Renace en el cuerpo de Sigrid, una hermosa mujer, que sufre por un mal amor.. Pero ella lo cambiará todo..
* Esta novela pertenece a un gran mundo mágico *
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Festival 2
Wilder Palmer no estaba acostumbrado a que lo ignoraran. Mucho menos en público. Mucho menos una dama que, según los rumores, solía suspirar por él..
Así que, todavía herido en su orgullo, carraspeó y habló con voz fuerte… demasiado fuerte.
—Soy Wilder Palmer —dijo, como si su nombre fuera una llave maestra que abría corazones—. Nos conocemos desde hace años.
Sigrid lo miró… y luego miró al aire, al suelo, a una flor cercana… a cualquier parte menos a él.
Era un nivel de ignorar tan perfecto que debería estudiarse en academias.
—Oh —respondió con dulzura—. Aun así… no me interesa conocerlo.
Y lo dijo en voz alta.. Las conversaciones alrededor se detuvieron.
Una señora dejó caer una empanada.
Un niño dejó de correr.
Una cabra.. porque en los festivales siempre hay una cabra.. hizo “meeeh” en tono dramático.
Wilder se puso rojo. No tímido. No coqueto. Rojo volcán en erupción.
—Lady Sigrid —insistió, ya molesto— está siendo descortés. Quizás no recuerda, pero…
—No, no recuerdo —lo interrumpió ella, muy calmada—. Y aunque recordara… no bailaría con usted.
Todos lo notaron.
Las miradas. Los murmullos. Las sonrisas ahogadas.
Wilder apretó la mandíbula. Orgullo herido. Ego perforado. Y una vergüenza pública del tamaño del reino.
Y en medio de esa escena… Wyatt observaba.
Desde su lugar, vio cada microexpresión de Sigrid..
La irritación feroz que cruzaba sus ojos por una fracción de segundo cuando miraba a Wilder.
La inmediata máscara angelical, calma, dulce… casi bendecida.
Y luego otra chispa de “lo quiero lanzar por un barranco”.
Wyatt frunció el ceño.
[Si realmente no lo recuerda… ¿por qué esos ojos suyos parecen querer matarlo con cucharita?]
Wilder, en cambio, estaba al borde de explotar.
Había sido rechazado, ignorado y humillado por una dama que.. según su versión del mundo.. debería sentirse honrada de que él la mirara.
Y Sigrid, muy tranquila, ajustó un mechón de su cabello rojo, sonrió como una santa…y disfrutó cada segundo.
Después de su gloriosa “no me interesa conocerte”, Sigrid se alejó muy tranquila con Vera, paseando entre los puestos del festival como si no acabara de incendiar el ego de un Palmer.
—Qué bonito día, ¿no crees, Vera? —decía ella, oliendo flores y probando dulces.
[Le reventé el orgullo. Excelente servicio.]
Vera, mientras tanto, vigilaba a Wilder por el rabillo del ojo como quien vigila a un toro al que le acaban de agitar una capa morada.
Porque Wilder estaba furioso.
No molesto. No incómodo. FURIOSO.
La vena de su cuello estaba teniendo un mal día.
Y entonces… Sigrid lo vio.
Wyatt.
Apoyado con elegancia, observando la escena como un crítico de teatro que no sabe si aplaudir o preocuparse.
Sigrid sonrió sola. Esa sonrisa suya que era mitad ángel, mitad travesura y mitad “soy peligrosa”..
Se acercó a él con la misma cercanía de siempre, como si fueran viejos aliados secretos. Se inclinó un poco, lo saludó suavemente… y lo miró a los ojos. Muy de cerca. Con confianza. Con chispa.
Desde lejos, Wilder casi explotó.
Porque, claro.. a él lo rechazaba.
Pero con Wyatt… ¡parecía una flor enamorada del sol!
La mandíbula de Wilder se apretó..
Wyatt, por su parte, sí se sorprendió.
Porque ella se comportaba con él como si lo conociera de toda la vida… pero luego decía no recordar a Wilder. Y, además, lo miraba a él con unos ojos tan coquetos que cualquiera olvidaría sus dudas.
[Esta mujer]
Y antes de que su cerebro pudiera detenerlo, Wyatt hizo algo que no hacía jamás en público..
—Lady Sigrid… ¿me concede este baile?
Así. Natural. Como si no fuera la noticia del año.
Sigrid tardó menos de un segundo en responder.
—¡Sí! —soltó, sin siquiera fingir moderación.
Su alegría fue tan evidente que hasta las flores del decorado suspiraron. Se le iluminó la cara, los ojos, el alma, el ego… todo. Y, cómo no, añadió un toque de coquetería en la sonrisa, como si el baile fuera un pacto secreto entre ellos.
Wyatt sostuvo su mirada, divertido, intrigado… y ligeramente conquistado.
Desde lejos, Wilder ardía como hoguera de aceite..
Porque el hombre al que todos consideraban temible, frío y distante… acababa de invitar a bailar a la dama que lo había humillado públicamente.
Y esa dama… había aceptado feliz, radiante, sin una pizca de duda.
El público no sabía si mirar el baile… o mirar la cara de Wilder.
Mientras la música comenzaba a elevarse suave y envolvente, Wyatt le ofreció la mano a Sigrid con una reverencia impecable. Ella, incapaz de ocultar la sonrisa traviesa que siempre la delataba, colocó su mano en la de él y dejó que la guiara hasta el centro de la pista. El murmullo del festival pareció bajar el volumen por pura cortesía… o porque todos estaban demasiado ocupados mirando cómo la heredera más excéntrica del reino se deslizaba en brazos del hombre más enigmático de la nobleza.
El primer paso fue torpe.. porque Sigrid, muy segura de sí misma, pisó suavemente el pie de Wyatt.. pero él solo soltó una risa baja, inclinándose hacia ella.
—Eso fue completamente intencional —susurró ella, alzando la barbilla con dignidad fingida.
—Estoy seguro —respondió Wyatt, divertido.
Pronto encontraron el ritmo, moviéndose con una armonía tan natural que incluso la orquesta pareció adaptarse a ellos. El vestido morado de Sigrid se abría como una flor al girar, y las piedras de su cabello atrapaban la luz como pequeñas estrellas. Ella, que había llegado preparada para soportar el festival con paciencia y sarcasmo, se descubrió riendo sin esfuerzo, hablando de cosas absurdas.. y llenando cada silencio de chispa.
Wyatt, por su parte, olvidó por completo que estaba allí para observarla, analizarla, descifrarla. En lugar de eso, solo la miraba. Cada tanto, Sigrid levantaba la vista y lo encontraba observándola con una calidez que hacía que su corazón hiciera una pequeña voltereta peligrosa. Entonces ella desviaba la mirada con coquetería exagerada, como si eso bastara para esconder lo roja que estaba.
En algún punto, el festival entero se desdibujó. No existían curiosos, ni rumores, ni sobrinos arrogantes mirando con rabia desde lejos. No había pasados oscuros ni venganzas pendientes. Solo manos entrelazadas, pasos suaves y risas compartidas. La música los envolvió como una burbuja privada donde nada dolía, donde nadie mentía, donde el tiempo parecía haberse detenido solo para ellos.
Sigrid, por primera vez en mucho tiempo, no pensó en Wilder. No pensó en traiciones, ni primeras vidas, ni justicia. Solo en lo agradable que era bailar con alguien que la miraba como si ella fuera… suficiente.
Wyatt, por su parte, dejó que sus sospechas se evaporaran. No hizo preguntas. No buscó señales ocultas. Solo sostuvo su mano un poco más firme, memorizando la ligereza de su risa, prometiéndose aunque no se atreviera a admitirlo que quería volver a escucharla una y otra vez.
Y así, mientras el último acorde se deslizaba por el aire, ambos comprendieron.. sin decirlo.. que aquel baile no había sido solo un baile.
Había sido un respiro. Un peligroso, dulce y muy necesario respiro.