Sara queda huérfana luego de perder a sus padres en un accidente, pero aun así ella sigue viviendo con optimismo y tenacidad, convirtiéndose en una hermosa chica. Sin embargo, su vida cambia por completo cuando conoce a ese hombre. Él es un mafioso homicida, el cruel emperador que ronda por las oscuras calles. La belleza de Sara lo deja hechizado, codiciando todo de esta hermosa joven.
-La mayoría de las mujeres, dicen que el sexo masculino, siempre muere primero por hacer cosas estúpidas…. Ella da dos pasos hacia atrás y me mira confundida.
-Me pregunto que hace una chica… que al parecer es bastante llamativa ante los ojos de cualquier hombre, cruzando un parque a media noche…. Si quieres que abusen de ti dímelo, yo estaría encantado…
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CAPITULO 21
En la pista nos esperaban dos camionetas, que nos llevarían a Sara y a mí, a destinos diferentes. A donde iba, correría sangre por la desaparición de mi mercancía, porque tenía la plena certeza que estaría intacta. Como ya lo había dicho, ese tipo de armas estaban blindadas, gracias a un chip y código de reprogramación, que solo posee mi mente; descifrarlo les llevaría tan siquiera tres meses. Tres meses que ya no estarían es su poder. La cabeza de Tiko iba ser trofeo en el museo central de esta ciudad, por haber quebrantado sus propias reglas...
Seleccione a dos de mis hombres para que escoltaran a Sara hasta la propiedad que poseo a las afueras de Tokio, recomendándoles la seguridad de ella, diciéndoles que si algo le pasaba pagarían con sus vidas…
-Ven. le hablé a Sara, ella camino hacia mí, puse mi mano en su cintura y sentí como su cuerpo se puso tenso intentando negarse a caminar.
-A donde me llevas. Preguntó asustada.
-La miré y su cara era de desosiego, miedo, tal vez pensaría que la iba vender, o peor prostituirla, pero no… La mire y creo que mis ojos dieron la respuesta, porque de inmediato agachó su cabeza mirando hacia el suelo.
-Iras a mi casa, pórtate bien. -Abrí la puerta trasera para que entrara, una vez adentro tome su quijada, y desvié su cara del piso hacia mí. -Si intentas hacer algo estúpido, no me va tomar ni medio minuto ordenar que maten a tu hermana… ¿Entendiste?
-Si. Respondió con lágrimas en los ojos. –Eso espero. Mencione cerrando la puerta. Caminé hacia mi vehículo, una vez adentro se puso en marcha hacia el mercado negro, una calle que es llamada así. Desde hace mucho tiempo, se decía que era un sitio donde la perdición, las drogas, torturas, trata de blancas, era el comercio de este lugar. Todo el que entraba y quería salir era borrado de la faz de la tierra. La cantidad de clubs que adornaban el sector estaban iluminados, multitud de personas, salían y entraban de aquellos establecimientos. La camioneta ingresó al edificio de mi destino, baje del auto ordenándole a mi personal que se dividiera por todo el lugar, no confiaba en los japoneses, un día eran correctos en las negociaciones, pero cuando menos lo esperabas te disparaban en el trasero.
Retome mis pasos hacia el ascensor que me llevo al séptimo piso del edificio TIKOKAN. Cuando las puertas se abrieron dos asiáticas me recibieron con una gran sonrisa que inmediatamente borraron, cuando las mire con ganas de asesinarles; instintivamente fueron inteligentes y dieron dos pasos hacia atrás. Estaba mal humorado, me jodia el saboteo de este maldito japonés, sabía perfectamente que todo ese lote de mercancía era mío, y aun así quiso joderme.
Dos Gorilas me abrieron las compuertas para ingresar al a oficina de Tiko. Vislumbré muchos asiáticos armados por todo el lugar, reconocí algunas caras y otras eran ajenas a aquella época donde salvé la vida de Dimitri. Me detengo en la mitad del pequeño lugar que está decorado con un sofá en forma de L, un mini bar, y un escritorio donde se encuentra de pie el traidor de Tiko. Giro mi rostro y miro a mis hombres dándole indicaciones para que bajen la guardia. –Inmediatamente asienten, la fiesta aun no comienza.
-Mi gran amigo Dom, hablo el japonés. -Si no estuviera enterado de su trafuga jugada, seguramente hubiese creído en su hipócrita saludo.
-Lo miré, y le respondí el saludo en el mismo idioma, me parecía estúpido y algo vergonzoso como era el acento de esta lengua.
-Tiko.Tiko. Lamentablemente, no puedo decir lo mismo. -El japonés se tornó confundido y la sonrisa de su rostro desapareció al instante.
-Cuál es el punto, señor Dow. Esta vez hablo tomando asiento.
-Me acerque lentamente a él, sus hombres no me quitaban la vista de encima, cada movimiento que hacía, los ponía alerta. Avancé tomando asiento en la silla que estaba frente a él, y a decir verdad era bastante cómoda. Recline mi espalda, saque un puro junto con mi encendedor. -Te apetece. -Ofrecí al japonés que de inmediato negó con su cabeza. -Que desconfiado hombre…Exclamé.
-Di largas caladas, inhalando y exhalando el humo que de inmediato aromatizó a tabaco todo el ambiente. –Hay un dicho americano que nunca espere decir, porque no me considero un ladrón, o mucho menos traidor. -Tiko frunció el ceño.
-Ladrón que roba a ladrón, juzga por su condición. Nadie roba lo que es mío Tiko y creo, o más bien tengo la plena certeza que tienes algo que me pertenece.
-Estas deshonrando mi honor señor Dow, y eso es algo muy molesto para mí. Te recuerdo que la mercancía, me la ofreciste tú, enviaste a un tal Leandro. El chico supo negociar, solo que estaba muy mal capacitado para explicar el manual de manejo... Mencionó sobándose su quijada.
-Oh..error… gravísimo error, creo que ya tuvimos el placer de hacer negocios una vez, y algo que me representa es que siempre estoy en físico para cerrar mis ventas.. Así que no me quieras ver la cara de pendejo. -Además, crees que soy tan benevolente con mi personal para darles autoridad de ofrecer algo tan
importante como esas armas. –Ofendes mi inteligencia Tiko.
El viejo parpadea tratando de encontrar conciencia a cada palabra que digo empezando a reír como una maldita hiena.
Cierro mis ojos la furia que siempre está conmigo, viaja por todo mi cuerpo acompañando a todo mi torrente sanguíneo. La oscuridad en mi empieza a relucir como si estuviera viva, mis manos están tan apretadas que siento el crujir de mis huesos dando ondas de dolor a mis puños.
Sin pensarlo dos veces, doy la señal para que empiece la fiesta, las balas enviadas por los francotiradores logran eliminar a la mitad del enemigo. Ágilmente saco mi arma, para dispararle a la rata de Tiko, pero este es más rápido y logra cubrirse detrás del sofá. Corro hacia la mesa y la volteo tomándola como escudo, asomo mi rostro con sumo cuidado, empezando a disparar; cada bala encuentra su objetivo; la cabeza de cada uno de los hombres de Tiko.. Por un momento el fuego se detiene, respiro y pego mi espalda al soporte de la mesa, tomo con fuerza mi arma, saltando y disparando hacia la dirección de tiko, para no darle oportunidad de responder. Al no sentir reacción alguna, me acerque escuchando pequeños quejidos provenientes de una bala insertada en su abdomen.
-Me decepcionaste Tiko. Dejaste en vergüenza el buen nombre de tus socios. -Creí que eras más inteligente, o, no pensaste que al subestimarme traería consecuencias. –Mencioné llevando la planta de mi pie, sobre su cabeza, para inmovilizarlo.
Me incline para llevar el cañón, que dio paso dentro de su boca. -Estabas tan seguro de lo que hacías, que te olvidaste por completo que soy un asesino, un hombre que disfruta el dolor de los demás, una maldita bestia que tiene más poder que tu maldita organización, asquerosa e insignificante cucaracha. Ejercí presión es su cabeza haciendo salir un jadeo de dolor…. -Acuérdate de esto para que lo tomes como tema de debate, con las sucias almas que encontrarás en el infierno. “El que predica y no aplica, de la vida se elimina”. Faltón de
mierda. El impactó llego, la rata de tiko murió, sus achinados ojos quedaron abiertos, como todos aquellos traidores que he matado.
-Unos Aplausos distorsionan mi mente haciendo que apuntara hacia la proveniencia de ese ruido. –Baya que te diviertes… Menciono Jack apareciendo por el marco de la puerta. –El edificio está limpio, toda la mercancía en estos momentos va rumbo a Rusia. Bajo la guardia, acomodando mi arma en la pretina del pantalón.
-¿Porque tardaste tanto? –Le pregunté con una leve molestia en mi voz.
-Encogiéndose de hombros responde. -A decir verdad, creo que hiciste mucho ruido, cuando mataste a Dimitri en el sótano del club. Las autoridades llegaron a revisar el lugar así que tuve que hacerme cargo. –Respondió caminando y repasando todo el lugar. -Qué asco dominic le sacaste los dientes, mira. Tomo un diente de Tiko
el cual había salido de su boca, para dejarlo frente a mí.
-SI vuelves hacer eso, las balas que quedan en mi arma serán suficiente para volver tu cuerpo una maldita coladera. –Amenacé
-Que sensible estas dom.
-Es asqueroso lo que haces, jamás toco a mis cadáveres, es de mal agüero. Caminé hacia el parqueadero y subí a la camioneta. Jack siguió mis pasos acomodándose a mi lado.
- ¿Qué hiciste con el cuerpo de Dimitri? - le pregunté tomando la botella de whisky para depositar ese líquido preciado en un vaso.
-Jack me miro como diciéndome idiota, por lo que acababa de preguntar, rodeando los ojos respondió. –Lo que hacemos con todos los cadáveres, deshacerlos en ácido, para no dejar evidencias… No hay rastro de que allá llegado un Dimitri a este mundo… -Así que despreocúpate.
-Lo mire con ganas de asesinarlo. -Creo que eso ya lo escuché alguna vez, y mira donde estamos. -Pero espero que algo tan sencillo como eso lo hayas hecho bien.
-A dónde vamos. -Preguntó Jack cambiando de tema, algo que me molestó, pero no le di importancia, al igual siempre era folclórico e impertinente, por eso recibe muy seguido palizas de mi parte.
-A la mansión que está a las afueras de la ciudad. -Respondí.
-y ¿Cómo está?. –Lo mire confundido por su pregunta.
-¿Cómo esta quién? –Respondí con otra pregunta.
Sé que la trajiste Dominic.. y antes de que te molestes y así lo niegues, se te nota a simple vista que ella te importa, y eso es jodidamente bueno.
-y quien está pidiendo tus estúpidos concejos de mierda. –Mencione apretando las palabras.
-De tu parte sé que nunca me pedirás un consejo, pero así no quieras escucharlos, así llenes mi culo de balas, te los daré; porque eres mi única familia, así te portes de la mierda conmigo siempre.
-Cállate, o en este mismo momento, te saco por esa puerta sin que el auto se detenga. -Ya este imbécil estaba colmando mi paciencia. Y me jodia puta mierda. “Tenía razón” algo en mi cambio desde que conocí a esa hermosa rubia.
-Del amor nadie huye, hasta el corazón más frio, más cruel, tiene su lado cálido. Date la oportunidad de conocerla, es una mujer maravillosa. Conocí ese bonito corazón en solo una semana y puedo decir que es buena y esta ajena a toda la mierda que dejo su padre, su hermana hizo un buen trabajo, ocultándole la verdad, no merecía saber quién era su padre. Nunca se lo contó…
-jugué con mi vaso, mis largos dedos, hicieron contacto con el líquido cobrizo para revolver mi bebida. Los retire y limpie mis dedos con una servilleta bebiéndome todo el contenido del vaso, que quemo mi garganta, haciéndome sentir un ardor que a diario disfruto.
-Sabes que las mujeres no son lo mío… solo las follo y ya, así que deja de armar películas en tu jodida cabeza. -Pero a quien engañaba, estaba jodidamente obsesionado con esa mujer.
La conversación entre Jack y yo, no siguió gracias a que ignore toda clase de estupidez que salía de su boca. Entramos por un camino destapado que era la ruta de seguridad para llegar a la mansión. Muy al fondo divise una luz, proveniente de la entrada, la camioneta paso la reja de seguridad, y se estaciono frente a la casa.
Me baje con toda la autoridad y seguridad que representa mi físico, entre a la casa encontrándome en ella dos guardias vigilando en la entrada… Jack tomo distancia y camino hacia el sótano. –creo que es lo mejor.
-Dormiré allí, la verdad si escucho un solo grito de Sara, no podré controlar mi impulsó de salir a golpearte. -Escupió con una sonrisa malévola.
-No preste atención al comentario de Jack. -Hubo algún contratiempo. –Pregunte a uno de mis hombres.
-No señor, la señora llego y le indiqué donde estaba su habitación, entro y de allí no ha salido. -Respondió Marco.
-Di media vuelta y subí las escaleras, el frio del pasillo golpeo mi rostro, una de las ventanas estaba abierta haciendo entrar una fuerte ola de aire. Me acerque hasta ella y la cerré, una vez en la puerta que conduce a la habitación, escanee todo el lugar, Sara dormía plácidamente sobre la cama, su rostro estaba relajado, su respiración se tornaba tranquila. Mi po**lla brinco cuando se movió dejando a la vista su seno el cual se había escapado de la enorme camisa que traía de vestir. Como todo un experto me deshice de mi ropa, quedando totalmente desnudo, entre a la cama retiré la sabana que la cubría, porque a partir de este momento seria yo, quien entibiara su hermoso y escultural cuerpo….