Martina era una niña que vivía su vida feliz, pero un día le tocó pagar por el pecado de su padre.
Según cuentan, algún inocente siempre debe pagar por el pecado de un culpable.Dicen que ellos no necesitan redención, ni un batallón de ángeles que los guíen, los inocentes ya son en sí ángeles que caminan entre nosotros. Pero a veces nos cuesta mucho aceptar esta simple explicación, y a Martina solamente le faltaron las alas, y volar.
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Veintidós
Giulia, quiero hablar de algo importante contigo.- entró Massimo al despacho al día siguiente y la chica dejó todo lo que estaba haciendo, el guardia siempre que la llamaba por su nombre venía con alguna sorpresa.- Necesito que me mandes a encargarme de lo de Sicilia.- ella lo escaneó con la mirada buscando ver en su rostro la razón de su pedido.
- No te niego que me resolverías un gran problema, ya lo hablé con Santino y no tenemos ni idea de a quien enviar, pero quiero saber por qué pretendes que te envíe a ti.- la mujer estaba embarazada y no podía hacerse cargo del trabajo personalmente, pero ella sabía que detrás de aquel ofrecimiento había algo más y no pensaba quedarse sin escuchar lo que tenía que decir el hombre.
- Una vez te dije que si no podía aguantar me iría. - le respondió refiriéndose al trato que tuvo con ella con respecto a su relación con Martina- Y ya no puedo más.- el hombre seguía de pie, parado frente al escritorio de su jefa con los puños apretados a los costados de su cuerpo- Pero lo que en realidad no puedo aguantar es verla rodeada de chicos de su edad, y verla reír con otros y darme cuenta que yo no puedo regresar el tiempo y ser uno más de ellos.- la mujer comprendió que la diferencia de edad le estaba pasando factura al hombre, no todos eran como Jim, que supo llevar bien su amor- Y es mejor que me vaya y la deje vivir su vida antes de que me odie, yo ya he vivido lo que ella va a empezar a vivir ahora, y no quiero robarle eso.
- ¿Ya hablaste con ella?- le preguntó sabiendo la respuesta.
- No, lo mejor es que me vaya sin decirle nada, solamente dile que fui a hacerme cargo de un trabajo y que voy a demorar en regresar, que siga viviendo como hasta ahora, pero sin mi.
- ¿Estás seguro de esto? Solamente le faltan nueve meses para cumplir los dieciocho años.¿ Te vas a rendir ahora que aguantaste todo este tiempo?- ella quiso hacerlo pensar un poco más su decisión.
- ¿Y después qué? La dejo a mi lado, prisionera de los sueños que yo no voy a poder darle y que ella desea alcanzar, para que en unos años mire a su lado y vea como desperdició sus años en alguien mucho mayor que ella y que se dé cuenta que yo nunca llené sus expectativas.
- Massimo, habla con ella antes de irte.- volvió a decirle Giulia.
- No, ella va a llorar y a tratar de convencerme de que estoy equivocado.
-¿Y no será que tú sabes que estás equivocado y no quieres escuchárselo decir?
- Lo siento Giulia, no voy a cambiar de opinión.
- Bueno, si es así, nada más que yo termine este documento, puedes irte cuando quieras.
- Ya tengo todo lo que me llevaré recogido, es mejor irme ahora mientras ella está en el colegio, dime nada más termines y te pido por favor no le digas donde estoy.- y salió del despacho de su jefa en busca de su maleta.
Martina regresó del colegio en la tarde con otro de los guardias de su hermana pues Lucian estaba de vacaciones, no le extrañó que no fuera Massimo el que la recogiera, como tampoco le extrañó no encontrarlo en la casa cuando llegó, ella sabía perfectamente cuál era su trabajo y que algunas veces debía salir.
Pero si le llamó la atención que antes de dormir él no fuera a verla, esa visita nunca le había faltado, y si sabía que no iba a llegar a tiempo la llamaba por teléfono para desearle un sueño feliz, pero aquella noche nada.
Martina bajó a las habitaciones de los guardias, tocó en aquella que conocía muy bien y no recibió respuesta, entonces decidió abrir la puerta y entrar, todo estaba oscuro, encendió la luz y miró a su alrededor, no había nada fuera de su lugar, cada cosa de allí estaba en su sitio, pero algo llamó su atención, una muñeca personalizada de ella, no estaba.
La muñeca estaba hecha a partir de una fotografía de la chica dormida que el propio Massimo le había tomado y que ella mandó a hacer para regalársela a él cuando dejaron de dormir juntos, y desde el día que se la dio había estado puesta en la mesa de noche, al lado de su cama.
La chica salió de allí y subió otra vez a su habitación, pasó por delante de la de su hermana y tuvo deseos de tocar y preguntarle por el hombre, pero no lo hizo, no quería molestar a la pareja que quizás estuviera durmiendo y decidió esperar al otro día así que siguió camino hacia su cuarto.
- Giu, ¿donde está Massimo?- le preguntó la chica a su hermana cuando esta entró en la cocina para desayunar y no pasó desapercibida para ella la mirada que se cruzó entre Greta y la mayor de las Lombardi.
- Tuve que enviarlo a un lugar a trabajar.- le contestó tratando de que su hermana no preguntara nada más y ella así tener que dar las menos explicaciones posibles.
- ¿Me puedes decir a donde? O un número para llamarlo, el de él no comunica. - le pidió.
- No a las dos cosas- le habló tajante, esa conversación le estaba doliendo- Es mejor que lo dejes pasar, Massimo va a demorar en volver, sigue tu vida como cada día y no te preocupes por él- le dijo casi repitiendo palabra por palabra lo que le escuchó al hombre antes de irse.
- Comprendo, te agradezco tu ayuda- en su voz había una mezcla de sarcasmo y dolor y a Giulia se le estrujó el pecho- Sobre todo por que tú sabes bien lo que estoy sintiendo en este momento y no te importa.- y se levantó dejando su desayuno casi sin tocar.
- Martina- intentó Giulia hablarle, pero ya era tarde, la chica había salido rápidamente de allí y tomando su mochila se fue a la entrada de la casa donde ya la esperaba un guardia para llevarla al colegio.- ¿Por qué le toca a ella sufrir otra vez?- le dijo a Greta- Ella tiene razón, yo se bien lo que está sintiendo, y sí me importa, pero no puedo hacer nada.- Giulia sin darse cuenta había comenzado a llorar y la mujer que estuvo junto a ella desde que nació corrió a abrazarla.
- No llores mi niña, a ella se le va a pasar, ya lo verás, ella va a encontrar a alguien que la quiera mucho y ella lo querrá igual.
- Greta, eso no me pasó a mi y sufrí mucho pero no dejé de amarlo ni un momento.
- Pero ella no, ella se merece alguien que esté dispuesto a vivir con ella cada cosa de su vida, y disfrutar y ser feliz cuando ella lo es y estar con ella si sufre, no uno que por muy mayor de edad que sea, sale corriendo asustado nada más ve la competencia.- y siguió acariciando la espalda de Giulia para calmar sus lágrimas.
felicidades autora
saludos desde Lima Perú