensé que no habías comido —dijo, acercándose.
Valeria lo miró unos segundos… y luego desvió la mirada.
—Gracias.
El silencio entre ellos no era cómodo.
Era tenso.
Pesado.
Alejandro dejó las cosas sobre la mesa.
—¿Cómo está? —preguntó, mirando a Mateo.
—Mejor.
Otra vez silencio.
Hasta que Valeria habló.
—Alejandro… tenemos que poner límites.
Él la miró, sorprendido.
—¿Límites?
Valeria se levantó lentamente.
—Sí. Esto… —señaló entre ambos— no puede pasar.
—¿De qué estás hablando? —frunció el ceño.
Ella respiró hondo.
—Tú estás comprometido con Camila.
El nombre cayó como una piedra.
—Eso no importa ahora —respondió él rápidamente.
—Para mí sí —dijo ella, firme.
Alejandro la miró, confundido, frustrado.
—Valeria…
—No voy a ser la otra —lo interrumpió, con la voz firme aunque le doliera—. No voy a convertirme en una mujer que espera a escondidas mientras tú decides qué hacer con tu vida.
El silencio se volvió denso.
—Esto no es así —dijo él, dando un paso hacia ella.
—Sí lo es —respondió—. Porque sigues con ella.
Esa verdad… no pudo negarla.
—Mateo es tu hijo —continuó Valeria—. Y eso nunca va a cambiar. Puedes verlo, puedes estar con él, puedes ser su padre… y yo jamás te lo impediría.
Los ojos de Alejandro se suavizaron.
Pero lo que vino después lo golpeó.
—Pero tú y yo… —Valeria tragó saliva— eso es otra historia.
—Valeria…
—No —negó con la cabeza—. Yo ya estuve sola, ya tuve miedo, ya lo perdí todo una vez. No voy a volver a perderme a mí misma.
Alejandro apretó los puños.
—¿Entonces qué quieres?
—Quiero respeto —respondió—. Quiero paz. Y quiero que mi hijo crezca viendo a una madre que se valora.
El silencio fue absoluto.
Mateo dormía.
Pero entre ellos… todo estaba despierto.
Alejandro la miró fijamente.
Y por primera vez… entendió que no bastaba con quererlas.
Tenía que elegir de verdad.