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Enamorarse De Un Maxwell

Enamorarse De Un Maxwell

Status: En proceso
Genre:Elección equivocada / Traiciones y engaños / Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amor-odio / Romance de oficina
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Haberle querido fue un error, pero seguía deseándole…

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 15

Helena respiró hondo, totalmente sorprendida. No se esperaba que le hiciera una pregunta capciosa, en la calle y a plena luz del día.

Dan estaba muy serio. Sus ojos ardían. En cuestión de segundos, ella se derretiría, y no por el calor veraniego.

Tragó saliva.

–¿Qué haces? –le preguntó al tiempo que intentaba respirar.

Él le acarició levemente el labio inferior con el dedo.

–Sopeso las posibilidades.

–¿Las posibilidades de qué?

–Me has dicho que me sigues deseando. ¿Hablabas en serio?

–No sé a qué te refieres.

–Eres una mentirosa.

La intensidad de su mirada la hizo temblar, a pesar del calor.

–Puede que bromeara. Suelo meter la pata.

Él le tomó el rostro entre las manos y le acarició la mejilla con el pulgar.

–No tengas miedo, Helena. No me explico lo que nos sucedió. Me he devanado los sesos tratando de recordar qué estupidez cometí que te alejara de mí.

–No fuiste tú –murmuró ella, a punto de llorar–. Fui yo.

–Lo que dices no tiene sentido.

Ella respiró hondo. No era el momento de venirse abajo.

–Tú y yo no somos almas gemelas –dijo con firmeza–. No creía que lo fuéramos. Esa es la respuesta a tu pregunta. Supongo que la mayoría de las mujeres quiere creer que el hombre ideal existe. Eres maravilloso, Dan, pero tú y yo juntos… Nos divertimos y nos llevamos bien en la cama, pero no somos almas gemelas. Me fui hace dos años porque no quería que me partieras el corazón.

Había sido lo más sincera posible. Tal vez él no se esperaba que fuera tan franca.

–Entiendo.

–No debería haberte dicho que te sigo deseando.

–¿Porque no es verdad?

–Porque sería un error, y los dos somos mayorcitos para aprender de nuestros errores.

Él negó con la cabeza.

–Yo me lancé por una pendiente con una rodilla en mal estado y estuve a punto de matarme por ser obstinado e impaciente. No se me conoce por mi sensatez cuando hay algo que quiero.

–¿Como el esquí?

–Como tú.

Su sinceridad merecía que le respondiera de la misma manera.

–Entonces, cometamos un error, Dan. Bésame.

Él le puso la mano en la nuca y la atrajo hacia sí. Cuando sus labios tocaron los de Helena, ella se apoyó en él con un gemido de placer y sorpresa.

Había olvidado su buen sabor. En la comisura de los labios tenía una mota de chocolate de los dulces que había tomado en la boutique. Se la quitó de un beso. Dan gimió y se estremeció. Siempre era igual cuando se acariciaban: pura locura y deseo infinito.

–Dan… –susurró ella, loca de deseo. Había intentado ser buena, inteligente y precavida con sus sentimientos. Pero allí estaba.

Él lanzó una maldición en voz baja y se apartó de ella.

–Debemos ir al museo –dijo con voz ronca–. Si no, no llegaremos a tiempo a la cena. Seguro que te quieres duchar y descansar antes de ir.

Ella tragó saliva al tiempo que asentía.

–Muy bien –le apretó la mano–. ¿Hacemos una tregua?

–Hacemos una tregua –sin preguntarle, detuvo un taxi. Ella hubiera preferido ir andando, pero Dan tenía razón. Si quería ver algo del Met y tener tiempo de cambiarse, no podían perder un minuto.

Cuando el taxi los dejó en la Quinta Avenida, Helena observó la larga escalera.

–No sabía que el edificio fuera tan grande.

Dan le pasó el brazo por la cintura y la condujo entre los grupos de turistas.

–En 1870, cuando se fundó el museo, no poseía ni una sola obra de arte. Ahora, ciento cincuenta años después, la colección permanente consta de dos millones de ellas, y solo se exhibe una pequeña parte. ¿Por dónde quieres empezar?

Helena sonrió, contenta a pesar de la tensión que bullía entre ambos.

–Van Gogh, Renoir y las vidrieras de Tiffany bastarán por hoy.

–No esperaba que estuvieras tan preparada.

–Me gusta planificar. Fabio puede decírtelo. La espontaneidad tiene su momento y su lugar, pero mi primera visita al tercer museo más visitado debía organizarla.

Él la besó en la mejilla y le colocó un mechón de cabello tras la oreja.

–Tus deseos son órdenes.

Dan compró las entradas y agarró varios folletos. Después de examinar los mapas para refrescarse la memoria, asintió.

–Hay que subir un piso –la condujo a la segunda planta, donde estaban los impresionistas franceses. Cuando la tomó de la mano, el corazón de Helena dio un brinco. Vieron los cuadros de Manet, Monet, Cézanne, Van Gogh, Degas y Pissarro.

Era excesivo. Sala tras sala viendo el color, la luz y la pasión que habían sobrevivido durante siglos. Helena estaba abrumada. De repente, encontró lo que buscaba.

–Aquí está –musitó. Frente al gran lienzo, notó que los ojos le ardían.

–¿Por qué este? –preguntó él en voz baja.

–A los ocho años, deseaba con toda mi alma aprender a tocar el piano. Pero mis padres apenas llegaban a fin de mes. Una amiga de la familia que vivía en nuestra calle tenía un piano pero ella no sabía tocarlo. Había sido de su abuela, así que lo conservaba por motivos sentimentales. Era viejo y estaba desafinado, pero, para mí, era mágico.

–¿Y el cuadro de Renoir, Dos niñas al piano? –preguntó él atrayéndola hacia sí.

Helena le apoyó la cabeza en el hombro. ¿Podía un hombre tan rico como él comprender la vulnerabilidad y el deseo de una niña? ¿Podía alguien que compraba cuadros o pianos como si fueran paquetes de chicles reconocer la profunda necesidad de soñar de una mujer?

Suspiró.

–Esa vecina vino a Nueva York un verano. Me mandó una postal de este cuadro. Aún la conservo…

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Celinda Piña
directo al grano Helena 🤣🤣
Celinda Piña
estamos frente a un macho alfa loquito 😱👦
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