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La Prisionera Del Comandante Declan

La Prisionera Del Comandante Declan

Status: Terminada
Genre:Esclava / Sirvienta / Ascenso de clase social / Dominación / Amor tras matrimonio / Completas
Popularitas:8.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Gianna Viteri (gilover28)

En Vaelkoria, el aire huele a pólvora y traición. Declan es el puño de hierro del imperio, un hombre que no conoce la duda. Pero cuando captura a Navira en las fronteras de Sundergard, descubre que hay incendios que ni siquiera el acero más frío puede apagar. Ella es su prisionera, pero él es quien está perdiendo la libertad.

NovelToon tiene autorización de Gianna Viteri (gilover28) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Declan

El sol de Vaelkoria era una mancha pálida en el cielo invernal, apenas calentando el despacho del Comandante. Los pergaminos se apilaban sobre mi escritorio como montañas de problemas, y la voz de Kael era un zumbido constante sobre estrategia militar y tratados comerciales. Pero mi mente… mi mente estaba a mil kilómetros de distancia, en una alcoba con sábanas revueltas y el aroma persistente de mi Navira.

—Señor, el despliegue de las legiones de Ébano en el Paso del Dragón está listo —informó Kael, con su tono metódico y eficiente. Él, a diferencia de mí, siempre estaba concentrado—. Pero el contingente del Barón Volkov se niega a movilizarse sin el pago de las últimas provisiones.

—Que se le pague, Kael —gruñí, sin levantar la vista del mapa que tenía delante. Pero no veía el mapa; veía el perfil de Navira durmiendo, su cabello oscuro desparramado sobre mi almohada.

—Ya se le pagó la semana pasada, señor —Kael se aclaró la garganta—. Sospecho que el Barón está intentando… manipular las cuentas, aprovechando la confusión diplomática.

—Que lo haga —respondí, y luego me di cuenta de que mi respuesta no tenía ningún sentido. Kael me miró con una ceja arqueada.

—¿Que manipule las cuentas, señor? ¿El Comandante Supremo va a permitir un desfalco en las arcas del reino?

Solté un suspiro, frustrado. Esto de estar enamorado era una distracción infernal. Cada vez que Navira me tocaba, o me insultaba, o me miraba con esos ojos de tormenta, mi cerebro se convertía en gelatina.

—No, Kael, no. Que se le pague otra vez y que la próxima vez le rompan las piernas antes de que pueda pedirlo —corregí, tratando de recuperar mi habitual autoridad—. ¿Algún otro punto de traición y avaricia que tengamos que discutir?

Kael, un hombre que se había enfrentado a dragones y hordas de bárbaros sin pestañear, vaciló.

—Señor… no sé si es el mejor momento para… pero el despacho del Rey ha llegado. Con el sello dorado. Parece que las noticias de su… compromiso han llegado a la capital.

Ah, el Rey. El viejo roble de Vaelkoria, firme y tradicionalista. Esto iba a ser divertido.

—Que entre el Mensajero —ordené, intentando que mi voz sonara lo más normal posible.

El Mensajero Real, un hombrecillo pálido y sudoroso, entró en el despacho. Traía un rollo de pergamino atado con una cinta de seda negra. Se inclinó profundamente ante mí, evitando mi mirada.

—Su Majestad el Rey envía sus más sinceros deseos de… felicitación, Comandante —dijo el Mensajero, su voz temblaba—. Pero también expresa su preocupación por la elección de su futura consorte. Exige una audiencia inmediata en la capital para discutir los… detalles del linaje y el protocolo.

—Dile a Su Majestad que iré a la capital cuando acabe con mis asuntos aquí —respondí, mi voz volviéndose fría como el hielo de mis tierras—. Y que mi elección de consorte no es asunto suyo. Es mi prometida. Y la futura Gran Dama de Vaelkoria. Que se acostumbre.

El Mensajero tragó saliva. —Sí, señor. Informaré a Su Majestad.

Salió del despacho con una prisa que rozaba el pánico. Me quedé solo con Kael, que me miraba con una expresión indescifrable.

—Señor… ¿de verdad tiene intención de llevar a la señorita Navira a la capital? El Rey es… muy estricto con las tradiciones. Y el incidente con la Baronesa de Valmont…

—Navira no es "la señorita Navira", Kael. Es mi prometida. Y sí, la llevaré a la capital. Y si el Rey tiene algún problema, ya lo arreglaré. Lo último que me importa ahora mismo es el "protocolo" de un puñado de viejos que no han pisado un campo de batalla en décadas.

Kael se quedó en silencio por un momento, ordenando los pergaminos con una lentitud inusual.

—Señor… ¿puedo preguntar algo, con todo respeto?

—Pregunta, Kael —dije, recostándome en mi silla.

—Usted… ha conquistado reinos. Ha matado a hombres sin piedad. Ha resistido torturas y ha forjado este imperio de hierro. Pero con la señorita Navira… con ella parece… diferente.

—Es diferente —admití, sintiendo un calor familiar extenderse por mi pecho al pensar en ella.

—Señor… ¿cómo se… cómo se confiesa amor a una mujer así? —preguntó Kael, y su voz era extrañamente… suave. Como si estuviera pidiendo un consejo de vida en lugar de una estrategia de guerra.

Me quedé en silencio, sorprendido por su pregunta. ¿Kael preguntándome sobre amor? El hombre era una máquina militar, no un poeta.

—¿Por qué me preguntas eso, Kael? —le pregunté, observándolo de cerca.

Él se sonrojó ligeramente, algo que nunca le había visto hacer.

—Bueno, señor… uno observa. Y la señorita Navira… ella es…

—Es un incendio —terminé su frase—. Es la rebelión misma. Es la mujer que me hace sentir más vivo y más loco de lo que jamás pensé.

—Sí, señor —Kael asintió—. Exactamente. Y usted… la mira como si fuera el sol mismo. Y la señorita Navira… a pesar de sus gritos, ella…

—Me araña la espalda —dije, sonriendo al recordar la noche—. Me llama cerdo asqueroso. Me golpea y me echa de su habitación.

—Y usted parece adorar cada segundo —Kael soltó una pequeña risita.

Me levanté de mi silla y caminé hacia la ventana, mirando hacia el reino nevado. La pregunta de Kael me había golpeado más fuerte de lo que esperaba. ¿Cómo se confiesa amor a una mujer así? A una mujer que te odia con la misma pasión con la que te desea.

—No se confiesa amor, Kael —dije finalmente, mi voz baja y pensativa—. Se demuestra. Se demuestra cada vez que la defiendes de un vizconde con las manos largas. Se demuestra cuando arriesgas tu cuello por ir a verla a su alcoba. Se demuestra cuando el Rey te amenaza y lo mandas al infierno porque ella es lo único que importa.

Me giré para mirar a Kael.

—Y se demuestra cuando te atreves a casarte con ella, a pesar de que el mundo entero te diga que es un suicidio. Porque solo así, ella puede empezar a creer que no es una prisionera. Que es una reina.

Kael me miró con una comprensión que me sorprendió.

—Entiendo, señor. Entonces… su decisión de llevarla a la capital. ¿No es solo para desafiar al Rey?

—Es para que el Rey vea quién es ella —dije, sintiendo un ardor familiar en mi pecho al pensar en Navira—. Para que el mundo vea que Navira no es un trofeo. Es mi igual. Es la mujer que va a gobernar a mi lado. Y si alguien tiene algún problema con eso, tendrá que pasar por encima de mi cadáver.

Kael asintió, volviendo a su papel de oficial eficiente.

—Entendido, Comandante. Prepararé la comitiva para el viaje a la capital. Y… ¿necesitará algún consejo sobre… cómo evitar que la señorita Navira cause un incidente diplomático en la corte del Rey?

Solté una carcajada.

—No, Kael. Lo único que me interesa es que Navira cause todos los incidentes diplomáticos que quiera. Si lo hace, significa que está viva. Y que es mía.

Caminé de regreso a mi escritorio, sintiéndome extrañamente ligero. Los pergaminos, los informes, la guerra… todo parecía menos importante.

—Kael —dije, sin levantar la vista de los documentos, aunque mis pensamientos estaban en mi prometida—. Si alguna vez te enamoras de una mujer que te hace perder el juicio, no intentes ser un poeta. Sé un lobo. Marca tu territorio. Y que el mundo se queme si es necesario.

—Sí, señor —Kael respondió, con un tono que sugería que se estaba tomando mi consejo muy en serio.

Me pasé una mano por el cabello, sonriendo. El Rey podía esperar. El Consejo podía conspirar. Los barones podían intentar manipular. Lo único que me importaba era volver a ver a Navira. A mi Navira. Y no pensaba dejar que nada se interpusiera en mi camino.

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Silvana Beatriz Velazquez
maravillosa historia 😍. Solo me hubiera gustado un extra con el nacimiento del bebé y unos años después mostrando su carácter.
Elsa Martinez Gonzalez
MAGNÍFICA
Paola Cordero
Jajajjaja y jajajjajajajjaja como todo hombre super exagerado jajajajajajsjajsjjs
karla yustiz garcia
🤣🤣🤣🤣 la vitamina N
Olinda Bernales Bertolotto
Siempre lindo... nunca decepciona leer tus libros.
Gracias por compartir tu talento... 🙂😊🤗😄
Sharon Mendoza
precioso
Sharon Mendoza
precioso
karla yustiz garcia
se lee tan buena 👏👏
karla yustiz garcia
será que hay fotos de ellos 🤔
karla yustiz garcia
a mi también 🤭
karla yustiz garcia
me encanta 😍😍
karla yustiz garcia
😍😍 que bello
Viviana Lopez
Espléndido
Irene Covarrubias
creo que fue muy sutil 🤣🤣
Rosa Villena
Bellísima historia, me encantó, gracias, gracias ❤️🥰
Elilu 🇲🇽
jajaja no pues viéndolo por ese lado Declan tiene razón es un gran avance en la relación de peros y gatos que se traen ustedes dos.
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