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Lo Que El Poder No Pudo Comprar

Lo Que El Poder No Pudo Comprar

Status: En proceso
Genre:Romance / Mafia / Posesivo
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Darling.LADK

En una gala impecable, donde todo está cuidadosamente controlado, Amalia Vélez observa en silencio desde el anonimato, como siempre: presente, pero invisible.

Todo transcurre según lo planeado... hasta que él aparece.

Vladímir Alekséi Morán.

Su presencia no altera el ambiente de forma evidente, pero sí lo tensiona. Es un hombre que no necesita moverse ni hablar para dominar el espacio. Y cuando sus miradas se cruzan, no hay sorpresa ni curiosidad... sino reconocimiento.

Un instante silencioso, cargado de peligro.

Ella se aparta primero, como dicta su mundo. Pero sabe que él no es un hombre cualquiera... y que esa noche no terminará igual.

Desde la perspectiva de Vlad, ella no debería ser distinta al resto. Una mujer más, elegante pero irrelevante. Sin embargo, algo en ella no encaja: no busca atención, no reacciona, no quiere nada de él.

Y eso la vuelve imposible de ignorar.

NovelToon tiene autorización de Darling.LADK para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

20_Jugadores Prescindibles

La llamada terminó.

Pero no dejó eco.

No dejó duda.

Dejó... evaluación.

Amalia no se movió de inmediato.

Seguía sentada.

El teléfono aún en su mano.

Sus ojos fijos en la nada.

Pero su mente-

ya estaba trabajando.

-Rastrea -murmuró.

El comunicador respondió casi al instante.

-En proceso.

-Origen inestable.

-Señal enmascarada... pero torpe.

Pausa.

-No es un sistema avanzado.

Amalia sonrió.

Leve.

-Ya lo sabía.

Se levantó.

Caminó lentamente hacia el ventanal.

Mirando la ciudad.

Tranquila.

-Interrumpió un envío.

-Dañó dos rutas secundarias.

-Y falló en un intento de extracción.

Silencio.

-Predecible.

Iván apareció en la línea.

-¿Procedemos?

Amalia no dudó.

-Elimínenlo.

Pausa.

-Limpio.

-Rápido.

-Sin espectáculo.

-Entendido.

Y así-

sin elevar la voz.

Sin cambiar el tono.

Amalia acababa de borrar a alguien del tablero.

Como si nunca hubiera estado.

A kilómetros-

en Morán Tecnologi-

Vlad ya estaba de pie frente a las pantallas.

Su equipo proyectaba datos.

Errores.

Intentos.

Interferencias.

-Intentó acceder a tres nodos -dijo uno de sus hombres-falló en todos.

-Interrumpió un envío -añadió otro-pero no logró robar nada.

Silencio.

Vlad observó.

Frío.

Analítico.

-Patrón débil -murmuró.

-Demasiado ruido para tan poco resultado.

Pausa.

Sus ojos se afilaron.

-¿Origen?

-Rastreo en curso.

-Pero no es alguien de alto nivel.

Eso fue suficiente.

Vlad giró apenas el rostro.

-Elimínenlo.

Sin emoción.

Sin énfasis.

Como si fuera obvio.

-Que desaparezca antes de intentar aprender.

-Sí, señor.

Y así-

dos órdenes distintas.

Dos lugares distintos.

Misma conclusión.

Mismo resultado.

El "nuevo jugador" no lo vio venir.

No entendió el error.

No comprendió el nivel.

Intentó moverse.

Reaccionar.

Escapar.

Pero ya era tarde.

Demasiado tarde.

Las rutas se cerraron.

Las comunicaciones cayeron.

Las salidas desaparecieron.

Y en cuestión de minutos-

dejó de existir en el tablero.

Sin ruido.

Sin historia.

Sin impacto real.

Solo un intento fallido.

Horas después-

Amalia observaba los reportes finales.

Breves.

Precisos.

-Neutralizado -dijo Iván.

-Sin rastro.

Amalia asintió.

-Bien.

Pausa.

-¿Y daños?

-Mínimos.

-Nada relevante.

Una leve sonrisa.

-Como pensé.

Silencio.

-Jugadores así...

murmuró.

-solo sirven para recordarnos el nivel.

En otro punto de la ciudad-

Vlad recibió el mismo informe.

-Objetivo eliminado.

-Sin repercusiones.

-Sistemas estables.

Vlad no respondió de inmediato.

Solo observó.

Pensando.

No en el jugador.

No en el intento.

En ella.

-¿Reacción de la organización? -preguntó.

-Nula.

Pausa.

-Control total.

Eso-

lo hizo sonreír.

Levemente.

-Claro...

murmuró.

-Así juega ella.

Más tarde-

la ciudad volvió a su ritmo.

Normal.

Silenciosa.

Como si nada hubiera pasado.

Pero en dos puntos distintos-

dos mentes analizaban lo mismo.

Sin hablar.

Sin coordinarse.

Llegando a la misma conclusión.

Amalia, en su departamento-

mirando la ciudad.

-Aburrido... -murmuró.

Vlad, en su oficina-

con la mirada fija en la noche.

-Insuficiente.

Y en ese instante-

sin saberlo-

pensaron lo mismo.

No en el juego.

No en el enemigo.

Sino en el único desafío real que tenían.

El uno al otro.

Y eso...

era lo único que importaba ahora.

La noche había caído con una calma engañosa.

El departamento de Amalia permanecía en silencio.

Ordenado.

Elegante.

Como siempre.

Pero su mente...

no lo estaba.

Seguía repasando.

Ajustando.

Recalculando.

Hasta que-

el teléfono vibró.

Una vez.

Nombre en pantalla.

Mati.

Amalia respondió de inmediato.

-¿Qué pasó?

No era una pregunta casual.

Era alerta.

Al otro lado-

una voz más joven.

Más inquieta.

-Amalia... -dudó-

-Leo está raro.

Pausa.

-Muy raro.

Ella se incorporó apenas.

-Explícate.

-No habla.

-No molesta.

-No está con el celular.

Pausa.

-Ni siquiera discutió conmigo hoy.

Eso-

sí era grave.

Amalia cerró los ojos un segundo.

Pensando.

-¿Qué pasó?

Silencio breve.

-Creo que... -Mati dudó-

-se enamoró.

Amalia no respondió de inmediato.

-¿De quién?

-De una amiga tuya.

Pausa.

-Ivana.

Silencio.

Y en ese instante-

todo encajó.

Demasiado rápido.

Demasiado claro.

Iván.

Su silencio.

Su cambio.

Su ausencia de sarcasmo.

De comentarios.

De provocaciones.

Todo.

Amalia exhaló levemente.

No molesta.

No sorprendida.

Solo...

comprendiendo.

-¿Y qué pasó con Ivana? -preguntó.

-Lo bateó... -respondió Mati-

-feo.

Pausa.

-Creo que en serio le gustaba.

Silencio.

Amalia apoyó la espalda en el sofá.

-Escúchame bien -dijo.

Su tono suave.

Pero firme.

-Eso es decisión de ella.

Pausa.

-Y Leo tiene que respetarlo.

-Sí... -murmuró Mati.

-No lo presiones.

-No lo molestes.

-Déjalo sentir.

Silencio.

-Pero no lo dejes solo.

Pausa.

-¿Entendido?

-Sí.

Amalia suavizó apenas la voz.

-Y tú...

Pausa.

-cuídate mucho, ¿sí?

-Sí, Amalia.

-Te llamo luego.

-Vale.

La llamada terminó.

Silencio.

Pero distinto.

Más personal.

Más cercano.

Amalia dejó el teléfono a un lado.

Sus ojos se quedaron fijos.

Pensando.

No en el ataque.

No en Vlad.

En Iván.

Y en Leo.

Una leve exhalación.

-Problemas innecesarios... -murmuró.

Pero no había molestia real.

Solo...

una ligera complicación.

Se levantó.

Sin dudar.

Tomó el teléfono nuevamente.

Marcó.

Una sola vez.

Iván respondió.

-¿Sí?

Su voz.

Normal.

Demasiado normal.

Y eso confirmó todo.

-Necesito que vengas -dijo Amalia.

Directa.

Sin rodeos.

Pausa.

-¿Ahora?

-Ahora.

Silencio.

Breve.

-Estoy ocupado.

Amalia sonrió apenas.

-No.

Pausa.

-Estás disponible.

Silencio.

Y entonces-

esa respuesta.

La de siempre.

La que no podía evitar.

-Esto es un secuestro laboral -murmuró Iván.

Amalia dejó escapar una leve risa.

Corta.

Elegante.

-Correcto.

Pausa.

-Y no tienes opción.

Silencio.

Un segundo.

Y luego-

-En diez minutos.

La llamada terminó.

Amalia dejó el teléfono.

Sus ojos se afilaron apenas.

Pero no con frialdad.

Con intención.

Porque esto-

no era trabajo.

No completamente.

Era otra cosa.

Y lo sabía.

-Veamos... -murmuró.

Su voz baja.

Pensativa.

-qué tan mal estás realmente...

Porque Iván no era solo su mano derecha.

Era parte del equilibrio.

Y cuando algo en él cambiaba-

Amalia no lo ignoraba.

Nunca.

A lo lejos-

en la ciudad-

alguien más pensaba en ella.

Pero esta vez-

Amalia no estaba pensando en Vlad.

Y eso...

era algo poco común.

La puerta se cerró con un clic suave.

Iván no entró de inmediato.

Se quedó un segundo en el umbral.

Como si midiera el ambiente.

Como si ya supiera que esto...

no era una conversación cualquiera.

-Llegas tarde -murmuró Amalia sin mirarlo.

Iván soltó una leve exhalación.

-Secuestro laboral, ¿recuerdas?

Cerró la puerta detrás de sí.

Caminó dentro del departamento.

Pero no con la seguridad habitual.

No con esa soltura que lo caracterizaba.

Había algo distinto.

Y Amalia lo notó desde el primer paso.

Se giró lentamente hacia él.

Lo observó.

En silencio.

Analizando.

Midiendo.

No como jefa.

Como algo más.

-¿Cómo has estado? -preguntó.

Su voz suave.

Sin filo.

Eso-

lo descolocó más que cualquier orden.

Iván la miró.

Un segundo.

Y luego soltó una pequeña risa sin humor.

-¿De verdad quieres empezar por ahí?

Amalia no apartó la mirada.

-Sí.

Silencio.

Iván pasó una mano por su cabello.

Desordenándolo apenas.

-Supongo que ya sabes.

No fue pregunta.

Fue afirmación.

Amalia inclinó levemente la cabeza.

-Solo sé que "Ivana" bateó a Leo.

Pausa.

Sus ojos se suavizaron apenas.

-Pero quiero saber qué piensas tú.

Silencio.

Pesado.

Denso.

Iván desvió la mirada.

Por primera vez en mucho tiempo.

-Pienso... -empezó, pero se detuvo.

Exhaló.

-Que fue lo correcto.

Amalia no habló.

Lo dejó continuar.

-Leo... -murmuró-

-no tiene la culpa.

Pausa.

-Pero tampoco la tengo yo.

Levantó la mirada.

Directo hacia ella.

-No podía decirle la verdad.

-No podía seguirle el juego.

-Y tampoco podía...

Pausa.

Su mandíbula se tensó.

-responderle.

Silencio.

Amalia dio un paso hacia él.

Lento.

Sin invadir.

-¿Por qué?

La pregunta fue suave.

Pero directa.

Iván la sostuvo.

-Porque no soy "Ivana".

Pausa.

-Y aunque lo fuera...

sus ojos se endurecieron apenas.

-no sería justo.

Silencio.

Eso-

no era solo lógica.

Era límite.

Era algo que él no cruzaría.

Ni por juego.

Ni por lealtad.

Amalia lo observó unos segundos más.

Y entonces-

habló.

-Hiciste lo correcto.

Simple.

Claro.

Sin adornos.

Iván soltó una leve risa.

-Sí...

Pausa.

-Pero no se siente así.

Ahí estaba.

La grieta.

Pequeña.

Pero real.

Amalia se acercó un poco más.

Lo suficiente para que su presencia se sintiera.

Pero no lo suficiente para invadirlo.

-No todo lo correcto se siente bien -murmuró.

Sus ojos fijos en los de él.

-Eso no lo hace incorrecto.

Silencio.

Iván bajó la mirada un segundo.

-Lo sé.

Pausa.

-Pero igual...

No terminó la frase.

No hacía falta.

Amalia lo entendió.

Claro que lo hizo.

-¿Te afecta? -preguntó.

Iván dudó.

Y eso ya era respuesta.

-Un poco.

Pausa.

-Más de lo que pensé.

Silencio.

Amalia asintió lentamente.

-Entonces siéntelo.

Iván la miró.

Confundido.

-¿Qué?

-Eso -respondió ella-

-lo que sea que estés sintiendo.

Pausa.

-Pero no te quedes ahí.

Silencio.

-No eres de los que se rompen.

Eso-

no fue una orden.

Fue una certeza.

Iván la sostuvo.

Y por un momento-

volvió a ser él.

-No -murmuró-

-no lo soy.

Una leve sonrisa apareció.

Pequeña.

Pero real.

Amalia también sonrió.

Apenas.

-Bien.

Pausa.

Su tono volvió a cambiar.

No frío.

Pero firme.

-Porque te necesito completo.

Silencio.

Y ahí estaba.

La otra verdad.

La que nunca decía en voz alta.

Iván la entendió.

Siempre lo hacía.

-Siempre lo has tenido -respondió.

Sin dudar.

Sin romper.

Amalia sostuvo su mirada.

Un segundo más.

Y luego-

asintió.

Porque no necesitaban más.

No en ese momento.

No entre ellos.

Pero antes de apartarse-

añadió algo.

Suave.

Casi imperceptible.

-Y tú también eres importante.

Silencio.

Iván no respondió de inmediato.

Pero algo en su expresión cambió.

Mínimo.

Pero suficiente.

-Lo sé -murmuró finalmente.

Y esta vez-

sí se sentía diferente.

Más estable.

Más él.

El equilibrio...

había vuelto.

Y Amalia-

se aseguró de que así fuera.

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