Martina era una niña que vivía su vida feliz, pero un día le tocó pagar por el pecado de su padre.
Según cuentan, algún inocente siempre debe pagar por el pecado de un culpable.Dicen que ellos no necesitan redención, ni un batallón de ángeles que los guíen, los inocentes ya son en sí ángeles que caminan entre nosotros. Pero a veces nos cuesta mucho aceptar esta simple explicación, y a Martina solamente le faltaron las alas, y volar.
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Veintiuno
Los meses siguieron pasando en la vida de las Lombardi y su entorno, y Martina recién había cumplido diecisiete años, los que celebró junto a sus amigos del colegio y como no, no podía faltar Gio.
El chico ya no estaba con la novia que despreciaba a Martina, la muchacha había logrado separarlo bastante de su amiga con sus celos y él la había complacido creyendo que quizás esa era una forma de olvidar el amor no declarado que sentía por ella, pero después de lograr su cometido vinieron las compañeras de su clase y más tarde hasta las novias de sus amigos, entonces Gio comprendió que el problema no eran las mujeres que lo rodeaban, el problema era ella, y decidió cortar toda la relación.
La fiesta del cumpleaños la hicieron en la casa de Gio, ya él no vivía en la propiedad de sus padres, lo hacía en un apartamento bastante grande a unos veinte minutos de la mansión Lombardi.
Fue una celebración solamente de jóvenes, no habían padres o mayores que los contuvieran, pero igual todos eran tranquilos y no iban a tener problemas.
Por supuesto Martina no estaría sin custodio allí, aunque ella lo reclamó mil veces y lo más que consiguió fue que Massimo estuvieran en la fiesta, pero no como su guardaespaldas, ella quería que fuera como su acompañante, no se mostrarían como pareja ni mucho menos, pero la chica quería compartir con el hombre algo más que el espacio cerrado de su casa.
La fiesta fue muy divertida para ella, aunque no tanto para el hombre, Martina no dejó de bailar ni un momento, la mayoría allí no era mayor de edad, así que no hubo alcohol ni por asomo, pero al parecer la cantidad de azúcar que ingerían en los refrescos los mantenía a todos en un estado de alegría sin control, o era simplemente que se sentían libres de la mirada adulta.
Massimo estuvo contrariado casi todo el tiempo que duró la diversión, él no bailó mucho, se moría de ganas de tenerla a ella en sus brazos, y más con lo hermosa que estaba, pero también se moría de celos al ver a los chicos de su edad revoloteando a su alrededor y para cuando llegó la hora de marcharse fue como si lo liberaran de un gran peso.
- No la pasaste bien ¿ Verdad?- le dijo ella nada más que subieron al auto que hoy conducía el hombre.
- Sí, me gustó verte feliz.- le contestó sin más.
- Pero tú no estabas feliz, lo noté.
- No te preocupes, si tú sonríes, yo estoy feliz. - y con eso se quedó la conversación durante el corto camino a la casa.
Al llegar a la mansión Massimo aparcó el auto y ella lo miró antes de bajarse, respiró hondo y con el poco ánimo que le quedaba le dijo muy bajo.
- Lamento mucho haberte obligado a estar allí conmigo. - y sin darle tiempo a él a reaccionar se bajó y corrió directo a su habitación.
La noche fue bastante larga para aquellos dos, ella hubiera querido que él apareciera en su puerta dándole una explicación de su comportamiento, incluso si tenía que escuchar que ya no quería seguir con aquella relación lo habría entendido, pero eso no pasó, y él estuvo todo el rato en su cuarto caminando de un lado a otro sin poder dormir.
- Martina ¿Podemos hablar un momento?- la interrumpió él mientras ella estaba en la biblioteca leyendo algo para su tarea del colegio.
La chica cerró el libro y lo miró y recogió las piernas que tenía extendidas en el sofá, dejando claro de que podía sentarse.
- Te escucho.- fue todo lo que habló.
- ¿Por qué dijiste eso antes de bajarte del auto anoche?- le preguntó.
- Dime que es mentira.- el hombre calló.- Entonces, ¿ Para qué preguntas si tú sabes la respuesta?
- No es así, te juro que yo quería estar allí contigo, pero tienes que entenderme, yo no tengo la edad que tienen todos esos chicos a tu alrededor y me siento desplazado por ellos.
- ¿Desplazado?¿ Estás loco Massimo? Puedes preguntarle a cada uno de ellos y te dirían que te envidian, y no por estar conmigo, ellos ni siquiera se imaginan lo nuestro, te envidian por que tú eres el hombre que quieren ser, ellos quieren verse como tú. Acaso no notaste cuantas veces te preguntaron a que gimnasio ibas o si hacías una dieta en especial, ellos tienen diecisiete años, por lo más que compiten es por estar cachas y que las chicas los miren, pero al final es solo eso, y tú eres un todo en uno para ellos. Pero que más da si tú lo único que ves es a la competencia.
- Lo siento de verdad amor.- le dijo acercándose a ella- Eché a perder tu noche por mis inseguridades y te pido que me perdones.
- Massimo tienes que pensar muy bien lo nuestro, yo siempre voy a ser doce años menor que tú, eso no lo puedes cambiar, mira a mi hermana y a Jim, tienen la misma diferencia de edad y eso no los limita para nada, cada vez que te pones así me parece que la mayor de los dos soy yo.
- Lo siento, de verdad, intentaré que no vuelva a pasar.
- Está bien Massimo, te creo.- y le sonrió para después recostarse sobre él y seguir leyendo.
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Después de la fiesta de cumpleaños los chicos amigos del colegio de Donato y Martina se quedaron con ganas de seguir celebrando y más de un fin de semana volvieron a reunirse en la casa de Gio, a él no le importaba tenerlos allí, eran tranquilos y además se encargaban de dejar todo limpio al final, pero algo había cambiado, Martina nunca más invitó a Massimo a venir con ella, sabía que no le agradaba estar rodeado de adolescentes y no quería volver a tener una discusión con él, en su defecto siempre venía Lucian, que unas veces estaba todo el rato como estatua de jardín y otras se divertía bastante.
Un fin de semana de fiesta Lucian estaba de vacaciones, su esposa había tenido un bebé y él la acompañaba por unos días y esa celebración era algo especial, era el cumpleaños de Gio. Martina no quería quedarse sin ir y estuvo pensando y probó una idea que tuvo, con algo de pena llamó a Lucian y le pidió que la acompañara, prometiéndole que le pediría en su nombre otros días de vacaciones a su hermana y el hombre aceptó, pero con la condición de que otro guardia la recogería para él no tener que llegar hasta la mansión, el viaje de allí a su casa era bastante lejos.
Y así se hizo, Giulia regañó a Martina por molestar al guardia, pero cumplió con la palabra dada por su hermana y los días de vacaciones extras y le pidió a Massimo que se encargara de traer de regreso a la chica.
Y allí estaba el hombre esperando afuera del edifico en el que vivía Gio, para verla salir rodeada de sus compañeros, riendo y pasándola bien sin él.
felicidades autora
saludos desde Lima Perú