Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.
Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.
Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.
NovelToon tiene autorización de Margaret Gimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La Mesa de Piedra
La sala del Consejo no estaba hecha para conversaciones suaves.
Era un círculo de piedra oscura, tallado siglos atrás cuando el sistema de clanes fue impuesto por la diosa. El techo se perdía en sombras. El aire era pesado. Antiguo.
En el centro, la mesa circular llevaba grabados los símbolos de cada linaje.
El del Clan Yshir brillaba débilmente.
Néstor permanecía de pie.
Solo.
No como padre.
Como líder cuestionado.
Los Ancianos ya estaban sentados.
No levantaron la voz.
No era necesario.
El más antiguo habló primero.
—El anillo se activó sin autorización del Consejo.
Silencio.
—No hubo ceremonia. —No hubo votación. —No hubo designación oficial del guardián.
Otra voz, más fría:
—Y aun así respondió.
Las palabras pesaban más que una acusación directa.
Néstor no bajó la mirada.
—La activación no fue provocada —dijo con calma medida—. Fue espontánea.
Un murmullo recorrió la mesa.
—Nada en el sistema de clanes es espontáneo —replicó otro Anciano—. Si el anillo respondió, es porque el vínculo estaba destinado.
—¿O porque perdió el control? —añadió una voz seca desde la sombra.
Ahí estaba el verdadero ataque.
No era contra Daily.
Era contra su autoridad.
Néstor sostuvo la mirada del hombre que había hablado.
—Mi hija no ha sido imprudente.
—Su hija no ha asumido su posición.
Silencio.
El símbolo del clan volvió a brillar… esta vez con una vibración casi imperceptible.
El Anciano principal entrelazó las manos.
—Los otros clanes ya lo saben.
Eso sí lo tensó.
—La energía del anillo fue detectada. No fue sutil. Si el guardián fue elegido sin consenso… el equilibrio está expuesto.
Otra pausa.
—Y un líder que no puede controlar su propio sello debilita a todo el sistema.
La palabra controlar quedó flotando.
Como una provocación.
Néstor respondió con voz firme:
—Un guardián no se controla. Se reconoce.
Algunos intercambiaron miradas.
Pero la respuesta ya estaba preparada.
—Entonces reconózcalo públicamente. —O ceda el liderazgo.
El golpe fue directo.
No político.
Personal.
Antes de que Néstor pudiera responder, las puertas se abrieron.
No fue un estruendo.
Fue un movimiento firme.
Daily entró.
Vestía de negro.
Sin adornos.
Sin el manto ceremonial.
No bajó la cabeza.
No pidió permiso.
El círculo se cerró en silencio.
El Anciano principal la observó.
—Su presencia era requerida.
Daily avanzó hasta el centro.
El símbolo bajo la mesa reaccionó.
El brillo fue más intenso esta vez.
—El anillo ya eligió —dijo uno de los consejeros—. Eso no está en discusión.
Daily sostuvo su mirada.
—Lo sé.
—Entonces explique por qué no ha formalizado el vínculo.
—Porque aún no entiendo su naturaleza.
Un murmullo.
—No estamos hablando de naturaleza —replicó otro—. Estamos hablando de control.
Ella no titubeó.
—No necesito controlarlo.
Porque al parecer olvidaron que formalizar el vínculo también es compartir mi poder con el.
Pausa.
—Necesito comprender por qué fue elegido.
Formalizar el vínculo implica compartir mi poder.
Y no entregaré ese acceso a alguien cuya intención aún desconocemos.
Esas palabras cayó como un golpe seco para el concejo.
El silencio que siguió no fue aprobación.
Fue evaluación.
Uno de los Ancianos inclinó levemente el cuerpo hacia adelante.
—Si no puede dominar el vínculo, no está lista para liderar.
Ahí estuvo la herida.
No gritó.
No se defendió.
Pero algo cambió en su expresión.
Más frío.
Más firme.
—El liderazgo no se demuestra dominando a otro —respondió—. Se demuestra sosteniendo las consecuencias.
El símbolo del clan brilló con fuerza.
Más que antes.
Más que cuando Néstor habló.
Los Ancianos lo notaron.
Todos.
Uno de ellos murmuró:
—El sello la reconoce.
El más antiguo cerró los ojos unos segundos.
Cuando los abrió, la decisión estaba tomada.
—Muy bien, Daily Yshir.
La llamó por su nombre completo.
Como líder.
—El Consejo exige que asuma el control formal del clan en un plazo de siete días.
Un golpe seco en la mesa.
—Resolverá la activación del anillo. —Reconocerá públicamente al guardián. —Y demostrará que puede sostener el equilibrio.
La amenaza implícita era clara.
Si fallaba…
El Consejo intervendría.
Y no sería amable.
Daily sostuvo la mirada del círculo completo.
No buscó a su padre.
No dudó.
—Acepto.
Dijo al tocar la mesa con una mano haciendo que una carga eléctrica recorriera al rededor un instante.
Obligándolos a quitar la mano de allí
El brillo bajo la mesa se estabilizó.
El Consejo no sonrió.
Pero entendieron algo.
No estaban frente a una heredera insegura.
Estaban frente a una líder que acababa de decidir dejar de esperar.
Néstor la observó en silencio.
Orgullo.
Y preocupación.
Porque ahora el tiempo corría.
Y el anillo ya estaba activo.
Y en algún lugar…
El guardián elegido respiraba sin saber que su existencia acababa de convertirse en un punto político.
La reunión se levantó.
Pero antes de salir, el Anciano principal dejó caer una última frase:
—Recuerde, Daily…
Si el vínculo se activó sin acuerdo… alguien más pudo sentirlo.
La puerta se cerró.
Y el eco de esas palabras quedó suspendido.
El equilibrio ya no era interno.
Era una amenaza exterior.
Y apenas comenzaba.
Daily ya en su habitación sintió el dolor como si algo hubiera rasgado el aire dentro de su pecho.
Fue un tirón.
Que le quemaba la mano.
Apenas logró levantar la cabeza mirando hacia la puerta.
—¿Qué estás haciendo…? —murmuró, con la voz tensada por el dolor.