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No Eras Parte De La Venganza

No Eras Parte De La Venganza

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Reencuentro / Completas
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Ellos se conocen desde que tenían diez años. Antes eran amigos. Competían por todo, se molestaban y discutían, pero podían pasar una tarde entera juntos sin problema. Hasta que un accidente, una peluca y un rumor cambiaron todo. Ella creyó que él había contado su secreto más vergonzoso. Él nunca tuvo la oportunidad de explicarse. Así que ella decidió vengarse. Él terminó con una pierna rota. Y desde entonces, se declararon la guerra. Han pasado años y siguen igual. Se insultan, compiten, se provocan y aprovechan cualquier oportunidad para demostrar quién es mejor. Lo curioso es que ninguno parece tomárselo demasiado en serio… al menos hasta que sus madres, mejores amigas desde siempre, tienen la brillante idea de que deberían salir juntos. Una cita. Solo una. Para complacerlas. El problema es que sus madres parecen tener otros planes. Y quizás pasar tanto tiempo con la persona que más detestas no sea tan terrible cuando descubres que, debajo de todas esas peleas, todavía queda algo de aquellos dos niños que alguna vez se llevaban bien. Aunque claro… Primero tendrán que sobrevivir a las citas sin matarse. O sin cometer algún error que los haga verse cara a cara para siempre…..

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Mudarse ?

Cuando regresamos al departamento, dejamos las bolsas sobre la mesa.

Habíamos comprado mucho más de lo que pensábamos.

Una manta.

Un juguete.

Dos biberones.

Pañales.

Un paquete de toallitas.

Ropita diminuta.

Y unos calcetines que Knox había insistido en comprar porque, según él, eran “demasiado pequeños para dejarlos ahí”.

Yo saqué mi cuaderno.

—Voy a anotar todo.

Knox se sentó frente a mí.

—¿Todo?

—Sí.

—¿Incluso los calcetines?

—Especialmente los calcetines.

—¿Por qué?

—Porque después vamos a olvidarnos de lo que compramos.

—Yo no.

Lo miré.

—Tú olvidaste dónde dejaste las llaves ayer.

—Eso fue diferente.

—Las buscaste durante veinte minutos.

—Estaban en mi bolsillo.

—Exactamente.

Knox soltó una risa.

Yo escribí.

Pañales.

Biberones.

Manta.

Ropita.

Juguete.

Calcetines.

Él observaba el cuaderno con atención.

—¿También vas a anotar cuánto gastamos?

—Sí.

—Puedo pagarlo.

Levanté la mirada.

—No.

—Blair.

—No.

—Es mi hijo.

—Nuestro hijo.

—Nuestro hijo —corrigió.

Lo miré unos segundos.

—Y no significa que tengas que comprar todo tú.

—No dije todo.

—Entonces estamos bien.

—Bien.

Continué escribiendo.

Mientras lo hacía, noté que Knox había dejado de hablar.

Levanté la mirada.

Estaba observando el departamento.

No de una manera extraña.

Simplemente estaba mirando.

La pequeña sala.

La mesa donde yo estudiaba.

El sofá.

La estantería llena de libros.

La cocina estrecha.

Después miró hacia el pasillo.

—¿Qué?

Knox volvió la mirada hacia mí.

—Nada.

—Estás mirando mi casa.

—Estoy pensando.

—Eso suele ser peligroso.

Sonrió.

—Tu departamento es pequeño.

Entrecerré los ojos.

—Gracias.

—No lo dije como insulto.

—Sonó como uno.

—El mío es más grande.

—Qué impresionante.

—Tiene una habitación libre.

Dejé el lápiz sobre el cuaderno.

—¿Y?

Knox se quedó callado.

Miró nuevamente hacia el pasillo.

En realidad, la idea había aparecido unos minutos antes.

Mientras guardaban las compras, había pensado en el espacio.

En la habitación vacía de su casa.

En el tamaño del departamento de Blair.

En todas las cosas que necesitaría un bebé.

Y, sin darse cuenta, había empezado a imaginarlo.

Una cuna.

Una cómoda.

Un pequeño armario.

Juguetes.

Una silla para alimentar al bebé.

Y Blair caminando por su casa.

La imagen había aparecido tan naturalmente que hasta a él mismo le había resultado extraña.

—Podríamos preparar la habitación en mi casa.

Blair frunció el ceño.

—¿Qué habitación?

—La que está vacía.

—¿Para qué?

—Para el bebé.

Me quedé mirándolo.

—¿Estás hablando en serio?

—Sí.

—¿Quieres hacerle una habitación en tu casa?

—Es más grande.

—También podríamos hacerla aquí.

Knox miró alrededor.

—Aquí apenas cabemos nosotros dos.

—Nos las arreglaremos.

—Y cuando nazca…

Se detuvo.

No terminó la frase.

Porque había otra idea detrás.

Una mucho más grande.

Una que llevaba varios minutos rondándole la cabeza.

Respiró profundamente.

—Podrías mudarte conmigo.

Silencio.

Absoluto.

Dejé el lápiz.

—¿Qué?

Knox se aclaró la garganta.

—A mi casa.

—Eso escuché.

—Lo digo por el bebé.

—Ah.

Me crucé de brazos.

—Por supuesto.

—Blair…

—No, no. Continúa.

Knox se inclinó hacia adelante.

—Sería más práctico.

—¿Práctico?

—Sí.

—¿Vivir contigo sería práctico?

—Tenemos que prepararnos.

—Podemos hacerlo sin vivir juntos.

—Tendríamos más espacio.

—Podemos conseguir otro lugar.

—Mi casa ya está.

—Tu casa.

—Sí.

—Donde tú vives.

—Sí.

—Y yo también tendría que vivir ahí.

—Sí.

Lo miré fijamente.

—¿Te golpeaste la cabeza?

Knox sonrió.

—Todavía no.

—Entonces explícame por qué crees que voy a mudarme contigo.

—Porque sería más fácil.

—¿Para quién?

—Para los dos.

—No.

—Ni siquiera lo pensaste.

—Lo pensé mientras decías “podrías mudarte conmigo”.

—Eso fueron tres segundos.

—Fueron suficientes.

Knox soltó una pequeña risa.

—Eres difícil.

—Y tú estás loco.

—Puede ser.

Se levantó.

Caminó hasta la ventana.

Desde allí volvió a mirar el departamento.

Era pequeño.

Pero tenía algo cálido.

Todo tenía el toque de Blair.

Los libros.

Las plantas.

Las fotografías.

Las pequeñas decoraciones.

Incluso una taza abandonada junto al sofá.

Su casa era diferente.

Más grande.

Más ordenada.

Más silenciosa.

Pero, por primera vez, Knox imaginó que quizá eso podía cambiar.

Imaginó a Blair dejando sus libros en la mesa.

Quejándose porque él ocupaba demasiado espacio.

Discutiendo por cualquier cosa.

Quejándose de que él dejaba las botas en la entrada.

Y, extrañamente…

No le desagradó la idea.

—No tienes que decidir ahora —dijo.

Blair lo observó.

—No voy a decidir nunca.

—Eso también puede cambiar.

—No te emociones.

Knox sonrió.

—No lo hago.

Me levanté y comencé a guardar las cosas.

—Además, todavía no hemos hablado de cómo vamos a decorar la habitación.

Knox giró la cabeza.

—¿Eso significa que aceptas hacerla?

—No.

—Entonces, ¿por qué lo mencionas?

—Porque si algún día hacemos una habitación…

Me detuve.

No sabía por qué estaba siguiendo aquella conversación.

—Quiero elegir yo los colores.

Knox sonrió lentamente.

—Sabía que ibas a decir eso.

—¿Qué significa esa cara?

—Nada.

—Knox.

—Solo estoy pensando.

—¿Otra vez?

—Sí.

—¿En qué?

Él se acercó.

Se detuvo frente a mí.

—En que probablemente voy a tener que convencerte.

—Buena suerte.

—La voy a necesitar.

Se quedó mirándome.

Demasiado cerca otra vez.

Sentí ese mismo nerviosismo que había sentido en la tienda.

Y lo odié.

Porque ahora empezaba a reconocerlo.

No era incomodidad.

No completamente.

Era algo diferente.

Algo que todavía no quería nombrar.

Knox pareció darse cuenta de que yo estaba incómoda.

Retrocedió.

—Piénsalo.

—No.

—Blair.

—Dije que no.

—Está bien.

Tomó las llaves.

—Pero voy a preparar la habitación de todas formas.

Lo miré sorprendida.

—¿Sin mí?

—No.

Sonrió.

—Contigo.

—¿Cómo?

—Cuando quieras ir a verla.

Abrió la puerta.

—Buenas noches, Blair.

—Buenas noches.

Cerró.

Me quedé sola.

Miré las bolsas.

Después miré el cuaderno.

Y finalmente el pequeño par de calcetines que habíamos comprado.

Los tomé entre mis dedos.

Eran diminutos.

Pensé en una habitación.

En una cuna.

En una casa más grande.

Y, sin querer, imaginé mi propia vida dentro de aquella casa.

Con Knox.

Sacudí la cabeza inmediatamente.

—No.

Dejé los calcetines sobre la mesa.

—Definitivamente no.

Pero el problema era que, por primera vez…

La idea ya no me parecía completamente imposible.

1
Paula Giaccaglia
cómo se llama el bebé?
Iskka Amira
Excelente me encanta mucho esta historia, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia 🫂
Paula Giaccaglia
Nooooooo escritora, ésto es MUY imposible!!! cómo puede ser que ninguno se haya dado cuenta que tuvo sexo!!! y sí tuvieron conciencia de vestirse!!!! sí al menos hubiesen estado desnudos en la cama era un poquito más creíble 🤭
Iskka Amira
es muy buena la novela, reciba mis felicitaciones, por casualidad ellos pertenecen a algo místico ya que se le quedó impreso el nombre de la PATRONA. 🤭

Vale la pena leerla, no nos vayas a dejar en el abandono
Sole Amado
jajajajaja esta buenísima aaaa me reee engancho espero los próximos capítulos ansiosa
Paula Giaccaglia
los dos tienen 20 años? mmmmmm 😱
Paula Giaccaglia
ésta escritora me encanta, una pena que vaya a saber cuándo siguen los próximos capítulos 😭
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