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ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:561
Nilai: 5
nombre de autor: Margaret Gimenez

Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.

Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.

Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.

NovelToon tiene autorización de Margaret Gimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cuando el vínculo responde

La oscuridad no era ausencia de luz.

Era presión.

Black lo entendió cuando dejó de distinguir el suelo del aire.

El lugar donde lo retenían no tenía paredes visibles. Solo un círculo de sellos girando lentamente a su alrededor, proyectando sombras que se movían como si respiraran.

Las cadenas espirituales no lo tocaban ya.

Lo atravesaban.

Eran energía comprimida, clavada en puntos exactos de su cuerpo para impedir que el anillo se expandiera.

Respirar era difícil.

Pensar también.

Pero el silencio era peor.

—No luches —dijo una voz fuera del círculo—. Cuanto más resistas, más información nos entregas.

Black no respondió.

Miró su mano.

El anillo estaba opaco.

Casi inerte.

Pero no muerto.

Cerró los dedos con esfuerzo.

Dolía.

No físicamente.

Más adentro.

Como si algo tirara desde muy lejos.

No sabía qué era.

Solo sabía que no estaba solo en esa sensación.

Y entonces dejó de intentar romper el sello.

En vez de eso…

Escuchó.

No a sus captores.

No al murmullo de los sellos.

Escuchó el latido.

Uno.

Lento.

Irregular.

Otro.

Más fuerte.

El anillo respondió.

Un hilo de luz carmesí se filtró entre las grietas del círculo.

Uno de los encapuchados se tensó.

—Está intentando proyectar energía.

—Refuercen el aislamiento.

Los símbolos alrededor se aceleraron.

Pero Black no estaba intentando atacar.

Estaba intentando alcanzar.

No sabía cómo.

No sabía por qué.

Solo cerró los ojos y dejó que esa sensación lo atravesara.

Y lo pensó.

No como un nombre.

Como una presencia.

El latido explotó.

No hacia afuera.

Hacia arriba.

Una columna fina de energía atravesó el sello antes de que lograran contenerla.

No rompió la prisión.

Pero salió.

Como una señal.

A kilómetros de distancia, en el bosque donde la noche se volvía más espesa, Daily se detuvo en seco.

El aire cambió.

No fue viento.

Fue algo interno.

El hilo invisible que había estado siguiendo ardió de repente como si lo hubieran encendido.

Un dolor agudo le atravesó el pecho.

Pero esta vez no fue pasivo.

Fue un llamado.

Sus rodillas casi cedieron.

Apoyó una mano en el tronco de un árbol para sostenerse.

El latido no era suyo.

Y sin embargo, lo sentía en la garganta.

Cerró los ojos.

Oscuridad.

Un destello carmesí.

La sensación de estar encerrado.

Frío.

Presión.

Su respiración se aceleró.

—¿Qué hiciste…? —susurró, aunque no sabía si era reproche o alivio.

El vínculo dejó de ser un hilo.

Se volvió una línea tensa.

Clara.

Direccional.

Más al este.

Más profundo.

Más urgente.

Y ahora sabía algo con certeza:

No estaba simplemente en peligro.

Estaba consciente.

Y la estaba buscando.

Daily se incorporó.

Su energía se estabilizó alrededor de ella como una segunda piel.

Ya no caminó.

Corrió.

El bosque reaccionó a su paso. Las hojas se apartaban, las sombras se inclinaban. No por sumisión. Por reconocimiento.

Cada metro que avanzaba hacía que el hilo ardiera más fuerte.

Y alguien más lo notó.

En la cámara sellada, el líder del grupo observó cómo una grieta fina recorría el círculo de contención.

No era grande.

Pero no estaba ahí antes.

—La otra parte respondió —murmuró uno de los suyos.

El líder inclinó la cabeza.

Sintió la vibración en el aire.

Distante.

Pero acercándose.

—No está huyendo —dijo con calma fría—. Se aproxima.

Otro encapuchado tensó los dedos sobre los sellos.

—¿Intervenimos ahora?

El líder negó lentamente.

—No. Dejen que avance.

Una sonrisa casi imperceptible se marcó bajo la máscara.

—Quiero ver cuánto poder está dispuesta a revelar por él.

El círculo volvió a estabilizarse.

Pero el aire ya no estaba tranquilo.

Había una segunda presencia entrando en el campo.

Y era más fuerte de lo que habían calculado.

Daily sintió la perturbación antes de verlos.

Cinco figuras descendieron de los árboles, bloqueando el sendero estrecho.

No eran los mismos que habían capturado a Black.

Estos eran ejecutores.

Rápidos.

Silenciosos.

Prescindibles.

—La sucesora del clan Yshir —dijo uno con tono burlón—. No esperábamos que viajara sola.

Daily no respondió.

No desaceleró.

Solo los miró.

El primero atacó sin aviso.

Un corte de energía oscura cruzó el aire directo hacia su garganta.

Ella inclinó apenas el cuerpo.

La energía rozó su cabello.

Su mano se alzó.

No hizo un gesto amplio.

Solo abrió los dedos.

El suelo bajo el atacante vibró.

Un círculo de luz se expandió, sellando sus pies al terreno.

El segundo intentó flanquearla.

Demasiado lento.

Daily giró sobre sí misma.

Su energía no explotaba.

Se comprimía.

Y cuando impactaba, lo hacía con precisión quirúrgica.

Un golpe en el pecho.

El atacante salió despedido contra un árbol.

Los otros tres dudaron.

Ese fue su error.

La vibración en el aire se intensificó.

El vínculo estaba ardiendo ahora.

No tenía tiempo para juegos.

Su energía cambió.

Ya no era defensiva.

El símbolo del clan apareció bajo sus pies por primera vez fuera del territorio Yshir.

Eso hizo que los ejecutores retrocedieran.

—Imposible… —susurró uno.

Daily avanzó.

—Díganle a quien los envió —su voz fue baja, firme— que no vuelvan a interponerse.

Un pulso salió de ella.

No explosivo.

Controlado.

Los tres restantes cayeron al mismo tiempo.

No muertos.

Pero incapaces de levantarse.

El bosque quedó en silencio otra vez.

Daily respiró profundo.

El hilo volvió a tensarse.

Más fuerte.

Más urgente.

Sin mirar atrás, siguió avanzando.

Desde la distancia, oculto entre las sombras más altas del bosque, una figura observaba.

Vestía el uniforme discreto del Consejo.

No llevaba emblemas visibles.

Pero su presencia estaba contenida, calculada.

Había sido enviado para vigilar.

No para intervenir.

Había presenciado todo.

La activación parcial del sello.

La proyección del símbolo fuera del territorio.

La eficiencia en combate.

Cerró los ojos un instante, registrando la información.

El Consejo dudaba de su capacidad.

Pero lo que acababa de ver no era duda.

Era liderazgo en formación.

Y algo más.

Algo que no estaba en los registros históricos.

El vínculo no parecía impuesto.

Parecía elegido.

El mensajero abrió los ojos y miró hacia el este.

Pudo sentirlo ahora también.

Esa segunda vibración.

Como si dos polos estuvieran acercándose a un punto inevitable.

—Esto ya no es solo una transición —murmuró para sí.

Era una convergencia.

Y cuando ocurriera…

No solo el clan Yshir cambiaría.

El sistema entero podría fracturarse.

Más adelante, el bosque comenzó a volverse más oscuro.

No por la noche.

Por energía acumulada.

Daily redujo la velocidad.

El hilo ya no era línea.

Era casi contacto.

Podía sentir su respiración irregular.

La presión del sello.

El intento constante de resistencia.

Y algo más.

Confianza.

No consciente.

Instintiva.

Como si él supiera que ella venía.

Su mano se cerró ligeramente en el aire.

El dolor en su pecho ya no era punzante.

Era ardor compartido.

—Aguanta —susurró.

El viento dejó de moverse.

El mundo pareció inclinarse apenas hacia el punto donde convergían.

En la cámara sellada, el líder alzó la mirada.

La grieta en el círculo creció.

Una línea fina.

Pero imparable.

—Ya está aquí —dijo.

En el centro del círculo, Black levantó lentamente la cabeza.

La presión seguía ahí.

Las cadenas lo atravesaban.

El sello aún lo contenía.

Pero cuando el líder habló…

Sus miradas se cruzaron.

Y algo cambió.

En los labios de Black apareció una sonrisa leve.

No de alivio.

No de dolor.

De reconocimiento.

El líder no respondió con sorpresa.

Respondió con la misma calma.

—Perfecto —murmuró.

La grieta en el círculo creció apenas un milímetro más.

No por fuerza.

Por sincronización.

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