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Renací Siendo La Villana

Renací Siendo La Villana

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Venganza
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Miranda lo tenía todo: un esposo que la amaba y una vida perfecta. Pero un "accidente" le arrebató el aliento. Ahora, ha despertado en el cuerpo de Ámbar Valer, la chica señalada como su asesina. Atrapada en una casa llena de enemigos y perseguida por el odio implacable de su propio esposo, Damián Villegas, Miranda deberá jugar un juego peligroso. ¿Podrá convencer al hombre que ama de que ella sigue viva, o morirá de nuevo a manos de su propia venganza?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El alma de un angel caído

[Perspectiva de Damián Villegas]

El hospital a las cuatro de la mañana es un purgatorio de luces fluorescentes y zumbidos de máquinas que marcan la frontera entre la vida y la muerte. No pude quedarme en mi oficina. El remordimiento era una presión física en mis pulmones, un aire viciado que solo podía purgar si volvía al lugar donde casi me convierto en un asesino.

Entré por la recepción principal, oculto bajo la sombra de una gorra y el cuello de mi abrigo levantado. No quería ser el "señor Villegas", el empresario herido; solo quería ser un espectro observando las ruinas que él mismo había provocado. Caminé por el pasillo de la Unidad de Cuidados Intensivos, mis pasos resonando con una pesadez que nunca antes había sentido.

Al llegar al ventanal de la suite de Arturo, me detuve en seco.

Allí estaba ella.

Ámbar no se había ido a casa. No estaba descansando en la mansión Valer, ni celebrando su nueva libertad legal. Estaba sentada en un sillón incómodo junto a la cama de Arturo, sosteniendo su mano inerte entre las suyas. La luz de los monitores bañaba su rostro de un azul espectral, revelando las ojeras profundas y la palidez de su piel. Se veía frágil, pero había una devoción en su postura que me hizo retroceder un paso.

Me escondí tras el marco de la puerta entreabierta, observándola a través del cristal.

—No te vayas, papá —la escuché susurrar. Su voz era un hilo de seda roto—. No me dejes sola con ellos. Todavía no. Necesito que veas cómo limpio este nombre. Necesito que sepas que ella... que Miranda no nos odia.

Un escalofrío me recorrió la columna. ¿Por qué hablaba de Miranda en tercera persona pero con esa familiaridad desgarradora? ¿Y por qué llamaba a Arturo "papá" con una sinceridad que no parecía ensayada? El informe de Santillán decía que ella odiaba a Arturo, que lo consideraba un cajero automático para sus caprichos. Pero lo que yo estaba viendo era amor puro, un dolor que no se puede fingir cuando no hay nadie mirando.

Me quedé allí, inmóvil, durante lo que parecieron horas. Vi cómo se levantaba con dificultad, sus movimientos lentos por el agotamiento, y comenzaba a acomodar las sábanas de su padre con una ternura meticulosa. Lo hacía con una eficiencia que me resultó desconcertante: revisó el goteo del suero, ajustó la almohada y luego, con una suavidad que me dolió en el alma, le dio un beso en la frente.

Fue entonces cuando la culpa terminó de fracturarme.

Esa mujer no era la "conejita" asustadiza de los recuerdos de Esteban, ni la psicópata fría del informe de Vanessa. Era alguien más. Alguien que poseía una dignidad que yo había intentado pisotear con mis botas de hierro.

De repente, ella se giró hacia el ventanal, como si hubiera sentido mi mirada. Me pegué a la pared, conteniendo la respiración, con el corazón martilleando contra mis costillas. Mi orgullo me gritaba que saliera y la enfrentara, que le exigiera respuestas, pero mi remordimiento me mantenía anclado al suelo. ¿Con qué cara le pediría perdón después de haber casi asfixiado a su padre frente a sus ojos?

Me deslicé por la pared hasta quedar sentado en el suelo del pasillo desierto. La arquitectura de mi venganza se estaba derrumbando, y yo estaba atrapado bajo los escombros.

—¿Qué he hecho, Miranda? —le pregunté a la oscuridad, cerrando los ojos con fuerza—. He estado cazando a la persona que te está llorando con la misma intensidad que yo.

Saqué mi teléfono y le envié un mensaje corto a Marcos: "Consigue el historial de llamadas de Vanessa Valer del día del accidente. Ahora mismo".

Si Vanessa había pagado ese informe psiquiátrico, si ella había orquestado el odio que yo sentía, entonces yo había sido el arma del crimen de una conspiración mucho más grande. El pensamiento de que yo, Damián Villegas, el hombre que se jactaba de su intelecto, hubiera sido manipulado como un títere por una mujer como Vanessa, me provocaba una náusea insoportable.

Me quedé allí, en el pasillo, haciendo guardia en silencio. No podía entrar, no tenía el derecho, pero no podía irme. Si Arturo Valer daba su último suspiro esta noche, yo quería estar allí para recibir la condena que me correspondía.

Cerca de las seis de la mañana, vi salir a una enfermera de la habitación. Me puse de pie rápidamente, interceptándola antes de que se alejara.

—¿Cómo está el paciente del 402? —pregunté, tratando de que mi voz no temblara.

La enfermera me miró con sospecha, pero al ver el cansancio y la desesperación en mis ojos, suavizó el gesto.

—Sigue crítico, pero estable. Su hija no se ha separado de él ni un segundo. Es admirable, de verdad. Pocos hijos muestran esa entereza hoy en día.

—Gracias —murmuré.

Me volví hacia el cristal una última vez. Ámbar se había quedado dormida en el sillón, con la cabeza apoyada en el borde de la cama, sin soltar la mano de Arturo. En ese momento, la luz del amanecer empezó a entrar por la ventana del hospital, iluminándola. Se veía tan parecida a Miranda en su forma de dormir —con el ceño ligeramente fruncido, como si estuviera resolviendo un problema incluso en sueños— que sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

No era posible. No podía ser. Pero la duda ya no era una semilla; era un árbol que estaba rompiendo mi realidad.

Caminé hacia el ascensor, con el alma pesada y una resolución nueva. No buscaría a Ámbar para atacarla. La buscaría para observarla. Para entender cómo es posible que la asesina de mi esposa tuviera el alma de un ángel caído. Y si descubría que Vanessa me había mentido, si descubría que Ámbar era la víctima de esa casa... entonces el mundo conocería un tipo de furia que ni siquiera yo sabía que poseía.

Mi vigilia como verdugo había terminado. Ahora, comenzaba mi vigilia como investigador de una verdad que amenazaba con destruirme a mí mismo antes de salvarla a ella.

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valeska garay campos
me estoy comiendo las uñas 🤭
valeska garay campos
Sabían pregunta todo aunque crean que estas loco
Ámbar dile que eres Miranda aunque piense que estas loca 🤭
valeska garay campos
vamos a ver como reacciona Ámbar al llegar a su casa con su esposo 🤭
valeska garay campos
al fin Damian sabe que no fue mentira todo lo escrito en el diario 🤭
Adriana Ruiz
👏👏👏me encanta 😍
valeska garay campos
me encanta la historia que Damian salbe a su amada esposa
valeska garay campos
Miranda que no caiga en la trampa de las víboras
valeska garay campos
vamos Damian ya sabes que ámbar es tu esposa solo debes creer en tú corazón ❤️ 🤭
valeska garay campos
excelente capítulo nos podrías reglar una maratón?
valeska garay campos
cada capítulo más emocionante dan ganas de más capítulos 😊
valeska garay campos
debió quebrarle el brazo 🤭
valeska garay campos
vamos Miranda aplasta a esos gusanos 🤭💪
valeska garay campos
ya estamos conociendo a las víboras vamos a ver quien gana 🤭
valeska garay campos
muy buena historia me encantan 💪
Ysabel Correa: Gracias 🫂
total 1 replies
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Tanta perfección es rara
Maria Cantillo
vaya despertar del coma y recibir insultos del que fue su esposo y estar en un cuerpo más joven vaya vaya🤭🤭🤭
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