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Renací Siendo La Villana

Renací Siendo La Villana

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Venganza
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Miranda lo tenía todo: un esposo que la amaba y una vida perfecta. Pero un "accidente" le arrebató el aliento. Ahora, ha despertado en el cuerpo de Ámbar Valer, la chica señalada como su asesina. Atrapada en una casa llena de enemigos y perseguida por el odio implacable de su propio esposo, Damián Villegas, Miranda deberá jugar un juego peligroso. ¿Podrá convencer al hombre que ama de que ella sigue viva, o morirá de nuevo a manos de su propia venganza?

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El calor de un extraño

El eco del portazo de Damián seguía vibrando en las paredes de la habitación, pero el estrépito más fuerte era el de mi propio corazón. Estaba sola. Atrapada en una piel que no reconocía, en una edad que ya había superado y, lo peor de todo, señalada como la asesina de mi propio ser. Me llevé las manos a la cara —esas manos pequeñas, de dedos finos y piel de porcelana— y solté un sollozo que me desgarró el pecho.

No era el llanto contenido de la Miranda de treinta años; era un llanto doloroso, agudo, el de una joven de veinte años cuya biología parecía amplificar cada emoción.

—¿Miranda? —susurré, probando mi nombre en esta nueva lengua—. Damián... por favor, vuelve...

Pero nadie volvió. El silencio del hospital se volvió pesado, roto solo por el pitido rítmico de las máquinas que me recordaban que Ámbar, o quienquiera que fuera yo ahora, seguía aferrada a la vida. Según lo que Damián había escupido con tanto odio, llevaba tres meses en un abismo de inconsciencia. Tres meses en los que él había enterrado mi cuerpo original y alimentado un rencor que ahora me quemaba la piel.

De repente, el sonido de unos pasos apresurados en el pasillo me hizo tensarme. La puerta se abrió de par en par, pero esta vez no fue la figura sombría y hostil de mi esposo.

—¡Ámbar! ¡Hija mía!

Un hombre de unos cincuenta años, de cabello canoso en las sienes y ojos que desbordaban una angustia infinita, entró en la habitación. No vestía con la frialdad aristocrática que yo esperaba del "dueño de una cadena de hoteles". Su traje estaba arrugado, su corbata torcida y su rostro marcado por las noches en vela.

Al verme sentada, con el rostro bañado en lágrimas y temblando como una hoja, soltó un suspiro que pareció sacarle todo el aire del cuerpo. Se desplomó prácticamente a mi lado y me rodeó con sus brazos con una urgencia que me dejó sin aliento.

—Gracias a Dios... Gracias a Dios que despertaste —sollozó él, hundiendo su rostro en mi cabello rubio—. Pensé que te perdía, mi niña. Pensé que nunca volvería a ver esos ojos.

Me quedé rígida por un segundo. Mi instinto era alejarme, gritarle que yo no era su hija, que se estaba equivocando de persona. Pero entonces, sentí su calor. Era un abrazo protector, sólido, cargado de un miedo tan genuino y un amor tan puro que mis defensas se desmoronaron.

En mi otra vida, la de Miranda Durán, el concepto de "padre" era un hueco negro. Mi progenitor se había marchado cuando yo tenía seis años, dejándonos a mi madre y a mí con una montaña de deudas y un silencio que nunca se llenó. Crecí aprendiendo a ser fuerte por las malas, a ser mi propio refugio. Damián había sido el primer hombre en el que confié, pero incluso con él, siempre hubo una parte de mí que temía el abandono.

Pero este hombre... este hombre me apretaba como si yo fuera el tesoro más valioso del mundo.

—Tranquila, Ámbar. Ya pasó —me decía, acariciando mi espalda con una mano temblorosa—. Sé que tienes miedo. Sé que el accidente fue terrible, pero papá está aquí. No voy a dejar que nadie te toque. El señor Villegas ha estado diciendo cosas horribles, pero yo me encargaré, lo juro.

Me separé un poco para mirarlo. Su nombre vino a mi mente como un susurro lejano: Arturo Valer. No era el villano que Damián describía. Sus ojos miel, idénticos a los de este nuevo cuerpo, me miraban con una devoción que me hizo llorar con más fuerza. Por primera vez en toda mi existencia, sentí lo que era ser la prioridad absoluta de un padre.

—Lo siento tanto... —logré decir, y no mentía. Lo sentía por él, que amaba a una chica que quizás ya no estaba allí, y lo sentía por mí, que estaba robando un afecto que no me pertenecía.

—No sientas nada, mi amor. Solo descansa —me pidió Arturo, limpiándome las lágrimas con sus pulgares—. Los médicos dicen que es un milagro. Tres meses en coma... los pronósticos eran oscuros. Pero yo sabía que mi guerrera no me dejaría solo.

Se sentó en el borde de la cama y tomó mis manos entre las suyas, dándoles calor.

—Escúchame bien, Ámbar. Sé que no recuerdas mucho del choque, y es mejor así. La justicia está presionando, y ese hombre, Damián Villegas, está fuera de sí por la pérdida de su esposa. Pero tú eres joven, fue un error, un fallo mecánico... lo que sea que haya sido, no permitiré que destruyan tu vida por un accidente. Tienes todo un futuro por delante.

Sus palabras eran un bálsamo y un puñal al mismo tiempo. Él quería salvar a Ámbar, mientras que el hombre que yo amaba quería hundirla. Estaba en medio de dos fuegos: el amor incondicional de un padre que no era el mío, y el odio implacable del esposo que seguía siendo el dueño de mis suspiros.

Miré a Arturo Valer y, por un momento, dejé de intentar explicarme la lógica de mi transmigración. Solo me aferré a su mano. Si el mundo entero, liderado por Damián, iba a perseguirme por un crimen que no cometí conscientemente, al menos tenía este rincón de calidez.

—Gracias... papá —susurré.

La palabra se sintió extraña en mis labios, pero al ver cómo su rostro se iluminaba con una sonrisa de alivio, supe que ese sería mi primer papel en esta nueva vida. Tendría que aprender a ser Ámbar para sobrevivir, para descubrir qué pasó realmente en ese accidente y, sobre todo, para encontrar la forma de que Damián volviera a ver a Miranda a través de estos ojos color miel.

—De nada, mi niña —respondió él, besando mis nudillos—. Ahora, trata de dormir. Mañana empezaremos la rehabilitación. Y no tengas miedo de Villegas. Mientras yo respire, ese hombre no se acercará a ti para decirte ni una sola palabra hiriente más.

Él no sabía que sus palabras hirientes eran las únicas que yo deseaba escuchar, porque eran el único vínculo que me quedaba con mi antigua realidad. Pero mientras Arturo me arropaba con una ternura que nunca conocí, comprendí que Miranda Durán había muerto para recibir un regalo póstumo: el amor de un padre que daría la vida por ella.

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valeska garay campos
me estoy comiendo las uñas 🤭
valeska garay campos
Sabían pregunta todo aunque crean que estas loco
Ámbar dile que eres Miranda aunque piense que estas loca 🤭
valeska garay campos
vamos a ver como reacciona Ámbar al llegar a su casa con su esposo 🤭
valeska garay campos
al fin Damian sabe que no fue mentira todo lo escrito en el diario 🤭
Adriana Ruiz
👏👏👏me encanta 😍
valeska garay campos
me encanta la historia que Damian salbe a su amada esposa
valeska garay campos
Miranda que no caiga en la trampa de las víboras
valeska garay campos
vamos Damian ya sabes que ámbar es tu esposa solo debes creer en tú corazón ❤️ 🤭
valeska garay campos
excelente capítulo nos podrías reglar una maratón?
valeska garay campos
cada capítulo más emocionante dan ganas de más capítulos 😊
valeska garay campos
debió quebrarle el brazo 🤭
valeska garay campos
vamos Miranda aplasta a esos gusanos 🤭💪
valeska garay campos
ya estamos conociendo a las víboras vamos a ver quien gana 🤭
valeska garay campos
muy buena historia me encantan 💪
Ysabel Correa: Gracias 🫂
total 1 replies
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Tanta perfección es rara
Maria Cantillo
vaya despertar del coma y recibir insultos del que fue su esposo y estar en un cuerpo más joven vaya vaya🤭🤭🤭
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