Isabella sabe convertir cualquier viaje en una experiencia inolvidable.
Alessandro Moretti sabe conseguir todo lo que desea.
Entre destinos de lujo, miradas que dicen demasiado y una atracción imposible de ignorar, ambos descubrirán que hay encuentros que no estaban en ningún itinerario.
Porque algunas tentaciones llegan para cambiarte el destino.
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¡Feliz año nuevo!
Isabella nunca había odiado diciembre, al contrario. Durante muchos años había sido su época favorita del año.
Pero después de los quince años, diciembre dejó de ser solamente Navidad.
También se convirtió en el mes que le recordaba todo lo que había perdido.
Sus padres adoraban viajar. Cada Navidad buscaban un lugar diferente.
No eran de quedarse en casa preparando una cena tradicional.
Querían conocer el mundo, Ver otras culturas. Probar comidas nuevas. Tomarse fotografías en lugares que algún día pudieran recordar juntos.
Y aquella Navidad, cuando Isabella estaba a punto de cumplir quince años, habían elegido China.
Ella todavía recordaba aquellos días. Las luces, Los mercados, Las calles llenas de gente.
Las fotografías que su madre insistía en tomarle.
Su padre comprándole pequeñas cosas que ella ni siquiera necesitaba.
Su hermano haciendo bromas, sus abuelos riendo, Habían sido días maravillosos, de esos que una persona guarda para toda la vida.
Isabella pensaba que aquel viaje sería otro recuerdo hermoso de su adolescencia.
No sabía que sería el último.
El terremoto llegó sin pedir permiso, Después vino el caos Y luego el tsunami.
Todo sucedió demasiado rápido.
Gritos, Agua, Personas corriendo, Hoteles evacuados, Calles destruidas, Teléfonos que dejaron de funcionar Y una niña de casi quince años que buscaba desesperadamente a su familia.
—¡Mamá!
Nada.
—¡Papá!
Nadie respondió.
—¡Abuelo! ¡Abuela!
Silencio.
Durante horas caminó buscando rostros conocidos.
Hasta que comprendió algo que su corazón se negaba a aceptar.
Estaba sola, Completamente sola, En un país extranjero, Sin hablar el idioma, Sin conocer las calles, Sin saber a quién acudir.
Sin saber siquiera si su familia seguía viva, Los días siguientes fueron todavía peores.
Isabella tuvo que permanecer allí mientras las autoridades intentaban identificar víctimas y sobrevivientes Y en medio de aquel caos, su inocencia se convirtió en una vulnerabilidad.
Personas que aparentaban querer ayudarla se aprovecharon de ella, la engañaron, la manipularon, La hicieron sentir indefensa.
Algunas cruzaron límites que nunca debieron cruzar con una niña.
Isabella no entendía cómo podía existir tanta crueldad en un mundo que, apenas unos días antes, le había parecido maravilloso.
Aprendió demasiado pronto que no todas las personas que ofrecen una mano quieren ayudarte Y aquella experiencia dejó heridas que no se veían.
Heridas que permanecieron mucho después de que su cuerpo regresara a casa.
Fue la familia de Camila quien finalmente logró encontrarla.
Camila era su amiga desde antes de aquel viaje.
Su familia llevaba meses intentando localizarla.
Cuando finalmente la encontraron, Isabella estaba diferente.
Mucho más callada, Asustada, Desconfiada.
Había dejado de ser la niña que se reía de cualquier cosa, Cuando vio a Camila, no dijo nada.
Solo corrió hacia ella.
Y la abrazó, Con todas sus fuerzas, Camila también lloró.
—Ya estamos juntas —le repetía—. Ya estás conmigo.
Isabella no soltaba sus brazos.
—Quiero irme a casa.
—Vamos a volver.
—Quiero a mi mamá.
Camila cerró los ojos.
Porque no sabía qué decirle.
La familia de Camila la llevó de regreso a su país. A su ciudad.
A la única casa que todavía podía sentir como hogar, Pero volver no significó olvidar.
Durante mucho tiempo Isabella tuvo pesadillas, Le costaba dormir, Le aterraban las multitudes, los lugares desconocidos, Los ruidos fuertes.
Las noticias sobre desastres naturales Y, sobre todo, confiar en las personas.
Tuvo que asistir durante años a sesiones psicológicas.
Fue allí donde conoció realmente a Camila, La muchacha que había sido su amiga terminó convirtiéndose en una de las personas que más conocía su dolor.
Camila la acompañó mientras Isabella aprendía nuevamente a vivir y optó por estudiar psicología para ayudar a personas como su amiga.
Camila estuvo presente en todo, su familia logro obtener su custodia. Con Camila presente pudo volver a confiar, a reír, a salir, a estudiar, construir un futuro y finalmente, a enamorarse.
Cuando llegó a la universidad, Isabella ya era otra.
Más fuerte, independiente, pero algunas heridas nunca desaparecieron completamente, Solo aprendió a vivir con ellas.
Fue en la universidad donde apareció Daniel.
Daniel no conoció a la niña que había perdido a sus padres. Conoció a la joven que estaba intentando reconstruirse.
Y se enamoró de ella, Se enamoró de su carácter, de su risa, de su manera intensa de vivir, de esa energía que parecía decirle al mundo:
“No voy a dejar que lo que me pasó me destruya.”
Se enamoraron como se enamoran los jóvenes, sin medir consecuencias, Sin pensar demasiado en el futuro.
Daniel era su compañero de universidad, Su mejor amigo, Su amante Y finalmente, su esposo.
Isabella tenía veinte años cuando se casaron.
Demasiado jóvenes, enamorados, convencidos de que el mundo les pertenecía Y durante algunos años fue así.
Tuvieron viajes, Cenas, Noches interminables, Risas, Se*o y Muchísimo se*o.
Una complicidad que parecía imposible de romper, Daniel conocía cada parte de ella.
Incluidas aquellas partes que Isabella jamás había sido capaz de contarle a nadie más.
Con él aprendió que podía volver a confiar, que podía sentirse segura junto a un hombre, que podía amar sin miedo.
Hasta que nació Emma Y después llegó la enfermedad.
Al principio parecía algo controlable, Medicamentos, Controles, Tratamiento.
Daniel decía que todo estaría bien.
—No tienes que preocuparte, Pecas.
—¿Seguro?
—Seguro.
Isabella le creía.
Porque necesitaba creerle.
Pero Daniel Sabía que ese malestar estaba afectando lentamente su organismo.
La enfermedad fue cambiándolo todo.
También la intimidad.
Las relaciones sexuales comenzaron a ser cada vez menos frecuentes Y para Isabella aquello fue difícil.
Muy difícil.
No porque hubiera dejado de amar a Daniel.
Lo amaba, pero su cuerpo seguía siendo el mismo, Su deseo seguía existiendo, Su necesidad de sentirse deseada seguía allí Y comenzó a sentirse culpable.
—¿Qué me pasa? —le preguntó una vez a Camila.
—Nada.
—Pero siento que soy una mala esposa.
—No eres una mala esposa por tener deseos.
Isabella bajó la mirada.
—Entonces, ¿por qué siento que todo lo hago mal?
Camila se acercó.
—Porque llevas demasiados años creyendo que tienes que ser fuerte todo el tiempo.
Isabella no respondió.
Había pasado por demasiado, había perdido a sus padres, a su hermano, a sus abuelos.
Había sobrevivido a una tragedia, Había tenido que aprender a confiar nuevamente Y ahora tenía miedo de perder también a Daniel.
Así que buscó ayuda, No quería destruir su matrimonio, No quería abandonar a su familia, Pero tampoco sabía cómo manejar aquella parte de sí misma.
Durante un tiempo buscó refugio en otras personas Y después llegó la culpa.
Siempre la culpa, Hasta que un día decidió detenerse.
Pasó un año entero sin tener una relación extramatrimonial.
Un año intentando ser solamente esposa, Madre, Profesional y Mujer.
Un año intentando sentirse completa sin buscar respuestas afuera Y entonces apareció Alessandro.
El hombre que jamás había planeado conocer, el hombre que empezó como una tentación.
Después como un refugio, después como una complicación Y finalmente…
como amor.
Aquella noche, Isabella estaba en casa.
Emma corría de un lado a otro.
La casa estaba decorada con luces navideñas.
Daniel había preparado algunas cosas para la cena.
Isabella intentaba sonreír, Pero algo dentro de ella estaba inquieto.
No sabía que Alessandro iba camino hacia allí, No sabía que llevaba un anillo en el bolsillo, No sabía que había recibido un mensaje que había puesto todo su mundo de cabeza.
Alessandro conducía.
Tenía las manos firmes sobre el volante.
Pero su corazón estaba descontrolado.
La frase del detective seguía repitiéndose en su cabeza.
Daniel Carter.
Emma Carter.
Esposa, Hija.
No quería creerlo, No podía.
Había amado a Isabella, La había visto, La había tocado.
Había compartido con ella noches, viajes, conversaciones y sueños Y no podía aceptar que todo hubiera sido una mentira.
—Dime que es mentira —murmuró mientras conducía—. Solo dime que es mentira.
Apretó el volante y Matteo solo escuchaba. No dejaría a su amigo solo.
El pequeño estuche negro estaba en el bolsillo interior de su chaqueta. El anillo seguía allí.
El mismo que había comprado para ella, El mismo que pensaba entregarle cuando comenzara el nuevo año.
Cuando llegó, vio la casa iluminada.
Había música, Risas, Niños corriendo, Una familia reunida.
Alessandro bajó del automóvil, Por un instante permaneció inmóvil.
Respiró profundamente, después caminó hacia la entrada.
La puerta estaba entreabierta Y entonces escuchó una voz infantil.
—¡Pecas!
Alessandro se quedó congelado, Conocía esa voz, La había escuchado antes.
Era Emma.
La pequeña niña rubia de ojos azules que había conocido a través de una videollamada.
La misma que le había dicho que era guapo, la misma que le había preguntado cuándo iría a comer con Pecas y su papá.
Alessandro tragó saliva.
Emma apareció corriendo por el pasillo.
—¡Pecas!
Entonces vio a Isabella, ella salió de la habitación. Llevaba un vestido sencillo.
El cabello rojo suelto Y una expresión de sorpresa absoluta.
—Alessandro...
Él no respondió.
Emma corrió hacia Isabella.
Se abrazó a sus piernas.
Y entonces dijo las dos palabras que terminaron de destruir la última esperanza de Alessandro.
—¡Mami vino Aleshandlo!
El mundo se detuvo.
Isabella cerró los ojos.
Alessandro dejó de respirar por un instante.
Matteo le dijo - Aless, vamonos.
Miró a Emma, después a Isabella.
Después volvió a mirar a la niña Y lentamente comprendió.
Son idénticas solo cambia el color de cabello y sus ojos, ella era su hija la misma niña que había visto por teléfono.
La misma niña que le había parecido encantadora.
La misma niña que le había hablado de su papá.
No era una sobrina, Era su hija.
Su hija.
Alessandro sintió que algo dentro de él se rompía.
—¿Mami? ¿Que pasa? —repitió, casi sin voz.
Isabella no pudo responder.
Emma levantó la mirada hacia ella.
—Pecas dile que se siente a comel.
Isabella sintió que las piernas le temblaban Y entonces Daniel apareció detrás de ella tomando su cintura.
—Pecas, ¿quién llegó?
Alessandro lo miró.
Daniel lo miró a él Y ninguno necesitó preguntar demasiado.
Alessandro reconoció inmediatamente al hombre cuyo nombre había leído en el mensaje.
Daniel Carter, su esposo, El esposo. No su hermano.
El hombre que había estado detrás de todas aquellas llamadas.
De todas aquellas ausencias, de todos aquellos secretos.
Alessandro volvió a mirar a Isabella.
Su rostro había perdido completamente el color.
—Él es Daniel —dijo ella finalmente.
Silencio.
Daniel extendió una mano.
—Usted es Alessandro, su jefe.
Alessandro ni siquiera la miró.
Sus ojos permanecían sobre Isabella.
—¿Tu eres Daniel? Su esposo.
Isabella tragó saliva, No pudo decir nada.
Alessandro llevó lentamente una mano al bolsillo de su chaqueta.
Tocó el pequeño estuche negro.
La promesa que había llevado para ella. La esperanza con la que había conducido hasta aquella casa.
Todo seguía allí.
Excepto el futuro que había imaginado.
—¿Cuánto tiempo? —preguntó finalmente.
Isabella cerró los ojos.
—Alessandro...
—¿Cuánto tiempo, Isabella?
Su voz ya no tenía rabia.
Eso era peor, tenía dolor, Un dolor profundo, Casi irreconocible.
Daniel observó a Isabella, sabía que aquel hombre no era simplemente alguien del trabajo.
Era el hombre que había cambiado completamente la expresión de su esposa.
Isabella sintió que las lágrimas querian caer.
—Ocho años — Dijo Daniel - Siéntense están en su casa, hay comida para todos.
Alessandro la miró.
—Ocho años es bastante tiempo.
Ella levantó la mirada.
—Si, nos ha costado lágrimas, pero somos muy felices.
—Si, se nota y Emma es encantadora.
Sonrió
- Emma es todo para nosotros.
Se quedó mirándola durante unos segundos.
—Solo quería darles un feliz año nuevo, Isabella me había comentado que vivía por aquí y mi familia y yo estamos cerca recibiendo año nuevo.
Isabella no podía respirar.
- Es usted muy amable y considerado, Feliz año nuevo para usted también.
Estrechó su mano y la de Matteo quien no salía del asombro.
Emma corrió y lo abrazó por las piernas - Feliz año ñuevo señol bonito.
Alessandro sonrió.
- Feliz año nuevo Emma.
Isabella se iba a marchar a la cocina y Alessandro dijo.
- Feliz año nuevo Isabella, aprovecho para decirte que puedes tomarte unas vacaciones, tu familia merece pasar más tiempo contigo.
Esa propuesta cayó sobre el lugar como un golpe.
Daniel sonrió
-Gracias.
Isabella miró al hombre que tenía frente a ella.
Al hombre que había conseguido entrar en una parte de su corazón que ella había intentado mantener cerrado.
—¡Feliz año nuevo Sr. Moretti! Y gracias.
Alessandro sonrió y se marchó.
-¡Feliz año nuevo!- Dijo Matteo y siguió a su amigo.
Matteo susurró antes de cruzar la puerta, percatándose que solo Isabella escuchase.
-Por tu bien, no vuelvas.
Afuera comenzaron los fuegos artificiales, La ciudad celebraba el comienzo de un nuevo año, Pero dentro de aquella casa, para Isabella, una vida acababa de terminar Y otra estaba a punto de comenzar.