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La NOCHE QUE NUNCA TERMINA

La NOCHE QUE NUNCA TERMINA

Status: Terminada
Genre:Mitos y leyendas / Maldición / Brujas / Completas
Popularitas:583
Nilai: 5
nombre de autor: karolina oquendo

COMPLETA

Mudarse parecía la única salida.
Para Andrés, Lili y su hijo Santiago, dejar la ciudad no fue una decisión… fue una necesidad. Una casa barata en un pueblo olvidado les ofrecía algo que ya no tenían: tranquilidad.
Y al principio, eso fue exactamente lo que encontraron.
Silencio. Calma. Espacio para empezar de nuevo.
Pero hay silencios que no son normales.
Y hay lugares donde la oscuridad no solo oculta… sino que observa.
Cuando cae la noche, la casa cambia.
Los rincones se vuelven más profundos. Los pasillos más largos. Y lo que no se ve… comienza a sentirse.
No hay monstruos.
No hay presencias.
Solo algo mucho más peligroso:
La mente.
Porque en la oscuridad, cada pensamiento toma forma…
y lo que imaginas… puede volverse real.

NovelToon tiene autorización de karolina oquendo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 – La fase que sigue

La casa de los Herrera ya no era un lugar donde el silencio significara descanso, sino algo que pesaba, que se metía en la cabeza y no dejaba pensar con claridad, y esa noche ese silencio fue distinto, más profundo, más definitivo, porque ya no quedaba nada que sostener. Dos hijos habían desaparecido, uno frente a sus ojos y otro sin dejar rastro, y lo peor no era solo la pérdida, sino la forma en que sus mentes se negaban a aceptarlo completamente, como si una parte de ellos siguiera creyendo que todo era falso, que nada de eso estaba pasando realmente, que en cualquier momento despertarían y todo volvería a la normalidad, pero esa mentira ya no tenía fuerza suficiente para sostenerse.

La niña pequeña dormía en la cama, ajena a todo, respirando con tranquilidad, con esa calma que solo tienen los que no entienden el peligro, y los padres la observaban en silencio, sin hablar, sin mirarse, porque no hacía falta decirlo en voz alta, ambos sabían lo que estaban pensando. No podían escapar, no podían detenerlo, no podían protegerla, y esa idea, que antes parecía impensable, ahora era lo único que tenía sentido, no dejar que eso la alcanzara.

La madre se acercó primero, temblando, pasando su mano por el cabello de la niña, sintiendo su respiración, intentando memorizar ese momento, mientras el padre permanecía de pie, rígido, con la mirada fija, como si ya no pudiera retroceder. La decisión no se dijo, pero estaba ahí, creciendo, empujando desde dentro, hasta que la voz apareció.

No fue fuerte, no fue agresiva, fue tranquila, y por eso mismo fue peor.

No.

La habitación no desapareció, pero dejó de sentirse completamente real, como si algo se superpusiera sobre ella, como si la realidad se volviera más delgada, y cuando levantaron la mirada, Susan estaba ahí, observándolos con esa sonrisa que no cambiaba.

No se pueden suicidar, dijo con calma, no sabrán ricos, y esas palabras cayeron pesadas, no por su significado inmediato, sino por lo que implicaban. Aún falta miedo, continuó, y ustedes se están negando, y antes de que pudieran reaccionar, añadió que ahora seguían con la fase, que morirían una y otra vez, y si eso no funcionaba, siempre mataría a su hija y se la comería una y otra vez, y nunca sabrían si era verdad o mentira, porque eso era lo mejor, porque en parte ya estaban bajo su control, como títeres.

El padre parpadeó, y en ese instante algo cambió sin cambiar realmente, porque seguía en la habitación, pero ya no estaba en el mismo lugar, o tal vez sí, pero no de la misma forma, y cuando miró hacia abajo, se dio cuenta de que estaba sosteniendo a su hija en brazos sin recordar haberla levantado. La madre gritaba, pero su voz se escuchaba lejana, como si viniera de otro sitio, y entonces lo vio, sus propias manos estaban en el cuello de la niña, presionando lentamente.

Intentó soltarse, intentó detenerse, pero no pudo, su cuerpo no respondía, y la niña abrió los ojos, mirándolo con confusión, diciendo papá con una voz pequeña que no encajaba con lo que estaba pasando, y ese fue el momento en que todo dentro de él gritó que se detuviera, pero no lo hizo, porque no podía, porque algo más fuerte lo estaba guiando. La presión aumentó, el movimiento continuó, la respiración de la niña se volvió irregular, sus pequeños brazos intentaron apartarlo, pero eran demasiado débiles, y en un instante todo terminó.

El cuerpo quedó inmóvil, el silencio llenó la habitación, y el padre retrocedió de golpe, respirando con dificultad, mirando sus manos como si no fueran suyas, mientras la madre caía al suelo temblando, repitiendo que no podía ser, que eso no podía haber pasado, pero entonces la realidad se dobló.

Y estaban otra vez en la habitación.

La niña estaba en la cama.

Dormida.

Respirando.

Como si nada hubiera ocurrido.

El padre negó con la cabeza, murmurando que no era real, que no podía ser real, pero su voz no tenía fuerza, porque lo había sentido, lo había vivido, y eso no desaparecía con solo mirar otra vez.

Susan seguía ahí, observando, tranquila, como si todo fuera parte de algo esperado, y entonces dijo otra vez, con la misma calma, que repitieran.

Esta vez fue la madre.

No decidió moverse, no quiso hacerlo, pero su cuerpo avanzó igual, sus manos temblaban mientras se acercaba a la niña, murmurando que no era ella, que no era ella, pero no podía detenerse, y cuando la niña abrió los ojos y dijo mamá, algo dentro de ella se rompió, pero no fue suficiente para detener el movimiento.

El padre intentó intervenir, pero no pudo moverse, no pudo gritar, no pudo hacer nada, solo ver cómo ocurría de nuevo, cómo el proceso se repetía con esa lentitud que obligaba a sentir cada segundo, cada cambio, cada momento hasta el final.

Y otra vez silencio.

Y otra vez la realidad se dobló.

Y otra vez la niña estaba en la cama, dormida, intacta, respirando con normalidad.

La madre cayó hacia atrás, con la mirada perdida, mientras el padre respiraba de forma irregular, sin saber qué creer, porque no importaba si era real o no, el dolor sí lo era, la sensación sí lo era, el recuerdo sí lo era.

No es real, murmuró ella, no puede ser real, pero no lo creía completamente, porque algo dentro de ella sabía que eso no lo hacía menos verdadero.

La tercera vez fue peor, porque no fueron ellos.

La niña se levantó sola.

Sus movimientos eran lentos, pero firmes, como si alguien más la guiara, y cuando los miró, su expresión no era la misma, no era completamente la de una niña, había algo más, algo que no encajaba, y entonces algo invisible la levantó del suelo, sin manos visibles, sin forma clara, pero presente, completamente presente.

Los padres intentaron moverse, pero no pudieron, intentaron gritar, pero no salió nada, solo podían ver, solo podían escuchar, solo podían sentir cómo algo la destruía frente a ellos sin poder intervenir, sin poder detenerlo, sin poder cerrar los ojos siquiera.

Y cuando todo terminó, el silencio volvió.

Y la habitación también.

La niña estaba en la cama.

Dormida.

Respirando.

Como siempre.

Pero ya no significaba nada.

La madre dejó de llorar.

El padre dejó de intentar entender.

Porque finalmente lo comprendieron.

No importaba lo que hicieran.

No importaba lo que pensaran.

No importaba si era real o no.

Todo iba a repetirse.

Una y otra vez.

Hasta que no quedara nada de ellos.

Susan los observó en silencio unos segundos más, satisfecha, y luego dijo con la misma calma que ahora sí, ahora sí sabrían bien, que el miedo era suficiente, y que esto apenas comenzaba, antes de desaparecer como si nunca hubiera estado ahí.

La habitación quedó en silencio.

La niña dormía.

Y ellos…

ya no sabían si eso era algo bueno.

1
Rimuro Oquendo
nueva obra es de suspenso ☺️
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