Madison Smith, profesora de 24 años.
Adam Brooks, chico de 19 años.
Dos personas que se vuelven a ver después de años, ahora ella siendo su profesora y él su alumno...
Ser su profesora y acostarse con su alumno podría traer problemas... ó quizás no
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Capítulo 21
...Adam...
Era muy de pero tenía que arreglar unos asuntos con mis nuevos socios.
Cuando tuve en mis manos el informe y nombres de quienes serían mis socios, el nombre de Madison provocó que algo dentro mío se removiera y no sé exactamente el qué fue. No sé si fue algo bueno o malo. No lo sé realmente.
-Por favor Sarah, cuida bien de él, tiene un poco de fiebre. -Le digo a mi hermana.
-Tranquilo, hermano, lo cuidaré muy, muy bien.
-Confio en ello. Llámame por cualquier cosa.
Me despido de ella y salgo en mi auto hasta el hotel.
-Bueno días. -Saludo a la recepcionista, una vez estoy dentro del hotel.
-Bueno días, señor -Me dedica una sonrisa algo coqueta.
Luego de que la recepcionista me tuviera esperando por unos largos minutos me hizo pasar a la sala de juntas.
Quiero volver a verla. Sólo verla nuevamente después de años.
Al verla pasar por esa puerta, algo se removió nuevamente en mi interior, mis manos comenzaron a sudar y no dejaba de mover mis piernas.
Maldita sea, está tan preciosa, juraría que más desde la última vez que nos vimos.
Antes de que entrará ella por esa puerta, había adoptado mi actitud seria, aún así no pude evitar que la sorpresa me invada al verla tan guapa.
No quería volver a caer nuevamente en la tentación.
La reunión pasó sin nada interesante, apenas si pude controlar mis miradas, mi vista solo se quería voltear a verla a ella.
(...)
-Pequeño. -Digo entrando a la habitación de Baxter, mi pequeño hijo de 4 años.
-Papi. -Él corre hasta mi, me agacho hasta quedar a su altura y me abraza por el cuello.
Amo tanto a este pequeño renacuajo.
-¿Cómo te sientes, renacuajo? -Pregunto mientras acaricio su mejilla sonrosada.
-Mejod, papi. La tia Sadah me ha dado un jadabe pada sentidme mejod.
-Me alegro que estés mejor, no me gusta verte mal, pequeño renacuajo. -Beso su frente.
-¿Me lees un cuento, papi? -Pregunta mientras hace un adorable puchero.
-Claro, renacuajo.
...Madison...
-Maddie ¿Te sientes bien? -Preguntó Natalie.
-Claro, me siento genial. -Sonreí tratando de calmarla.- Fue sólo un mareo por levantarme muy rápido, sólo eso.
-¿Segura?
-Muy segura, Natalie, no te preocupes. -Sonreí para tranquilizarla.
-Bien. -Asintió, no muy segura.
Sabía que no me creía, pero estaba genial, esto me pasaba últimamente y en verdad no era nada por lo cuál preocuparse.
Hoy nos mudamos a una nueva casa/mansión, que queda más cerca del nuevo edificio donde ahora trabajaremos, para mi desgracia veré casi todos los días a Adam.
Mi hermano y Adam, decidieron que lo mejor era abrir una sede donde ambos manejaran todo desde allí y no tener que reunirnos en el hotel o tener que cruzar hasta la otra punta de la cuidad. Fue mucho papeleo pero moviendo algunas influencias lograron hacer todo en muy, muy poco tiempo.
El negocio que hicieron va viento en popa que se les metió en la cabeza fusionar las empresas, pero hacer eso no era tan fácil, para nada fácil.
(...)
Hoy mis pequeños no tenían jardín de infantes y no quería molestar a Natalie dejándole a mis monstruos, ya tenía bastante con Honey, que era bastante inquieta, parecía que tenía hormigas en el trasero, no dejaba de moverse por todas partes. Aún así era una niña bastante adorable y manipuladora, al final de cada travesura que hacía se salía con la suya.
...Adam...
Salí del ascensor apenas las puertas se abrieron y se escuchó el sonido de la campanilla.
Esta es la nueva sede, me detuve a un costado del pequeño escritorio de mi secretaria, este se ubicaba a la derecha de la puerta de mi oficina.
-Quiero los informes que pedí ayer y mi café sin azúcar. -Dije mirando en su dirección, sin expresión alguna en mi rostro.
-Claro señor, enseguida le llevo todo. -Se levantó del asiento y su perfume a lavanda me golpeó de lleno. Odiaba el aroma a lavanda.
Niego con la cabeza y entro a mi oficina, me quito el saco y lo cuelgo del perchero, aflojo mi corbata, aún no me acostumbro a ella.
Me siento en la silla giratoria y me relajo en lo que traen mi café y los informes.
Las imágenes y recuerdos con Madison, llegan a mi cabeza sin poder evitarlo.
Mierda. Fueron tantos recuerdos.
Nunca, nunca voy a olvidar nuestros encuentros fueron tan íntimos y calientes que no los olvidaría. Creo que me estoy poniendo duro de sólo recordar como lo hacíamos.
Hace mucho no me venían estos tipos de recuerdos con ella, llegué a tomarle aprecio pero era imposible estar con ella y aún más cuando tuve que marcharme de la ciudad.
Alejé esos pensamientos cuando sentí unas manos en mi pecho, Levante la mirada encontrando los ojos de mi secretaria.
Sin darme cuenta ella ya estaba sentada sobre mi con sus piernas a cada lado de mi cintura.
-Pero que mierda...
Me detuve al sentir sus labios sobre los míos, traté de apartarla pero ¡diablos! Esta mujer prácticamente estaba clavando sus uñas en mis hombros.
-Lo...gan -La pude apartar cuando escuché esa melodiosa voz, que pertenecía a Madison.- Lo siento, creí que era la oficina de Logan.
-Retirate Emeregilda. -Le hice un ademán.
Cuando ésta salió de mi oficina, pude ver la cara de Madison, toda de roja eso me preocupo así que me acerqué a ella pero me detuve cuando la escuché soltar una gran carcajada, se estuvo riendo como por un minutos y debo admitir que su risa es contagiosa, no sé de que se reía pero yo ya me estaba riendo con ella, era poco común que ría.
-Ella... Ella ¿en serio se llama Emeregilda? -Le costó bastante pronunciar las palabras por las carcajadas que soltaba, su rostro estaba totalmente escarlata y con lágrimas cayendo por sus mejillas.
Claro, el nombre de mi secretaria era bastante gracioso, la primera vez que lo escuché creí que era una broma.
-Bueno -Carraspeo mientras limpiaba sus lágrimas y se ponía seria.- Lo siento de nuevo por interrumpir su momento, creí que era la oficina de Logan.
-No se preocupe. -Dije únicamente.
-Bien -Se volteó y no pude evitar mirar su trasero, es más grande de lo que recordaba.- Ah, debería de hacer algo con su erección, señor.
Instintivamente lleve ambas manos a mi entrepierna, tratando de cubrir mi erección, realmente me había puesto duro y no fue por mi estúpida secretaria, fue por los recuerdos con Madison.