Felicity siempre ha vivido para servir a su familia.. Pero, ahora cuando se siente madura y en paz, tiene la posibilidad de volver a empezar..
* Esta novela es parte de un universo mágico *
** Todas novelas independientes **
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Entre bordados
Los días que siguieron transcurrieron con una calma casi reparadora para Felicity. La mansión Dagger parecía moverse a un ritmo más lento, como si incluso los muros comprendieran que ella necesitaba silencio y sencillez. Las mañanas eran suaves, acompañadas por el canto lejano de los pájaros y el olor del té recién servido.. las tardes, luminosas y quietas, se deslizaban sin sobresaltos.
Una de esas mañanas llegó la carta de Fantine. El sobre llevaba la letra conocida de su hermana, y Felicity lo sostuvo unos segundos antes de abrirlo, con esa mezcla de anticipación y ternura que solo la familia provoca. Al leerla, sus labios se curvaron en una sonrisa sincera.. la hija de Fantine había nacido sana, fuerte, y tanto la madre como la pequeña se encontraban bien. Las palabras de Fantine estaban llenas de emoción, de cansancio feliz y de ese amor nuevo que solo llega con un hijo en brazos.
Felicity cerró la carta contra su pecho y respiró hondo. Sintió un alivio profundo, casi físico. Otra vida había llegado al mundo, y lo había hecho sin tragedia, sin pérdida. Por una vez, todo estaba bien.
Esa misma tarde buscó sus telas más finas, hilos suaves y de colores delicados. Decidió bordar para su nueva sobrina, como siempre había hecho.. con paciencia, dedicación y cariño silencioso. Cada puntada llevaba un deseo no dicho, una bendición discreta. Bordaba flores pequeñas, motivos sencillos, pensando en la niña que crecería lejos de la mansión Dagger, pero unida a ella por la sangre y el afecto.
Mientras trabajaba, Felicity se sentía en paz. No había prisa, ni exigencias, ni culpas que la apremiaran. Solo el movimiento repetido de la aguja, el recuerdo de su hermana Fantine sonriendo con su hija en brazos, y la certeza de que, aunque su vida hubiera sido callada y discreta, seguía dejando huellas de amor en quienes más importaban.
Días después, Felicity se enteró de que Florence viajaría para visitar a su amiga Ginger, quien recientemente había dado a luz. La noticia le despertó una alegría sencilla, de esas que no hacen ruido pero calientan el corazón. Pensó de inmediato en el largo trayecto, en el clima cambiante y en lo reconfortante que podía ser un gesto hecho con las manos y el cariño de siempre.
Sin decir nada, eligió una tela suave, clara, y comenzó a bordar una manta. Cada puntada fue cuidadosa, paciente, como todo lo que hacía Felicity. Bordó pequeños motivos delicados, casi imperceptibles, imaginando al recién nacido envuelto en ella, protegido y en calma. No era solo una manta.. era una forma silenciosa de acompañar a Florence en su viaje y de extender su afecto hasta Ginger y su hijo.
Cuando finalmente se la entregó a Florence, lo hizo con naturalidad, como si aquel detalle no tuviera mayor importancia. Pero Felicity observó atentamente el rostro de su hermana al desplegar la manta. Florence sonrió con una serenidad que le llenó el alma. Ya no era la joven quebrada por el dolor, sino una mujer tranquila, segura, dueña de sí misma.
Ese gesto, simple y sincero, bastó para que Felicity se sintiera plenamente contenta. Ver a Florence en paz, ilusionada por el viaje y rodeada de afectos, le confirmó que todo el esfuerzo, todas las renuncias silenciosas, habían valido la pena. Y mientras observaba a su hermana prepararse para partir, Felicity pensó que, aunque pocas veces lo dijera en voz alta, esa tranquilidad de los suyos era su mayor recompensa.
Felicity continuó con sus bordados en la tranquilidad de la casa. Las horas se deslizaban suaves entre hilos y telas, sin urgencias ni sobresaltos. Cada puntada era conocida, casi meditativa, y le permitía ordenar los pensamientos con la misma delicadeza con la que ordenaba los colores sobre la tela.
Sabía que sus hermanas estaban bien, y esa certeza le daba una paz profunda. Fantine disfrutaba de su maternidad, rodeada de afecto y nuevos comienzos. Florence, serena y firme, había encontrado su propio equilibrio después de tanto dolor. Pensar en ellas le producía una calma cálida, como si el mundo, por fin, se hubiera acomodado en su lugar.
Su padre, aunque ya mayor, seguía trabajando con la constancia de siempre. No era un hombre de grandes demostraciones, pero Felicity había aprendido a comprenderlo con los años. Verlo aún ocupado en sus asuntos le recordaba que, a su manera, también seguía adelante, sosteniéndose en la rutina como ella misma lo hacía en sus bordados.
Y en medio de esa quietud, su pensamiento volvió a su madre. La recordó con una mezcla de nostalgia y ternura, sin el dolor punzante de otros tiempos. Pensó que estaría orgullosa, que se sentiría feliz al ver a sus hijas seguras, unidas y en paz. Imaginó su sonrisa suave, su voz tranquila, aprobando en silencio el camino que habían recorrido.
Felicity bajó la mirada hacia la tela entre sus manos y sonrió levemente. Tal vez su madre no estaba allí para verlo, pero en ese instante sintió que, de algún modo, la acompañaba. Y con esa sensación de presencia serena, continuó bordando, envuelta en una calma sincera y reconfortante.
🤣🤣
Ahora con Florence recién nacida vuelca ese amor 🥰