Ella reencarna en el segundo libro de una saga, es la protagonista que perdona al infiel de su esposo, pero ella no esta dispuesta ni a casarse, así que hará todo lo que pueda por cambiar su historia.
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Capitulo 21
Ya era de noche y el lugar estaba lleno de nobles, no solo del reino de Klarens, sino también de reinos vecinos. El gran salón brillaba con luces cálidas, candelabros de cristal y música suave que flotaba en el aire como un susurro constante. Las máscaras ocultaban rostros, pero no intenciones.
Iris, bajo su antifaz oscuro, caminaba con tranquilidad entre los invitados, observando con atención cada gesto, cada mirada. Sonreía con cortesía, con esa seguridad que había aprendido a construir lejos de la sombra de su familia. Aquella noche no era Iris Bladmond; era la Dama de la Niebla, la anfitriona de un evento que ya se murmuraba como legendario.
Fue entonces cuando los vio.
Selene avanzaba del brazo del hombre que, según los designios de su padre, había estado destinado a convertirse en su esposo: el marqués Valerius. Incluso bajo la máscara, Iris lo reconoció con facilidad. No solo por su postura arrogante, sino por la manera descarada en la que sus ojos se desviaban hacia otras mujeres, evaluándolas sin el menor pudor, aun cuando Selene caminaba orgullosa a su lado.
Iris sintió una punzada de fastidio… y una pizca de amarga satisfacción.
—Nada ha cambiado —murmuró para sí.
Para ella era fácil reconocerlos a pesar de los antifaces.
El sonido de un carruaje deteniéndose frente a la entrada principal llamó la atención de varios invitados.
Kael descendió primero, con una presencia que parecía devorar el espacio a su alrededor. Vestía de negro, sobrio, imponente, con una máscara oscura que apenas ocultaba la intensidad de su mirada. A su lado, Isolde bajó con gracia calculada, envuelta en telas elegantes que resaltaban su figura y su belleza peligrosa. Tras ellos, varios soldados del reino de varamor permanecían atentos.
Casi al mismo tiempo, otro carruaje se detuvo.
Dorian y Cassian descendieron juntos. Ambos reconocieron de inmediato el emblema grabado en el carruaje que acababa de llegar.
Dorian frunció ligeramente el ceño y miró a Cassian.
—No sabía que el rey de Varamor también vendría.
Cassian se encogió de hombros, relajado, aunque atento.
—Yo menos. Pero veámoslo por el lado bueno —respondió—. Puedes invitarlo al palacio y discutir cómo serán las cosas ahora que es el nuevo rey… y seguir con el comercio.
Dorian asintió lentamente.
—Hablaré con él más tarde, durante la celebración. Prefiero no abordarlo ahora, recién llegado.
Ambos ingresaron al salón. Kael e Isolde hicieron lo mismo, observando con atención el entorno en el que se movían. Kael analizaba cada rincón, cada noble, cada símbolo de poder. Aquel lugar rebosaba riqueza… y fragilidad.
Isolde, en cambio, se dejó llevar por el juego.
Se separó de Kael con naturalidad y, a lo lejos, su mirada se detuvo en un hombre que sin duda llamó su atención. Caminó hacia él con pasos lentos y seductores, examinándolo sin el menor pudor. Cassian notó la mirada y sonrió de lado.
—¿Te gustó lo que ves o seguirás echando un vistazo?
Isolde arqueó una ceja, divertida.
—Para ser un simple humano, no estás mal. Sin duda serías un buen pasatiempo.
Cassian sostuvo su mirada, lejos de intimidarse.
—Si una mujer tan bella es quien lo propone, ¿quién soy yo para negarme? —respondió con ligereza—. Aunque debo admitir que soy más de cortejos… y de conocerse primero.
Isolde soltó una risa suave, cargada de burla.
—¿Está sugiriendo acaso que deba pedir permiso a sus padres para cortejarlo? Eso sí que sería un escándalo.
Cassian rio abiertamente.
—¿Qué le puedo decir? —replicó—. Soy un hombre al que le encanta sorprender.
Desde la distancia, Kael observó la escena con evidente desagrado. No por celos… sino por desprecio.
—Humanos —murmuró con frialdad.
Kael, por su parte, observaba, hasta que la vio…
Aquella mujercita estaba allí observando; no hablaba con nadie, solo miraba, y cada vez que se acercaba sentía cómo su magia crecía. Sonrió. Esa mujercita, bien controlada, sería de gran ayuda para sus planes. Por ahora, solo debía tomarla y llevarla consigo a Varamor; luego, mantenerla encerrada cerca para conservar su fuerza… Iris sintió un escalofrío en la espalda y, al voltear, lo notó. Iris hizo una mueca y se alejó.
Kael, al verla, bufó.
—¿Cómo se atreve?
Kael solo apretó la mandíbula, pero se resistió a ir detrás de ella. Lo mejor era esperar; pronto, esa mujer estaría de rodillas, igual que todos los de esa sala.
Edrian llegó poco después, antes de que iniciara la subasta. Iris subió a la plataforma y anunció el comienzo de esta, atrayendo de inmediato la atención de todos los presentes. Un silencio expectante se extendió por el salón cuando alzó la mano.
—Damas y caballeros —comenzó, con una voz clara y firme—, esta noche no solo presenciarán una subasta más. Hoy les presento un producto único, uno que no volverá a salir al mercado en mucho tiempo.
Hizo una breve pausa, dejando que la intriga creciera. Dos asistentes colocaron sobre el pedestal central un frasco de cristal oscuro, sellado con runas finamente grabadas que brillaban con una luz tenue.
—Este es el Elixir de Aethryn —continuó Iris—. Su elaboración ha tomado meses de investigación, sacrificio… y magia pura. No es un brebaje común ni una simple poción de fortalecimiento.
Recorrió la sala con la mirada, asegurándose de tenerlos a todos.
—Quien lo consuma verá amplificadas sus capacidades mágicas de forma inmediata. La afinidad con su elemento se profundizará, los límites que creían inquebrantables se volverán difusos y, durante un tiempo, el poder fluirá como nunca antes lo ha hecho.
Un murmullo recorrió a los asistentes.
—Pero eso no es todo —añadió—. El elixir también actúa como catalizador: acelera el crecimiento mágico latente y permite un control más preciso de la energía. No crea poder donde no lo hay, pero transforma a quien ya lo posee en algo… superior.
Iris apoyó suavemente los dedos sobre el pedestal.
—Solo existe una unidad disponible esta noche.
La fórmula no será replicada en el corto plazo, y su venta está limitada exclusivamente a este evento.
Se enderezó.
—La puja inicial será de cien mil coronas.
El silencio duró apenas un segundo.
—Ciento veinte mil —dijo una voz desde el fondo.
—Ciento cincuenta mil.
—Doscientas mil.
Las cifras comenzaron a elevarse con rapidez. Iris observaba con atención, manteniendo el gesto impasible, hasta que una voz femenina, serena y decidida, se alzó desde uno de los balcones privados.
—Quinientas mil coronas.
La sala entera se volvió hacia la figura envuelta en telas finas y discretas. Nadie la reconoció; nadie sospechó siquiera. Iris sí la miró un segundo más de lo normal, apenas una fracción de tiempo, antes de asentir.
—¿Alguna oferta mayor?
Silencio.
—¿Ninguna?
El martillo descendió con un golpe seco.
—Vendido.
me tienes con los ojos llorosos luego de leer este extra 😭😭😭
Al menos en otro plano, pudieron ser felices 😭😭.