Matías Wilson hijo de Logan y Sabrina tenía 2 años cuando llegó a su casa Salomé, hija de su tío reinaldo, ellos se llevaron muy bien desde el principio, pero todo cambio cuando estos pequeños llegaron a la adolescencia, ¿qué harán con lo que sienten el uno por el otro?, ¿lucharán aún en contra del que dirán? o solo guardarán ese sentimiento en un baúl, dónde no los atormenten.
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Capitulo 22
La muerte de mi hijo me atormenta, saber que Salomé se sentía mal y no lo dijo me desespera, no se que pensar, ese día en la empresa me tomé unas cuantas copas, no se ni cuanto tome, Lorenzo me llevo a casa.
Me sentí mal al decirle a ella todo eso, pero es que me quema el pecho aguantar el dolor.
Salí a caminar por qué me sentía ahogado en el apartamento, se que ella esta sufriendo también, ella más que yo por qué era ella quien lo tenía en su vientre.
Conduje hasta que ví un bar y entre, pedí una botella y me senté a Tomar, solo recuerdo a ver llamado a Reimond para que le llevará algo de comer a Salomé, seguí tomando.
Y no se de dónde apareció Camila.
—Hola guapo ¿que haces tomando tan solito?—Me susurro en el oído..
—¿Que haces aquí Camila?—Le dije como pude por qué ya estaba muy tomado.
—Vine para hacerte compañía, un pajarito me dijo que estabas muy solito—Beso mi oreja y metió su lengua en ella.
—¡Basta Camila! es mejor que te vayas, no quiero verte, quiero estar solo—Trate de apartarla
—Te haré compañía quieras o no, mira como estás, y andas solo así no vas a manejar—Se sentó en la silla que estaba frente a la mía.
Tome la botella y me la empine después de beber ella me la quito y tomo también
—¿Que será lo que te tiene tan mal? ¿por que estás de esta manera? nunca te había visto así
No le dije nada y seguí tomando al terminar la botella, llame al camarero para que me trajera otra pero ella le dijo que no
—Vamos te llevaré a tu casa, mira nada más como estás—Me levanto y me subió a mi auto
Debo admitir que estaba bien ebrio, así no hubiera podido conducir.
Me quede dormido en el asiento, desperté porque ella me estaba sacando
—Dile a Lorenzo o alguno de los muchos que me suba—Le dije como pude.
Ella no dijo nada y me subió al ascensor pero cuando bajamos me di cuenta que no era mi apartamento
—Oye este no es mi casa ¿Por qué me traes aquí?
Y tú por qué crees cariño, por qué te quiero para mi no me importa de que manera—Me dejo en la cama, estamos en la habitación de un hotel
Camila llama a mi esposa, que venga por mi
—¿Tu esposa? ¡Matías tu esposa!—Coloco las manos en su boca—¿Acaso ustedes se casaron?—Comenzo a llorar
No le dije nada no la iba a sacar de la duda, se metió al baño y me acosté todo me da vueltas, cerre los ojos y me imaginé a mi Salomé, peleando conmigo por qué estoy tomado (rei) luego la imaginé aprovechándose de mi condición, quito mi ropa en medio de besos, muchos besos, hasta quedar desnudo, se apoderó de mi virilidad a su antojo.
—¡Salomé¡ —gruñí al sentir lo caliente de su boca, pero ella seguía.
Después de un rato subió sobre mi se sentó sobre el para cabalgar, como tanto me gusta—Nena que rico, te amo Salomé.
Ella me beso y después de terminar me quedé dormido así sin ir al baño a limpiarme.
Al despertar, solo puedo cerrar los ojos cuando la luz del sol me dió en la cara, sacudí la cabeza para espantar el mareo y todo lo que me produjo la bebida.
Miro el cuerpo desnudo que esta en mi cama y caí al piso de la impresión al ver a Camila a mi lado desnuda.
—¿Que paso?—Se despierta ella de un brinco
—¿Que haces tú aquí? ¿Que hago yo aquí?—Pregunte confundido
—Amor no recuerdas, estábamos tomando y me suplicaste que querías estar conmigo—Muerde su labio.
Entonces el sueño que tuve en el cual Salomé estaba conmigo no fue un sueño, era Camila, ¡Demonios que hice! Y ahora como voy a mirar a la cara de Salomé, que le voy a decir.
Fui al baño y me metí bajo la ducha bien fría para que se llevará toda esa locura que sucedió.
Al salir ella seguía allí en la cama.
—Amor, ven aquí, quiero más de ti, fueron muchos meses y una sola vez anoche no es suficiente..
—¡Estas loca Camila? lo de anoche no se puede volver a repetir jamás, me oyes jamás. Yo no te amo, amo a Salomé y es con ella que quiero estar—Le decía mientras me iba vistiendo.
Ella se puso a llorar—Eres un desgraciado Matías, después de lo que sucedió anoche me vas a decir eso que poco hombre eres.
—Si soy un poco hombre por dejarme envolver en tu trampa—Sentencio, tome las llaves y salí de ese hotel, era tarde Salomé estara preocupa, al entrar al auto visualice el teléfono y vi las llamadas de ella, y la culpa me invadió.
Llegué al edificio y vi a Reimond conversando con otro de la seguridad.
—Buenas—Salude—¿La señora?
—Ella está en su apartamento, está descansando por qué salió a caminar un rato, no quiero meterme en su vida pero ella está muy mal.—Dijo y se que si se está metiendo en nuestras vidas, pero se la paso porque lo hace con buena intención.
—Voy a cambiarme más tarde bajo.
Subi al ascensor pero no pude evitar bájame en su apartamento y entrar sigiloso, hizo unas compras, puedo sentir que está molesta.
Fui a la habitación y estaba dormida, tan hermosa parece un ángel.
Quise tocarla pero no lo iba a ser con las manos llenas de esa mujer primero me daría otro baño, subí a mi apartamento y me bañe de nuevo.
Me recosté un rato y no pude más con el malestar así que me quedé dormido nuevamente, desperte en medio de la noche y me di cuenta que Salomé me hace más falta de lo que puedo admitir, ella es una parte de mi vida, desde siempre desde que nacimos diria yo, la amo con todo mi corazón.
Lo que sea que haya sucedido con Camila, no fue estando en mis Cinco sentidos, es más en todo momento pensé que fue Salomé quien estaba conmigo.
Me levanté era de madrugada, baje al apartamento donde ella esta.
Se que debe estar dormida pero me basta con acostarme a su lado, entre con mucho cuidado todo estaba oscuro
Entre a la habitación y la lámpara estaba encendida, con cuidado entre a la cama y cuando mire su rostro me di cuenta que estaba despierta tenía la cara mojada supongo que estaba llorando.
Sentí un dolor en mi pecho, la culpa me invadió.
—¿Te sientes bien? Lo siento mucho por no venir hasta ahora es que...
—No te estoy pidiendo explicaciones, quiero dormír—Se dió la vuelta me ignoro.
No le dije nada más por qué no es momento para hablar de estas cosas.
A decir verdad no pude pegar ojo en lo que quedó de noche, me levanté y me fui a la empresa, la dejé dormida le prepare el desayuno, lo que a ella más le gusta.
No lo hago para espiar mi culpa, siempre lo he hecho, se que ella se va a enterar de lo que sucedió por qué Camila se va a encargar de eso.
El día que Salomé se entere ese día, mi corazón va a morir nuevamente por qué se que ella no me lo va a perdonar jamás.
En la empresa tuve un día un poco agitado, camila me escribió que volvió a londres y lo agradecí ya que eso me da una ventaja por lo menos hasta que ella vuelva.
—Señor Wilson, la señorita Salomé lo quiere ver en su oficina—Me aviso Melani y mi corazón dio brinco del susto, no se por que
—Gracias enseguida voy—Trate de no expresar ningúna emoción en mi voz.
Pero me levanté y fui hasta su oficina, di unos pequeños toques, se que está molesta pero bien podía ir a mi oficina, al escuchar el acceso entre con cuidado y con el pulso acelerado.
—¡Buen día! ¿Salomé que haces aqui, estás de reposo?—Me apresuró a llegar hasta ella.
—Lo siento mucho, en la casa siento que voy a enloquecer, o estoy aquí o me hundo en la depresión—Dijo con la voz apagada y se que ella no la está pasando bien, fue su hijo quien murió, y encima yo la trato como un canalla.
—Salome perdóname por lo del otro día, me puse a tomar no me di cuenta de nada y yo... No sé cómo pasaron las cosas—ella giro su rostro en automático hasta mi.
—¿De que hablas? —Pregunto enseguida, sus ojos se cristalizaron un poco más.
Llegué hasta donde ella está sentada me acuclillé frente a ella y tome sus manos sin dejar de mirarla a los ojos.
—Perdoname amor, te juro que jamás he querido hacerte daño, te juro que jamás propicie nada—Me quedó callado buscando las palabras adecuadas para que ella no me termine odiando, pero es que tengo que decírselo de lo contrario Camila se lo dira a su manera.
—¡Habla de una vez, deja el rodeo!—Intento levantarse, está nerviosa sus ojos ya comenzaron a moverse muy rápido.
—No se cómo ella apareció donde yo estaba, y no se cómo termine con ella en un hotel—No termine de decir eso cuando Salomé ya estaba hecha un mar de lágrimas. ¡Dios como me dolió!
—¡Dejame sola!—Dijo calmada en medio del llanto.
—¡Hablemos Salomé por Favor! ¡Perdóname! ¡Yo te amo! tú sabes que es así, tú eres mi vida siempre lo has Sido y eso no va a cambiar jamás—Le suplique de rodillas, no la quiero perder no ahora.
—Dejame sola necesito pensar Matías, por favor—Acuno mi rostro entre sus manos, y me dió un pequeño beso en los labios. Mi corazón dio un saltito de emoción porque sentí una esperanza en el.