Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 20: Acusaciones muy serias y reacciones poco dignas
El problema empezó con una carta.
Una carta muy solemne.
Tan solemne, de hecho, que Takumi supo al instante que algo andaba mal.
—“Solicitud urgente de revisión de conducta del capitán Hikaru Valen” —leyó en voz alta—. Oh. Esto es nuevo.
Hikaru, de pie frente a él, no reaccionó de inmediato.
—Era cuestión de tiempo —dijo finalmente—. Después del escenario.
Takumi frunció el ceño.
—¿Escenario? ¿Eso? ¿Donde casi me mato frente a medio reino?
—Exactamente eso —respondió Hikaru—. Fue… visible.
Takumi dejó la carta sobre el escritorio y cruzó los brazos.
—A ver… —dijo—. ¿De qué te acusan exactamente?
Hikaru tomó otra hoja.
—Exceso de cercanía. Falta de profesionalismo. Influencia indebida sobre decisiones del heredero.
Takumi parpadeó.
—…¿Influencia indebida?
—Así dice.
Takumi llevó una mano al pecho, ofendido.
—¿Me estás diciendo que creen que no puedo pensar por mí mismo?
—Creo que eso es lo que más les molesta —respondió Hikaru con calma.
La audiencia disciplinaria fue convocada esa misma tarde.
Una sala demasiado grande. Demasiadas personas importantes. Demasiadas miradas curiosas.
Hikaru permanecía recto, serio, impecable.
Takumi, en cambio, estaba visiblemente molesto.
—Capitán Valen —comenzó un noble—. Se le acusa de cruzar los límites de su función.
—¿Por cantar? —preguntó Takumi de inmediato.
Silencio.
—Porque si es por cantar —añadió—, la culpa es mía. Canto incluso cuando no debo.
—Su Alteza —intervino otro noble—. No estamos evaluando su talento artístico.
—Menos mal —murmuró Takumi—. Porque sería injusto para el reino.
Hikaru cerró los ojos un segundo.
—El capitán ha sido visto tocándolo en público —continuó el noble—. Eso genera interpretaciones.
Takumi se levantó de golpe.
—¡Tropecé!
—…Exactamente —respondió el noble.
—¡Eso fue un reflejo! —exclamó Takumi—. ¿Qué se suponía que hiciera? ¿Que me dejara caer para mantener la compostura?
Un murmullo recorrió la sala.
—Su Alteza —dijo Leonard con voz firme—. Siéntate.
Takumi obedeció… a regañadientes.
—Capitán Valen —continuó el consejo—. ¿Reconoce usted haber actuado sin autorización?
Hikaru respondió con voz firme.
—Actué para evitar que Su Alteza cayera. Repetiría la decisión.
Takumi lo miró como si acabara de declarar una guerra.
—¿Ves? —susurró—. ¡Eso fue heroico!
—Eso fue imprudente —respondió Hikaru por lo bajo.
La reina Elias, hasta entonces en silencio, habló:
—¿Desde cuándo evitar que mi hijo se lastime es una falta?
Silencio absoluto.
—Si van a juzgar a alguien —continuó con suavidad peligrosa—, júzguenme a mí por confiar en él.
Takumi sintió un calor extraño en el pecho.
El consejo se removió incómodo.
—Además —añadió Elias—, el pueblo no vio escándalo. Vio cuidado.
Uno de los nobles tosió.
—Tal vez… exageramos.
Tal vez, pensó Takumi con sarcasmo.
La audiencia terminó sin sanción formal, pero con una “recomendación” clara:
menos cercanía visible.
En el pasillo exterior, Takumi explotó.
—¡Esto es ridículo!
—Baja la voz —murmuró Hikaru—. Hay oídos.
—¡Que escuchen! —dijo Takumi—. ¿Desde cuándo protegerme es un crimen?
Hikaru lo miró.
—Desde que importa demasiado.
Takumi se detuvo en seco.
—…Eso sonó peligroso.
—Lo es —admitió Hikaru.
Caminaron unos pasos más en silencio.
—Capitán —dijo Takumi—. ¿Te meterías en problemas por mí otra vez?
Hikaru respondió sin dudar:
—Sí.
Takumi se llevó una mano al pecho.
—Eso no ayuda a mi autocontrol emocional.
Hikaru arqueó una ceja.
—No es parte de mis funciones.
Esa noche, en los pasillos del palacio, dos sirvientas susurraban:
—Dicen que casi suspenden al capitán.
—¿Por proteger al príncipe?
—Exacto. Qué romántico.
—¡No es romántico! —dijo Takumi desde detrás de una columna—. ¡Es administrativo!
Las sirvientas gritaron y salieron corriendo.
Hikaru lo miró, resignado.
—Ahora creen que escucha detrás de las paredes.
—Genial —respondió Takumi—. Otro rumor.
Pero mientras caminaban de regreso, Takumi sonrió sin querer.
El complot había fallado otra vez.
Y Hikaru… seguía ahí.
Eso lo asustaba.
Y lo hacía increíblemente feliz.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰