Frida tenía una vida normal, sin embargo, debido a algunos giros del destino su vida se transforma en una montaña rusa de emociones cuando se ve forzada a casarse con un desconocido del que ni siquiera sabe el nombre. Ella no planea enamorarse, solo cumplir con su parte del trato, pero con el paso del tiempo se da cuenta de que hace mucho tiempo le había entregado su corazón a ese joven de ojos vendados.
Porque al final...
¿Cómo no puede amar a un chico tan dulce y guapo?
NovelToon tiene autorización de Erica Catse para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 21: ¿Qué acababa de escuchar?
No sabía con certeza si cada persona en este mundo tenía una misión que cumplir, tampoco sabía si el destino realmente existía, pero si realmente existía el destino, si realmente cada persona en este mundo tenía una misión, entonces tal vez mi misión era…
— ¿En qué estás pensando? — cuestionó Aegean sacándome de mi hilo de pensamientos.
Ya habían pasado varios días desde que había regresado a casa, semanas desde que había descubierto la verdad sobre mi nacimiento, que casi se sentían como un recuerdo olvidado.
Mientras me balanceaba sobre el columpio no pude evitar mirar a Aegean con escrutinio.
Él había cambiado demasiado desde la última vez que lo vi, no sabía si era su nuevo corte de cabello o el aro que se encontraba en su nariz, pero ciertamente se veía diferente del chico que solía conocer.
Quizás su cambio se debía a que la sonrisa soleada que siempre mantenía en su rostro se había ido para siempre haciendo que se vea taciturno.
Tal vez este había sido siempre su temperamento, era solo que ya no tenía que ocultarlo más, supuse luego de recordar todo lo que me había dicho en aquella llamada.
Aegean realmente no sabía qué hacer con él, esta amistad que estábamos manteniendo, era demasiado extraña y me hacía sentir culpable, aunque sabía que no estaba haciendo nada malo.
Pero sea como sea que lo miré, no podía sentirme cómoda con su compañía. Lo que habíamos vivido durante nuestro último año de instituto eran recuerdos que siempre llegaban a mi memoria como alguna especie de maldición.
No es que odie estar cerca de él y odie lo que habíamos vivido en el pasado, era solo que era extraño, demasiado a decir verdad.
Él y yo nos habíamos encontrado por casualidad mientras iba a comprar algunos mandados. Aegean al verme me pidió platicar, solicitud que acepte debido a que no podía simplemente rechazarlo, después de todo él no me había hecho nada malo y como no tenía nada más que hacer opté por hablar con él.
— En nada — respondí a su pregunta — ¿Qué has estado haciendo de todas maneras?
Aegean ante mis palabras suspiro antes de bajarse de su columpio para empezar a dibujar en la arena como alguna especie de niño pequeño.
— Trabajando, eso es lo único que he hecho — respondió.
— ¿Y la universidad? — le pregunté.
Aegean ante mi pregunta suspiro antes de sonreír de manera fugaz.
— Entraré el próximo año, yo… yo gané una beca para ser maestro de primaria — comentó.
Aunque trataba de ocultarlo, podía ver que estaba orgulloso de aquello.
— Eso es muy bueno, felicidades — le dije de todo corazón.
Aegean desde que éramos niños había sido muy claro acerca de su futuro, tal vez debido a sus pequeños sobrinos o quizás a su personalidad, él siempre había dicho que quería ser maestro.
— ¿Y tú? ¿Cómo has estado? ¿Realmente te casaste? — cuestionó en un aluvión.
Ante sus palabras cerré los ojos por un momento antes de sincerarme con él.
— Sí, me casé, yo… yo quiero mucho a mi esposo — dije sin saber que una sonrisa dulce se dibujó en mi rostro cuando empecé a hablar de Aidán — Él es ciego, aunque tal vez en algún tiempo pueda volver a ver. Yo…
Tragué saliva antes de continuar hablando, sin querer mi voz se quebró mientras le revelaba todos mis temores a Aegean, todo aquello que me incomodaba y que incluso a mi madre no le pude decir.
— Nuestra relación empezó de una manera antinatural, debido a que esta empezó por medio de mentiras, en realidad, nunca pensé que me iba a enamorar de él, así que sinceramente nunca creí que él trató que había hecho, ahora cuelga sobre mi cabeza como una sentencia de muerte…
Suspiré mientras miraba los cordones de mis zapatos, los cuales se encontraban flojos.
Ya no quería hablar sobre aquello, sentí que si decía lo que pensaba esto se haría real.
Pero…
Cuando alcé la mirada me di cuenta de que Aegean esperaba que siguiera hablando, él me miraba con suma atención, su mirada estaba llena de sentimientos tiernos, así que mis labios y mi cerebro entraron en desacuerdo y sin querer procedí a seguir desahogando mis miedos con él.
— Aegean, él cree que soy otra persona — comenté en un suspiro.
Tras decir aquello empecé a relatarle todo lo que había vivido desde el primer día en el que había entrado a un mundo diferente del que conocía, en el que el dinero eres más importante que el amor, en dónde los matrimonios por conveniencia eran el diario vivir, en dónde ser ambicioso era la norma.
Le hablé sobre el trato que había hecho con Edén y de cómo le había hecho creer a Aidán que se había casado con esa mujer.
También le conté sobre cómo poco a poco empecé a enamorarme de él, sobre cómo fue entrando en un círculo vicioso del que no quería salir.
Además, le dije sobre mi más grande temor que era que cuando Aidán recupere su visión me odio por haberlo engañado, por no ser aquella mujer.
Incluso le dije sobre lo que Edén me había dicho acerca de no preocuparme por esto, pero de nuevo no podía evitar preocuparme.
Aegean lanzó un suspiro cuando terminé de hablar para luego mirarme como un padre lo haría con su tonta hija.
Realmente él me estaba dando, es vibra, así que sin querer baje la cabeza y espere lo sea que tenga que decir.
— Eres tan tonta, solo a ti se te ocurre aceptar este tipo de trato, lo único bueno de todo esto es que al final no te paso nada malo, en cuanto a todo lo que me has dicho, no sé qué pensar, todo es un tonto enredo, al final creo que ese sujeto tiene razón, no deberías preocuparte al final ya sea que seas esa mujer u otra persona e incluso hombre, Aidán se enamoró de ti, te ama a ti, a la persona que ha estado con él todo esté tiempo.
— Así que deberías dejar de suponer las cosas y solamente esperar hasta el día en que recupere la vista y si él te ama así seas un hombre o un viejo te amara solo a ti.
Casi solté una carcajada ante sus palabras tan extremas, mi estado de ánimo mejoró mucho porque al final Aegean tenía razón. Solo esperaba que todo salga bien.
— Y tú… ¿Hay alguien que te interese? — le pregunté haciendo que Aidán soltará una carcajada para luego mirarme con diversión.
Sin querer me sentí avergonzada, después de todo, hace solo unas semanas él me había dicho que me extrañaba.
— Hay alguien — dijo, sin embargo, su expresión se notaba algo confusa como si no pudiera describir a esta chica — Ella es la persona con la peor suerte que he conocido, es un caos total — susurró — En realidad, es un poco tonta, si te soy sincero, no me gusta realmente, solo me siento curioso por ella.
Bueno…
Déjame decirte querido amigo, que la curiosidad mató al gato y creo que al final terminarás atrapado en una trampa de amor. Pero, esto no es algo que te pueda decir.
— Ella suena como una buena chica — le dije sonriente.
— Una buena para nada — respondió con sorna — Pero, al final, ¿qué harás con tu futuro, Frida? — cuestionó.
Mi futuro…
Al principio pensé que mi futuro estaba lleno de oscuridad, que mis sueños y mis deseos se habían ido por el desagüe, que no había esperanza para mí y que estaba condenada a estar atrapada en un matrimonio sin amor, sin embargo, ahora no pensaba igual. Podía ver que había algo de luz, no, es más, podía ver que mi futuro eres brillante y que los sueños que creí perdidos los había vuelto a recuperar y esta vez no los dejaría escapar.
— También entraré a la universidad el próximo año, ya sabes, quiero estudiar alguna carrera relacionada a la medicina, quizás enfermería — comenté con ilusión — Ese ha sido mi deseo desde pequeña.
Aegean suspiró antes de acercarse a mí y detener mi columpio, luego sin previo aviso me dio un abrazo fugaz antes de mirarme fijamente.
— Lo conseguirás, después de todo, siempre has logrado todo lo que te propones, eres una chica valiente.
Ante sus palabras llenas de optimismo, opté por sonreír de manera radiante.
— Gracias — susurré.
Cuando regresé a casa me sentía como si estuviera flotando sobre nubes, la conversación que había tenido con Aegean había calmado por completo muchas de mis inquietudes, además de que había sido sanadora.
Nunca pensé que hablar con Aegean resultaría de esta manera.
— Frida me trajiste los tomates, sus te pedí — mencionó mi madre sacándome de mi ensueño y fue entonces que me di cuenta de que por hablar con Aidán me había olvidado por completo de las compras que mi madre me había encargado.
¡Cielos!
— Ya regreso, mamá — dije rápidamente antes de salir corriendo.
— ¡Oye, tardaste más de dos horas en volver! ¿Qué estuviste haciendo?
Bueno…
Incluso si me lo pregunta no podía decirle.
Así que corrí rápidamente para irme a comprar aquellos tomates.
Cuando regresé mi madre me miraba divertida mientras hacía amago de jalarme las orejas. Rápidamente, solté una carcajada ante sus acciones espontáneas.
Así fue como nos encontró mi padre.
Cada momento que pase en casa fue maravilloso, haciendo que me diera cuenta lo importante que eran mis padres para mí.
Sin embargo, con cada día que pasaba, la cirugía que se iba a realizar Aidán estaba cerca. Mis nervios se incrementan cada vez más.
Edén fue muy fiel a sus promesas y cada noche me enviaba un mensaje detallado sobre la situación de Aidán.
La cirugía era inminente, su cuerpo había sido condicionado para que el proceso no fuera agresivo, así que dentro de días él entraría al quirófano.
Aunque no podía visitarlo debido a su estúpida petición, ciertamente, el día de la cirugía iba a estar ahí, aunque sea desde la distancia para darle apoyo.
Solamente así me podía sentir tranquila.
Aidán era demasiado importante para mí, así que no podía dejarlo solo.
No ahora.
Quizás nunca.
Así pasaron los días hasta que llegó el día de la cirugía. Antes de salir de casa fui a la iglesia a orar por él, a pesar de que no era una persona demasiado religiosa, en este momento quería creer, quería bañarme bajo la bondad de Dios para que nada salga mal.
Oré por él, por mí y por todos.
Mientras me dirigía al hospital no pude evitar sentirme nerviosa, aunque sabía que la probabilidad de éxito de aquella cirugía era alta, desde pequeña siempre había sido una persona que pensaba que no era muy bueno sentirse confiada y si algo se veía mal debía esperar a que se ponga peor.
Cuando Adám, aquel mayordomo con serios problemas de respeto, me vio sonrió como si su mundo se hubiera iluminado con su llegada.
Pronto supe la respuesta ante su entusiasmo.
En medio del pasillo del hospital se encontraba Leila Maxwell, ella tenía el rostro demacrado como si hubiera pasado por demasiadas vicisitudes. No se parecía en nada a aquella chica presumida que había conocido en el pasado. Era como si toda esa arrogancia se hubiera extinguido, pronto supe la razón de su acto.
— Me gustas, solo me gustas tú, Edén, así que por eso no acepté casarme con tu hermano — musitó en voz baja como si el solo decir esas palabras la pusiera en una situación incómoda — Así que solo deja ir a mi familia, yo estoy dispuesta a hacer lo que quieras…
Yo la entendía por completo debido a que ella había sido una niña mimada que estaba acostumbrada a ser alabada, ser perseguida y adorada. En cambio, ante Edén debía ponerse en una situación humilde.
— Bueno, quiero que desaparezca de mi vista — comentó Edén con el rostro frío — En cuanto a la situación de tu familia no tiene nada que ver conmigo, ellos son los que han estado haciendo operaciones clandestinas, lucrándose con el tráfico de armas y de personas así que, ¿eso que tiene que ver conmigo?
¿Qué acababa de escuchar?
¡Cielos!