Sofía y Nathan siempre fueron mejores amigos… hasta que una noche de impulso lo cambió todo. Ahora, atrapados entre secretos, rumores y un contrato absurdo que los obliga a casarse, deberán enfrentar emociones que nunca imaginaron.
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Cansada de esto
...CAPÍTULO 22...
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...SOFÍA RÍOS ...
Había pasado exactamente una semana desde que Nathan y los chicos se fueron a Los Ángeles.
Siete días.
Siete noches durmiendo sola en una cama que todavía olía a él… y a decisiones que no sabía cómo deshacer.
Estaba tirada en el sofá de Carolina, con una manta hasta el cuello, viendo una serie que no estaba mirando realmente. Carolina estaba en la cocina, sirviéndose una copa de vino como si fueran las once de la noche y no las seis de la tarde.
—Bueno —dijo desde allá, sin mirarme—. Cuéntame.
—¿Qué cosa? —pregunté, sabiendo perfectamente a qué iba.
Apareció en el marco de la puerta, apoyada contra la pared, copa en mano, sonrisa peligrosa.
—La luna de miel, esposa —dijo, alargando la palabra—. ¿Qué tal fue el debut oficial del matrimonio rockstar?
Rodé los ojos.
—No fue luna de miel.
—Ajá.
—Y no fue debut.
—Ajá.
—Y no fue romántico.
Carolina dio un sorbo largo a su vino.
—Entonces fue sexo incómodo con culpa, silencios largos y pensamientos intrusivos sobre tu ex.
—¿Por qué eres así? —le pregunté, cerrando los ojos.
—Porque tengo un don —sonrió—. Y porque te conozco desde que usabas brackets y llorabas por chicos que no valían la pena.
Suspiré y me incorporé un poco.
—No quiero hablar de Nathan.
—Perfecto —dijo—. Hablemos de Alex.
Ahí fue cuando todo se me vino encima.
—No sé cómo sacármelo de la cabeza —admití—Siento que… lo arruiné todo. No solo con él, conmigo también.
Carolina arqueó una ceja.
—¿Te refieres a cuando lo engañaste o a cuando te casaste con el padre de tu bebé por contrato?
—Carolina…
—Es una pregunta válida, Sofi.
Me llevé las manos al rostro.
—Hablé con él esa noche… la de la boda.
—Lo sé.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque Alex me dijo que hablaría contigo, con esa mirada de alguien a quien le acaban de arrancar algo del pecho sin anestesia.
Tragué saliva.
—Me dijo que me amaba… pero que no podía perdonarme. Que lo que más le dolía no era perderme, sino sentirse el tonto de la historia.
—Auch.
—Que ahora, además de perder a su novia, perdió la dignidad de forma pública.
Carolina chasqueó la lengua.
—Eso sí es duro.
Me recosté de nuevo.
—Y yo… —mi voz se quebró— yo no sé si quiero este embarazo.
Silencio.
Carolina no hizo ningún comentario sarcástico. Eso fue lo que más me asustó.
—Sofi —dijo más bajo—¿De verdad lo dices así de fácil?
—No lo digo como si fuera fácil, para mí —respondí—. Lo digo cansada. Tenía planes. La Universidad, independencia, una vida que recién empezaba. Y ahora… —me toqué el vientre con rabia— ahora todo gira alrededor de algo que no pedí.
Carolina se sentó frente a mí.
—De eso no tiene culpa la bebé.
—Si no estuviera embarazada, nada de esto hubiera pasado y mis planes seguirían intactos.
—Te sientes atrapada —corrigió—. Y eso, entiendo que da miedo. Pero, no puedes culpar a tu bebé por los errores que TÚ cometiste, Sofía. Esto que está pasando son las consecuencias de tus actos y tienes que afrontarlas. No puedes estar buscando culpables como una niña mimada y caprichosa.
Se inclinó hacia mí.
—Y no me vengas con que no sientes nada por Nathan.
—No siento lo mismo que sentía por Alex.
—Eso no es lo mismo que no sentir nada.
Abrí la boca para responder, pero el timbre sonó.
—Salvada por la campana —dijo Carolina—Debe ser Daniela.
Efectivamente, era Daniela, con una bolsa de snacks, cara de cansancio y esa sonrisa suave que siempre nos alegraba el día.
—Perdón la demora —dijo—. Mis papás no querían dejarme ir.
—Drama familiar —dijo Carolina—. Siéntate, estoy destruyendo emocionalmente a Sofía.
—¿Otra vez? —preguntó Daniela, preocupada.
—Es terapia gratuita —murmuré.
Nos sentamos las tres. Daniela me miró con cuidado.
—¿Cómo estás? —preguntó.
—Mal.
—Eso fue directamente honesto.
—Muy —añadí—Las redes están… horribles.
Daniela asintió.
—Sí. Ahora el apoyo está más del lado de Alex.
—Me llaman oportunista —dije—. Manipuladora y que usé a los dos.
Carolina se encogió de hombros.
—Bueno…
—¡Carolina! —la regañó Daniela.
—Dije “bueno”, no “mentira”. Pero escuchen —levantó un dedo—. Las redes no crían bebés, no pagan terapias y no viven tu vida. Que ladren.
Daniela asintió.
—No puedes cargar con todo eso.
Miré la mesa. Había una botella de vino abierta, cervezas frías… y mi vaso de jugo.
—Extraño beber —dije de pronto—. Extraño no pensar en lo que como, en si me hace daño o no. Extraño no sentir que mi cuerpo ya no es solo mío.
—No es culpa de la bebé —dijo Daniela con suavidad.
—Lo sé —respondí rápido—. Pero a veces… a veces la siento como una cadena.
Carolina levantó su copa.
—Bueno, por ahora brindamos por ti —dijo—Por sobrevivir a un matrimonio contractual, un ex dolido, fans psicópatas y una maternidad no deseada.
—Eso no es un brindis motivador.
—Es realista. Y tú siempre fuiste fan de lo real.
Sonreí apenas.
—Gracias por dejarme quedarme hoy.
—Ni lo pienses —dijo Daniela—. No tienes que estar sola.
—Aunque quieras huir de todo —añadió Carolina.
Miré mi teléfono. No había ni un mensaje de Nathan. Lo más probable era que me hiciera videollamada más tarde, ya que eso ha venido haciendo toda la semana después de ensayar con los chicos.
De verdad que odiaba mi vida este momento.
Pensaba que las cosas no se podían poner peor de lo que ya estaban, pero que equivocada estaba. Porque, todo lo que se vino después de esa maldita boda…
Solo era el comienzo de lo que realmente definía mi verdadero sufrimiento.