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La Esposa Fugitiva Del Alfa Millonario

La Esposa Fugitiva Del Alfa Millonario

Status: En proceso
Genre:Embarazada fugitiva / Matrimonio contratado / Omegaverse / CEO
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leiva Silva, Juan Manuel

"Firmaste el contrato, Luna. No hay divorcio que te salve de mí."

Para salvar a su familia, Elena aceptó un matrimonio por contrato de un año con Alexander Vance, el implacable CEO y Alfa más temido de la ciudad. Lo que él ignoraba era que Elena no era una humana sumisa, sino una loba de linaje puro.

Tras un año de desprecios y manipulaciones, la noche en que vence el acuerdo Elena descubre la verdad: está embarazada del Alfa y ha despertado su poder dormido.

Sin rogar por afecto, Elena quema el contrato y desaparece en la noche. Cuatro años después, regresa como la inversionista más poderosa de la industria, acompañada por un niño genio calcado al CEO.

Alexander emprenderá una cacería obsesiva por recuperar a su esposa, pero esta vez ella no es la presa: es la cazadora.

NovelToon tiene autorización de Leiva Silva, Juan Manuel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: El Nacimiento de la Luna y la Sangre

El verano llegó con una ola de calor que hizo arder los campos de Silver Creek.

El sol brillaba con una intensidad implacable, derritiendo el asfalto de las calles y haciendo que el aire ondeara sobre las aceras. Los lobos de la manada se refugiaban en las sombras de la mansión, bebiendo limonada helada y abanicándose con lo que encontraban a mano. Las noches eran cálidas y húmedas, cargadas de un aroma a jazmín y a tormenta inminente.

Y yo estaba a punto de estallar.

Literalmente.

Mi vientre había crecido hasta proporciones que nunca había imaginado posibles. Cada movimiento era una hazaña, cada respiración un esfuerzo. Dormir se había convertido en una hazaña épica, y caminar... caminar era una tortura. Pero no me importaba. Cada patada, cada movimiento, cada latido de mi hijo era un recordatorio de que pronto lo tendría en mis brazos.

—Estás enorme —dijo Freya una tarde, mientras caminábamos por el jardín a paso de tortuga.

—Gracias —respondí, con una sonrisa cansada—. Eso es exactamente lo que toda mujer embarazada quiere oír.

—Lo digo como un cumplido —dijo Freya, riendo—. Significa que el bebé está creciendo fuerte. Sano.

—Eso espero —dije, acariciando mi vientre—. Porque si crece mucho más, voy a necesitar una grúa para levantarme de la cama.

Freya rió de nuevo, pero su expresión se volvió seria al cabo de un momento.

—¿Has pensado en nombres? —Preguntó.

—Sí —admití—. Si es niño, Liam. Como el padre de Alexander.

—¿Y si es niña?

—Luciana —dije—. Como mi padre. Lucian. Es una forma de honrarlo.

—Luciana —repitió Freya, con una sonrisa—. Es hermoso.

—Sí —dije, con lágrimas en los ojos—. Lo es.

Esa noche, mientras cenaba con Alexander en el comedor de invierno, algo cambió.

Un dolor. Agudo. Punzante. Me llevé una mano al vientre, derramando la sopa sobre el mantel.

—¿Elena? —Alexander se levantó de golpe, con el rostro pálido—. ¿Qué pasa?

—No lo sé —jadeé—. Duele...

—Voy a buscar a Ingrid —dijo, corriendo hacia la puerta.

—¡Espera! —Lo llamé, pero ya se había ido.

El dolor desapareció tan rápido como había llegado, dejándome jadeando y temblando. Me quedé sentada, con la mano sobre el vientre, sintiendo cómo mi hijo se removía inquieto.

—¿Qué fue eso? —susurré.

Estoy listo, mamá —respondió su voz en mi mente—. Estoy listo para nacer.

El mundo se detuvo.

—¿Ahora? —Pregunté, con el corazón latiéndome desbocado—. ¿Ahora?

Pronto —dijo—. Muy pronto.

Ingrid llegó corriendo, con Alexander y Kael pisándole los talones.

—¿Qué ha pasado? —Preguntó, arrodillándose a mi lado—. ¿Contracciones?

—No lo sé —admití—. Un dolor. Muy fuerte. Pero ya pasó.

—Vamos a llevarte a tu habitación —dijo Ingrid, con una voz calmada pero firme—. Y vamos a examinarte. Kael, llama a la sanadora. Alexander, ayuda a Elena a caminar.

—Puedo caminar sola —protesté.

—No —dijeron Alexander e Ingrid al unísono.

Me llevaron a mi habitación, donde me acostaron en la cama. La sanadora, una mujer loba de mediana edad llamada Astrid, llegó en cuestión de minutos. Me examinó con manos expertas y una expresión concentrada.

—No estás de parto —dijo finalmente—. Todavía no. Pero tu hijo está... inquieto. Su energía es inmensa. Está presionando. Preparándose.

—¿Cuánto tiempo? —Preguntó Alexander, con una voz tensa.

—Días —dijo Astrid—. Tal vez menos. Tal vez más. Con los hijos de Alfas, nunca se sabe. Son... impredecibles.

—¿Y qué hacemos? —Pregunté.

—Descansar —dijo Astrid—. Comer. Beber. Y esperar. Tu hijo nacerá cuando esté listo. No antes.

Los días siguientes estuvieron marcados por una tensa calma.

Mi vientre seguía creciendo, mi hijo seguía removiéndose, y yo seguía esperando. Pero no estaba sola. Alexander no se apartaba de mi lado. Ingrid me traía tés de hierbas y me contaba historias de su infancia. Kael me entrenaba en técnicas de respiración para el parto. Freya me hacía reír con sus anécdotas de juventud. Silas, que se había quedado en la mansión, me traía libros y me leía en voz alta cuando no podía dormir.

—¿Por qué haces esto? —Le pregunté una tarde, mientras me leía un pasaje de un libro de historia humana.

—Porque quiero ayudar —dijo Silas, cerrando el libro—. Porque quiero ser parte de esto. De tu familia. De tu manada.

—¿Y qué pasa con la Orden del Sol? —Pregunté—. ¿Con tu venganza?

—La Orden está disuelta —dijo Silas—. Y la venganza... —Hizo una pausa—. La venganza no me devolverá a mi hija. Pero puedo evitar que otros padres sufran lo que yo sufrí. Puedo ayudar a construir un mundo donde humanos y lobos vivan en paz.

—Eso es hermoso —dije, con lágrimas en los ojos.

—Eso es gracias a ti —dijo Silas—. Tú me mostraste el camino.

Esa noche, mientras cenaba con toda la familia —Alexander, Kael, Freya, Ingrid, Silas, y los guerreros más leales—, algo cambió en el aire.

Un dolor. Agudo. Punzante. Más fuerte que el anterior. Me llevé una mano al vientre, derramando la sopa sobre el mantel.

—¿Elena? —Alexander se levantó de golpe, con el rostro pálido—. ¿Qué pasa?

—Ahora —jadeé—. Es ahora. El bebé viene.

El caos se desató.

Alexander me llevó en brazos a la habitación, mientras Ingrid corría a buscar a Astrid y Kael convocaba a los sanadores. Freya y Silas se quedaron en el pasillo, con expresiones de preocupación y esperanza.

—Respira —dijo Alexander, tomando mi mano—. Respira, Elena. Todo va a estar bien.

—Duele —jadeé, apretando su mano con una fuerza que probablemente le rompió los dedos—. Duele mucho.

—Lo sé —dijo, con una voz quebrada—. Pero eres fuerte. La mujer más fuerte que conozco. Y vas a superar esto.

—No estoy tan segura —admití, con lágrimas cayendo por mis mejillas.

—Yo sí —dijo Alexander, mirándome a los ojos—. Confío en ti.

Astrid llegó corriendo, con Ingrid pisándole los talones.

—Vamos —dijo Astrid, con una voz calmada pero firme—. Es hora.

El parto fue largo. Doloroso. Agotador. Las horas pasaron como siglos, cada contracción una ola de dolor que me partía en dos. Alexander no se apartó de mi lado ni un momento, susurrándome palabras de aliento, secándome el sudor de la frente, apretando mi mano con una fuerza que me anclaba a la realidad.

—Ya casi está —dijo Astrid, con una sonrisa—. Puedo ver la cabeza.

—¿Es... es normal que duela tanto? —Pregunté, con la voz ronca.

—Es normal —dijo Ingrid, desde el otro lado de la cama—. Y vale la pena. Te lo prometo.

Empujé. Una vez. Dos veces. Tres veces. Y entonces, con un último esfuerzo, sentí cómo algo se deslizaba fuera de mí. Un peso. Un calor. Una vida.

Y entonces, lo oí.

Un llanto. Fuerte. Claro. Hermoso.

—Es un niño —dijo Astrid, con lágrimas en los ojos—. Un niño perfecto.

Me dejé caer contra las almohadas, agotada, con el corazón latiéndome desbocado y el alma llena de una emoción que no podía describir. Alexander me besó la frente, las mejillas, los labios.

—Lo lograste —susurró—. Lo lograste.

—Lo logramos —corregí, con una sonrisa débil.

Astrid puso a mi hijo en mis brazos.

Era pequeño. Arrugado. Hermoso. Tenía el cabello oscuro de Alexander y los ojos cerrados, pero cuando los abrió, vi que eran verdes. Como los míos. Brillaban con una luz que no era del todo humana.

—Hola, Liam —susurré, con lágrimas cayendo por mis mejillas—. Soy tu mamá.

Liam me miró, y por un momento, el mundo se detuvo. Su presencia era abrumadora. Poderosa. Antigua. Pero también inocente. Frágil. Hermosa.

—Es perfecto —dijo Alexander, con la voz quebrada—. Es perfecto.

—Sí —dije, acariciando la mejilla de nuestro hijo—. Lo es.

Esa noche, mientras todos dormían, me senté en el balcón de mi habitación con Liam en brazos y contemplé la luna.

Estaba llena, plateada y hermosa, como si nada hubiera pasado. Como si el mundo no hubiera cambiado para siempre. Como si mi hijo no acabara de nacer.

Pero lo había hecho. Y yo lo tenía en mis brazos. Mi milagro. Mi esperanza. Mi futuro.

Alexander se acercó por detrás y me rodeó con sus brazos.

—No estás sola —dijo, sin más.

—Lo sé —respondí, apoyando la cabeza en su hombro—. Pero a veces... a veces siento que el mundo entero quiere arrebatarme lo que más amo.

—Nadie va a arrebatarte nada —dijo Alexander, con una firmeza que me ancló a la realidad—. Mientras yo respire.

—¿Y si no es suficiente? —Pregunté.

—Entonces lucharemos —dijo—. Hasta el final.

Nos quedamos allí, en silencio, contemplando la luna con Liam entre nosotros. No hacían falta más palabras.

Pero mientras estábamos allí, no pude evitar sentir algo. Algo frío. Algo oscuro. Algo que venía del norte.

Y en algún lugar de las montañas, alguien abrió los ojos.

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Lisa Michi
me encanta 😊
Derlys Capurro
me encantó esta historia 😁
DOMENICA Capurro
excelente historia
Martha
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Lupe
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mimi
sube más capítulos porfa😭
Sury Lupita
me encanta el niñito
Sury Lupita
está interesante
laura123
podrías subir más capítulos, está super interesante
dana lopez
me encanta mucho esta novela , podrías subir más capítulos
Carola Ortiz Macías
me encantó ☺️
Carola Ortiz Macías
exelente novela
Carola Ortiz Macías
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Carolina Gutiérrez
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Amelia Macias cruz
Me encanta /Smile/
Esther Capurro
me encantó mucho esta novela
mimi
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Mamc
Excelente novela me encanta ☺️
Lupe
Más capítulos por favor
Martha
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