Aristia Lunari hija de un duque siempre fue rechaza por su padre desde niña y no entendía la razón
Hasta que su madre enfermo y falleció cuando aún era una niña fue un golpe duro pero para su sorpresa después de haber pasado 3 días desde el entierro de su madre
su padre trajo a una mujer y una niña de la misma de edad que ella
-ellas ahora vivirán aquí
Desde ese día fue menospreciada y olvidada su casa se convirtió en su infierno su prometido termina dejándola por su hermana y lo pierde todo
-Tu me quintaste todo mereces morir
Ella termina queriendo matar a su hermana pero es asesinada por la persona que más amaba su ex prometido atravesó un cuchillo en su pecho y termina con su vida
Ella queda como la mujer malvada que intenta matar a su hermana por envidia
y ellos consiguen su final feliz en
"De plebeya a noble"- y mi hermana es la protagonista de esta historia mal contada
Yo Katherin he reencarnado como Aristia y haré que pagen por lo que hicieron acepto ser la villana
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Capitulo 22: Evento de caza
El día del gran evento de cacería por fin llegó; el momento que estuve esperando, y tengo que admitir que aprendí bastante con el arco.
…
Llegamos al lugar, el Bosque de Caleb, un sitio perfecto para llevar a cabo el evento. Este lugar es el más contaminado por monstruos de todo tipo en todo el imperio.
Según lo que leí en la novela, el emperador solía realizar este evento para llevar a cabo una exterminación y limpiar el bosque.
Qué astuto. De esta manera ahorraba la tarea a los caballeros, enviándolos a otros lugares.
Contemplaba la vista del bosque oscuro y espeso cuando, de pronto, se acercó el trío de arpías junto con Ofelia.
Todas llevaban vestidos de colores claros, junto con sombrillas para cubrirse del sol, dando la imagen de señoritas dulces de la sociedad.
Se acercaron y, al verme vestida de una forma no apropiada según ellas —con pantalones y ropa que, según su opinión, solo era para hombres—, se formaron risas de burla entre las dos amigas de Ofelia. Ella, fingiendo preocupación, dijo:
—Hermana, ¿qué te ha pasado? Ese no es el vestuario para esta clase de eventos.
Luego, con una sonrisa de provocación, añadió:
—Si no tenías ropa para el evento, pude haberte prestado algún vestido que no usaría.
Las dos que la acompañaban se echaron a reír y dijeron:
—Señorita Ofelia, usted es muy amable con ella después de todo lo que le ha hecho.
—Su corazón es demasiado grande.
Luego me miraron de pies a cabeza y dijeron:
—Es una vergüenza venir a este lugar vestida así. Debería ser más correcta. ¿O se le olvida que es una noble?
Ante sus palabras, solo pude reírme y mirarlas como si lo que decían me provocara de todo menos lástima.
—Mi querida hermana —miré a Ofelia—, no necesito esa amabilidad que me muestras. De hecho, soy yo quien debería ayudarte.
Las tres me miraron sin entender nada. Me acerqué a Ofelia y dije:
—Mira el vestido que traes. Se nota que no es de tu diseñadora favorita, Lady Rosalie. ¿Qué fue lo que pasó?
Me miró con una expresión sorprendida, así que continué:
—Porque ahora llevas puesto un simple vestido de Madame Elizabeth.
Sus dos amigas la miraron de golpe, dándose cuenta de que el vestido que traía Ofelia era tan barato como su dignidad.
—¡Ofelia, ¿es cierto eso?! —preguntó su amiga Jasmin.
Ofelia, avergonzada, lo negó todo:
—¡No es cierto! Yo jamás usaría un diseño de baja calidad.
Pude ver a su otra amiga, la señorita Wendy, mirar el vestido con atención, como analizándolo. Ofelia, al notar eso, me miró molesta.
—Hermana… ¿por qué siempre tratas de humillarme diciendo mentiras? Dime, ¿qué te he hecho?
Otra vez esa expresión de “yo no hice nada”. Tenía ganas de golpearle la cara para que realmente se hiciera la víctima.
Con una expresión tranquila, dije:
—¿Estás diciendo que estoy mintiendo? ¿Realmente eres lo suficientemente estúpida como para no darte cuenta del vestido que traes?
Ante mis palabras se quedó sorprendida y gritó:
—¡Yo no soy así!
Entonces me detuve y puse una expresión de arrepentimiento para darle unas palmaditas en el hombro.
—Tienes razón, hermana. Me disculpo. A veces olvido tu humilde origen. ¿Cómo podrías tú diferenciar entre lo que es de buena calidad y lo que es simple tela?
Caminé un paso adelante de ellas y añadí:
—Los vestidos de la diseñadora Rosalie siempre traen un bordado único. Creo que con eso sería fácil de diferenciar.
Las dejé ahí y seguí mi camino, pues ya casi iba a iniciar la cacería. Solo pude escuchar cómo las dos amigas gritaban:
—¡Señorita Ofelia, ¿está bien?!
Los demás nobles que iban a participar estaban llegando e instalándose en las tiendas que habían colocado. En un lugar apartado habían preparado todo para la familia real.
Quien aún no había llegado era la princesa Julieta Deberty. Pensé que realmente sería mi oportunidad para ver al emperador.
En eso escuché una voz masculina llamar mi nombre.
—Aristía—
Por su tono de voz, solo me provocó un dolor de cabeza.
Arnol.
Se bajó del caballo en el que se encontraba, elegante y brillante, haciendo que muchas señoritas cercanas rieran encantadas.
Me miró con una expresión de asombro por mi ropa.
—Te ves bien, pero no creo que sea el vestuario para este evento.
Tenía ganas de decirle que su opinión me importaba lo más mínimo y que se perdiera.
—Duque Arnol, este es el vestuario indicado que debo usar para este evento.
Me miró seriamente y preguntó con dudas:
—¿No pensarás en competir, verdad?
—Por supuesto que lo haré —respondí tranquilamente.
Entonces terminó sujetándome el brazo con fuerza y dijo con seriedad:
—Estás bromeando, ¿verdad?
Lo miré molesta.
—Suélteme el brazo o no respondo por lo que le va a pasar.
Sentí cómo su agarre se volvía más fuerte y, con una voz fría, preguntó:
—¿Hasta dónde piensas llegar para llamar mi atención, eh? Dime, arriesgando tu vida.
Me quedé perpleja. ¿Qué se creía este tipo? ¿Llamar su atención? Debía de ser una broma. Estaba a punto de golpearlo cuando alguien apareció entre nosotros y preguntó:
—¿Hay algún problema aquí?
Ambos volteamos a ver y, para mi sorpresa, era ese chico… el de la subasta.
Tenía una expresión tranquila mientras nos observaba. Arnol me soltó y respondió:
—Sí lo hay. Esta señorita —me miró seriamente— solo por aburrimiento quiere participar en un evento que es solo para hombres.
Me crucé de brazos, mirando a Arnol seriamente, y respondí:
—No es por aburrimiento. Me he estado preparando para este evento. No entiendo por qué le molesta tanto, duque Arnol.
—Aristía, tú… —antes de que Arnol pudiera decir algo más, el chico de la subasta habló con una sonrisa.
—Qué buen año tendremos hoy. Con usted, señorita Lunari, participando, serían dos mujeres entrando a la competencia. Es algo admirable.
Sus palabras me tomaron por sorpresa, al igual que a Arnol, quien tenía una expresión de total desconcierto. Con una sonrisa triunfante, miré a Arnol.
—Espero que con esto deje de molestar, duque Arnol.
Se dio la vuelta sin antes lanzarme una mirada fría, al igual que el caballero. Sentí un enorme alivio; no quería armar un escándalo.
Miré al chico con cierta distancia, pues luego de enterarme de que tenía una relación cercana con la familia imperial, quería evitar problemas. Además, sabía demasiado sobre mí como para hundirme.
—Nos volvemos a encontrar —dijo con tranquilidad.
Solo asentí.
—Gracias por aclarar lo del evento.
Con una sonrisa deslumbrante respondió:
—Solo dije la información que dio el emperador: que cualquiera puede participar.
Se colocó frente a mí y, sorprendentemente, se presentó.
—Me disculpo por mi tardía presentación.
Hizo una reverencia.
—Me llamo Bastian. Soy de la división de caballeros imperiales. Es un placer, señorita Lunari.
Sus ojos… otra vez esa mirada profunda, dorada.
¿Dónde he visto una mirada así antes?
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